30.12.13

CONATOS

El dinero es un estiércol estupendo como abono, lo malo es que muchos lo toman por la cosecha.
Joseph JOUBERT
Pensamientos

Si quieres un mundo mejor, empieza por ti mismo: pronto descubrirás que sólo puede empeorar.

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Deliquios, monoateísmo, vocinglero: hallo estas tres palabras por casualidad en un ceviche de lecturas cuya rapidez ejecutora más que constreñirlo me ofrece otro aspecto de su variedad. No había terminado de apuntarlas para usos futuribles en la escarpadura interlineada de un renglón, cuando se han juramentado lealtad delante de mis narices...

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Mantener el ombligo entrenado como un arácnido oculto en una flor para asestar, sin retórica de telarañas, un venenazo de redondez al intruso que lo triangule.

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Si me descubres haciéndolo, no pienses que aparto la mirada por debilidad; lo hago sólo por la cortesía de ahorrarle daños a un indefenso.

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Me impugno cada noche hasta postrarme en una invalidez que cada mañana, de la pereza de las vísceras al bulbo enmudecido del pensamiento, debo refutar para salir de la calamidad en que me dejé.

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La victoria no radica en el prestigio obtenido para una causa, tampoco en la destrucción heroica de los contrincantes, sino en el perfeccionamiento sin el cual la diferencia entre víctimas y culpables sólo es cuestión de fuerza.

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Cuanto más obscena sea la verdad, más hemos de cuidar el lenguaje de las miserias que debe pronunciar. Comprendido el horror, no se cometa el error de imitarlo.

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No necesito saber lo que quiero para quererlo; sé lo que no necesito, y lo quiero fuera de mí.

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De buena nada, que no es sino gana reganada o renegada a la grisura, alargaría yo la estadía en la pupa de la mala gana si un asalto de ingenio me la profanara.

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3:33 h. Las solapas de los abrigos izadas para calentar lo que el alcohol, muy racionado, no ha podido soliviantar...
E: Con las mujeres estamos condenados a establecer dos tipos de relación: o las adoptamos como madres, o las tomamos como putas. ¿Tú cuáles prefieres?
D: Una de puta madre.

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¿Qué valor puede concederse a la hombría de quien nunca ha tenido un gatillazo de prepotencia?

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Los viejos mitos desembocan en los nuevos iconos, son revueltos según las turbulencias del catálogo de moda y, modificados por las tretas de la técnica, apenumbran más que alumbran al moderno Prometeo que habita en el otro hemisferio del espejo, donde cada uno lo alimentará con sus cochambres hasta que reviente de asco sobre las caras de cuantos caigan bajo el señuelo de su sermón, aparentemente pulcro, que será un canto atusado al fragor de la degollina.

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No soy indiferente a las desgracias ajenas; esto es, puedo serlo tanto como a las mías.

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Pensar en sí mismo es la mejor manera de contribuir a que los demás piensen por sí mismos.

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Siempre te tuve por una inteligencia de rango superior que adelantaba a la mía en recursos de agudeza, velocidad operativa y amplitud analítica. Ahora que desde tus pensamientos diriges sinceros elogios a los míos, compruebo un poco más lúcido y menos lúdico que no me siento halagado sino estafado, mucho más tonto que ambos, juntos o por separado, antes de saber lo que tu mente revela.

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Como de costumbre por estas latitudes, sobra cristianismo y falta amor propio, una carencia más extrema que cualquier pobreza material, pues es responsable, entre otros desastres, de confundir la dignidad (que es labra individual) con la limosna de lo humano que no vale ni la lacra piadosa que cuesta, pero pone un abyecto letrero de honradez a la omisión de la audacia para rechazar lo inaceptable.

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Quizá por los hermosísimos dientes que su boca desmiente o, tal vez, por el quirófano en que ha trasnochado las operaciones de su corazón, hiperventilado antes que abierto, sobre el que ejerce el castigo de una avidez amorosa comparable en horrores al instrumental del sanguinario que aprovecha la anestesia del cuerpo para destrozarlo; sean cuales sean las tasas que pronosticaban el rechazo, toda ella se predica injustificada: ni los años abultados que perfuma sin mesura, ni el rastrojo de sus crines, en efecto bien peinadas, le dan derecho alguno, salvo al ridículo, para pedirle a su galán un galope de ternura si a cambio, como ternera cerril, ni quiere ni se deja montar.

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No aturulles el sentimiento con el tratamiento, el aprecio con el agrado, el cariño con el aliño: se te acepta entre esos puercos forrados de la más cara humanidad porque está en su remedio doblar el talle de tu compañía en ausencia de otro pelele mejor.

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Mujeres y literaturas son mi perdición: arquitrabadas en el pastel del amartelamiento, me desenvainan la locura que las gana.

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Para no dar granza, no echar simiente.

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Puede que no sea infrecuente encontrar el infierno «en el corazón de un hombre triste», como dice Robert Burton, pero eso no es razón para creer que el paraíso pueda hallarse en la conciencia de un hombre alegre, por muchos momentos felices que le aniden en el pecho.

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El tiempo es arena no sólo en los ovarios ligados del reloj, también fluye por la celosía de las manos que pretenden enjaularlo sin apresarlo jamás. Por cada grano que escapa, cae una ilusión de la hemorragia incontenible de instantes al olvido seguro de quien se desangra. La muerte empieza en la espera que, confiada al después, prosigue la negación que la afirma.

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No se resbale en las drogas como un desesperado en la religión y evítense los cultos organizados como un fármaco desconocido del que sólo se sabe que circula adulterado.

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Cuando anotas lo que notas, las notas aun ignotas que denotas te van dando intermitencias de las cargas que te quitan al tocarlas.


No están todos, pero los que aparecen nunca faltan: el patócrata, el mentirista, el consumidero y, por supuesto, Ella. En otras palabras, The Muse is Dead de Mitch Griffiths.

