7.4.20

LA ETERNIDAD ESTRELLADA

Chloe Wilson, Pacific Grove
Sabemos que pertenecemos a Dios, mientras el mundo entero está bajo el poder del Maligno.
1 Juan 5,19

No tan en el fondo como pudiera parecer de aquende esta orilla cosida a los átomos, solo dos religiones son posibles: la luz al final del túnel, metonimia de la divinidad receptora de la Muerte, y la del Universo prolífico que huye en todas las direcciones de su invención con un alma robada que de continuo se le escapa.

Los pétalos de dicha que a veces deshojamos no prueban la bondad de la vida, captan los rayos de misericordia que alcanzan a los efímeros desde el Otro Mundo. La creencia en Dios siempre ha sido accesoria, lo que importa y aporta sacralidad a nuestra condición es adecuar el espíritu al regreso a su matriz. No se trata de devoción, sino de confianza; no de salvación personal, sino de liberar las ánimas encerradas en los juguetes orgánicos de la Bestia.

¿O acaso no derraman las estrellas una pista liminal del alivio que aguarda a los estrellados?

28.3.20

CHAGRILLO PARA UN RÉQUIEM

Bedelgeuse, Memento mori
Cometer una injusticia es mayor mal que sufrirla.
PLATÓN
Gorgias

1

Un hombre debe hacer lo correcto no solo por respeto a los demás, sino ante todo para poder contemplar algo respetable cuando mire dentro de sí mismo. 

2

Si no eres capaz de tomar conciencia del mal que te invade es porque ya te ha poseído. 

3

No es cuestión de cambiar el mundo a mejor, eso sería esperar que lloviera hacia arriba, sino de impedir que el mundo nos maligne. La raíz inalterable, fortaleza inexecrable.

4

Que aquí haya expirado la luz en pleno día no es razón para ocultar que el sol brilla en otra parte.

5

Tanto como el abrazo de la luz, árboles y almas necesitan un abrigo de oscuridad para crecer. 

6

Al que camina deprisa, el tiempo lo rehuye. Al que camina sin risa, el menor traspiés lo derruye.

7

Todo momento es crucial si uno entiende la intersección entre verdad y mentira en sentido extramoral.

8

Acostumbrarse al miedo es el virus más grave que un ser humano puede incubar. Más feo es el espíritu doblegado que el derribado.

9

Ver a la muchedumbre unificando emociones en estos tiempos recuerda demasiado al saludo romano ante un caudillo con bombachos como para no sentir el horror de los pogromos madurar en el rumor de los aplausos.

10

El horror a los horrores, el amor al amor libre y el placer de crear placer son la secreta alianza de los que viven apartados del hedor común. 

11

Los coetáneos somos tan insignificantes en la historia de nuestra especie como la historia de la Tierra en la eternidad.

12

La mayor objeción que cabe hacer a las tesis conspiracionistas es que la inteligencia humana, bastante limitada por término medio en cualquier estrato social y cultura que se estudie, está difícilmente capacitada para conservar a lo largo del proceloso devenir el poder que eventualmente concentre alguna camarilla de aventajados. Desde cualquier ángulo que se analice su modo de operar, la inteligencia aplicada al control de grandes eventos es más eficaz aprovechando la confusión del escenario que diseñándolo.

13

El desdén hacia el papel de las conspiradores en el curso de la historia corrobora más que desmiente su victoria, pero creer que cada cambio relevante materializa la agenda de un comité invisible solo prueba la nostalgia teocrática de una corte suprema. Figurarse que el mundo está bajo control sigue siendo para muchos una idea menos temible que la metástasis social.

14

El verdadero desastre, el colapso que subyace bajo la acumulación de tanto humano dislate, es el desarraigo axiológico. El mono parlero ha dejado de acudir a la fuente perenne y hoy vaga fuera de sí por un desierto de vanidades en ruinas.

15

Si la humanidad no para de grado, será parada por fuerza. Y lo tétrico no es que vayamos a sucumbir como cucarachas, sino que sobrevivamos a imagen y semejanza de ellas.

16

Los caracteres óptimos de una especie, como nadie ignora, dependen del medio donde se desenvuelven, luego si el medio impone condiciones pésimas de vida a la especie que lo habita, los ejemplares más aptos son aquellos que mejor concuerdan con sus deplorables exigencias. En consecuencia, cuando en este frenopático los degenerados motejan de locos a los descomunales será porque la cordura está de parte del motejado.

17

Pensar a lo grande es volver habitable lo pequeño. 

18

Los temores son tumores que se crían con rumores. Hagamos de la crispación generalizada un elixir que tonifique la infinita virtud del desapego, que como arte es más largo que la vida y más solitario que el canto de un autillo.

19

Hay quien teme por amor, hay quien ama por temor y hay, finalmente, quien confunde el apego con el amor. Sospecho que la mayoría responde al último perfil. 

20

No por aceptar lo ineludible ha de aprobarse como conveniente.

21

La apelación a lo científico es el nuevo abracadabra, pero lo único que este sortilegio abre son hornos más eficientes en las instalaciones del infierno.

22

Desde que existen, los aviones siempre han sido pájaros de mal agüero.

23

Reconocerse atrapado en la nube del no saber despeja la mente de ofuscamientos menores.

24

Al socaire del orgullo encrespado se pronuncia la vergüenza herida.

25

A nadie se conceda el gusto de hallar una fuente de orgullo si busca saciar en otro la sed del suyo.

26

Cuando alguien niegue tu orgullo, aun si lo hace desde la afirmación del suyo, agradécelo. No se trata de «poner la otra mejilla», la clave es no ofrecer ninguna.

27

¿Por qué los biólogos, antropólogos y psicólogos, entre otros auscultadores del animal humano, se resisten a destripar la evolución de nuestra especie bajo el foco de la entropía universal? Si lo hicieran, a buen seguro habrían de alcanzar conclusiones muy distintas de las expectativas acostumbradas; tendrían que admitir, como un pronóstico elemental, que ningún sistema social es inmune al caos y que cada generación está condicionada, por dinámicas inexorables, a agravar las taras de la anterior. Humus humano, léase así la historia de quienes somos.

28

Por doquier es acosada la inteligencia porque nada detestan más los multitudinarios devotos de la idiocia que tropezarse con el espejo donde se descubren tal cual son.

29

Cuando el humano se esmera en sofocar el deseo, la nada irrumpe en él como deseo absoluto.

Algis Griškevičius, A Girl with a Kite
30

Nunca he sido receloso de mis deseos hasta que empezaron a cumplirse. Apóstata de sí mismo sólo puede serlo quien antes fue apóstol de sus hipérboles. 

31

Querer más es saber menos sobre lo que necesitamos. 

32

Para causar un desastre cualquier útero sirve. En cada bebé que nace, el enemigo pace.

33

Contados con la cuenta de su cuento están los pasos de cada hombre.

34

El alma es al ser lo que el hueso a la carne. Del ser humano actual los cuestionables mecanismos de selección civilizadora han conducido a un logro inusitado: el solecismo evolutivo de obtener un primate invertebrado.

35

Se avanza hacia el centro, se cae hacia la periferia. 

36

Naturalizar lo artificioso y enajenar lo natural son los perfiles característicos de la desfachatez moderna.

37

El poder adquisitivo que valoro es de índole conservadora: no el poder de comprar, sino el de no estar obligado a poner en venta las facultades que amo.

38

Mientras que el racista defiende la pureza de sangre por abjurar de su bastardía, el mesticista postula que cualquier mezcla es potable con tal de rechazar el mal trago de la evidencia.

39

Sea cual fuere su tinte ideológico, en todo tiempo y territorio el gobierno detenta la fuerza para contener las injusticias que él mismo comete.

40

Nadie me diga que el perro es bueno cuando ataca porque acata órdenes de quienes la iniquidad ha convertido en amos; nadie me excuse su rabia como si fuera un deber cuando la mayor responsabilidad de un servidor público es evitar daños, no infligirlos.

41

Hay algo más nauseabundo que la pervivencia de intenciones salvíficas en las instituciones públicas y la deriva profana de los cultos que tenían por misión preservar viva consciencia del misterio: la normalidad que celebra como un triunfo ambos extremos.

42

Entre la inutilidad del temor a lo irremediable y la necedad del miedo a lo remediable, el hombre ordinario naufraga en la barbarie.

43

La austeridad teje de nobleza los andrajos.

44

Rehusando con gracia lo inapropiado se da más de lo requerido.

45

Ningún hombre querría ser más que otro si fuera consciente de que pugna por ostentar la mayor mierda.

46

Pensar nunca tuvo menos vigencia que en el exiguo marco de una pantalla. Actualizado como usuario, el humano corea lo que no piensa.

47

A medida que el terror se globaliza, los villanos piden corral a sus líderes anhelando la avenencia de la pertenencia. La nostalgia de fronteras no solo responde a la ilusión de mantener un interior ordenado frente a un exterior abominable, también alza muros intangibles entre individuos por temor a que el discernimiento campe a su arbitrio.

48

En política, las recetas universales son un método infalible para achicharrar pueblos.

49

Concebida en su plenitud, la fe no es convicción sino asombro revivido.

50

A la vida más dilatada años le faltan de experiencia y a la más breve conciencia días le sobran de dolencia. La araña del instante planta su mordedura donde la lacra perdura.

51

La imaginación del demiurgo se objetiva en la naturaleza, la de los hombres en la historia. Toda la realidad empírica puede leerse como un palimpsesto sobre un soporte ficticio.

52

Con las mujeres la naturaleza incrementa su crueldad, sería una impostura disimularlo, pero muchas, creyendo sin ningún resquicio de duda o de pudor ser soberanas de sus cuerpos, deciden multiplicar el daño que recibieron al nacer de igual manera que un colaboracionista pone su capacidad de perjudicar a otros al servicio del opresor.

53

Dios no ha muerto, aunque bien enterrado lo traen con cada palada de prole en la fosa común del tiempo.

54

La línea recta es tan antinatural como dar vueltas a los años para llegar al mismo sitio de donde nunca debimos salir.

55

Pocos son los procreadores dispuestos a reconocer que se han equivocado al haber entregado a sus hijos como rehenes de la existencia con la muerte como única salida, luego salvo escasas irregularidades el dogmatismo es un hábito de firme arraigo en la actitud de quien usa sus órganos sexuales como un arma de colonización.

56

Nada es más contagioso que la sandez y nadie menos sanable que el estúpido atiborrado de información.

57

Mejor indicio de que uno se halla en el averno no lo hay sino en la incomprensión con que son recibidas sus sátiras.

58

Ningún arte es menor si acierta a unir centro con centro.

59

Ninguna obra debe ser juzgada en virtud del molde; su valor empieza por el modo que el contenido tiene de desmoldarse desde dentro.

John William Waterhouse, Sleep and his Half-brother Death
60

«No me pagan por pensar», protesta el ignaro, vendiéndose por nada a quien quiera pensar por él.

61

Darle al tonto la tontería que pide no parece cosa tonta, sino explosiva.

62

Hasta hoy hemos tenido una dictadura recién maquillada; a partir de mañana, una recién levantada.

63

Si todo está en su sitio, ¡pardiez!, ¿por qué nada está donde debe? El nacimiento de un ser humano secuestra para la dimensión material o demiúrgica una parte del alma universal que la dimensión divina, en los extramuros del espaciotiempo, solo recupera con su muerte.

64

Para una mente perpendicular, los progenitores son, por mucho que intenten disimularlo, los mayores proveedores de alipori. Parece coña, pero en sánscrito «el mal», en el sentido de conducta pecaminosa o rendida a la desmesura, tiene por nombre pāpa, que es el antónimo de subha o armonía de lo bueno y de lo bello, concepto este que encuentro asimilable al de kalokagathia en la cultura helénica. Elocuente serendipia filológica, porque los papis son, en efecto y por defecto, engendradores de vyasana, vocablo que se puede definir como la tribulación del ser arrojado a la mazmorra del despedazamiento temporal. 

