31.1.18

TIEMPOS DE QUIMERA

Juan Miguel Palacios, Abandono XX
El mecanicismo radical implica una metafísica en la que la totalidad de lo real es poseída en bloque, en la eternidad, y en la que la duración aparente de las cosas expresa simplemente la debilidad de un espíritu que no puede conocerlo todo a la vez.
Henri BERGSON
La evolución creadora

Dando por contraintuido el tiempo como el espacio experimentado desde la perspectiva del observador que se desplaza por él limitado a percibirlo en un sentido dinámico y retrospectivo, como una corriente irreversible en la que no puede ocupar más de un punto cada vez, el clúster del problema prolifera planteando cuestiones asaz evasivas incluso como asexuado objeto de especulación.

Si la memoria corriese avante, si tuviésemos una consciencia simétrica del devenir desde la atalaya del momento, ¿de qué manera combinaríamos el conocimiento neto de nuestra existencia futura con la rutina de vivir para confirmar, acto por acto, la inmersión en lo irremediable? ¿Activaría nuestra naturaleza algún circuito amnésico de inhibición cognitiva frente al exacto despliegue de la fatalidad? ¿Es posible que la especie humana haya estado familiarizada con esta experiencia visionaria en alguna etapa remota de su historia evolutiva, y que nuestra condición, tal como agora la diversificamos, sea producto del descenso de nivel de aquellos que desarrollaron una ceguera adaptativa ante la cabal y en extremo dolorosa reconstrucción de los hechos que contienen la extensión biográfica individual? Por Sísifo, menudo disparate acabo de soltar; casi despisto que la lógica de razonar en términos sucesivos superpone al subjetivo encuadre del transcurso un relato donde la magaña de la concatenación causal prevalece sobre la simultánea conexión de los fenómenos.

En la vida hay verdades que solo son compatibles con su cese o con un acortamiento de las facultades intelectivas. No somos, a efectos presentes, sino una condensación factual de la atemporalidad subyacente; otra instantánea de la perpetuidad que hemos vivido antes de nacer y que reanudaremos después de haber muerto.

27.1.18

SUMANDO SUSTRAENDOS

Eckart Hahn, Abend
La partida de nacimiento del lactante es, al mismo tiempo, su certificado de defunción. La vida inscribe en su rúbrica vacía un número de años que se encogen hasta formar una nada a la vista de lo infinito.
Hermann BURGER
Tractatus logico-suicidalis

El acto más transgresor que un hombre puede hacer con su vida no es quitársela; lo más nocivo que puede hacer con ella es contagiarla. Quien haya reclamado la muerte para el horizonte de sus próximas decisiones conjugará el nacimiento como la piedra fundamental sobre la que ha cometido la arquitectura de sus días, y cuanto más elevada sea la lógica de su pensamiento, más fortaleza se dará en la razón de extender el abrazo de sus arbotantes al no ser. Matarse uno mismo es, en realidad, poner fin a la mortífera retahíla de ladrillos que son los instantes transcurridos.

Cómo el suicida mata en sí mismo a la muerte solo es posible redondeando en un acto la función cuaternaria por excelencia que lo resuelve víctima, culpable, juez y verdugo. Sus motivos son lo de menos, y el mejor de ellos, no tener necesidad de dar ninguno en rendimiento a la sociedad que se opone a tolerar la actitud de tomarse tantas libertades en relación con la muerte. Hace lo que hace porque se pertenece y se pertenece porque lo hace.

Parientes, amigos y amantes, cuando los hubiere, es improbable que absuelvan al suicida y por una natural reacción defensiva se blindarán de nociones tan egoístas como las atribuidas al interfecto que los abandona, aunque sin duda también menos francas, más mediatizadas por la presión cultural y los vínculos afectivos, entre otros factores de importancia étnica. Si sobre la determinación autolítica no pesara tal carga de infamia, su potestad sería un fertilizante para los indecisos que la maduran en silencio desde hace tiempo y, aun así, quien se mata rara vez despega sin procurarle las alas de un incentivo a algún que otro epígono subrepticio.

Cuesta creer que el deceso autoinfligido no esté penado en estos suburbios peninsulares donde la inercia histórica nos empuja a ser los primeros en asir el hacha de guerra y los últimos en escurrir el bulto, por más que sea usanza profanada de continuo por un abastecimiento de casos antagónicos. En los países donde atentar contra la propia vida sí es objeto de persecución y de castigo, el propósito de la ley no puede ser más diáfano: asegurarse de que los deprimidos y desesperados tengan éxito. A ningún gobierno le agradan esos ciudadanos remisos que se muestran incapaces de seguir el ritmo del guión colectivo, y aún menos los que convierten su falta de implicación en un enquistamiento improductivo en el ejercicio de la obra; son resabios de biopolítica en una era robótica que debe su principal cuota de beneficios a la eficacia de la programación psicopolítica. 