28.12.13

IMPRONTAS DE UN VIEJO PÓLIPO

Antes eligió Dios la necedad del mundo para confundir a los sabios y la flaqueza del mundo para confundir a los fuertes.
1 Corintios 1, 27

No consigo abandonar el recuerdo de Dios como violador de almas. Desde muy temprana edad, pecoso y desprovisto de recursos anímicos para concebir las sutilezas de una alternativa panteísta, lo experimenté con sofocante presencia porque mi carácter introspectivo incidía de manera obsesiva en la asimetría que definía el quid de nuestra relación: me habían enseñado lo suficiente de Él como para no obviar que entre sus atributos destacaba la capacidad de estar en todas partes, en el haz y en el envés de cuanto ha sido, es y será, lo que implicaba que también mis pensamientos eran objeto de sondeo para su miradón, que casi podía sentir atravesándome de la coronilla a los tarsos cual rayo arrojado desde un infinito en continuo estado de acecho; pero si bien Él lo sabía todo de todos en cada momento, no había modo humano de establecer un conocimiento recíproco; como criaturas lacrimosas estábamos abocados a la precariedad de dirigirle imploraciones y alabanzas cuyas respuestas, de darse, componían un calvario de enigmas, la otra desfachatez de la barbaridad. A causa de esta desigualdad inexplicable, me veía en el aprieto de sospechar que acaso las verdaderas intenciones de Dios no eran confesables, un género de duda que constituía un desafío a su autoridad del que pronto fui advertido. Enfrentado a su ubicua impenetrabilidad, ni siquiera me era factible desentrañar el código moral con el que lo columbraba juzgando no sólo mis actos, sino hasta la más huidiza de mis fantasías, y para colmo la doctrina católica que impartían en el colegio jamás me ofreció claves convincentes para entenderlo mejor, a pesar de que el irascible Jehová del Antiguo Testamento estuviese acorde con la imagen todoprodigiosa que había craneado para uso propio. Es curioso que bajo tales agobios no me planteara su inexistencia, quizá porque la mera idea de un Ser Supremo contamina la conciencia que toca obligándola a contar con Él, aun si no es posible comprobarlo empíricamente. Para mí, con un masoquismo prematuro que excluía cualquier evasiva, el único mandamiento era aceptar de corazón su permanente chequeo como el signo inequívoco de nuestra naturaleza, una maldición consustancial al hecho de soportarlo en su embrollo de Creador y sumo Destructor.

Por entonces, lo evoco vivamente, una de mis mayores aficiones era salir al campo, donde levantaba piedras con ayuda de mi padre para poner al descubierto los misteriosos bichejos escondidos, que gustaba de apresar haciendo devoción de no lastimarlos y dibujaba de memoria después no sin haberlos devuelto al regazo mineral en el que fueron sorprendidos. Aunque tenía intuición para elegir los pedruscos más prolíficos, como preludio invariable antes de alzarlos oraba en silencio una súplica, formulada según las circunstancias, que empezaba con el educadísimo «por favor, Dios...» y solía concluir con una ilusión fija: capturar una culebra o un lagarto, los animales mágicos por antonomasia entre la abundancia de alimañas, reales e imaginarias, que poblaban mi pequeño mundo. Cuando una suerte adversa me impedía hallar las sabandijas amadas, mi mente infantil deducía que los ruegos no habían sido escuchados no tanto por un error de forma —nunca pedí nada que excediera las posibilidades del contexto— como por culpa de alguna incorrección, en mi conducta o en mis propósitos, que debía identificar de inmediato y purificar con mucho fraseo axiológico a fin de recuperar la estima del Señor, imprescindible por su determinación al materializar el contenido de mis deseos. En las frecuentes ocasiones que no conseguí restaurar mi inocencia, esta primitiva concepción religiosa donde no tenía cabida la tregua, donde el menor detalle podía significar la redención o la condena, llegaba a provocarme dolorosas crisis de incertidumbre y desconfianza marcadas por la letra escarlata del estupor. ¿Mi pecado? El egoísmo sacrílego en el que había incurrido al querer encadenar a Dios mediante encomios contra las nociones más elementales de la fe, que estaban destinadas a hacer de mí un sufrido cumplidor de la ley eterna. Menos mal que la serpiente besó al niño, el niño mordió al pólipo y no hubieron de marearme los giros a la eclíptica para esmuir de las apariencias transfusoras de realidad que Dios y el Diablo son el mismo ser: el ser confundido, cosido al ello y al aquello, que cada uno es.

¿Puede haber grandeza en la automutilación? Useless Thoughts de Bayo.

27.12.13

PROCLAMA ESPÁSTICA

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido, 

venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido...
Francisco de QUEVEDO
Amor constante más allá de la muerte

Preferir el tapiz incendiario de la lengua extendida al beso o el mandala coralino de los ojos donde se naufraga, antes que la virtud de libar el esmegma de los frunces carnales o la comunión bacteriana de embadurnarse con la pócima derrochada por las glándulas salivales, más que una diferencia sustancial revela las prioridades venéreas del amante que idolatra no tanto el cuerpo al que quisiera absorber con su deseo como el ardor que lo desencadena. El espectador que era puede lanzarse ya sin vacilaciones críticas ni falsas distancias de seguridad al precipicio carmesí del espectáculo. Sólo por la animalidad que logra estallar el alma al menor contacto con el otro queda santificado el extravío de la conciencia a través de los embrujos anatómicos, laberintos olorosos de flexuras y volúmenes en movimiento donde lo importante no es hallar la salida, sino entrar a fondo en los juegos oníricos de las formas despiertas, y toda razón se vuelve impía como el asco felizmente excluido de la complicidad enajenada.

Siempre que soy ungido por las secreciones que yo mismo he provocado en el asalto a esas cavidades adoradas que concentran el secreto de un universo horadado, ¡cuán groseros encuentro después los anhelos de unirse a una totalidad sublime, pero asexuada!

26.12.13

CIZALLADURA

¡Me gusta demasiado la vida como para querer ser solamente feliz!
Pascal BRUCKNER
La euforia perpetua

Todo lo que no se piensa fortalece la salud, es un hecho etiológicamente ligado al poder de indiferencia hacia uno mismo. Incluso hay dolencias, entre las que habrían de computarse la mala memoria y algunas borreguiles maneras de imbecilidad, que prodigan un efecto profiláctico contra enfermedades mayores, así como innumerables formas de hacer carambola con el perjuicio que nos cura para siempre del mal, a veces gustoso, de vivir.