65

Mucho se lamenta, y en verdad no podría darse una honesta disculpa, el incremento de ecosistemas moribundos, recesivos a causa de la devastación que la actividad humana causa en ellos, pero raramente se hace bandera de los organismos desprovistos de entorno que no solo fuera, sino dentro de una misma especie son empujados a la extinción por carecer de otra salida que el ostracismo biológico en un medio que perciben incorregible y hostil en contraposición a quienes, infradotados de sensibilidad o recurriendo a estrategias de disonancia cognitiva, excusan tanto sus penosas vidas como las contribuciones generativas a la calamidad general. Desde este trágico punto de vista, los retobados ingenésicos estamos en el siglo como delfines varados; somos, si se acepta otro símil, anacrónicos dientes de sable que nada, excepto una dichosa consunción, esperan de estas tierras asoladas de uno a otro horizonte por la plaga de la civilización.

66

La doctrina que prescribe honrar al padre y a la madre es una canallada: exige que la víctima de un acto terrorista bese los pies a sus verdugos. 

67

Estimar una cultura por su pericia para producir riqueza material equivale a caer en la ilusión semántica que confunde tener con saber.

68

Las opiniones y creencias más ridículas conocen como ninguna otra usanza la vanagloria de expresarse con solemnidad, lo que no es mala pista para sospechar que bajo los barnices de una compostura demasiado ceremoniosa no es infrecuente que se embocen memeces sin medida.

69

Escéptico es quien estudia la historia como un género narrativo, analiza las estadísticas como un disparate metódico y examina las noticias como un epidemiólogo curado de espanto contra los hechizos que aspiran a callar la clara voz del pensamiento.

70

A medida que la vitalidad abandona nuestro envoltorio orgánico, la naturaleza de las instrucciones que lo animan se tornan escandalosas. 

71

Nada pesa tanto como la inanidad de las ilusiones. Así lo reza el fiel de mi báscula.


72

El trauma inicial del nacimiento necesita la cura iniciática del renacimiento a fin de poder transformar la deuda existencial impuesta en la energía liberada del don.

73

Con tal de no admitir la crueldad intrínseca a la existencia, los optimistas hacen sufrir a los demás su pueril manera de alabar el mundo.

74

Cuando, como es habitual, los procreadores se quejan de la ingratitud de sus hijos, refuerzo el pensamiento de que sus herederos están confeccionados con el molde de sus bajezas con este lúcido refrán: «Quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga no se enoje».

75

La respuesta del barro está en el cielo.

76

Para el grueso de humanos cuya conducta explicita el «estado agéntico» de conformismo funcional, no hay verdad superior al cumplimiento del mandato, sea este directo o abstracto, real o ideal. Así pues, los mandatos representan el principal obstáculo para la inteligencia que a riesgo y ventura, sin postrarse ante nada ni nadie, busca hasta la muerte la verdad que salpica de vísceras el firmamento.

77

No conozco por entero la verdad (con algunos añicos me entiendo), pero sé que estoy en lo cierto cuando a cambio de franqueza recibo mentiras.

78

Solo creemos estar en lo cierto mientras ignoramos lo que es falso. La duda comienza abriendo caminos en la mente que concluyen, antes que con la muerte, con el asalto de una certeza.

79

Entre los recurrentes motivos que explican la popularidad del miedo a la muerte, la mayoría obvios y otros no tanto, destaca la obligación de entregar al término de la vida lo que no es de nadie, ese don que ni uno mismo tiene derecho a retener y que más le valdría haber ensayado a dar cuando aún podía aprender: el alma.

80

Cosecharás tu valía cuando sientas sin pesar: «Lista está esta mies para la siega». Quien renuncia a sobrevivir a cualquier precio, todas sus deudas salda con este mundo de sombras.

25.3.20

INVERNÁCULO DE PRIMAVERA

Taller del Bosco, La coronación de espinas
No existe mal alguno en la vida para aquel que ha comprendido que no es un mal la pérdida de la vida. 
Michel de MONTAIGNE
Ensayos

Los estados de alarma prolongados en el tiempo y extremados en la excepcionalidad de las restricciones que, con probada causa o sin ella, introducen en las vidas de los afectados, devienen enriquecido caldo de cultivo para la paulatina reducción de la existencia individual al mínimo denominador común, que sin entrar en ponderaciones cacogenéticas ni traer a colación otros factores determinantes de la condición humana en la última fase de la civilización industrial, arroja como resultado el perfil psicológico que mejor se aviene a estar confinado en una drástica y deficitaria dimensionalidad, o dicho a la brava, el tipo de simio que acata, con nula o escasa resistencia interior, el peor escenario posible de una convivencia que seres más desarrollados no vacilarían en denominar campo de concentración. 

Nos recorren oleadas de alienación unanimista en loor del condicionamiento victorioso y de alineación amarillista con el dictamen que la propaganda mediática, no en balde tildada por algunos de infodemia, se ocupa de programar sin interrupción, todos los días del año, según las directrices que interesan a los grupos que regentan el negocio de la ingeniería social. Quien siembra primicias, cosecha ecos. ¿Qué habría de ocurrir para que los sugestionados por una sobredosis de noticias despertaran de su contagioso sonambulismo? ¿Acaso juzgarían abusivo que, de la noche a la mañana, apagar el móvil o no sintonizar el canal gubernamental durante la ración televisada de añagazas fueran acciones tipificadas como delitos de sedición, o que posar los ojos sobre otra persona sin llevar embozada la mirada con gafas oscuras se persiguiera como un atentado terrorista, so pretexto de que la proximidad de las pupilas constituye un vector infeccioso? En cuanto a los reclusos padres de familia que no advierten el nexo entre ovacionar a otros cautivos obligados a bregar al filo del abismo, y consentir desafueros que ofenden al menos común de los sentidos, el realismo, ¿descubrirían qué clase de predadores son capaces de decretar medidas, que ayer parecían propias de satrapías asiáticas, si sus hijos fueran disuadidos a fuerza de disparos cuando algún velador de higienes públicas los viera asomados por las ventanas, luciendo sus caras al sol cuya luz ha sido prohibida allende el sarcófago domiciliario? Uno ya no sabe qué actitud tomar hacia aquellos que ora están dispuestos a aplaudir mientras los atormentan, ora delatan al que trata de aliviar las cuitas de una suerte semejante a la suya. Quien no defiende su libertad, ¿es digno de merecerla? La miseria del que a otros concede el poder de ultrajarlo no es otra que envilecerse, encanallarse por haber preferido vivir cobardemente a cuestionar los golpes recibidos. Así de contundente es la fractura civil que en cada barrio, y aun en cada casa, blinda a los cofrades del modelo «agéntico» de obediencia maquinal a la autoridad, estudiado a fondo por Stanley Milgram, contra los conatos de autonomía y disparidad que puedan detectar en su entorno. El insignificante saca al perro de presa que lleva dentro, al kapo, cuando se siente respaldado por el orden vigente de manera análoga al guardián que, enfundado en su hábito de Übermensch uniformado, es instado de oficio a olvidar, con un celo raras veces necesario, el significado de ser humano antes que marioneta ejecutiva. Tampoco la «enfermedad psicogénica de masas», como la epidemia de la risa de Tanganica acaecida en 1962 y caracterizada por los episodios de risa y llanto compulsivos, gritos, desmayos y problemas respiratorios que experimentaron miles de sujetos, debe ser descartada como cofactor en la manifestación de los comportamientos histéricos e hipocondrías que azotan el orbe por estas fechas.

La persona que se sienta insegura frente a un peligro objetivo contra su integridad tiene todo el derecho a ser protegida, pero no es derecho sino tropelía que su seguridad dependa de exigir un arresto preventivo a los demás como si fueran agresores, transformándolos de facto, sin necesidad de víctima, en precriminales desollados del menor vestigio de presunción de inocencia. Se insiste poco en que formidar es una estrategia que ni a título singular ni colectivo vale la pena como proyecto: o asumimos el riesgo de relacionarnos con naturalidad, o acabaremos naturalizando la perversión de malvivir atrincherados en un secuestro prorrogado indefinidamente por el canguelo a este o esotro miasma, excusa perfecta para cometer desmanes que, como el presente enchironamiento «por nuestra seguridad», ninguna dictadura conocida logró jamás llevar a efecto fuera de las estrechas circunstancias de un estado de sitio. 

El objetivo de los acorralamientos masivos no parece que sea resguardar a los más vulnerables, a cada instante expuestos más que el anterior a los ataques menos inevitables que la existencia estabulada comporta, sino debilitar a los más robustos. Los discursos sanitaristas como método de intimidación popular tienen, por desgracia, unos abominables precedentes históricos que demasiados intelectuales, haciendo mutis por el foro que antes enardecían, han borrado de su memoria bibliográfica (volverán con sus monsergas editadas cuando haya pasado el eclipse). Sería difícil ocultar a alguien exento de hipotecas ideológicas que el alarmismo generado por el Estado, y por otros actores no tan identificables metidos en prendas a diezmo y rescate, necesita una cuota sostenida de realimentación para justificar como adecuadas decisiones la cadena de desatinos que atan a los semovientes súbditos del reino a sus celdas domésticas. Por eso la actitud que adopten hoy los espíritus críticos es crucial a fin de que la sensatez no se corrompa dando lugar a una demencia consuetudinaria contra la que no consta otra vacunación que el exilio o la muerte de los justos. 

De sobra es sabido que el espanto, feliz aliado de las tiranías, es una plaga más virulenta y nociva que cualquier agente patógeno, y quienes orquestan este pandemonio, esta distopía donde la prudencia ha sido preterida y la desmesura normalizada ¡en nombre de la contención!, han instrumentalizado adrede la capacidad de averiar las defensas inmunitarias de la población por medio de estresores como la inmovilidad, la incesante centrifugación de consignas (el miedo, no el medio, es el mensaje) y el prodigioso garlito de las redes sociales. Estas, aun con su potencial para crear sucedáneos de proximidad dentro de un atolladero severamente compartimentado, en condiciones de clausura y confusión generalizadas sirven de amplificador a una tensión nerviosa sin solución de continuidad. Espero que la cuarentena impuesta a los animales humanos sacuda al menos las conciencias aletargadas con un amago de lo que supone para otras especies ser prisioneras a perpetuidad de nuestras veleidades.

Recordando que «la cara es el espejo del alma», ahora me explico que haya tantos desalmados cubriendo cómodamente su vacío con una mascarilla. Y para colmo de despropósitos cobra evidencia que la mayoría no necesita barbijos, sino pañales. Ya hay comisarios espontáneos «del esfuerzo colectivo» en cada bloque de vecinos y, lo sé, un somatén de bots tras cada renglón publicado a la caza de quien encuentre irreconciliable expresarse con responsabilidad y poner bozales al pensamiento. «Pensar en positivo», esa ventosidad de estreñidos sensoriales, es una traición, la forma contentadiza de ocluir el discernimiento.

Que el demiurgo, o su inconsistencia coronada, perdone a políticos, periodistas y esbirros, porque yo no puedo. Para que algunas farsas redunden lucrativas han de ser criminales, y esta del presidio global como nudo de un dudoso y de momento inexequible desenlace lo es en grado superlativo desde su prescripción intensiva de pestes a las insidias de su neolengua. Admito que en ocasiones fantaseo, movido por un cabreo que me sabe a resaca juvenil, con rituales protagonizados por milicias silenciosas de disidentes que, reunidas en las plazas, arrojan al compás sus tapabocas al suelo y se dan acto seguido religiosamente la paz: vanidades hay para todos los humores en respuesta a los hedores de la catástrofe, y al ingenio tampoco le faltarán viandas de humor si no le causa grima curiosear en la alacena del colapso. Vaya un destripe por delante: el futuro desprende fragancias caníbales que llegan hasta nosotros. Agotados de fantasear con la extinción voluntaria de la humanidad, hora es ya de comprobar las propiedades reconstituyentes de la antropofagia. Pero más acá de estos canglores y parrillas, yendo a lo sobrenatural de la inmediatez desvelada, percibir la truculencia de la realidad no vuelve a nadie pesimista, de lo que a menudo me acusan, sino trágico; lo pésimo es no enterarse de la calamidad que ronda alrededor de cada uno y claudicar con pleitesía, pero sin claridad; con urgencia, pero sin caridad, como carne de microbio en purgas al servicio de los mayores vicios. «Nuestro enemigo no es otro que la ausencia universal de sensibilidad en la cabeza y en el corazón, la falta de vitalidad en el hombre, que es la consecuencia de nuestro vicio; y de aquí surgen todos los tipos de miedo, superstición, fanatismo, persecución y esclavitud», escribió Thoreau.