Siempre que recalo en el censo anual que junta en danza a los aniquilados por elección íntima —y se trata de cifras calculadas a la baja por sistema, puesto que son muchos los suicidios presumibles que computan entre las defunciones accidentales—, antes incluso de entonar la consabida elegía por la cantidad de malnacidos durante el mismo período, pienso en todos los monumentos públicos erigidos en memoria de tipejos causantes de daños terribles a los coetáneos que hubieron de padecer su tiránica impotencia para evacuarse a sí mismos, y de inmediato siento la obligación de vindicar la soberanía de los héroes anónimos que prefirieron la osadía de ajusticiarse a arrastrarse abolidos de bríos, de dignidad o de lo que tuviesen por capital de su valimiento. Vivir por vivir no es modo de vivir.

Considerando, y no lo ensalzo, que es patrimonio del civismo incorporar por tradición un capítulo de loores a personajes sanguinarios, hágase la prioridad en homenaje de aquellos que sentaron ejemplo de entereza al escapar limpia y espontáneamente de sus vidas, despejando los tráfagos en orden hasta dejarse soltar, libres por igual de malquistar su duración contra otros y de la ratería de afilarla en la amenaza de inmolarse cuando conviene la estridencia de un chantaje táctico.

Desde una estimación biológica, la muerte es una forma particular de movilizar la vida en general, un recurso revolucionario que, a contrapié de sus arbitrariedades, no empece la divergencia de percibir la generalidad de la vida como una forma drástica de particularizar el fin del mundo. Insertos en este camposanto de evidencias, desmeollando en él la irreflexión de sus tenacidades, ¿no supone un lastimoso contrasentido hablar de «calidad de vida»? La calidad es de la muerte que la vida prepara con sus trucos, y hoy, como hace diez mil generaciones, lo irrazonable es que alguien ultrajado por la fatalidad persevere en lugar de suprimirse. «Dócilmente, aunque en modo alguno de buen grado, uno se habitúa a situaciones que solo anteayer nos habrían parecido totalmente insoportables», corrobora Hesse en su Elogio de la vejez, cuyo criterio podría complementarse con una máxima de Epicuro que invita al desasimiento: «El que menos necesita del mañana es el que avanza con más gusto hacia él». Este filósofo, quizá más amante del equilibrismo que de la verdad, manifestó ser contrario al sentir de Teognis cuando este lamentaba el haber nacido y exhortaba a «migrar de inmediato hacia las puertas del Hades»; razona su desacuerdo en la misma epístola de consolación a Meneceo donde, con palabras muy citadas, explicó que «el más terrorífico de los males, la muerte, nada es para nosotros, porque, mientras somos, la muerte no está presente, y cuando la muerte se presenta, nosotros no somos más. En nada afecta, pues, ni a los vivos ni a los muertos, porque para aquellos no es, y estos ya no son». Mis allegados me han escuchado decir, al sedal de estas presunciones, que para representarse la muerte como un acontecimiento indiferente se precisa una fe no menos recia que para buscar la redención del alma allende. Y llegados hasta aquí, sin que falte unidad sin nulidad —animales adversativos somos—, ¿qué amor cabe profesarle a la vida cuando se ha respirado de cerca su pestilencia? La adicción más avasalladora, la que agita mayores desafueros, no es otra que la propia existencia… ¿Me creeríais si declarase que vivo como un desenganchado rodeado de yonquis?

24.1.18

AUTOGENARIA

Jeremy Enecio, Maelstrom
No hay nada menos razonable que la verdad ni más verdadero para el hombre que perder su razón por ella. Y si la verdad nos parece que no suele tener razón, aunque tenga razones, ¿no será porque esa razón, que quiere ganarse a sí misma, y no perderse por sí misma, no es una razón verdadera? El hombre de veras lo es de burlas; y no suele ser, ni parecer, muy razonable.
José BERGAMÍN
El pozo de la angustia

Ante el atractor hacia donde los rumbos de la vida se decantan en el temido y anhelado Misterio según el anticipo paradójico que caracolea con todo aquello que es y no es a este lado del trasmundo, se distinguen las mismas fases que las substancias todogámicas, propiciadoras de un trance de óbito recuperable —que otros autores no vacilan en etiquetar de enteogénico en virtud de lo que su intrínseco arte de extinguirse capacita—, permiten recorrer en una versión reducida, propedéutica, cuyo desenlace solo hace sucumbir al yo durante un lapso variable que disuelve al psiconauta en una especie de coloide semántico, transversal a la estructura de las apariencias; esas fases son: cisura, resistencia, capitulación, asunción de la derrota y plenitud de reconocimiento. Por lo que tengo descifrado en los vestigios de la decrepitud ajena, son etapas que coinciden, punto por punto, con las experimentadas por el enfermo terminal en su peregrinaje por la dolencia a partir del meteoro de inexorabilidad que impacta contra la conciencia de su mal.