Persephone de Thomas Hart Benton, obra que a mí me suena a bluegrass y puede contemplarse en la colección que posee el Nelson-Atkins Museum of Art de Kansas City.

25.12.13

SOL INVICTUS


Yo soy tres. Un hombre que permanece siempre en medio, despreocupado, inmóvil, observando, esperando a que le sea permitido expresar lo que ve a los otros dos. El segundo hombre es como un animal asustado que ataca por miedo a ser atacado. Luego está la persona extremadamente cariñosa y amable que admite a la gente en el templo más sagrado de su ser y soporta los insultos y es confiado y firma los contratos sin leerlos.
Charles MINGUS
Menos que un perro

No son inusitados los déspotas que palpitan de intenciones afectuosas y he tratado a cabrones cuya compañía se siente en verdad encantadora, mas nunca dejará de embravecerme la insistencia con la que aún, en una porción notable de los territorios habitados del orbe, se celebra el nacimiento artificial de un advenedizo que ni siquiera supo hospedar propósitos honestos para sí mismo —fue un mejillero—, ni es deseable en modo alguno como aliado filosófico a bordo de la travesía que cada uno ha de realizar en solitario y contra los otros si es preciso. Tras el eclipse mental que supuso la adopción de este reyezuelo literario como paladín de los innobles sentimientos ensortijados a la aventura del espíritu, las antiguas costumbres que brillaron anexas al desenfado pagano no llegaron a aletargarse completamente bajo la suplantación de identidades que las forzó a permanecer subrepticias, por lo que ahora vuelven a llenarse de importancia más allá del fisgoneo arqueológico o del comprensible interés por reavivar sus formas rituales. En su honor, erecto sobre una sensación que casi se encarama a la certidumbre, hoy me he descubierto lo bastante animoso para saludar la divinidad de todo cuanto crece bajo el astro crudo e inconquistable hasta que una mirada desapasionada, sobrevenida quizá antes de lo que el gesto merecía, me ha puesto frente a la dulzura mórbida de mi corazón: sin consultarme, ha querido prescindir de las evidencias que hacen de los humanos bestias indignas de simpatía y del sistema solar un soberbio decorado donde han establecido el estercolero de su crianza. 

Mierda de primera calidad, ignívomo cuando en su agitación codicia un recubrimiento inimitable, el orgullo civilizador no se cohibe de emprender acciones deletéreas con tal de fabricar cosas duraderas, que puedan sobrevivirle y de las cuales guarden constancia épocas ulteriores pese a la reiteración de avaricias, envidias y temores que alimentan la turbina histórica que muchos aceptan por destino.

Atrapado el cometa de la fatalidad en la balanza de insomnios que le roban también delaciones a mi biografía, nada transcurre por la inexorable confluencia de olvidos que determinan la lingüística de la disgregación general. Por ello, desde la cepa, he sido un alfayate de la existencia propenso a confeccionar patrones que han de proporcionarme abrigo moral y un mínimo estilo mientras le voy tomando medidas a la muerte, mi barragana, para entallarla con las prendas más lascivas de nuestro romance.

La siesta de Lawrence Alma-Tadema, un artista distinguido con una visión de pasado a la que he recurrido en otra ocasión.

22.12.13

VAGUADA DE UN FIGURANTE

Para que el pensamiento dé una vuelta en el cerebro de un inconsciente, es necesario que le ocurran muchas cosas y muy crueles.
Louis-Ferdinand CÉLINE
Viaje al fin de la noche

Despreciar cuanto se ignora, sea objeto de conocimiento o sujeto por conocer —algo asaz común entre mis compatriotas, al margen de su nivel académico, posición social y desahogo sexual—, es hacerse digno de recibir el reflejo de una repulsa semejante. Debido a la ralea de mi profesión —no esta de palabrear requeteflexiones, que apenas pasa de ser vicio inmaculado en el sentido mercantil—, a diario recojo el ninguneo en el desaire que revisto de diana, soy menos que un chucho para esos que me asperjan el entrecomillado de su arrogancia desde el hábito de pagar para que otro se ensucie las manos por ellos, mas no me obtura la estima ser mirado así, como la vomitona que alguien olvidó en la triste acera: ¿qué importancia voy a conceder al veredicto de aquellos que de forma impúdica manifiestan su bajeza moral al atribuirse una clase de la que carecen haciendo uso de la educación que nunca han tenido?

Entre los chamanes vinculados a la cultura del jaguar, reciben el nombre de tinguna las emanaciones electromagnéticas irradiadas en estado de trance que son susceptibles de adoptar cualquier forma procedente del reino animal o vegetal, cuando no partícipe de la naturaleza de ambos. Stephen Judges, responsable de la energía plástica de hoy, gusta de retorcer estos primores visionarios en un mejunje de seres simbólicos y arquitecturas delirantes que parecen evitar cristalizarse bajo la atención, indudablemente, ganada.

DEL DESACIERTO QUE UNE A LAS DERECHAS Y LAS IZQUIERDAS

Se ha debido únicamente a la aparición de la tecnología, y no al nacimiento de las ideas políticas modernas, la negación de la antigua y terrible verdad de que sólo la violencia y el gobierno sobre otros hombres podía liberar a unos cuantos.
Hannah ARENDT
Sobre la revolución

Como mi deseo fugazmente estrellado es ir sintetizando la excelencia no sólo desde el propio obrar, entre la mies meteórica hoy avento el dicterio por boca de Ortega y Gasset, para quien «ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral». Más allá del bien y del mal que conservadores, progresistas y otras aves en consorcio de mal agüero definen, a su muy cuestionable manera, según la táctica empleada a retaguardia de las variaciones formales sobre un tema repetitivo donde el Estado debe cumplir el papel de célula hospedadora y cada gobierno el de virus invasor, existe una lucha despiadada del objetivo autoritario contra el principio de libertad, de la tala colectivista contra el crecimiento individual, del igualitarismo contra la diferencia, de la publicidad contra la privacidad, de la movilización social contra el distanciamiento intelectual, de la edulcoración amnésica contra los hechos históricos, de la liturgia contra la ironía, de la norma contra la excepción, del adoctrinamiento contra la discrepancia, de la mercancía contra el espíritu, del rendimiento contra el conocimiento, de la perversión monetaria del valor de uso contra el uso singular de lo valioso, del desfile dogmático del pensar, en definitiva, contra la duda que es la danza misma del pensar, y para recorrer todas estas facetas del antagonismo, la dicotomía ideológica entre la derecha y la izquierda no sólo ha dejado de ser operativa cuando se trata de desvelar las actitudes que ocultan las palabras proferidas por cualquier militante —si es que alguna vez lo fue para otra cosa que monopolizar el cloqueo parlamentario—, sino que interfiere en la comprensión de su significado como el etiquetado comercial de un envase respecto al contenido.