Mientras los apocalípticos temen ver frustradas sus pesadillas húmedas de presenciar el acabose y los conformistas, por no temer, incrementan el dopaje de docilidad que mantener la mínima esperanza requiere, intentaré conciliar la gravedad de ser con la gracia de aceptar el destino. Las viejas vías de intimidad con el planeta, de complicidad con las estrellas y de confianza en la muerte —verdadera y única diosa— siempre han estado abiertas a quien respira infinitud.

El amor a la sabiduría enseña desapego a la inteligencia marcada por la paranoia de haber sido arrojada a una cuenca poseída por demonios. Ninguna debacle vale la tranquilidad acuñada por el alma que se ha liberado de la necesidad de salvar su carga de contingencias.

23.3.20

EN OCASIONES VEO VIVOS

El tirano jamás cree tener bien asegurado su poder sino cuando ha llegado al punto de no tener bajo su dominio hombre alguno que valga. 
Etienne de la BOËTIE
Discurso de la servidumbre voluntaria

Mansas parecían las aguas que el horizonte cubrían desde la orilla donde el fondo presentaba sin turbidez densos mechones de algas sobre un rebozado de pliegues. Como si temiera alterar el sueño precámbrico de un monstruo de proporciones extenuantes para quien tuviera el vértigo de imaginarlo, opté por deslizarme sobre la superficie en vez de saltar a ella desde el contrafuerte de hormigón que penetraba en el embalse.

La profundidad, animada por alguna suerte de inteligencia decididamente empeñada en demostrar la musculatura de su soberbia, en forma y contenido me succionó hasta donde el sol carecía de imperio. Al límite de la apnea, entendí que no debía ofrecer resistencia a una fuerza contra la que no había combate viable. Pude entonces emerger la cabeza mientras lo Invisible tiraba de mí en dirección a la otra orilla, oculta por malezas de arbustos espinosos que negaban el menor atisbo de claridad a los sentidos...

Pinche en la luciérnaga quien saber quiera lo que vi en la oscuridad

1.3.20

MIRANDA DE ALLENDE YO

Bruno Schulz, Autorretrato
El ser humano, por su naturaleza, está condenado a lo sobrenatural. 
Frithjof SCHUON
Las perlas del peregrino

1

Quien usa reloj, pierde el tiempo.

2

Depositar la razón de una causa en su éxito es malograr su fin como principio.

3

Que la máquina social no se detenga ante las peores expectativas que le augura su marcha proporciona la mejor prueba de que ha dejado de funcionar.

4

Tan bien nos sienta la muerte que cuesta creer lo que vivir denuesta.

5

Los hijos son una clase especial de residuo para la que solo cabe el rechazo preventivo.

6

Sólo el amor a la belleza del conocimiento alivia el nocimiento que lo acompaña durante su peregrinaje por el continente adverso de la carne.

7

Ya que nos ha tocado ser anfitriones de un alma que anhela el desenlace de la materia, hagamos bella su estadía mientras seamos incapaces de extinguir las barreras que la sujetan.

8

Atiende a la interioridad y la exterioridad proveerá.

9

Los hechos exteriores están ahí para ilustrar los acontecimientos del alma.

10

No importa llegar, importa que el camino a cada paso nos llegue.

11

Asegúrate de elegir una ruta enrevesada si no quieres ir directo al abismo.

12

Los normales llaman locos a los raros en los albures donde envidian su singularidad.

13

La arrogancia del culpable pretende que con el perdón se olviden sus crímenes, la de la víctima exige que con la inocencia se le debe, por defecto, la razón.

14

Sólo un error supera al hábito de suponer que la mente humana es un atributo acabado en vez de un sistema abierto y modelado por vicisitudes evolutivas: el error de pensar que todos los integrantes de nuestra especie hemos evolucionado a la par.

15

La historia humana es una superposición de réplicas a partir del seísmo original.

16

De la matriz de los pecados nadie salvo el estéril sale impune.

17

Quien acepta el sufrimiento como un denominador inexorable de la existencia resulta menos vulnerable a sus estragos, pero solo quien lo acepta como un mal indeseable detiene motu proprio su reproducción.

18

Una pregunta formulada en términos erróneos siempre obtendrá respuesta.

19

Inmejorable pista de que los interrogantes no son desatinados es la sincera hostilidad que reserva para ellos la sociedad.

20

De la presencia de individuos lúcidos dentro de una sociedad sería oscitancia inferir que sus coetáneos también lo son.

21

Cumplir años no es un problema en sí mismo, el problema es que la sociedad, posesa de actualización, los cumple por sistema contra sus mayores.

22

La voluntad adultera lo que ama.

23

Ni amor obliga, ni preña barriga.

24

Deseo no es derecho, pero derechamente se tuerce quien le niega a su condición lo que ha menester por natura.

25

Cada porción de lo existente, por el aparente hecho de ser, abre una ventana a la gracia de una realidad transfigurada por su significación intemporal.

26

La realidad cambia su comportamiento en función del conocimiento que se tiene de ella, al igual que lo incognoscible se altera al compás de esos cambios como el esbatimento del cuerpo que intercepta un haz de luz.

27

Acuidad es divisar el tizne en la blancura; no atisbar fulgor en la negrura, ceguedad.

28

Aun contra todos, uno ha de ser fiel a su percepción más lúcida so pena de empezar perdiéndole el respeto a sus sentidos hasta acabar perdiéndole el sentido al respeto.

29

Que las necesidades gregarias disminuyan a medida que se desarrollan las capacidades cognitivas puede ser una afirmación abierta a controversia, pero negar en rotundo que lo contrario sea cierto es inequívoco síntoma de imbecilidad.

30

Nadie es menos reacio a la dicha que quien encuentra modos de iluminar a los demás sin eclipsarse a sí mismo. Quien bien recibe, bien da.

31

Los amigos que lejos de estimular nuestras facultades las desbaratan por hacer prevalecer sus intereses, demuestran hasta qué grado se ocupan del trabajo que ya quisieran hacer nuestros enemigos.

32

No somos libres de ser lo que somos; lo somos de ser lo que no somos.

33

Todo lo que existe es verdad, maguer no todo lo que es verdad entraña que sea verdadero.

34

Nada como recibir primicias sobre pandemias para percatarse de que la infección más peligrosa son las noticias. Las alarmas sobre virus actualizan del sistema.

35

«¿Qué utilidad cabe darle al conocimiento si al sabio no hace más feliz que al ignaro?», se pregunta el aprendiz de filósofo, como si hacer habitable lo ignoto donde la conciencia ha de cocinar su desamparo fuera un arte menor.

36

En atención a lo visto en estos días de enredos y malsinerías globales, no sería falso colegir que la formación académica es parte indispensable de la dote que los recién llegados a la edad adulta deben aportar a su compromiso con la sandez de ser personas «de provecho».

37

Pocas cosas estropean más una actitud gentil que entregarse a una carrera multitudinaria.

38

Si un poder ha evidenciado a mansalva su triunfo, es el que la sociedad superpoblada tiene para volver pultáceos a ricos y pobres por igual.

39

La libertad de opinión no favorece tanto la expresión libre de temores como el eco libre de pudores.

40

A la malevolencia lo inteligente no es encasillarla en el numerador singular, sino ubicarla en el denominador social que le corresponde. Hecha esta operación, sus posibilidades de propagación a expensas de complicidades inconscientes disminuyen.

41

Que una atrocidad pueda ser defendida apelando a leyes o principios universales representa un grado de depravación mayor respecto a la misma yactura cometida sin pretexto, pues en este caso al menos su artífice no se arroga el derecho de actuar en aras de una moral superior.

42

«Educadas falsedades» de nuestro siglo, como acierta a denominarlas Gai Eaton, son las complacientes arrogancias de los países que se dicen democráticos y, para convencerse de sus libertades civiles, se afanan en hostigar las culturas divergentes como enfermas de usos y creencias que es prioritario sanar.

43

Lo que tienen en común los sistemas sociales, amén de la autopreservación que obran de suyo, es la repulsa de la emancipación intelectual que rompe el molde único de su orden interno.

44

A tenor de los desmanes que su papel como profesional le exige de ordinario, la diferencia entre un buen policía y una buena persona tiende a infinito.

45

No dejes que el cortisol piense por ti. Tan temerario como no afrontar los problemas es aferrarse a la búsqueda de soluciones imposibles.

46

El hombre civilizado se engaña creyendo que las sociedades pueden funcionar sin barbarie, pero el cínico no se engaña menos creyendo que la dosis de cultura es irrelevante para la calidad de ese funcionamiento.

47

La guerra ha cambiado de armamento y escenarios, pero no se ha vuelto menos destructiva por ello. Sus víctimas ahora son eminentemente civiles cuyos organismos se averían y apagan a consecuencia de agresiones sistemáticas que tienen lugar dentro del ordenado marco de la normalidad. En cuanto a los campos de batalla, sin considerar que carreteras, centros de trabajo, geriátricos, prisiones y frenopáticos son asimismo líneas de fuego extendidas por doquier, solo los países de mayor musculatura económica pueden exportarlos fuera de sus fronteras.

48

El uso de la fuerza adquiere para los animales racionales un encanto irresistible cuando parece servir a metas elevadas. Y si la ira de los mansos es temible, la de los nobles ideales no tiene parangón.

49

Viéndola declinar generación tras generación en su porfía por acaparar descubrimientos técnicos, excedentes materiales y vidas que inmolar en el altar de su inflación, nada parece menos inapropiado que aducir que la humanidad perdura para ilustrar, en cada neonato, el recuento de sus holocaustos.

50

Por el acto de la creación el ser humano se libera, siquiera de manera momentánea, del calvario de sus pesadumbres; por el acto de la procreación se convierte, por el contrario, en promotor de nuevas patentes de la Caída.

51

El enfermo pide salud a su estrella fugaz, el sano buena suerte, el afortunado sabiduría, el sabio no pide nada y el necio cualquier cosa que pronto le hará enfermar, agotar su suerte y minar sus posibilidades de esclarecimiento.

52

Las teorías conspirativas seguirán ganando simpatizantes porque halagan de una manera congruente nuestra propensión a la racionalidad. Ante la incertidumbre que rodea la elucidación de los acontecimientos, parece más asumible creer en las acciones de un orden encubierto que dirige la historia, por descabellados que puedan resultar sus planes ocultos para el ciudadano medio, que aceptar la entropía por donde discurren de forma irremediable las vidas de los hombres, grandes y pequeños.

53

Marionetas orgánicas sin hilos, inalámbricas, tales engendros podemos con rigor considerarnos los humanos. Si existe una conspiración de gran calado atribuible a nuestra especie, es la que cada uno elabora consigo en la resonante intimidad de su bóveda craneal con el ánimo de entender por qué actúa como actúa. Complácenos imaginar como verdad que somos de lance en lance autores de nuestros actos, y la mayoría vive convencida de que en efecto es así, pero bajo la máscara que aparta al contemplarse en el espejo de sus reflexiones nadie, a menos que sea un orate o un memo, puede sustraerse a la autenticidad de descubrir que sólo es un lector crónico, reminiscente de sus propios días.

54

¿Qué buen lector limitaría el amor de su entendimiento a las páginas de un único libro? ¿O qué buen amante restringiría sus caricias al capítulo de un solo cuerpo? En la lectura, como en la vida, abrazar la monogamia es condenarse a la inanición.

55

La ciencia solo es un método de investigación, una forma de conocimiento entre otras muchas posibles, y esperar de ella una visión completa del mundo es pedirle que se encargue de una función que corresponde a la filosofía, la religión o, en última instancia, al gusto estético personal.

56

A los listontos de la ciencia materialista la conexión mística, y aun el mismo concepto de anima mundi, les parece una idea que peca de ser demasiado «subjetiva», como si lo que procede de los adentros careciera de valor, o como si el origen de su metodología no fuera un antojo de escuadra y cartabón.

57

Solo conocemos al demiurgo por la estela que dejan sus obras y estas no hablan bien de él. La ciencia moderna lo sabe desde sus albores y es así como se explica que haya llegado a convertirse en una forma de gnosticismo que, en lugar de remontar las esclavitudes de la materia, ha hipotecado sus empeños explotándola con el poder creciente de la técnica. Otra forma de decirlo es que los catequistas de esa ciencia, bajo la advocación de Fausto, se han especializado en sabotear las antiguas disciplinas de la gnosis a fin de que su teurgia sea el evangelio definitivo.