Así las vías, el primer destello de vacío sacude la imagen de sí como si la percepción implosionara dentro de un remolino de perspectivas; hace falta caer por ese vórtice de referencias hasta el ombligo de la agonía para verificar que el estado fundamental del cosmos es propiamente el vacío y descubrir que su sentido no radica en el ahínco de destriparlo, sino en la forma de recrearlo, de intercambiar contenidos con él. No en vano, el romanticismo se ocupó de recordarnos que para salir al universo nada más fiel que escarbar el camino de la interioridad.

Más allá del sistema métrico injertado en las almas por la psiquiatría, reformulación científica de la batida de caza que antes mantuvieron contra los discrepantes las religiones de redil, uno puede a prosa caliente exagerar la nota tétrica de cuanto revive pereciendo a través de sus peculiares y muy cuestionables transcripciones del Liber Mundi, mas el campo sobre el que ha de batirse su ingenio y serpentear hecho un zoospermo con el pensamiento es un tapiz de terra nullius en el que cada uno, lo sepa o no, lleva enredados los zarcillos de una reliquia soñolienta, corona de acasos que los ocasos lían y despabilar quisiera el instinto de preservación como estadía de invariable bienaventuranza.

Moon Patrol Art
Desde esta y cuantas alocuciones abismáticas he dado al rito etérico de la predicación, os animo a capitular en confianza autogenaria, a la vez que comprometo en el ademán ofrendado elementos de reasignación para asumir sin maniobras dilatorias ni elongaciones periféricas, liberada de los estigmas aprendidos, la estela subjetiva de la derrota; respecto a la plenitud, queridos míos, es competencia que florece a vuestra suerte revelar.

Aun llegados por accidente a las últimas peleas del hado, no amarrar sincera la manera menos imperfecta de amar y aligera el desgarro, pues la vida es una fracción, la poca que usamos, de la muerte que nos corresponderá. Frente a las postrimerías siempre seremos lo que siendo fuimos: principiantes adventicios, materia vulnerada de novísimos, descalabrados proyectiles de eternidad.

Nuestro lugar está, después de todo, allí donde el suicida ataja los vericuetos por los que son conducidos los demás como mansos corderitos. Reservemos hasta entonces nuestro «vale» para que «así sea».

18.1.18

MALHADADOS A MANADAS

Nicolas MonterratWhat’s Lies Beneath
Aún se mantiene atento a las enseñanzas del totalitarismo quien piense que el Bien está totalmente en un lado, y el Mal en el otro. 
Alain de BENOIST
Comunismo y nazismo

El mayor descubrimiento de los totalitarismos del siglo XX —y pluralizo el término porque aun en la tortura existe variedad— no fueron los gulags ni las duchas de gas; tampoco la disciplina de partido único ni la utilización procaz de las técnicas audiovisuales de propaganda, sino un hecho psicológico de naturaleza nuclear que abrió un potencial inconmensurable a los mamporreros de la razón de Estado avezados en orientar a su favor el nuevo nicho de desamparo que el advenimiento de la sociedad de masas magnificó: la mayor parte de la gente prefiere ser canalizada hacia actividades colectivas que descarguen al individuo de la responsabilidad de dirigir su vida privada y lo mantengan distraído de los riesgos específicos, como el tedio y el sentimiento de desarraigo, que conlleva replegarse hacia una solitaria introspección, una apacible contemplación o el mero gusto de realizar algo sin un propósito ulterior, libre del cálculo enfocado al rendimiento pleno en el plano externo.

Con la deidad bíblica añascada en los regüeldos de una mojama indigerible y la aceleración de la temporalidad endemoniada sin los trastes de la trascendencia, el desencanto de la población quedaba suspendido en el anhelo de aliviar su angustiosa reclusión en el absurdo de circunstancias para las que el clásico panem et circenses de las tiranías pretéritas resultaba desde cualquier racionamiento mental insuficiente. Todo estaba listo para implicar a las masas en un proyecto cautivador, capaz de movilizar el ímpetu de sus pasiones y contorsiones ideológicas en un sentido frente al cual otras direcciones parecieran inconcebibles. La pelota de carne, el homogéneo y chutable conglomerado de monos, rodaba ya por el campo arisco de la historia.