Essentia Exaltata destilada por Madeline von Foerster. Aprovecho la apostilla para remitir al lector al aforismo 35 de la entrada De tripas el corazón haciendo antes una parada de rigor en el esquema glosado de A buen entendedor.

21.12.13

EL MOHO DE LOS EPÍGONOS

Si la furia del pueblo igualara a su paciencia, nadie se atrevería a convertirse en gobernante.
R.F.R.

¿Culparías a Demócrito por el desarrollo de la investigación atómica que culminó en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki? ¿Y a Nietzsche por las bizarras y funestas consecuencias del culto al superhombre en la Alemania nazi? Ni siquiera podemos saber con certeza lo que Marx hubiera opinado al examinar la aplicación literal de su catecismo revolucionario en los países que adoptaron su obra como verdad revelada.

La idea de que los pensadores son los principales responsables de las interpretaciones prácticas de su legado, sobre todo cuando estas se llevan a efecto después de que hayan muerto, consolida un prejuicio muy extendido a conveniencia de los muchos movilizadores de masas que, desde el poder o desde el asalto al mismo, pretenden beneficiarse del prestigio de pioneros ideológicos desprovistos del derecho a réplica para justificar la miseria de sus propias acciones. Pero este fenómeno no mancha solamente a los forjadores intelectuales de la cultura, sino que constituye un negocio de pasiones habitual entre los pueblos afectados por formas violentas de confrontación histórica. Con esta lógica de sonámbulos guiados por psicópatas, los regímenes soviéticos gozaron en Europa durante décadas del triunfo moral obtenido por el bando aliado tras la Segunda Guerra Mundial, mientras que las potencias anglosajonas de Occidente lo hacen aún del profundo descrédito que estigmatizó a los perdedores de aquella contienda, una ventaja que sus líderes han sabido explotar a modo de licencia mediática hasta superarlos, con creces y sin tregua, en la política real de sus planes globalistas de expansión, que demuestran la utilidad de reemplazar el genocidio racial por el económico, así como el progreso de coordinar con intervenciones humanitarias los estragos que en el siglo pasado se reservaban a los campos de concentración.

Puesto que ni el texto ni la reflexión que lo suscita son bonitos, se comprenderá la necesidad de acompañarlo con una belleza de las numerosas que supo captar en su esplendor, como buen feo, Alfred Cheney Johnston. 

20.12.13

LA CONMOCIÓN POSTERGADA

Tiemblo siempre por no haber escrito sino un suspiro cuando creo haber consignado una verdad.
STENDHAL
Del amor

Con vigores y delicadezas que comuniquen a cada uno con su ninguno, escribir una sola frase valiéndose de una penetración precursora de tan suculenta plenitud que, desde el proceso mismo de ser entendida, produzca una perplejidad cuya vehemencia se resuelva en una conmoción equiparable a la experiencia de adquirir, súbita y simultáneamente, la capacidad de percibir por completo el espectro acústico, olfativo y luminoso, o incluso se incardine rebosante en lo ultraorgásmico como ha de ser la exaltación de nacerse a la presencia inmediata de Dios. Maestría utópica, por supuesto, inasequible a los recursos del verbo, lo sé, como tampoco ignoro que mientras pueda intuir esa cumbre de radiante imposibilidad, todo lo que salga de mi ingenio será epidérmico y venial, un promedio de rumores desvaídos en las galeradas permanentes del máximo entrevisto. Menos que un consuelo pero más que una presunción, habitar en el presentimiento que se suple imaginario es mi única excusa.

Guess Who del ilustrador Louie Travis.

19.12.13

DIFAMA, QUE ALGO QUEDA

Escindiendo derechos de propiedad y derechos humanos, los liberales lograron cargar de mala fama a los primeros, minando la legitimidad moral de todos los otros derechos. Pero los derechos de propiedad no son sólo exactamente tan válidos como los derechos humanos; son anteriores a, y necesarios para, los derechos humanos.
Thomas SZASZ
Nuestro derecho a las drogas

Con redundante frecuencia me veo encarado a la pregunta por la legalización de las drogas,  y cada vez que intento responderla debo empezar señalando que la cuestión está mal planteada de raíz o alberga una intención capciosa. Para situar el debate en su dimensión adecuada, resulta útil hacer el ejercicio de sustituir las drogas de la encuesta por otra actividad intrínseca a la curiosidad humana: el sexo. Ante la inquisición de saber si el sexo debe ser legalizado o penalizado, cualquier persona que haya crecido en un clima mental mínimamente abierto se alarmaría con buena razón, pues se percibe sin ofuscación que aquello que uno hace con su cuerpo no debe ser asunto de injerencias por parte de las instituciones. Salvo en los casos de pederastia, violación y abusos donde existe una víctima forzada por la villanía de otro, se sobrentiende que el contacto sexual entre adultos no necesita ser regulado por ley, pero sorprende que al extrapolar la misma lógica al campo de las drogas, perfectamente análogo, la situación se halla tan desfigurada a causa del terror impuesto por los largos años de prohibición, que aún muchos en posesión de su juicio no alcanzan a comprender la lesión que ha sufrido la soberanía individual a manos de las políticas de corrección social, salud pública y homogeneidad cultural. 

