2.1.13

UNA MANADA DE CIELOS POR MONTURA

Así como la lluvia penetra en una casa mal techada, la avidez penetra en una mente no desarrollada.
Buda GAUTAMA
Dhammapada

Si el mundo es un invento, ninguna verdad es inofensiva. No sólo porque las verdades puedan trocarse en lanzadera precoz hacia la vacuidad del espíritu que no se ha cultivado para recibirla sin padecer una corrosión inminente, o porque con sus erupciones de certidumbres sean, de ordinario, las parturientas de despertares engañosos sobre los cuales adormecer la conciencia, sino porque al favorecer el comercio trivial con las apariencias actúan cegando en la cáscara de los hechos el acceso directo al único entendimiento posible, la aprehensión subterránea de las asociaciones de significados capaces de justificar la historia desde la existencia que, intercalada en el curso de los acontecimientos, la contempla inmutable desde todos los ángulos, incluidos los más heterodoxos y alucinantes. 

Incompleta para sí misma tanto en la vigilia de lo sensible como en las dimensiones oníricas, la condición humana está viciada por la búsqueda constante de su sentido —hay que ser muy loco para asumir la cordura de privarse de él—, pero esa trascendencia atribuida a la vida procede de la desesperación de una criatura atascada a mitad de camino entre la divinidad que puede conferir validez absoluta a sus actos y la ameba que simplemente la ignora porque no la necesita.

Vanitas de Adriaen van Utrecht con galardones de tragedia sobre las fragantes entropías de la Tierra.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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