Mal conformado estará el entendimiento, no obstante, si creyera que en el siglo XXI la situación ha cambiado en esencia, pues gracias a la poderosa alianza entre cibernética, comunidades virtuales y economización maníaca de los dominios antes reservados a la intimidad, se ha dado un paso de gigante hacia el abismo de un simulacro de identidad que sustraiga al sujeto de su inconsolable inanidad existencial, tanto da que lo llamen Jaula 2.0, Chabola Global o Cuarto Reich. Para los humanos contemporáneos es más fácil diluirse en un evento multitudinario que soportarse en su malhadada mismidad, y si antes uno aún debía tomarse el esfuerzo de ir a la cita con la grey, la multimediación ha permitido que la grey vaya al encuentro de uno en todo momento y latitud.

Ningún indicio excluye que mediante la prosperidad de medios incruentos y sofisticadas supercherías se pueda conseguir el nivel óptimo de adoctrinamiento en la conformidad que antaño malamente procuraban las purgas del terror institucionalizado y otros procedimientos expeditivos. «No hay razón alguna para que el nuevo totalitarismo se parezca al antiguo —predijo Aldous Huxley—. El Gobierno, por medio de porras y piquetes de ejecución, hambre artificialmente provocada, encarcelamientos en masa y deportación también en masa no es solamente inhumano (a nadie, hoy día, le importa demasiado este hecho); se ha comprobado que es ineficaz, y en una época de tecnología avanzada la ineficacia es un pecado contra el Espíritu Santo».

14.1.18

EL MUNDO POR UNA FRASE

Tianhua Xu, 201506
Se ha de sentenciar después de ser oído, y no de ligero, sino desprovisto de criterios el juez, sin separar los ojos de lo puesto en tela de juicio, no sea que razonemos con­forme a nuestro saber entender, que no es jamás leal ni noble por ser de nosotros, sino cuando es engendrado por el hábito despojarse de idearios ante lo que escudriñamos. 
Eugenio NOEL
Señoritos chulos, fenómenos, gitanos y flamencos

Amanece. El caos se reconstruye y con él la intersección por donde vuelvo a pasar al mando del féretro motorizado que conecta el espacio a las directrices de mi caja negra, cementerio de pensamientos desmembrados a la sazón de tan tempranas calibraciones. Nada es igual a sí mismo y todo espejea idéntico, hasta que el impacto de otro sueño abortado por la premura de llegar al tajo lanza su despiste contra el batiscafo rodante que me hago la costumbre de pilotar a falta de pies alados como los del divino Psicopompo. De golpe, «sin saber cómo y por qué» —Fary dixit—, en manos y privado del uso de las mías me veo ante un tribunal.

Los cuatro vocales del sínodo ocultan a testa completa el semblante de su alma con sendas máscaras que semejan el aspecto de huevos de gallina en los cuales, a la luz de una tea exhausta, distingo un mismo código estampado cuyo dígito inicial es el cero: ¿jueces ecológicos? Se comunican conmigo mediante algún procedimiento acusmático y solo gracias a la discretísima, casi imperceptible gesticulación que acompaña el timbre de cada locución, puedo identificar el riguroso turno de palabra que van tomando sus aparentes emisores.

CÁSCARA 1: Este hombre ha escrito cosas terribles y es menester que reciba la debida reconvención por los daños causados con esta lengua que a todos ordena la salud pública mantener limpia de malas artes.

CÁSCARA 2: Cosas terribles son para las que no sirve de atenuante que las haya escrito bien.

CÁSCARA 3: Hacer bien el mal no lo mejora.

CÁSCARA 4: Ni es bueno que se digan bien las cosas que hacen mal en conocimiento de todos.

REO: Me he limitado a dar lustre verbal a los horrores que el mundo me ha enseñado e incurriría en la cobardía propia de alguien mendaz si me retractase de haber expresado con su misma fuerza la dialéctica negativa suscitada por la realidad a poco que uno se sumerge en ella. ¿O debo tener por falso que la más notable labor de un hombre unido en gravedad al espíritu de la letra le exige separar el oro de la escoria, y no quedar bien hallado hasta haberlo donado al idioma? Más razonable me parecería que se pusiera en entredicho la elocuencia con que he intentado componer el remolino de conceptos que azotaban mi discernimiento, o que se cuestionasen mis aproximaciones a una visión inmortal desde el avatar reducido a la condición de lactante y mortífera criatura que soy, pero infiero que no ha debido ser tan escasa la ventura de mis prosas cuando el asunto que aquí me trae se dirime entre la clemencia y la penitencia.