El uso de las drogas, al igual que las prácticas sexuales o el acceso al conocimiento impreso, no necesita ser legalizado ni perseguido, sino devuelto al ámbito de la naturalidad, a la que pertenece por derecho propio y de donde fue arrebatado cuando el complejo marcial, industrial y financiero consideró más interesante controlar en sucio la producción, distribución y consumo de un extenso conjunto de sustancias psicoactivas poniéndolas bajo el anatema de la criminalidad. Por el contrario, evaluados desde una visión exenta de propaganda, libre de acuartelamientos doctrinarios y del comodín de las opiniones convenientes, ni el aprendizaje ni el disfrute, que son expresiones incontestables de la conducta privada, precisan de intervención o jurisdicción alguna, ya sea la presidida por el Estado transformado en cártel, la providenciada por los sabuesos de la moral o la coludida por los directivos del toxicopolio, protagonistas estos últimos de una cinética delictiva a gran escala que rinde una liquidez crucial para animar con su música de cifras la fiesta en la cual pueden verse maquinaciones bursátiles, fondos de inversión y paraísos fiscales bailando arrimaditos más babosos que nunca.

Reconquistando espacios muertos, Desnatureza del brasileño Henrique Oliveira.

18.12.13

CLAVIJERO DE PALMAS Y DEJAMIENTOS

Permitidme fabricar y controlar el dinero de una nación y ya no me importará quién la gobierne.
Mayer Amschel ROTHSCHILD

Aunque hoy me he levantado pacífico —nótese: sin ganicas de verme—, en la superficie y un poco más abajo me siento atlántico, es decir, dispuesto esnifarme la consigna catuliana hasta tragar de un rasponazo el amargor: «Una sola salvación hay para ti: esto debe superarse. ¡Hazlo puedas o no puedas!» Como de mala costumbre, póngome a reflexionar en calzoncillos de prosa sobre un asunto recién calado al día a sabiendas de que las correrías del pensamiento, desvariando desvaríos, me llevarán por fortuitas direcciones hacia el viaducto que atraviesa la quebrada donde caen perdidamente mis sueños con el cortejo de ideas, premoniciones y recuerdos que los clonaron. Antes de doblar mi dosis de hipérico y reservándome el pronóstico del saldo anímico a falta de alegaciones, pase lo que escriba quiero dejar constancia de los raros sucesos que se producen en mi casa desde que visitara la página de John Coleman —¡no la busquéis!—, el supuesto exagente del MI6 que, entre otras revelaciones curiosas, dedicó un ensayo al Comité de los 300, una especie de logia compuesta por los hombres más poderosos del planeta cuya influencia es tan determinante para el curso de los acontecimientos históricos que, según el autor, los mismos jefes de Estado se refieren a ella con el apelativo de Los magos. Detrás del telón está el timón, y tras éste un horizonte donde la realidad nunca es tan verdadera o tan falsa como la postula el poder económico. Acuñada en la cruz de su caradura, la libertad es un fruto hueco y la lucidez, un maleficio; con maleficio infuso o luxación esquizoide, lo cierto es que los duendecillos traviesos que viajan a lomos de las ondas hertzianas emitidas por el Gobierno Oculto parecen haber troyanizado mi hogar a partir del tris de la consulta. Aireadores de la grifería sustituidos por cánulas que proyectan un tifón de tinta china directamente al rostro, papel de lija enrollado en el sitio donde debería estar el papel higiénico, servilletas untadas con un pegamento indetectable que actúa al entrar en contacto con los labios, juntas tóricas tiradas por el suelo que al prenderlas se ciñen a los dedos como la túnica del centauro Neso al cuerpo de Hércules, y otras simpáticas putaditas se han incorporado a mi ritual de lo habitual desde entonces. El colmo de la diablura ha estallado, sin embargo, hace varias horas, cuando los asaltos bajo cero de la cruda oscuridad se recalcaban en el exterior: una entidad misteriosa ha hecho uso del inodoro aprovechando mi sordera almohadillada de párpados bajados y edredón subido. No me incita duda, la aportación al solio no procede de mi taller de alfarería porque cada pieza flotante va enfundada en una cutícula a cuadros del mejor tartán escocés que yo jamás, jamás, podría tejer... ¿Acaso constituye una señal en la cual debo buscar la armonización de mis facultades, esa conexión profunda y equilibrada con todos los estratos de mi ser? Si, en palabras de Jung, «lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino», ¿todo lo que hacemos consciente se encuadra dentro del abanico de la voluntad que se contempla evolutivamente a sí misma en la obra? Que la masa encéfalica pueda extraer una lección nutritiva en elocuencia de una mota de información sólo indica que la literatura está integrada en nuestra fisiología, el resto son divagaciones del náufrago que cada uno arrastra consigo pidiendo asilo en la perrera del cosmos. Todo lo que ocurre en el mundo juega con el despropósito de hacernos creer que los hechos reflejan nuestros procesos internos; cuanto más verosímiles y reticentes a la objeción resulten, más necesario es desasirse de ellos, algo que chocará en primer lugar contra el cerco establecido por la rémora burocrática, los centinelas de la productividad y la fiscalización comunicativa que define nuestro tiempo.

Sin marcas ni cronometrajes, burbujeo en las levaduras de mi desapego formando una reconstituyente miga de soledad hasta que la humanidad diferida de algún codicioso me la estruja colándose por donde nadie lo espera. ¿Comisiones de mantenimiento? ¿Impuesto sobre la renta de las personas físicas? ¿Valor añadido? ¿Estabilidad presupuestaria? ¡Qué manaza invisible ni qué terquerías tecnotrónicas! ¡Dan ganas de salir de la desgana a tajos de kampilán! No existe argumento filosófico, fuerza moral, ley natural o consenso que me persuada para consentir que alguien, por el pimpante hecho de mover más capital o captar mejores avales, abarate mi pasado, maltrate mi presente y condene mi futuro sustrayéndose a la mínima responsabilidad de encararse conmigo. No es cuestión de hipersensibilidad social, adicción a la insolencia contra los prebostes o revanchismo surgido de un epicentro de envidia, sino de amor propio, que de ninguna manera se basa en el desprecio a la riqueza material que tampoco necesita: entre depredadores obligados a relacionarse, el dinero puede funcionar como una herramienta aceptable para sortear dificultades, favorecer intercambios y enmendar conflictos que de otro modo serían peor que inaceptables, pero detesto los medios que se valen del saqueo, la coacción y el oscurantismo para obtener abundancia, y no encuentro razón alguna para respetar a quienes se perdieron el respeto a sí mismos subordinándose al siempre escaso tamaño de lo que tienen o ansían tener.