58

La fe puede ser una hermosa aliada de la inteligencia, y no la tea del discernimiento que algunos gaznápiros exaltan, cuando en vez de cerrarse a la duda la acepta como cicerone en los infiernos.

59

Todo accidente que predisponga a comprender nuestra insalvable transitoriedad contribuye a irradiar de perennidad el ser que somos. Si la sacralidad tiene sentido como aptitud, es porque confiere al orden de las cosas perecederas una textura luminiscente donde se revela la inmanente contextura que sutura, al transverso de la eternidad, predicados absolutos en la relatividad del sujeto.

60

La voluntad de transformar en dogma la experiencia mística es un sacrilegio contra la ciencia visionaria del espíritu.

61

Cada vez que tropiezo con un testimonio dedicado a enaltecer el amor a Dios, sé que me hallo ante una eclosión tan arbitraria de antropocentrismo como el rechazo habido en las imprecaciones que tienen por objeto profesarle aborrecimiento. De hecho, en razón de la sinrazón que las coordenadas sentimentales, demasiado edáficas, deben al anhelo de acotamiento de lo inaprehensible, si hay algo que los estados de gracia trascienden son los limitados y limitantes juicios emitidos por las pasiones.

62

Sabemos que mientras soñamos somos dioses que ensayan cosmogonías con los elementos del imaginario; sabemos asimismo que en ausencia de esta ración diaria de divinidad perderíamos la cordura; lo que le falta a lo poco que sabemos es que los propios dioses, sumidos en el trance de despertar de la vida, no son sino sueños pasajeros de un Dios dormido.

63

En los sueños trabamos memoria de otros sueños que apenas hallan remembranza en estado de vigilia, un indicio fidedigno de que en paralelo a nuestra parábola por el reino de lo factible prosigue la biografía de nuestros avatares oníricos.

64

Es un acto de vanidad, y no parvo, reprocharse lo que ninguna mampesada incrimina.

65

Dos posibilidades antagónicas pero igualmente verosímiles para explicar un hecho obligan a suspender el juicio, luego tan arbitrario es afirmar que la vida es un sueño como que no lo es.

66

Tomar la llave por la cerradura es un sesgo representativo del espíritu que adolece de apegos doctrinarios; igualar el ojo de la cerradura con el horizonte que aguarda al otro lado de la puerta de la individualidad es, antes que un error, la fatua consolación del yo que aún se aferra a su estrechez.

67

Se goza del beneficio de la duda cuando se comprende que nada en verdad se tiene porque nada se detiene y que esta verdad basta para detenerse ante todo el esplendor que el ser contiene.

68

Si pensar es extraviarse en pos de un encuentro furtivo con la certeza, creer es encerrarse en un búnker diseñado contra cualquier irrupción intempestiva de lo real.

69

No se entienda cada brete donde el sino contraría a sus cautivos como una instigación de la Providencia a poner a prueba la humana valía; mejor entiéndase como un hito donde ecualizar el temple sobre las miserias que urden a cada tramo la existencia.

70

A mayor penalidad, la mayor merced aviva el desasimiento.

71

Si sabio es comprender sin necesidad de creer, humano es creer sin necesidad de comprender.

72

Obra en vano quien de su obra espera que obre en otros su encarecimiento.

73

Por amor al engreimiento la virtud acarona recompensas fuera de sí misma.

74

El ego pide a cada momento compensación; el alma, empero, busca solo contemplación.

75

La elevación sin compasión deviene soberbia, pero la compasión sin elevación se atora de gazmoñería.

76

De otro nadie puede ser juez porque en todo uno sólo es parte.

77

Quien a sí mismo se conoce es humilde por consecuencia, y quien a los demás conoce desde esa humildad ganada, señero se vuelve por necesidad.

78

Si solo fuera violenta, no sería la bestia humana tan fea como la pinta su historial.

79

Su arrollador éxito en el progresivo encanallamiento de las especies sería la mayor tragedia del animal humano si por pintipararlo con una hazaña evolutiva no hubiera hecho algo más vil que abanderar su proceso de henchimiento indefinido: abrazar la adaptabilidad a todo celo como ultima ratio de ser.

80

Porque la vida es el requisito previo para dar bastimento al mal, porque el mal es intrínseco al ciclo de perpetua transformación de la materia y porque ningún deleite es ínsito a la aciaga condición humana, el Bien Supremo —con justas mayúsculas— solo puede ser fuera de las perversidades de haber nacido.

81

¿Qué puede ser más lógico para una criatura disminuida que abogar por el crecimiento teratógeno de la sociedad? Antes que disculpas por haber incrementado el hacinamiento que afecta a los moradores de este penadero, los autoproclamados costaleros de la indolente cofradía de los progenitores se deben a sí mismos una toma de conciencia por haber reproducido el mal creyendo, ¡aúpa inopia!, hacer un bien. So capa de impunidad, el olvido del pecado original dispara la multiplicación de negligencias genéticas e iniquidades ontológicas. Mejor exida tendrían los humanos de su industriosa pero catastrófica empresa de adaptación a la carne si cundiera la sensibilidad necesaria para extraer de la catarsis individual, cuya didáctica es profiláctica, una fuerza mayor que el empuje proporcionado por el seguidismo que glorifica la violencia procreadora. Negarse a ofrecer sacrificios humanos a Cronos o perpetuarlos con las vidas de los propios descendientes, a eso se reduce el rito sanguinario de pertenencia donde la feracidad y la ferocidad se unen hasta que Tánatos las desanuda.

82

No hay humano concebido sin el primordial pecado de mímesis. Incluso la más bondadosa de las tribus humanas está condenada a practicar la violencia por el mero hecho de perpetuarse, ya que dar la vida a quien no puede pedirla ni rehusarla es un tipo de agresión que solo puede compararse con el acto de arrancarle el vafo por la fuerza a quien no desea morir.

83

«Lo opuesto al juego no es el trabajo, sino la depresión», escribe Marcos Vázquez. Lo espinoso es que en las encorvadas sociedades del rendimiento donde subsistimos los trabajos tienden a ser demasiado deprimentes y las depresiones demasiado laboriosas para no ver en ambas realidades la cara y la cruz de un mismo oficio, el de pobre diablo.

84

No movamos a nadie a engaño sobre la abundancia efectiva que puede suministrar el capitalismo. El problema es a costa de qué sutiles riquezas obtiene su opulencia material.

85

Desprovisto de mentalidades jibarizadas, el gigantismo industrial no habría pasado de ser un delirio anecdótico, exento de repercusiones reseñables. Para nuestra desgracia, no ha sido así. John Gray lo explica de forma sin par al hilo de las mixtificaciones que han configurado la modernidad: «En lugar de dejar que sus días transcurran en una aburrida desdicha sin sentido, los que practican la persecución pueden verse como participantes en una lucha entre el bien y el mal».
La perturbación moral de nuestra época no tiene su origen en la hipotética muerte de Dios ni en el calamitoso efecto de los parches absolutistas que las masas han buscado en las ideologías para suplir la orfandad en que quedaban frente al tiempo, sino en la monomanía que los adoradores de Mammón con sus deficitarias almas mantienen al estricote hasta que el excidio nos alcance.

86

Herederos somos de lejanos ancestros que sabían lo bastante de sí mismos para contenerse imaginando las monstruosidades del crecimiento. Recuperar esa aptitud arcaica para espantarse ante el titánico despliegue de pretensiones socapa de civilización representa nuestro más ilustre legado.

87

La idiotez de una sociedad es proporcional a su densidad demográfica.

88

Atrapados como estamos en la escafandra mediática de un régimen de vigilancia permanente, la verdadera y bien heroica hazaña sería trocar los manidos quince minutos de fama por otros tantos de anonimato.

89

Si anómalo es que en todo lo descubierto haya poblaciones que respeten el voto de ingenesia, la hormesis reductora de necesidades, el uso manumiso del tiempo y la imperturbabilidad anímica que, como prendas de interioridad, caracterizan el buen retiro, bienaventurado sea el disidente epistémico a quien le es posible acogerse a su ascesis de alejamiento cuando arrecian los dictados sociales.

90

Adular al vulgo es el modo que el demócrata tiene de masturbar a las no menos vulgares élites.

91

Pocas osadías son hoy más peligrosas que cuestionar la cesta de la compra de quien se jacta de no tener creencias.

92

La censura es superflua donde la tiranía es subrepticia.

93

En el supuesto de que la libertad signifique poder escoger, la cantidad de sujetos que escogerían no ser libres sería abrumadora. Al fin y al cabo, tener que elegir no demuestra que seamos libres, sino cuán imperfectos somos por definición.

94

Bueno es contrato donde huelga trato.

95

Las revoluciones siegan algunas cabezas superfluas y demasiadas cuyas floraciones valen más que la nueva siembra social.

96

A la máxima majestad que ha llegado un monarca moderno es a poner en práctica su irresponsable versión del gamberrismo ilustrado.

97

Donde manda grey, mala ley.

98

Lo más odioso de las democracias de masas no son los puntuales abusos que las mayorías parlamentarias comenten contra la sociedad, sino el eco que las élites partidistas producen en la mentalidad común.

99

De izquierda o de derecha, para la mentalidad tarada por la producción solo son plausibles las políticas que impulsan la metástasis a partir de los focos tumorales de seres y enseres.

100

Para la moral burguesa, que hoy es transversal a todas las clases sociales, no codiciar los bienes de la modernización equivale a una herejía.

101

No solo se basan las religiones salvíficas en doctrinas tan inverificables como fantasiosas, sino que su penetración social es en extremo peligrosa porque depende de que sus prosélitos crean que sus dogmas de fe son universalmente válidos y, por consiguiente, que todos los que no viven de acuerdo con ellos están equivocados y merecen ser purgados.

102

Moral blasfema por antonomasia es la que se vale de un dios asesinado para convertir a la ecúmene en objeto de su venganza.

103

Todos los que maldicen desde la parcialidad de su credo los sacramentos ajenos son culpables de haberse procurado a una forma de mancillar la fe sin perturbar ni un electrón su conciencia.

104

La comunión del hipócrita representa, en un solo acto, el somo y la trinidad del vituperio: menosprecia el rito de participación en el modelo divino, engaña a los fieles fingiendo ser uno de ellos e insulta a su corazón haciendo lo contrario de lo que siente. Y no obstante, ¿qué futuro tendría la eucaristía si los fementidos dejaran de comulgar toda vez que la hostia, por muy consagrada que la encarezcan sus embaucadores, solo es un sucedáneo en el que ni trazas quedan de efectos teogénicos?

105

En el apostolado bulle más vanidad que primor, pero hay primores que nunca serían sin el vanidoso acicate de difundir los propios estigmas.

106

El agnóstico está en razón al reconocer que no es posible conocer a Dios, pero el gnóstico se pone en sazón cuando precisa que no es posible porque Dios se reconoce a sí mismo en cada ser.

107

Los templos erigidos por la inspiración humana a sus dioses son arcas de Noé concebidas para proteger su tesoro de epifanías en el agitado curso de la historia.

108

La función suprema de los valores no es otra que enseñar cuáles no lo son.

109

El precio de la excelencia es la especialización y esta, como es de ordinario conocimiento, conlleva importantes limitaciones a causa del tiempo, de la atención y del esmero que resta a otras actividades. En consecuencia, más valioso es saber un poco de todo que casi todo de un poco.

110

Ascender o descender es secundario siempre y cuando la mente vaya enhebrada al centro.

111

El pensamiento cuya salud crítica socava la jactancia de nuestra especie ha de asumir, como noche que sigue al día, que será difamado, perseguido y, finalmente, extirpado.

112

No busquemos refugio en la derrota hasta haber vencido, una por una, las ganas de luchar contra  ficciones.

113

Si el espíritu no arborece venerable, como rodrigón de fuste quede al menos su cacumen.

114

Ser consciente de la naturaleza de las cosas no nos hace virtuosos, pero desprende de nuestro ánimo los vicios que impiden percibir la imantación espiritual en cada brizna de lo creado.

115

Para el clarividente, cada estímulo sensorial hunde sus raíces en la infinitud.

116

La lectura simbólica es inherente al despliegue fenoménico. El núcleo de las partículas no está en los átomos, sino en la universalidad poética del alma.