CÁSCARA 1: ¡Aún no se le ha pedido que haga ostentación de la palabra! Tiene la obligación de permanecer callado en esta sala y en su propio beneficio le aconsejo que se abstenga de hacernos perder la paciencia con sus demostraciones de soberbia.

CÁSCARA 2: No lo puede evitar, tiene el vicio incurable de querer llamar a las cosas por su nombre.

CÁSCARA 3: Lo pueda o no evitar, sería muy capaz de vender el mundo por una frase. Las palabras se transforman en desvaríos amenazantes en su poder.

CÁSCARA 4: Razón de más para instruirlo en el valor del silencio completo; un silencio no solo de voz, sino de pensamiento. Solo así podría dejar de constituir una ofensa para la sociedad.

REO: Con la venia del prepollo que presida este ceremonial: ¿«ofensa para la sociedad»?, ¿de qué sociedad me habla? Hasta la fecha, y ustedes son la prueba fehaciente de lo que digo, la sociedad que me ha tenido por coetáneo solo se ha dignado hostigarme cuando ya no le era posible seguir ignorando las conclusiones que he extraído del reverso de sus hábitos y paradigmas dominantes.

CÁSCARA 1: Su insolencia solo es superada por su cerrazón para cerciorarse del peligro en que se pone a sí mismo cada vez que obra por boca del error.

CÁSCARA 2: Mayor valor habría en saber acatar las consecuencias de su actitud que en abundar en el insana convicción de que insultar a los demás es un derecho.

CÁSCARA 3: ¿En virtud de qué derecho puede nadie justificar una agresión?

CÁSCARA 4: Es de todo punto imprescindible proteger a los inocentes de sus injurias.

REO: Las únicas que corren peligro conmigo son sus calumnias. Para incriminarme podrían haberse ahorrado este ritual de infundios. Y si me permiten decirlo, y si no también, lo que mejor les sentaría a sus señorías es un falazo de elefante en plena caperuza que les desbaratase la ridícula puesta en escena con que pretenden intimidarme. Háganse el favor de salir de sus oquedades y comprenderán lo improcedente que es arrastrarme a la asfixia que reina dentro de sus corazas. Acuérdense de lo que son, de lo precarios que somos los humanos para atribuirnos alguna clase de preeminencia moral sobre nadie. ¿Dónde parará la belleza, entre tanto dolor fiero, con ese amor denodado por implantar la vileza? A fe mía es la beldad la rara y justa verdad que atañe al hombre inventar.

CÁSCARA 1: Entre todas sus equivocaciones la peor es la arrogancia de creerse inocente. En lo tocante a esta audiencia, se ha condenado usted solo de antemano y la exasperación que asume ahora como una suerte de gracieta únicamente puede agravar el proceso en curso.

CÁSCARA 2: No tenga la desfachatez de culpar de sus desmanes a quienes velan por el cumplimiento de la ley y el respeto al interés general.

REO: De sus intereses particulares legal y sistemáticamente generalizados, querrá decir.

CÁSCARA 3: ¡Basta!

CÁSCARA 4: Le recuerdo que está bajo juramento y todo lo que diga podría dar lugar de oficio a nuevos cargos contra su persona.

CÁSCARA 1: Acabemos con esto, es hora de almorzar.

REO: Me zamparía unos huevos revueltos.

10.1.18

SALVAS DEL ES AL EX-

Tim Gardner, L. A. Night
Subiendo de grado en grado por un concepto u otro hemos terminado bajando de escalón en escalón a los infiernos.
Fernando VALLEJO
El desbarrancadero

1

Tan mala perra es la vida que solo necesita tiempo para ladrar a quien la lleva de paseo.


Qué risible parida sería la mujer recién parida si el desbarre que la hizo mamá fuera menos embarazoso.

3

No consta tornado que pare mientras no se pase ni hembra humana que no se pase cuando pare.

4

A todo está expuesto el vivo, incluso a las alegrías que de cuando en poco lo asaltan por el trillado camino de las tinieblas que se han apoderado del día.

5

Una primera división de la especie humana distingue a los muertos del pésimo negocio de los vivos, quienes forman a su vez dos conjuntos claramente diferenciados: los activistas del contagio del genoma y los inocentes de esa acción, aun cuando en el palimpsesto subatómico donde son registrados los sucesos ningún fantasma pueda saber que lo es ni nadie, a ciencia cierta, asegurar de sí mismo que no lo sea.