Están invitados a realizar una expedición por El corredor de mi paisano Manuel López-Villaseñor.

13.12.13

DE CHICHONES Y COPROLITOS

Dadme dos líneas escritas a puño y letra por el hombre más honrado, y encontraré en ellas motivo para hacerlo encarcelar.
Armand-Jean du Plessis, alias Cardenal RICHELIEU

Según las mierdosas leyes de este país de pías almas miedosas, calculo que cometo a diario un mínimo de dos delitos más un número mayor de infracciones que evitaré referir por respeto a la integridad de mis yarmoles. Asimismo tengo constancia de que, a mi alrededor, personas que carecen de cualquier vocación transgresora, se hallan en una situación de ilegalidad sumergida en la que incurren generalmente de forma inconsciente, y no me vengan con aquello de que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento, pues el fárrago de abusos consagrados, trapazas blindadas y caprichosas inutilidades que suelen incluirse en el arsenal legislativo vigente no hay savant que lo asimile. No se trata de un problema de origen individual, sino de una verdadera epidemia causada por un sistema político cuya gobernanza, además de haber perdido la ocasión de vincularse con la representatividad que nunca ha tenido —salvo la debida al corsariato financiero—, efectúa con golpes de mando lo que no puede emprender con legitimidad moral, y privada de respaldo popular, adopta como táctica para asentar sus reformas la descarga metódica sobre la sociedad civil de una desconfianza que a fuerza de ucases ha logrado cosechar y por supuesto merece, pues toda arrogancia se vuelve odiosa incluso para el siervo complaciente.

En términos globales, hay diez veces más policías o militares que médicos; se deduce, en consecuencia, que es diez veces más relevante para el orden mantener en el redil a la población y empujarla al desolladero que cuidar de su salud, sin menoscabo de que puedan despilfarrarse grandes sumas de dinero procedente de las arcas públicas para someter al ganado humano a campañas de vacunación de dudosa intencionalidad que, en el menos lamentable de los casos, servirán de tratamiento preventivo contra enfermedades inventadas por los agentes comerciales de Mammón. Todo está torcido, cada institución genera un simulacro de sí misma que traiciona la misión fundacional que se le había encomendado. Ejemplo adusto de la desproporción habida entre los medios de coerción y los servicios sociales básicos, podemos buscarlo en la inseparabilidad de los poderes convertida en actitud patrimonial de la España fáctica, una nación hecha en su maltrecha historia a la medida de tiranos que nunca fueron juzgados por sus crímenes porque se alzaron siempre con el beneplácito de la recua de los aduladores, quienes desde su prolífica indigencia cultural los lloran cuando regresan a la nada de la que no debieron salir, y los añoran cuando esa misma nada entra en sus vidas endeudándolos con el montante de un cuento donde las historias de princesitas inocentes acosadas por la infamia se mezclan con las de dragones que ofrecen su bondad a cambio de ser rescatados del barranco...

Para el equipo de mercenarios de despacho que capitanea el desastre hispánico actual, la movilización callejera del cabreo ha mutado de la teatralidad inofensiva al espectáculo molesto —no vayan a pensar en un ciudadano amotinado en estas heredades, eso es más propio de franceses, aquí uno es súbdito y punto—, por lo que nos preparan la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana y la Ley de Seguridad Privada, que caerán como un descomunal cropolito, argumentum ad baculum, sobre nuestras machacadas libertades. Tras la conspiración bancaria mundial que se ha apropiado del crédito, la soberanía nacional se ha visto restringida a poco más que una gestión de la estafa fiscal y de los instrumentos especializados en cronificar el miedo. El Estado español es sedoso con los trucos de casino de la plutocracia, pero feroz con el individuo. Gracias a los desmanes previstos en concepto de atribuciones oficiales y castigos, las autoridades pretenden dar una pátina de normalidad al régimen de hechos consumados que han tomado como directriz al trazar su hoja de ruta, y llegado el caso no necesitarán recurrir al sospechoso uso eufemístico de acciones ejecutivas, órdenes reservadas, secretos de sumario o intereses generales que solían facilitar la tufarada de operaciones encubiertas a petición de la élite que sigue tremolando invisible en la impunidad con garantías que sólo pueden concebirse desde el más caliginoso montaje de la estructura de poder, eso que en el partido de los sobre cogedores sobrecogidos, que también ostenta el plantel más infollable de ministros, llaman sin rubor alguno transparencia; para ellos, claro, que nos vigilan sin haberse sometido jamás a nuestra inspección.

Me da el tabardillo de que a este ritmo de control pronto serán abolidos los centros penitenciarios en honor del robustecimiento democrático: obsoletos en el mundo indistinguible de un penal que tienen proyectado, todo el que no pertenezca a las clases rectoras se beneficiará del derecho a ser custodiado hasta la muerte.

Arte sacado del portafolio de Josh Courlas.

11.12.13

MÁXIME DECORO

Nadie que esté preparado para perder puede perder.
Dmitri POLIAKOV

Si estás decidido a despedirte para siempre, no olvides purgarte antes de hacerlo. Pocas cosas deshonran tanto la memoria de quien ha tenido la audacia de matarse como la imagen de un cadáver cubierto de heces o rebosando su último condumio, por no mencionar la pésima influencia que causan los efectos de tales intemperancias en el valiente que se lo está pensando todavía.

Juntos y por separado, la mala prensa con sus maulerías y los malos intérpretes de la voluntad con sus homilías, se empeñan en excluir de la tragedia la observancia de las buenas maneras. Tampoco es cuestión de cogérsela con papel de fumar, sino de sacudírsela con garbo aunque zumbe cerca el drone que algún niñato —a las órdenes de otros que nunca dejarán de serlo— pilota a miles de kilómetros de distancia, ergonómicamente instalado en su poltrona, tratando de zurcirnos un misil por la puntita.