117

Creo, sí, mientras lo recreo. La existencia está preñada de sentidos para quien encuentra el modo de alumbrarlos.

118

«Tradición primordial», «sabiduría arcaica» o «filosofía perenne» son algunos de los mejores títulos propuestos para el reconocimiento consecuente de que todas las perspectivas, por distantes que parezcan en la superficie, se hallan conectadas en profundidad cual rayos de un mismo sol.

119

El individuo transmutado colma de sí la ausencia de Dios porque no teme, al contrario que el grosero, las caras retadoras que adopta la beatitud frente al orgullo.

120

Como cualquier mito veraz, Dios es poliédrico, polisémico y proteico; no solo no tiene un significado único, sino que se reelabora con efectos retroactivos en unión con el observador.

121

Antes que un sistema cerrado la creación cósmica es el garito devastado de un coime que juega a los dados con las vidas dadas.

122

Que Dios no juegue a los dados como el demiurgo nunca ha sido impedimento para que los expósitos de la creación apuesten por Él en cada partida. A nivel coloquial lo llamamos orar.

123

Hipóstasis demiúrgica es la materia que nos tortura con la misma facilidad que encandila, pero incluso atrapados en su molde de prolíficas mutaciones puede el espíritu crear sus propias dimensiones a partir de la incertidumbre que lo envuelve, de suerte que respecto a nuestra condición original de títeres animados todos somos heresiarcas en potencia. La herejía frente al insensato poder de ese demiurgo es un prodigio de ortodoxia para la sensibilidad que lo sufre en el papel temporal que le ha sido asignado.

124

Pese a todas las estrafalarias andróminas que le aportan las religiones gregarias, que exista la noción de divinidad delata su presencia entre bastidores, mas de engaño nos colmaríamos si infiriésemos de ahí que los caminos de Dios a través del sistema natural están abiertos a nuestro conocimiento. Lo que Dios deja en vida ver de sí malavez son prodromos de plenitud; la visión de Dios fulmina porque es Uno con la Muerte.

125

Como una diástole la vida es la extensión del demiurgo que al alma tiene secuestrada y como una sístole acaece el rescate de Dios que en la muerte la libera. En esa megamaquia de prodigios a diástole y sístole, andan enzarzados ambos a fuerza de antinomias desde que el caos devino diorama.

126

En maya la unidad del alma esencial o ātman se escinde no solo en sujeto y objeto, o entre lo inmutable y lo contingente, sino también entre sujetos, de modo que cuanto más se multiplique su manifestación en las criaturas conscientes, más fragmentada estará en el mundo fenoménico y, por ende, más debilitada para replegarse hacia el conocimiento de sí.

127

Experimentar la continuidad interior en los juegos de figuras exteriores, sintonizar la esencia permanente bajo el tapiz mudable de las apariencias, puede que no sea más que otra ilusión cognitiva, la espuria proyección de una añoranza de amplitud metafísica que extiende un florido velo sobre la veleidad primigenia o un falso despertar dentro del trampantojo de un sueño compuesto por infinidad de capas, pero sea como fuere proporciona un simulacro de armonía a la textura empírica de la realidad que, en vez amplificar sus disonancias, aporta el equilibrio que de verdad importa cuando solo una cuerda floja sostiene nuestros sentidos sobre el abismo.

128

Los que miramos hacia Poniente con todo el Naciente pisándonos la sombra estamos en condiciones de apreciar el universo desplegable en la nada del instante donde flota el ser entero.

129

En el amable desengaño vivencial de Cervantes, tan bien provisto de graves razones cuanto de amenas peripecias, nunca menudean las ocasiones de avenirse con el transcurso del mundo pese al mundo. Salvando las distancias con los lustres de su ingenio, desde el ecuador de mis expectativas biológicas estoy en condiciones de aseverar que este quilombo planetario me ha permitido conocer experiencias maravillosas, la mayoría de ellas irreales.

130

Sin ser primero en mis letras, segundo no tengo en ellas. El destino se mofa de los mediocres dotándolos de vocación.

26.1.20

ELECTUARIO DE LIPEMANÍA

Tirándole al chibuquí consuela Mariano Fortuny La guardia árabe.
Lo que no va en lágrimas, va en suspiros.
Refranero español
1

Acepta lo ineludible, elude lo irresistible, resiste lo inaceptable.

2

Haz de tu resistencia a la vileza residencia de tu gentileza.

3

Deja de soñar con lo que no puedes. Duerme tranquilo sobre lo que no necesitas. 

4

Con todas sus avalanchas de cosas, esta época intenta en balde encubrir cuán poca cosa es. 

5

Medio mundo sueña con parecerse al otro medio aun a sabiendas de que este sufre pesadillas por ser demasiado igual a sí mismo. 

6

Obra es el hombre, que no milagro; aparato nacido de la ingeniería divina o natural, tanto da, y chapuza sofisticada antes que prodigioso dechado de la evolución. 

7

A todos empobrece que la posesión defina la posición. 

8

Es señal de bajo rango mental creerse superior por gozar de un alto rango social. 

9

Ningún poder corrompe más que la impotencia de quien lo ambiciona. 

10

Cabe temer que al ser padres dejemos de ser no solo clementes con nuestros hijos, sino respetables inquilinos de este planeta. 

11

A juzgar por la cantidad de tarados que vienen al coso, diríase que entre las madres gana tendencia parirlos a pedos. 

12

La diferencia entre una meretriz que alquila sus encantos a quien los solicita y la madre que acepta sobornos públicos por dar a luz estriba en que, mientras la primera emplea su sexo para aliviar frustraciones, la segunda lo usa para multiplicarlas. 

13

La relación entre la madre naturaleza y la naturaleza de la maternidad se asemeja en el concepto a la habida entre el sexo y el proxenetismo: espontaneidad en un caso, extorsión en el otro. 

14

Siempre lo he dicho: el sexo reproductivo es una guarrería, lo que amén de ser una forma jocosa de exonerar de pecado a la lujuria y de reconocer su cuota de siniestralidad al deseo de llenar cunas, devuelve a la fecundidad su carácter intrínsecamente nocivo y denuncia la bomba homínida que debemos a todos los progenitores del mundo, empezando por los tuyos si te das por ofendido.

15

Quien no cuestiona las enseñanzas recibidas nunca será maestro de sí mismo. 

16

Los hechos empiezan a ser noticia cuando dejan de ser ciertos. Cuando las noticias pasan, queda el grumo insoluble de la verdad. 

17

No es posible pronunciar verdad sin herir a los que temen conocerse a sí mismos. 

18

La palabra no tiene marcha atrás, por eso conviene hacer diana cuando uno la dispara. 

19

Nadie siente como el lúcido lo que cuesta decidir qué dar y qué guardar a un público indistinto portador de vítores y picotas, «el antiguo legislador que llaman vulgo». Si no fuera por los escarpados subterfugios del lenguaje, obligado estaría a transmitir evidencias con tal grado de pureza que a pocos no pondría en actitud de buscarle el réquiem. Así pues, ninguna vida está más amenazada que la de quien acierta a dar estocada a la hijoputez de los demás, que sin duda ha llegado a conocer al trasluz de la suya.

20

¿Qué destino puede esperar una atención desprogramadora dentro de un avispero sino el de ser acribillada por los aguijones de la multitud? 

21

Si todo es uno, ¿qué maldita peste nos ha llevado a multiplicar innecesariamente los términos implicados?

22

La redención no está en la carne, sino en la mirada que acepta su condición desde la nula necesidad de propagarla.

23

Qué fácil resulta sumarle vidas a la sociedad cuando restar descalabros exige atizar la conciencia contra uno mismo. En un mundo donde el dolor, la ferocidad y el embrutecimiento son certezas futuribles, más por más ha sido siempre igual a mal. 

24

Confundir el pensamiento con el verbo es tomar la red por el pescado. 

25

No es el corolario lo que mejor queda demostrado por la lógica del raciocinio, sino la intuición amortajada. 

26

Ningún material radiactivo emite más energía que la imaginación sustantivada.

27

Las palabras no habitan en el pensamiento, pero el lenguaje estaría desprovisto de sentido si no tradujera a su nivel, pragmático y comunal, parte del bagaje eidético del pensamiento que anida, inaccesible a las componendas de la sociedad y de la gramática, en un solitario discurrir. 

28

El pensamiento es atención a lo recóndito; las palabras, expresión de lo encerrado. Luego se ha de estar bien atento para que, animados por un frenesí ecuménico de la locuacidad, no incurramos en el típico error postmoderno que confunde la experiencia personal con el relato público, el concepto sintonizado por el entendimiento con la comunicación a quemarropa, los hechos entrelazados de la historia con la confiscación historicista que pretende explicarlos de acuerdo con algún sistema tecnocéntrico de creencias. 

29

La idea es al concepto lo que el contorno a la imagen. Y ambos, idea y concepto, son al pensamiento lo que la imagen a la ensoñación. 

30

Puesto que la firma está en la forma y por la obra respira quien la parió, ¿a cuento de qué ponerle un nombre propio a la autoría? Ese «aquí estoy yo» se me antoja, cuando menos, un pleonasmo, y las más, una petulancia superflua, propaganda empachosa a ojos de quien, habiendo prescindido del tan celebrado amor a la impostura, no teme leer en sí mismo la futilidad que halla escrita en los demás.

31

No se obre culto al que obró, sino a la obra; la obra hace al autor, no al revés. Todo creador honesto haría bien si, en lugar de atar sus creaciones a unos apellidos, las confiase al designio de su estilo.

32

En el arte y en la vida nadie es digno de nombrar si recoge sin sembrar. «Hasta la siega todo es hierba», auspicia el acervo.

33

Cuanto mayor es el conocimiento que uno adquiere de sí mismo, menor es la importancia que se concede. 

34

Dirían verdad quienes afirmasen que el público siempre se aplaude a sí mismo, sobre todo cuando el artista ovacionado ha de traerlo de vuelta a la contención a cambio de algún gesto de capitulación ante la fuerza telúrica que une rostros tan distintos en una misma emoción.

35

No vencería en sociedad quien más dinero amasa si la masa no se hubiera entregado a la insania de ponerle precio a todas las cosas.

36

Nadie habla del verdadero precio que ha de pagarse por las cosas porque no se reconoce ya como un bien aquello que no tiene precio.

37

El sentido del ser está más allá de sí mismo, pero ese más allá lo devuelve invariablemente al más acá donde se desnace. Reúnase entonces el valor de reconocer lo que uno es cuando ya no es cuño de nada, cuando de nada es dueño ya más que de contemplarse sin aditamentos, desprendido de afecciones ilusorias y limpio de alucinaciones afectivas.

38

No te encontrará la Cierta con lo puesto, sino con lo desprendido.

39

En la naturaleza dada el orden es una figura incorruptible que los hechos expresan a través de su aparente torbellino, mas en la naturaleza tomada por el orden que, cual torre babilónica, erige a su antojo y derriba a su pesar la criatura humana, ese patrón superlativo se tuerce como en un garabato trazado con trabajos forzados. «Solo cuando la cultura se aproximó a la cima de sus logros materiales erigió un altar a lo Inalcanzable: Las Necesidades Infinitas», apunta Marshall Sahlins en su conocido estudio sobre la Edad de Piedra.

40

El optimista antropológico siempre olvida que la mediocridad baraja los genes del animal que tanto admira.

41

Los optimistas idearon la Razón en pro de la excomunión de las buenas razones que siempre han pertenecido a los deprimidos.

42

No existe armamento más poderoso para las religiones que las cabezas cargadas de nobles intenciones. Cuanto más halagüeñas se presentan las creencias, menos fiables son sus consecuencias. 

43

Una doctrina política decidida a no incubar hecatombes no pasará nunca de ser una causa perdida.

44

El verdadero fracaso es que haya tanta gente convencida de que vivir es un éxito. Sabemos por experiencia que a la desvalida pero ufana bestia humana se le ha hecho factible creer en cualquier idiotez, desde los milagros de Cristo hasta la necesidad del acto generativo. 

45

Ninguna mentira es más preciosa para la sociedad que la insistencia en que nacer está bien. La humanidad entera depende de mantener amortiguado el alarido de existir y adornada de trascendencia la certeza de que la vida brota siempre de una herida que solo cierra la muerte. 