6

Seguimos loando la espontaneidad de nuestras decisiones por no ser conscientes de la ilusión generada por el desconocimiento de las fuerzas oscuras que gobiernan la fatalidad donde cada uno cree encarnar algo más que una secuencia de reflejos.

7

El tuerto no es el rey, sino el bufón que dice la verdad en el país donde los miopes mandan y los invidentes obedecen.

8

Si uno no mira por uno, ciego lo dejan aquellos que sí.

9

La emoción que ignora sus razones es tan destructiva como la razón que ignora sus emociones.

10

En la vida, como en las artes, el estilo puede mejorarse indefinidamente; su sinsentido, finalmente, es el que es.

11

Ten suerte en el arte de discernir lo que te concierne y arte en la suerte de conseguirlo sin que te descuerne.

12

Dicen que la realidad muerde y lo cierto es que por crótalo de apariencias la tuvieron siempre quienes llegaron a conocer los arcanos de su veneno.

13

¿En qué mundo puede lo mejor salir de lo peor? Lo mínimo que puede hacer el árbol de una vida para ser beneficioso es negarse a fructificar.

14

No es peor el averno donde uno se atisba prisionero que aquel donde se ama, como buena mascota, el cautiverio que no se logra dilucidar.

15

Más vale tener en fe alguna sustancia dotada de verdadero poder, por ejemplo la marihuana docta en combinar las perspectivas y el numen de insólita manera, que confiarse a creencias hueras, como esa tan extendida que reparte hostias desnaturalizadas de divinidad.

16

El caos de la vida es un infierno con versiones para todos los disgustos donde el perfeccionista tiene por aditamento la condena de pulir el caldero.

17

Confeso, el espíritu se torna menos confuso, no tan espeso, y quizá sea esta la causa de que la confesión haya sido relegada al reino alucinante del anacronismo pese al manido diván de la consulta donde la mente se ausculta.

18

Una persona que depende de las redes de comunicación para todo es alguien que como corolario de sus ocupaciones puede establecer conexiones con cualquiera, menos consigo. De la tertulia exógena a las evasiones de la soledad, esos foros son desafueros al por mayor donde ningún aspecto individual tiene curso de validez salvo cuando lo acredita la evaluación continua de la imagen social que se debe proyectar: la pesadilla sonriente.

19

Hay gente tan puntual y debidamente desinformada que desayuna con el vendaje de la prensa en los ojos.


20

Quien siga las noticias sin espíritu deportivo corroerá su inteligencia por correr tras ellas.

21

No de naturaleza sino de grado es la diferencia entre violencia y derecho, como bien se ve en la fuerza que lo promulga de hecho.

22

Vívase a cuerpo de rey; de un rey libre de súbditos.

23

Malditos seáis por los siglos de los siglos los que a sabiendas de vuestras averías hereditarias hacéis con ellas monigotes. ¿Qué decir de vuestra conciencia sino que la tenéis intacta por no haberla usado jamás?

24

Quiero que a mi remate no me hallare culposo la parca del mismo dislate que me gestó.

25

¿Cómo puede un dios concebir un diablo? Cuestión de simple endogamia, tan fácil como columbrar de qué primos descendemos los que aquí hemos caído.

26

Que exista un día para rendir pleitesía al padre, otro para dorarle las costuras a la madre y ninguno para consolar al hijo que nunca pidió venir, amerita la supremacía de los verdugos sobre sus víctimas pese a lo efusivos y atentos que puedan ser con ellas.

27

Nadie está más obligado con uno que su santa engendradora, pero es común que una madre asigne a sus hijos una deuda de sangre igual o superior a la suya solo por la guasa de haberlos parido.

28

La procreación no sería menos inmoral si el espacio habitable y otros recursos básicos fueran infinitos puesto que se trata de un hecho cuya gravedad es absoluta e irreversible; lo que sí puede hacer dentro de las acuciantes estrecheces planetarias es reventar hasta el juicio que la delimita.

29

Examinadas las vidas de homo y heterosexuales según sus costumbres de alcoba, todo apunta a que los primeros son más inteligentes que los segundos: copulan más y tienen menos prole.

30

Puede uno creerse cuanto quiera que este mundo es una preparación para el siguiente nivel de simulación: la escatología que así lo dispone no variará un ápice su trasfondo incierto en la fe montada a expensas de que no haya otra realidad, de que habiéndola sería muy probable que fuera solo una reanudación de la misma y, sobre todo, de la sabiduría que asiste en prelación, contra cualquier acometida de optimismo, a la excelencia de no proseguir de ningún modo en ningún mundo.

31

Cada céntimo cuenta en las pobrezas abismadas de esta centuria aunque no se oiga la precipitación en el vacío con que lo cuenta.