Discreto como una trinchera abandonada a la molienda de los milenios, rehén de breñas llamadas castellones por sus prefiguraciones de las moles románicas, dormita agazapado en los Montes de Toledo el dolmen de la foto. El señor que lo acompaña con cara de haber abatido un rinoceronte a besos no se ha escapado de ninguna majada, sólo es el autor de estas torrefactas confidencias.

10.12.13

EL VIOLADOR DEL AIRE



La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte.
EPICTETO
Enquiridión

El cabalgamiento de ideas que acontece en el vórtice del escrutinio introspectivo, lo mismo agita el plectro a deslumbrantes poemas que asiste en el aturdimiento a fiascos y rudezas despreciables. Me hallaba justo en el pernio de espetarle un piropo de cosecha propia a una mujer cuya sonrisa bastaría para impeler a los más iconoclastas a erigirle templos llenos de fetiches —recuerdo que descarté el escatológico «piensa en mi lengua cuando te laves y aún más cuando te ensucies» por el enigmático «soy un lío en el que te gustaría encontrarte»—, cuando la dureza de mis juicios me atacó por la espalda dejándome destemplado para cualquier tentativa de incursión en la simpatía, a la vez que mis sentidos captaban, mediante un proceso de amplificación marihuanesca, un detalle en las facciones de la chica que nubló por sí solo toda la gracia que emanaba de ella un instante antes. Tras el réspice impronunciable, flotó en el aire el participio no derramado de un diluvio de esperma, y, a partir del chasco embarazoso, lo menos complicado fue improvisar un glissando intimista para volver a encariñarme con mi nódulo aniquilador, tan desentrenado en mis setenta kilos de espíritu como la linfa del amor... 

Quien nunca ha sentido la necesidad de volatilizarse con la humanidad puede que sea muy respetable en sociedad, pero nunca será digno a mis ojos de merecer el trato de un semejante.

Motivo central de la obra Devuelto a la casa de la sangre, del artista 8sun.

9.12.13

EL GUERRERO SE DESPOJA DE SU ARMADURA

Ante la cantidad de pruebas en su favor, no hay hipótesis más verosímil que la de la realidad; pero, ante la cantidad de pruebas en su contra, no nos queda más solución, querido señor mío, que la ilusión. 
Luca MARENZIO a su amigo John Dowland. Observación que a través de una escalada de asociaciones, he combinado en mi jurisdicción interna con la Ley de Linus: «Dado un número suficientemente elevado de ojos, todos los errores se convierten en obvios».

Me empalago del contacto que desempeño con cualquiera que el azar me ponga al lado como una forma de castigo autoinfligido por no haber seguido la vocación original de acabar con la estirpe de no abortados a la que pertenezco. Otra prueba de que cada vez soy más esquivo, en cualquier orden, a las tarascadas del deseo, de las que puedo zafarme por entrever las cosas con un desenmascaramiento mayor, más socavadas en los arbotantes de sus apariencias, menos tentadoras y atractivas, aunque no hasta la certeza de haberlas comprendido en su plenitud, revelación que me impediría no sólo el acto de retratar sus calumnias, sino el intervalo de comparecer entre lo inerte y lo sublime.

La reproduction interdite, un lienzo cuya popularidad ha ido en aumento con su trasfondo desde que Magritte lo pintara en 1937, fortuna que estoy lejos de emplear como una objeción contra su talento. ¿Cuándo ha sido impedimento para mí el éxito o el fracaso de una obra?

8.12.13

CONSOLAMENTUM

Estás amenazado por todos los finales y morirás de todas las muertes.
Emil CIORAN
Breviario de los vencidos
(Advertencia que, por un depredador desorden del pensamiento, relaciono ahora con el callejón de CICADA 3301: «Queremos a los mejores, no a los seguidores»).

La bonanza, bastante necia, de este soleado día de invierno con su azul, tonto también, y sus prolongaciones cansinas en la acogida familiar alrededor de la mesa hipercalórica que ha de servir de ofrenda dominical a los lares, no me afianza razón alguna para deslegitimar la tristeza reinante en mi cúpula de estremecimientos, donde nunca falta la caricia atrevida del rayo de luz que precede a la taquicardia del eclipse.

Era de noche cuando salí a la caza de una realidad mayor, y no había clareado aún cuando me vi abatido por las pamemas de una ilusión menor. «Zambras son del soñar en pulsante continuo que otros llaman vivir —me dije—, mas de un vivir queriendo morir a la par». Como tantas otras veces, si de un pensamiento hubiera dependido, gustosamente me habría despedido de este abrupto reincidir en el sobrarme; solamente la curiosidad y algunos acelerones de cobardía me mantienen en curso. Sin la epifanía del todo arde frente al todo fluye, del movimiento de extenuación vertical opuesto a la recurrente expansión horizontal, no podría murmurar que, mientras persiste nuestra irrealidad material, somos fuegos fatuos procedentes de una antigua descomposición, quizá la oriflama incandescente de una expulsión prioritaria del aposento de la memoria.

Allá donde mire, me reproduzco agonizando bajo un firmamento donde ruge un corazón en cada estrella y cada rugido sangra por una llaga embalsamada con los delirios del alma que se vomita hacia dentro. Obrando para llenar de sentido las úlceras del tiempo, los hombres comunes tejen de horas su mortaja. A los que carecemos de la creencia en los hechos, es menester que el don de una fatiga pura, siempre ajena o evasiva a los mismos, venga a compulsar la perfecta esterilidad del ánimo a la que ningún dios conocido quiso condescender.

Líneas arriba, explora su desconsuelo la Abandonada, de Max Klinger.