46

No existe más certera forma de destruir el mundo que intentar acrecentar su rendimiento por todos los medios, pero ni siquiera el sistema financiero, con la felonía de sus crisis inducidas, produce por unidad de tiempo tantas víctimas como las matrices que no cesan de hacerle vidas de la nada. En la Era del Hacinamiento el monopolio de la violencia ya no lo ostentan los Estados, sino los úteros.

47

En los hijos, que agraviados nacen, agravados renacen los conflictos. Grande es el desatino que de óvulo y esperma infiere un destino. Allí donde nace un humano, pace un diablo. 

48

Ideal para un epitafio: aquí se acaba la injusticia. 

49

Quien mucho piensa, mucho duda. Quien mucho duda, mucho para. Quien mucho para, mucho deja de sumar. Quien mucho deja de sumar, mucho ejemplo aporta de lo que no conviene al ensamblaje colectivo. Quien mucho no conviene al ensamblaje colectivo, mucho invita a pensar…

50

Madre, tu «depravada pudicia» —como entonó el poeta— es haber hecho nacer cuando el yacer de los sexos sólo buscaba enculebrarse a placer.

51

La cola prensil que nuestros ancestros dejaron colgada de una rama al bajar del árbol ha vuelto a crecer en la jungla artificial del capitalismo en forma de apéndice codicioso o parafílica «mano invisible». 

52

Elegir por sufragio al próximo opresor no nos hace más libres, pero sí más incapaces de sublevarnos. En política, los efectos especiales del despotismo reciben hoy el fastuoso nombre de «Estado democrático de derecho».

53

En una sociedad democrática el derecho a ser diferente está garantizado siempre y cuando contribuya al envilecimiento que los rehenes de ciudadanía, en un normalizado ejemplo de síndrome de Estocolmo, respaldan porque así lo manda la mayoría con el sí de sus coces a lo cualitativo.

54

Nadie espere que los piojos se compadezcan de la testa que chupan y,  menos aún, que esa cabeza albergue piedad por sus parásitos. Dicho con troquel de titular: el hombre y la Tierra.

55

Existe una verdad completa y unitaria, pero es verdad contra la que atenta quien la cree suya más allá de los fragmentos disímiles que apenas se nos permite conocer.

56

Ya desde su mero nombre el reino niega al rey.

57

Cada vez que parpadeamos deberían reventarnos los ojos ante el pavoroso cuadro del mundo.

58

Antes prefiere el moderno habituarse a estar enfermo que evitar los excesos. 

59

A un espíritu despierto siempre le quedará la opción de bostezar ante la jaula de ofertas y demandas que exhibe la actualidad, pero no le será posible escapar del desvelo cuando se vea obligado a comparecer ante una diosa tan mediocre como la Opinión Pública. 

60

Solo en virtud de una interpretación victimaria de la relación paternofilial puede concederse validez a la creencia de que los hijos están en deuda permanente con los progenitores cuando son estos, en realidad, los que por haberlos forzado a existir débense a ellos hasta el último aliento.

61

Bastaría reconocer un solo derecho universal para que los valores axiales de la obra por excelencia, la que busca dotar a la vida de una forma que  merezca ser amada, estuvieran implicados en él: el derecho a la patria potestad de sí mismo, o en otros términos, la defensa de un don de carácter inviolable que se alzara como un betilo contra todas las profanaciones del individuo por parte de sus congéneres, desde la trata de esclavos (incluso si bajo el disfraz de un «contrato» se los presenta como trabajadores voluntarios) a la matriarca de todos los actos despóticos, la procreación.

62

No solo cebar y caber se relacionan lexicográficamente por tener las mismas letras, sino también porque en una sociedad cebada demográficamente no hay cabida para el respeto a la individualidad.

63

Una humanidad que perdura a fuerza de atiborrar con hijos las cárcavas de la historia lo último que merecería es sobrevivir, pero si otra versión más responsable de humanidad, alarmada en conciencia por mantener tan protervo comercio con el ensañamiento biológico, decidiera romper de buen grado la cadena de los nacimientos, su sensibilidad no merecería menos premio que la extinción. Haga lo que haga la humanidad, no es digna de otro destino que el acabose. 

64

Nada indica que la rueda de las reencarnaciones pueda ser interrumpida mediante operaciones espirituales, nada sino anteponiendo al vicioso rodar cuesta abajo de las generaciones un virtuoso detenimiento. Y sin embargo sabemos, además de haberlo visto en las profecías distópicas y en otras ficciones escanciadoras de realidad, que la monstruoteca, avalada por toda clase de tecnologías punteras y avivada por el atavismo del orgullo, será la última industria en caer.

65

Los niños que prefieren los peluches a los animales de sangre caliente cachorros son, no hay duda, pero de monstruos...

66

Así como hay realidades que no pueden ser comprendidas sin el amparo mágico de la ficción, hay ficciones que no pueden ser obviadas sin descoyuntar el soporte de la realidad.

67

Al igual que podemos jugar a descifrar las estrellas como la luz de otro cielo que se filtra en nuestra caverna cósmica, de los fulgores de intuición que se intercalan en la conciencia podemos argüir una claridad más allá de lo tangible.

68

Se comienza aceptando la violencia conceptual —sirvan de verbigracia el «derecho a tener hijos», el «impuesto sobre el valor añadido», la «salud pública», el «crecimiento sostenible», la «patente biológica», las «labores humanitarias de las fuerzas armadas», los «controles por tu seguridad», la «fiesta nacional» o los «cerdos felices»— y se termina naturalizando con impunidad la violencia directa contra los indefensos.

69

Imposible sustraerse a la ambivalencia que suscita en materia de afectos la naturaleza, artífice de la mayor organización criminal que ha existido nunca en este astro y de las más cautivadoras explosiones de belleza que los sentidos pueden captar.

70

La revelación de quienes somos no está en el nudo ni en el desenlace de la existencia, sino en la faz de uno mismo que más celamos ocultar.

71

La implacable exigencia de crear orden a partir del caos solo se muestra en su justa plenitud a quienes se sondean hasta hallar en sí el vacío universal.

72

Pasa con todo lo que pasa: el día en que comprendas por qué lo deseas, descubrirás que no lo quieres. Nadie sabe lo que quiere hasta que lo deja de querer.

73

Todo cuanto existe debe su vigencia a la versión de otra realidad que nadie vivo ha vivido.

74

«Hay que evitar la muerte adelantándose a ella, de manera que cuando llegue apenas encuentre qué consumir», escribe Zambrano a propósito de la actitud filosófica de Plotino, en cuya semblanza leyó esa clase de templanza en la descompostura que algún apóstol tardío de la noluntad tuvo a garbo denominar kranog o Escuela del Desvanecimiento, una clase de radicalidad que frente al hábito de vivir muriendo propone la gallardía de desaparecer viviendo.

75

Los instantes de verdad son tan efímeros que no acaban nunca.

76

Las verdades no hacen leyes porque su única ley es transformarse en órganos de luz. Quien pretende lo contrario pone el énfasis en la puesta en escena, no en la función.

77

En mi asombro, hecho de incertidumbre ante la noción de que algo exista, concibo con el mismo fundamento de un acaso que el intervalo entre el colapso del universo y su conocimiento determina su duración.

78

La narrativa podría ser explicada como un territorio en sí mismo y el ensayo como un mapa para orientarse en otros territorios, sean estos literales o literarios. Y no obstante, más allá de estos grandes géneros de la inventiva, toda lectura que valga la experiencia ha de tener de mapa lo que tampoco ha de faltarle como territorio.

79

Yendo a más se corre siempre por venir a menos. «Veo que los ambiciosos no viven ni conocen dónde viven», tiene escrito Goya en su correspondencia.

80

Las penas de los hijos pertenecen por derecho a sus padres. Cada concepción llevada al término diabólico del nacimiento representa un ritual de aquiescencia, una confirmación del sufrimiento habido y por haber, pues la esencia de su legado no es otra que dar cuerda ribonucleica al mismo sistema. Movida por su afán de estirar la agonía de lo posible, la naturaleza, el burdel más frecuentado por los pretextos, no escatima trampas ni crueldades en esa industria de pesadilla que emplea a los procreadores como peones.

81

Si en la contienda se hace evidente el fracaso de la convivencia, no menos proclamado va el éxito que tiene la guerra bajo la tenue capa de la paz.

82

Aunque a tenor de los perjuicios derivados de la proliferación humana más sensato parezca abogar porque el aborto sea un deber, conviene en todo caso recordar a los maximalistas que la cuestión no está en dirimir si es un derecho o un delito, sino en aceptar la soberanía de las mujeres sobre sus cuerpos o en proponer, como buenos cristianos, la ablación de su libertad de elección.

83

¿Cómo mitigar la intemperie de la condición humana y cuantas penalidades se ciernen sobre ella sin sabotear la probidad en el empeño de reproducirla? ¿Sabe el que desea engendrar un símil de sí mismo que está decidido a dilatar las tribulaciones que definen las inagotables variaciones de la violencia de existir? La humildad, único substrato donde puede echar raíces la autenticidad, aborrece las réplicas.

84

Otrora se podía afirmar, sin desviarse mucho de la realidad, que cada persona era un mundo; agora, si somos fieles al presente, por todo mundo cada quídam tiene su cesta de la compra y un monito interior, atiborrado de azúcares, que se debate como nunca entre la rabia y el desánimo.

85

Los adultos que no juegan se vuelven pueriles. Adivinar ideas donde otros ven solo objetos distingue a los duchos de los menores.

86

La infancia tiñe de magia incluso los episodios más vulgares de una vida y es justo lo inverso, la facilidad para despojar de encanto vivencias singulares, lo que confiere a una mal concebida edad adulta su adusta fuerza domesticadora.

87

Por más que se busquen enclaves firmes para sostenerla, no hay puntos de apoyo donde la peregrinación humana pueda cimentar el conocimiento de su trayectoria. Social, epistemológica y moralmente el mundo se atomiza a cada instante, y la conexión de las telecomunicaciones que hoy se oferta como alternativa al colapso del sentido extraorgánico que proporcionaba la cultura produce únicamente espejismos, toscos pero absorbentes simulacros de integración, de suerte que al déficit de visión interior le corresponde, como roña a indigencia, un superávit exhibicionista. Sobra escaparate, falta introspección y ningún esfuerzo parece tan inútil como el de mostrarle a la people su adiposidad virtual sobre la inflamación demográfica preexistente. 

88

Desde el espionaje de las conversaciones privadas a los cacheos mediante escáner; desde las cámaras ocultas instaladas por doquier a los análisis de pureza sanguínea; o desde la geolocalización permanente a la bancarización preceptiva del peculio, el triple ultraje contra la presunción de inocencia, contra la intimidad y contra la inviolabilidad del propio cuerpo se consuma en esta centuria robótica gracias a las tecnologías que han hecho prescindible la presencia humana en casi todos los procedimientos rutinarios de control. Ante el anonimato carente de rostro de un dispositivo electrónico, tiende el sujeto civilizado a doblegarse tan instintivamente como el paciente cuyo cuerpo es radiografiado en una dependencia hospitalaria. A este generalizado fenómeno de sumisión a la hegemonía impersonal ejercida a través de las máquinas, a este mangoneo sistemático desde la administración automática de la coacción que obtiene docilidad en vez de la resistencia que cabría esperar en otras circunstancias, podríamos denominarlo «acobayamiento». Huelga señalar en qué pésimo lugar queda nuestra dignidad en comparación, sin ir más abajo, con una rata de alcantarilla que aún es capaz de plantar cara a quien intenta acorralarla.

89

Siendo imposible incorporar algunas mentes a la programación, el sistema programa lo posible para averiarlas.

90

En el circuito cerrado de las telecomunicaciones el cortocircuito mental está asegurado.

91

No escupas sobre el mundo que aún alimenta el organismo donde orquestas tus futuras deserciones. 

92

Más allá de sus trucos de prestidigitación para asombro de criaturas inferiores, Dios nunca muere: Dios es el mismísimo averno.

93

Cuanto más constructivos parecen ser los ideales abrazados, más traumas están dispuestos a causar sus prosélitos. Tales patrañas y cuales esbirros han obrado los devaneos civilizados de nuestra especie.