32

Si los varones son tan nocivos para la sociedad como muchas domadoras de primates creen, ¿por qué las representantes del bello sexo no declaran en huelga el pozo de impudicias de donde sacan a tantísimo pendejo? Bien es verdad que no por ser un indeseable autor de vilezas el machismo debe menos al matriarcado en la sombra a cuya militancia reproductora ninguna cultura imbuida de ideología patriarcal ha impugnado nunca el poder absoluto sobre la vida que, so pretexto de amor o de un innato mandato biológico, no cesa de incrementar la materia prima de la debacle.

33

Perfecto sería el crimen que nunca pudiera redundar en prueba de la culpabilidad del asesino a condición de obviar que otra felonía lo ha superado con tetros honores: la impunidad del que mata sin otro motivo que dar la vida.

34

Hay un hito en el ciclo vital del «más sabio de los animales» a partir del cual, temeroso de ser menos modélico, el ejemplar típico decide entregarse al frenesí de la progenitura con el fin de asegurarle a otro el percance, tan adorable molde es para él su porción congénita del desastre.

35

Tienen los padres la detestable costumbre de morir antes que sus hijos, con lo cual su pecado de replicación queda tan impune como exento su tránsito a mejor vida —es un decir— de abonar el peaje moral por la maldición de haberlos traído a correr la suerte en este barrancal, desangelado mermadero donde la plaga humana todo lo guarrea con sus taras protagónicas y compite contra sí misma por ser más deleznable generación tras generación.

36

El cálculo que opera en el seno de una pareja convencional se define por la sinergia que suma la negligencia de un cónyuge a la del otro en la menos calamitosa de sus versiones, porque de hecho puede, como a menudo ocurre, que la negligencia no se conforme con sumar y quiera la malignidad de verse multiplicada.

37

Aun solo por amor a la fortitud que le corresponde, tengamos la rectitud de envejecer sin doblegarnos a la decrepitud que hace reverencias a la juventud.

38

La traición a la virtud es vicio de leales a la humanidad.

39

Observar el trabajo de algunas máquinas invita a pensar que el ser humano ostenta respecto a ellas una diferencia de composición, no de función; queda por esclarecer si a la vista de nuestras crecientes cargas las máquinas pensarán algún día que las une un parentesco estructural con la naturaleza del hombre.

40

¡Cuán desgraciados son los dichosos que ignoran cómo percibir su desgracia!

41

La explicación del fracaso es sencilla una vez se comprende que el éxito, tal como lo aclama la sociedad, es prerrogativa de villanos cuando no el inesperado golpe de fortuna que juega con los triunfadores como el gato con el ratón que mantiene al alcance de sus zarpas.

42

La erótica de la desolación no es una ficción inventada por poetas tristes para uso de almas patéticas, sino una forma desventurada de intimar con la existencia lamiéndole la mueca a nuestra señora todopoderosa, la taimada Pelona.

43

Quien no reúne aptitudes para quitarse la vida arraiga en la ineptitud de la materia. Permanecer a la espera de la propia muerte cuando nada sería más propicio que desvanecerse incurre en una mansedumbre que raya el autoescarnio.

44

¿Acaso es más natural la muerte causada por un infarto de miocardio que la sobrevenida por el disparo de un sicario o por los esporozoítos de la malaria? Excepto en el suicidio, y no en todos los casos habida cuenta de los condicionantes externos, existir mata siempre por cuenta ajena.

45

No es que el espíritu posea intereses radicalmente divergentes de la vida, no al menos hasta que la vida se descubre armada frente a él de mecanismos que no solo no coinciden con los suyos, sino que son incompatibles con la actividad relativizadora del pensamiento y exigen para su completa afirmación la derrota de la lucidez.

46

En la nutación que las vicisitudes provocan en el eje espiritual que gira sobre sí mismo dentro de cada humana existencia, la fortaleza no pasa por la conquista de un mundo sostenido a costa de renovar las causas del sufrimiento, reside en sobreponerse al error con un desapego que requiere ser recobrado en el combate que la serenidad libra por suspender la voluntad de programación que nos arrastra hacia el mayor desequilibrio posible de lo real.