3.12.13

MESTENCO

A los hombres nada se les regala, y lo poco que pueden conquistar lo pagan con muertes injustas. Pero la grandeza del hombre no está ahí. Está en su decisión de ser más fuerte que su condición. Y si su condición es injusta, sólo tiene una manera de superarla: ser justo él mismo.
Albert CAMUS
Moral y política

Entre las actuaciones estrambóticas que me planteo acometer en las inmendiaciones de este presente, que recuerdo como si fuera mañana, las expuestas no defraudarán a los contagiados por mis fulgores:

— A petición no declarada de unas amigas que me han desafiado con medias bromas y flirteos, obtener un documento visual que demuestre la insuficiencia de un vaso de tubo para contener el mambo de la erección que me provocaré pensando en ellas.
— Infiltrarme en el sistema informático de un prestigioso centro comercial que me ha estafado para hacer sonar sin interrupción el álbum Black One de Sun O))).
— Extraer de lo indeterminado las envolturas menos vaporosas de un sueño en el que al sumergirme en una charca de aguas amargas, bajo una bóveda de vegetación trepadora que albergaba los efluvios del terror original, toqué algo limoso que parecía un tronco en proceso de podredumbre. Al tratar de izar el obstáculo, fui rechazado por un tremendo golpe que provenía del fondo. Ante mí, se alzó un ser difícil de catalogar. De proporciones y morfología vagamente humanas, la totalidad de su cuerpo estaba cubierta por un vello grasiento, lo que le confería el aspecto de un sedimento de bote sifónico vivificado. Me disponía a rechazar otra aparente embestida del emplasto cuando me habló. Compartíamos idioma, aunque el suyo sonaba anfibio y oxidado, como sepultado por capas sucesivas de olvidos y rememoraciones. Manifestó que sólo deseaba comunicarse después de un incomensurable lapso sin poder hacerlo, y su historia, que fui descorchando lentamente, me fascinó. Nació como mujer en 1937 y, siendo aún niña, se perdió en la jungla. A merced de un extraño proceso de adaptación del que nunca fue por completo consciente, la naturaleza la transformó en una especie de ondina. Incluso llegó a tener una prole numerosa tras haber encontrado a un merodeador inframundano con el que se apareó. Sin embargo, su descendencia padecía graves taras innatas y, abocada a la desgracia de sobrevivir a su parentela, se descarrió definitivamente en las oquedades del afecto. Para su anómalo modo de computar la hélice del tiempo, desde las experiencias traumáticas del extravío infantil hasta nuestro encuentro, ella calculaba que apenas habían transcurrido veinte años.

Antes de mejer en los hechos este trino de cándidas inconveniencias, quisiera referir que de antuvión, tropezando con las máscaras de la prolífica doña Cuaresma, me sale un canto de parresía que otorga voz a las rarezas —caunás en dialecto manchego— por medio de las cuales me rearmo. No ahora, bien se ve, cuando el verbo me traiciona —y no lo culpo— con lenguas mejor dotadas que la mía, disipada y más polvorienta cada día para entregarse a la verdad que pretende recibir.

Sobre el llamamiento a la violencia interior que no depongo y a la que he fallado abandonarme con los ojos lánguidos en negro, cuentan de mí unos pocos, escogidos entre los protagonistas que al dorso del símil obra me invento, que las milicias de fuerzas sombrías reunidas en los atolladeros de la humana artificiosidad me obsequiaron, naturalmente, un chance heroico. Malditismos artesanos, pretericiones magmáticas y razones seminales aparte, supongo que no soy muy diferente de cualquier fauna lactante salida de madre, uno de los tantos fugitivos que echaron sus primeros dientes con media cabeza fuera de la cuna normalizadora, otro de los muchos sentenciados a cuidar de sí mismos en la soledad de las hostilidades sin dejar de entrenar la coherencia individual, campo productor de discrepancias frente a los usos y costumbres admitidos por la socialización de debilidades. Si los predicados puros, como pensar de palabra sin corromper la propiedad del concepto o avituallarse de papel higiénico sin mancharse la imagen, suponen hazañas de ruptura para alguien perdido en la pasión por el buscar que ya no encuentra, ¿qué no decir del potaje de contrastar una noticia con otras cien que tampoco merecen credibilidad, o de comprender al enemigo tan defectuosamente bien como a sí mismo?

No detengo mi presencia en las combustiones de la sensibilidad que amplían la estela equívoca de la realidad; despliego una corola de ausencias a la que no llega el calor desprendido por las deflagraciones, ajadas y remotas, que mueren a cielo abierto, como corresponde a todo lo que emerge salvaje. Caen así mis noches cual copos de nieve sobre una parrilla recalentada para dorar el bistec de mi careta a la intemperie, si acaso me queda cuerpo al que fundir el nervio. Nada me ansía dentro de esta de merma de señuelos que en mi vencimiento sin convencimiento equiparo a una bombilla incandescente alojada en el bullate. Los momentos maravillosos existen para que el mundo sea más feral, ponen la presa fácil que sobrealimenta la desesperación. Marrullerías.

He mirado fuente a fuente el absoluto, y absolutamente me percato de que nada puede haber más falso. Sólo con extrañeza puede superarse la extrañeza que reclama ser devuelta al sepulcro. No me decepciona la vida, la acepto a fe mía como el maná del sueño exangüe que es, sin recurrir a discursos plañideros ni monsergas edificantes, olfateando que el horno no está para bollos por necesarios que los festejen los coprófagos.

¿Nunca has experimentado la protuberante, fantasmal certidumbre de estar en la vida como un injerto en el árbol erróneo? Sentimiento genuino por desavenencia, su irreductible pujanza no delata su linaje; no hay nada que hacer con él, aunque sea preciso agarrarlo por los cuernos cada amanecer, y haya de revolcarnos en el fango del trance eterno al ocaso, cuando se apuesta la última oportunidad de volverse música con las sisifidas del suceder por el suceder, de cuya piedra nadie ha desgastado un ápice jamás. Quizá la idiotez, que empieza amasándose con el desprecio de uno mismo, haya dado lugar a un entorno confortable en el que erigir un altar de cascajos roídos donde adorar la autoestafa como si fuera lo mejor que hacerse puede con la colección de nuestras respiraciones. Paso.

Dubitativo al soplar la vela del argumentario, creo que acabo de publicar la entrada más inconsistente de esta bitácora. Todavía no me avergüenzo. Cuando proceda, silbaré un foxtrot

En la primera imagen, con un espíritu desacralizador casi dadá, El caballero del dedo incendiado de Sergio Mora se viste de alta cultura. En la viñeta inferior, ilustración de Kristian Hammerstad para la portada del cómic The Postmortal de Drew Magary.
 
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