94

Fácil sería atribuir al liberalismo el mérito de ser la antítesis del fascismo (así lo han postulado Hayek, Popper y otros popes del pichuleo) si no se hubiera visto actuar a este en demasiados lances como caja fuerte de aquel, al primero como banco de pruebas de la personalidad con amputaciones que ya hubiera querido igualar el segundo y a ambos, liberalismo y fascismo, como instalaciones auxiliares del proceso de tecnificación del alma humana dentro del ambicioso proyecto que pretende implementar el mito de la máquina en cada ser vivo. Con magistral renitencia Gómez Dávila vaticinó: «Entre la dictadura de la técnica y la técnica de la dictadura el hombre ya no halla resquicio por donde escabullirse».

95

¿Tanto cuesta ver la semejanza entre una granja y un campo de exterminio? En el mundo, en este y en cuantos lo han precedido con el humano como cacique animal, más disculpa es hambre de más culpa. No se trata de hacer penitencia por haber acabado en el desván cenagoso de la cadena trófica haciendo compañía a fantasmas como uno mismo; se trata de aprender a gustarse más con menos apetito por los seres cuyas vidas caen bajo la alternancia de hartazgo y voracidad que caracteriza al único bicho que jura por lo impensable lo insoportable y guarnece de masacres su lenta pero irreversible putrefacción.

96

Ni prometido a la acción ni comprometido de pensamiento, el individuo auténtico se hace pensando y se piensa haciendo.

97

Todo lo has de perder por el camino. Al perdedor también.

98

No es falso que haya múltiples formas de autoengaño exitosas en la atenuación de los sentidos durante la vigilia, pero aún más socorrido es el ruido cognitivo que distorsiona lo que no es productivo percibir.

99

«Costumbres de mal maestro sacan al hijo siniestro», advierte el proverbio. Si la familia, en cualquiera de sus configuraciones, continúa siendo la forma predominante de distraer la insignificancia particular, hágase discernimiento de que en su seno se cuecen complicidades sin las cuales no sería posible practicar con impunidad el necio vicio de multiplicarse.

100

No se diga, aunque haya pruebas incriminatorias para ganar la causa, que la sociedad debe a los energúmenos, poseídos por el demonio del ensañamiento, su propagación; mejor dígase, porque denota lo mismo pero sin encono acusador, que la inocencia desmonta la sociedad.

101

Que la calidad de tu juicio no dependa de la razón de tus afrentas. Nada es menos inhumano que convertir las ofensas en dignidad ultrajada, y nada más peligroso que la indignada necesidad de una hipérbole para armar de excusas el apetito de venganza. 

102

Es normal que cínicos y nihilistas desprecien con idéntico orgullo la imaginación: solamente recarga de significado la experiencia que unos y otros se han aficionado a manejar hecha un gurruño. Perder la imaginación, despreciarla o inhabilitarla no es distinto de lisiar la última y desesperanzada posibilidad que tiene el humano de ir hacia la muerte no con fe, sino con sentido.

103

Consenso es un concepto que no tiene cabida en el reino de las ideas, so pena de verlas apoltronadas en un propósito unívoco. La comodidad, no la fuerza, puede más que la razón.

104

Como estrategas cinegéticos, recolectores oportunistas y esporádicos carroñeros dimos la talla en ecosistemas de muy baja densidad demográfica, pero pulular entre millones de rivales desconocidos, deturpar los sentidos embutiéndolos en pantallas que harían las delicias de Procusto o minar el organismo engullendo excrecencias masticables, cinco o más veces al día, en un sedente embobamiento asistido, malogra nuestro ajuste evolutivo. Intriga observar la relación, doblemente morbosa, que nuestra Edad Granívora, avanzada su fase industrial, establece entre una nutrición no por copiosa menos defectuosa y la sobrealimentación tecnológica de la población. Nada tiene de casualidad que a medida que se abarata el precio de los dispositivos necesarios para conectarse a realidades desvirtuadas, medren con ellas los intoxicados por una alimentación que atenta contra nuestro diseño fisiológico mientras en paralelo decrece la imaginación, convertida en la gran deportada de un siglo que ha demostrado ser el más eficiente en la gestión pecuaria de humanos gracias a sus campos de concentración multimedia, que son lo bastante sugerentes para mantener el sistema nervioso de alguien corriente enchufado a un suministro regular de fantasmagorías de bajo coste que enganchan, pero empobrecen, las soledades del espíritu.

105

Tan infinitas parecen las posibilidades de entretenimiento que el simio informatizado tiene a la minúscula distancia de un clic, que la facultad de experimentar fuera de los monitores el cada vez más postergado mundo real se ha vuelto no ya precaria, sino ortopédica.

106

Pajillero empedernido cuyo tiempo ha sido colonizado por la industria audiovisual y cuyo cuerpo, torpedeado por basura comible, es un lucrativo campo de patologías para el emporio farmacéutico: así semivive hoy, en un adictivo cautiverio domiciliario, el varón domado de los países donde la abducción mercantil ha deformado el componente fastidioso del acercamiento interpersonal en beneficio del aislamiento.

107

Las verdades alumbran, pero no calientan.

108

Ninguna ilusión prometedora vale lo que una conmoción verdadera.

109

Lo verdadero tiene presencia; lo falso tiene sólo futuro.

110

Sin que haya podido jamás burlar el enrejado de su condición, no hay atisbo de liberación que alivie más al espíritu que el desprecio de la necesidad, no su satisfacción. 

111

Se podría dudar sobre qué sociedades han hecho más desdichados a los hombres, si las preindustriales o las modernas, pero ya nadie ignora que el progreso de la técnica no es agible sin subordinar los sentidos a nuevos métodos de calamidad.

112

En un contexto de catastrófica innovación, toda repetición de un mismo disturbio histórico no deviene «miserable farsa», como Marx enunció en conocido aserto, sino simple delirio. 

113

No se use la necedad ocasional de un espíritu arcaizante en favor de las muchas que movilizan a los progresistas. 

114

Habida cuenta de las continuas pruebas que contra su inteligencia aporta nuestra especie y de las sobradas causas que impugnan su aspiración a la libertad desde alguna forma de establo, nada parece menos desatinado ni más compasivo que desearle una pronta extinción a cuanto ha llegado a dar de sí el humano despeño. «No es muy difícil imaginar por qué los viejos dioses dieron la espalda al espectáculo de la normalidad», ha ironizado Gil Bera. Si yo fuera uno de esos dioses, si estuviera yo invitado a presenciar el avance de esa empachosa transgresión de sí mismo que configura la sociopatía de la normalidad tras una decantación de miles de generaciones de atribulados, también abandonaría el palco por no servir de molde a la casmodia mientras se tarda el desenlace de tan redundante función. 

115

Si contemplar los avatares humanos es para un dios seguro abono de tedio, para el miembro de una especie cuya viabilidad biológica descansa en reiterar ruindades no existe mayor benevolencia que salirse del guión de la progenie. 

116

La inteligencia que la masificación de los pueblos no tolera es, justamente, la que sus repulsivos gustos provocan en una marginal minoría.

117

Las tropelías tienen nombre y apellidos, no género ni raza, pero a casi todos los apadrina el mismo e incorruptible afán de posesión.

118

Lo peor del dolor no es su carga inherente, sino la que le añaden aquellos que pretenden consolarnos como si supieran la medida exacta de nuestros padecimientos. 

119

Entre el furor del eros dinástico y la hiperactividad de las convulsiones narcisistas, la ambición de atiborrar el orbe a imagen y cromosoma, camuflada como amor dadivoso o necesidad biológica según el talante del disloque, constituye la condición original del pecado plagiario por contraexcelencia, la pulpa del pomum de la condenación.

120

Desde que el marxismo se convirtió en un complejo de culpa para la izquierda, sus ideólogos, más perdidos que un regante sin regalías, se han hecho un flaco favor con el empeño de redimir ora su falta de referencias políticas, ora su nulidad crítica, dando amparo a actitudes más propias de beatas con la vulva seca que de amantes empalmados de justicia económica. El nuevo auge del puritanismo es tan hijo de los consabidos capillitas de perfil fariseo, pacatos en lo sexual pero rijosos en las desviaciones del lucro, como de los popiprogres que festejan, en comanditaria anhedonia, la unión de socialistas de guante blanco, uranistas de culo rapado y andrófobas obsesas con castrar el uso de la lengua que no les lame sus estrecheces.

121

Hechos y valores son realidades recíprocamente independientes, pero eso no empece para saber que el hecho vale lo que el valor puede hacer con él.

122

Ni el todo ni la parte son otra cosa que conjuros proferidos por quien se siente hoja caída en el bosque de la perpetuidad.

La voragine infernale, ilustración de Botticelli en el manuscrito Reg.lat.1896.pt.A.

123

«¿Quién lograría, aun con palabras sueltas,
hablar de tanta sangre y tanta herida,
aunque diese al discurso muchas vueltas?».

Si adaptásemos la lectura antropológica de la historia humana a la visión que il Sommo Poeta tenía del infierno, veríamos que nuestra realidad elemental, la escasez, es un túnel abierto al primer círculo, mientras que el excedente productivo y reproductivo que comenzó con las sociedades agrarias vierte las almas al noveno foso del octavo círculo donde reciben castigo los «sembradores de discordia», o dicho de forma menos elíptica, los que para disponer de carne de trabajo, de cañón y de histrionismo cultivan desde entonces a las mujeres fértiles como campos de labor. 

124

El hombre es más fuerte que el hambre, pero sin hambre el hombre nunca habría logrado lo que ahora es: bricolaje para el hastío. 

125

Ya quisieran las espadas someter a los pueblos con la eficacia de los arados.

126

El hombre actual, Homo subsapiens de oficio e indigno de tener asiento en la caverna platónica, no se ha apartado de las viejas supersticiones para ocupar, como sus lejanos antepasados preagrícolas, el verdadero biotopo mental que le corresponde como criatura; se ha desecho de ellas para dejar espacio en su ánimo a un fetichismo más draconiano en sus condiciones que cuantos cultos lo precedieron. 

127

La novedad es producto de la desmemoria. 

128

De un invento no urge desconfiar hasta que la industria encuentra el modo de hacerlo rentable.

129

La materia no se abre de piernas sino condenando a quien la penetra.

130

A decir verdad, nuestra única meta es morir y nuestra energía capital, la que todos vindicamos en vida de formas a cual más centrífuga, mana del daño irreparable que haber nacido nos causa. Pese a todo, el coste real de fabricar un hijo no lo pagan sus progenitores; nadie podría calcular a ciencia cierta lo que cuesta perpetrar tamaña crueldad, pero es seguro que los seres vivos nos devaluamos con cada recién parido que la insensatez agrega a la parodia. A la polución ambiental provocada por un exceso de nacimientos podríamos motejarla de «contaminación chumínica», tema que convendría proseguir en un aparte, porque la cuestión suprema hoy no es si la humanidad colapsará o de qué manera, sino cuándo. Otro final no es posible.

131

Lovelock propone un elocuente símil entre el espacio constreñido de un sumergible y la nave espacial Tierra para ilustrar el sesgo que dificulta al hombre ordinario entender el delicado equilibrio de la biosfera: «Nadie pondría en duda que el submarino está limitado en cuanto al número de marineros que podría admitir, así pues ¿por qué vamos a imaginar que la Tierra tiene capacidad ilimitada para las personas?». Otra de sus observaciones, loada sea su audacia, tampoco se anda con rodeos: «La presencia de siete mil millones de personas aspirando a las comodidades del primer mundo es excesiva, claramente incompatible con la homeostasis del clima pero también con la química, la diversidad biológica y la economía del sistema». Entretanto, maldita vesania, seguimos destinando subvenciones públicas, rebajas fiscales y otros incentivos oficiales a la natalidad cuando lo juicioso, o lo menos injusto, sería promocionar la esterilidad.

132

Póngase cuidado en reparar que para el inquisidor el enemigo no es el hereje, en cuyos vigores y avenentezas entrena la preventiva virulencia de su papel, sino el inquiridor que acude a las fuentes sin adherirse a la arbitrariedad que mana como patronazgo de los usurpadores. Bien inviable sería despejar la aproximación al conocimiento prescindiendo de las proezas en la desigual contienda que el halo de autoridad proyectado por los burócratas del saber, cuando no las convenciones frecuentadas como santos lugares por el común, plantean al partisano epistémico destinado a combatir, por arriba y por abajo, a los señores del engreimiento y sus soldados de tontuna.