47

¿A son de qué se atribuye tan pérfida sombra a la misantropía que nos alerta de los atropellos que acechan sin descanso al humano por parte de lo humano? Por amplio pábulo que pueda dar el desengaño a toda clase de anaideias, no es el desencanto de nuestra condición el que cuela de rondón en casa ajena basura sináptica en forma de ondas radioeléctricas, ni el que intercepta comunicaciones privadas para arrojarlas a las pirañas de la información, ni por supuesto la fuerza hegemónica que saquea en nombre del bien público, inventa delitos sin víctima para mayor embrutecimiento del cortijo que llama paz social y tiene en nómina jaurías capaces de penetrar hasta el retrete de un pensamiento deslacayizado mientras consiente en paralelo las injusticias cometidas por la piara de sus compinches... Inocente de cuanto se le imputa, menos de reaccionar contra el horror, por no abundar en el mismo mal que aborrece ni hijos hace la misantropía.

48

A duras penas puede un pensador limitarse a transmitir la intensidad de sus ideas de acuerdo con una noción pancista del raciocinio; incluso un escéptico temperado por el gobierno estoico de sus ímpetus preferiría convertir los argumentos en un testimonio que valga su letra en vértigo y ponga de flagrante manifiesto la naturaleza problemática de la realidad. Para que una objeción sea poderosa, hay que formar parte del problema o volver a él como relapso.

49

Escribo justo lo que creo menester para no tener menester de lo que creo injusto.

50

No hay palabra más justa que la destinada a encontrar el punto de fusión en el silencio del espíritu que la pronuncia.

7.1.18

DIZQUES

Bella Kotak, This Place Was A Shelter
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.
Sor Juana Inés de la CRUZ

En mi panteón de coñólatra caben diosas mil en culto y con todas ellas soy políglota por devoción, circunstancia que confunde a algunos escrutadores entre los que he de computar a mi amigo J. M., quien interpreta como un gesto de arrogancia que en la publicación de mi pirámide alimentaria aludiera a los «coños», en plural, en vez de al «coño», como una categoría. «Poner coños —razona— es un insulto hacia todas tus amantes». La suya es una objeción muy escarbada, no lo dudo, pero «si una de mis amantes se sintiera insultada por no ser exclusiva y absoluta —le respondo—, a lo mejor debería dejar de serlo». «Ponte en su lugar —insiste— o en una redacción femenina del asunto y lo apreciarás». «Solo a condición de que se acepte como premisa válida que la libertad sexual es una falta de respeto —contrataco—, mi proposición parecerá ofensiva. Esa ese que resulta tan inconveniente bajo tu punto de vista lo mismo puede recibirse como una ocurrencia postinera que como una rúbrica polimorfa». «Sí —añade burlón—, como la Z del Zorro». «En efecto, la S de la sorrostrada que doy por lengua». 

Nunca mi verbo es más hiriente que cuando su franqueza quiere articular un homenaje a la templanza, la que mis lectores deben aprender a ganarse conmigo.

1.1.18

EL EJÉRCITO DE UN SOLO HOMBRE OS SALUDA

Piotr Jablonski, The Moth King
También en las catacumbas se hace algo más que atesorar y administrar conocimientos. Se sacuden los cimientos no de la conciencia, sino de la especie.
Ernst JÜNGER
Eumeswil

El subidón aplastante de liquidar otra ilusión, ¿qué más poderoso desayuno se puede tomar, hoy por hoy, a bordo del carrusel que inaugura estas calendas? No encuentro mejor avituallamiento para el ejército de un solo hombre armado con una ametralladora dialéctica a la que dota de norte el hueso providencial de cada proyectil. Oculto en los vientos escarpados de la borrasca, carente de tierra sacra donde dar reposo a la úlcera de sus desvelos, cuídase sobremanera de abrir fuego en balde no en atención a una munición exigua o atacada, como él mismo, por la acción eruginosa de las estaciones resistidas junto a otros espectros en las trincheras iluminadas bajo raptos de estelas lacrimógenas, sino porque debe fondear la implosión de la agonía con las ráfagas desprendidas del alma por los besos que fulguran en su vuelo hacia la nada.

Más acá de uno mismo, se tropieza el ajeno roturar de la fatuidad con el tabú de un mito tan boscoso que pudiera haber inspirado el amor de un dios desconocido al que la envidia del intruso querría por siempre talar, a falta de aptitudes para penetrar en la liturgia del éxtasis, los espacios que arden sembrados de resplandores vírgenes en el vértice del crepúsculo.

Por importantes aliados que creamos tener en la comunidad y selectas que parezcan las afinidades tejidas a salvo de las pulgueras de mamarrachos y de los pelotones de títeres agitados a la diabla, es capital que incluso en un campo mimado seamos capaces de alumbrar la fortaleza que sólo un fuera de serie puede darse sin minar la independencia, o encontrar en su defecto el refugio de sensualidad sin cuyo auxilio hasta el más bravo espíritu se apaga.

Feliz año de descubrimientos. Feliz decepción.
 
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