133

Hay desiertos vacíos y desiertos llenos. A estos últimos se los conoce como «ciudades».

134

Una frase capaz de fertilizar el ánimo puede ser fruto de la inspiración, pero habitualmente lo es de una minuciosa labor. No es distinto el alto estilo que en ocasiones depara la sintaxis humana.

135

El incremento de la población no es sorprendente; lo chocante, lo realmente sin par dentro de los incomprensibles desmanes que caracterizan a los humanos, es que a medida que las condiciones de vida empeoran los nacimientos no disminuyan.

136

«Adaptarse al medio es señal de inteligencia», sermonea a mazo y escoplo el corifeo tecnocientífico. Ahora bien, si nos tomamos la franqueza de contemplar —ya se sabe, sin contemplaciones— que la adaptación, como el cambio, no es un valor absoluto, pues ni siquiera un valor en sí mismo, y que condiciones pésimas de existencia requerirán en el individuo cualidades concordantes, ¿qué clase de expresión le queda a la inteligencia que ha de encajar en una sociedad que crece a condición de trizar cuerpos y almas?

137

Si la moralidad consistiese en la valoración de las decisiones a la vista de las consecuencias, la conclusión a la que habría de llegar quien la estudiase a fondo es que no existe atributo más parvo y que, como no podía ser de otra manera, ningún acto es más adverso a esa débil facultad que procrear. 

138

La sociedad actual no es realmente una asociación, no funciona en virtud de vínculos simbióticos, sino que mantiene su cohesión gracias a una dinámica de mutuas ataduras y generalizadas desconfianzas. De no ser porque en la práctica rige el desamparo tácito que impone la suspicacia de uno para todos y de todos para uno, ninguna urdimbre colectiva subsistiría más allá del vulnerable y muy reducido círculo de personas bien allegadas.

139

Para sobrevivir en circunstancias degradantes basta olvidar que la carne es metralla de estrellas; para vivir con cierta coherencia, en cambio, es menester recordarle al polvo consciente su origen explosivo. Todo filosofar que eluda mostrar al ser humano su pólvora de tragedia es mera filatería.

140

Ninguna conquista vale un paso si a trueque de darlo se ha de expulsar el poso.

141

El capitalismo nunca ha estado interesado en atender como es debido las necesidades humanas, pero nunca ha sido superado a la hora de transformar en necesidades los mayores disparates.

142

Cuando se trata de contener el desastre, el ayuno factual es la receta oportuna para estilizar el mal. Más que un más, vale un ya basta.

143

Antes que una necesidad refinada por la civilización hasta adquirir calidad de aliciente social, la gastronomía debería ser, para no ser solo gastromanía, una muestra sincera y explícita de gratitud hacia todas las especies que componen los ingredientes de su plasticidad. Hablar de arte culinario no pasa de ser una frívola jactancia si no incorpora el agradecimiento responsable como primer y último bocado.

144

Entre la cúspide que toma decisiones que afectan a millones de almas y la base social que ni a sí misma se reconoce como yunque económico de las élites, todo son clanes en lid que se disputan cuotas de poder dentro de la común discordancia evolutiva que ha desconectado al animal humano de sus necesidades reales bajo la fuerza domesticadora de un entorno prefabricado, contradaptativo y sobreacomodado.

145

Defender la autoridad con pasión es perderla sin razón.

146

Demasiada asepsia espiritual infecta de soberbia la inteligencia.

147

A menudo se llama «pensamiento único» al latifundio ideológico en sazón de ser cosechado, aunque menos impropio sería referirse a esos monocultivos como un «yermo unánime» donde la mente silvestre es finalmente racionada como un pienso compuesto para no pensar. 

148

En comparable desvalimiento se halla el analfabeto frente al texto que el feligrés ante una divinidad menudeada por intermediarios.

149

El prestigio de un líder religioso se mide por la cantidad de mártires incorporados a su doctrina; su influencia histórica, por la cantidad de adversarios aniquilados con su bendición.

150

Ninguna promesa de redención ha ganado nunca más devotos que la facilidad del dogma para dispensar al hombre de pensar. 

151

La epifanía selecciona a sus más eximios emisarios entre aquellos que no han sido corrompidos por una doctrina teológica. 

152

A quien corrige un defecto propio adoptando flaquezas ajenas lo llaman en sociedad «buena persona».

153

No existe idea brillante sin riesgo de deslumbrar a quien la examina. 

154

Ningún medio de transporte es tan importante como sus pasajeros. Por la misma razón, la libertad importa solo si su contenido lo merece.

155

Ya sea a escala individual o colectiva, la identidad se convierte en la preocupación prioritaria de quienes no están seguros de su valía ni toleran que otros conozcan sus inseguridades.

156

Desconfiemos de quien se confiesa sin aportar testimonios reveladores sobre el alma humana igual que desconfiamos de las revelaciones que no abren inconfesables perspectivas sobre uno mismo.

157

La vejez está viciada por la juventud que dejó atrás tanto como la juventud por la vejez que detesta alcanzar.

158

Del abismo no se regresa más sabio, sino más cansado.

159

La oración de la mañana es mirar hacia el ocaso. 

160

Aun muriendo obra la mente por tautología.

161

Uno ya no es uno en su contexto si no sirve de pretexto compatible, comprensible y computable para los demás. De ninguna palabra emitida por el aparato fonador humano deberíamos estar más precavidos contra su capacidad detonadora de reacciones en cadena que del pronombre maldito por antonomasia, el colectivizable yo.

162

Si el ego es la infección, la autoconciencia es su sanación. Y si algo enseña esta cura egolítica es la memoria donde la calavera no, aún no es el verdadero rostro, solo la última máscara que cubre la nada que a no mentir somos. 

163

En el manido «te quiero», declaración de amor común a tantas culturas, se divisa la intención del «sólo para mí» que suprimida va por la connotación de su sentido antes que por algún prurito de corrección política, innecesaria por otra parte hasta la creciente idiocracia predominante en la corriente de las modas. Contra ese filisteo «te quiero» que coloca su signo afectivo bajo el dominio posesivo del yo, no hay expresión más amorosa que aceptar que el amado sea como él quiera, no como lo quiera el amante. Recordemos a la pastora Marcela que Cervantes, apologista de las mujeres autarcas en una época de jayanes, retrata como desdeñadora de babosos y en el entierro de uno de ellos, verdugo de sí tras frustrada porfía, pertrecha de facundia con el fin de elucidar, teniendo por exclusivo auditorio a un grupo de cataplines, que razón de amor no es deber de acatamiento. Junto a otras expoliciones de intachable marchamo, la bella Marcela defiende de esta guisa su entereza: «Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura».  

164

La principal diferencia entre los que pernoctan la modorra eterna en una necrópolis y los ciudadanos que atestan las megalópolis es la solemnidad ausente de las segundas.

165

Liberado de la infame carga que implica pormenorizar el rastro de las ideas que atraviesan su mente, el que sabe vive como piensa sin ninguna necesidad de capturar lo que acontece, ni de buscar la atención que otros mendigan al testificar ante el foro, real o virtual, de sus congéneres.

166

Justamente porque el acto ceremonioso de impartir justicia tiene como prioritario propósito el de celebrar la inocencia del tribunal y la sacralidad del procedimiento, quienes juzgan son antes que nada culpables de reafirmar su posición a costa de los que comparecen para ser juzgados.

167

Dios, allí donde una frase lo engarza, hace las funciones de palabrota mayúscula. El segundo mandamiento del decálogo, el que según la fórmula catequística recuerda no tomar el nombre de Dios en vano, ha de descifrarse con este significado. 

168

En la menudencia de su ser se encuentra el humano provisto por igual de la potencia liberadora del alma y de la devastadora voluntad de supremacía.

169

No hay concepto que pueda explicar en justicia cuánto pesar ha de cribar el alma humana para hallar una sola pepita de alegría.

170

Cualquier comparación de nuestra época con tiempos pretéritos es solo un modo imaginativo de exaltar o de execrar el momento presente y, por ende, uno de los recursos mejor explotados para adaptarnos a la tortura que, unos para otros, llegamos a ser los coetáneos.

171

Si tuviésemos el poder de matar con la mirada, aun los niños de guardería —mimados basiliscos— coleccionarían cadáveres.

172

Las pasiones crean ideas a su medida que el capricho hace suyas con fidelidad de pródromo.

173

No se es sanguinario por seguir una doctrina cruel, sino al contrario: el hombre escoge su parentesco ideológico en función de los defectos de su temperamento.

174

Entre lo maravilloso y lo espantoso media una delicada membrana osmótica cuyo espesor tiende a cero a medida que la sensibilidad aumenta. 

175

Tal vez los sombríos se suicidan hoy con una frecuencia inferior a la esperada no a consecuencia de que tengan menos motivos para obtener el reposo definitivo o porque hayan incubado un miedo más paralizante en comparación con los autocidas de antaño, sino porque en consonancia con los tiempos han acomodado sus cuitas a la espera de que alguien asuma por ellos la responsabilidad. 

176

En relación a las estaciones del año solo dos maldiciones son seguras: no hay mayo revolucionario que resista unas vacaciones de verano, ni diciembre que se libre de villancicos.

177

Los gobiernos dominan a los súbditos cuando estos se creen sometidos por aquellos. Existe, sin embargo, una categoría fiduciaria que supera a la conformidad que inspiran, no sin dificultades, los gobiernos más consolidados: el monoteísmo del dinero. La masa monetaria es, en su totalidad, un incalculable artefacto de crédito capaz de concitar, como ningún otro medio de control del que se guarde constancia, la unanimidad de gentiles y plebeyos alrededor de su poder efectivo sin necesidad de ocultar que debe su valor a un acto fingido.

178

Es señal de inteligencia polemizar no porque se aspire a tener la razón, sino para que nadie crea ser su poseedor.

179

Desconfíe uno de sí mismo con la seguridad de no poder creer en nadie más.

180

¡Qué bien pinta lo que mal nos pinta! Del soplo universal nos ha tocado ser el carraspeo que precede al esputo.

181

Pan y circo, bocata de sandez.

182

De las adversidades que nos desgarran hay, cuando menos, tres responsables directos: padre por eyacular donde no debía, madre por parir lo que bien valía interrumpir y la maquinaria biológica, rabiosa de acabar aína con nosotros para empezar de nuevo el ciclo.

183

Frente al incógnito desenlace de la conciencia y la disgregación de las partículas donde su malaventura acaso halló un trasunto de raíz, todo se postula como un acto de fe: fe en la revelación o autoapocalipsis de la agonía, fe en el acceso a otro nivel de ensoñación, fe en la reformulación kármica de a saber qué teleologías, fe en la fusión con la matriz metafísica de la materia, fe en el eterno retorcimiento de lo mismo y otras muchas variaciones hasta llegar al más exótico y desesperado de cuantos novísimos ha imaginado el humano discurrir: la fe en la nada de la implosión neta.

184

¿De qué espiritualidad me hablan los incapaces de pensar acerca de sí mismos lo que Fernando Vallejo ha confesado por nosotros?: «A mí me engendró la ociosidad, me parió la demencia y me amamantó el delirio».

185

Veces hay en que el alivio pesa más que el pesar que lo impedía. 

186

La sociedad disciplinaria, cuyo epítome podría ser la cadena de montaje de una fábrica, basaba su orden en la premisa me debes, luego puedes. La actual sociedad del rendimiento, cuyo emblema podría ser el gimnasio, ha dado un giro asertivo a los viejos usos de tal manera que la máxima ha pasado a ser puedes, luego te debes. Los escenarios y el discurso que los imanta difieren, pero el objetivo de productividad que ambiciona la instrumentalización plena del sujeto no ha variado, se mantiene fiel al plan del campo de trabajos forzados, que ya no es una instalación extrema y externa, sino un requisito medular, insertado en el ánimo de cada ciudadano.

187

«Hoy se nace con el sino
de actuar por actuar,
la gente anda arrebatada
y no se para a pensar», 

cantaba Chicho Sánchez Ferlosio al calor de su cama, revuelta por la pestilencia de quienes acudían a injuriarle la ascesis de su relajamiento. Ese «pararse a pensar» es un vestigio idiomático asaz debelador en estos tiempos de movilización a ultranza: si el pensamiento quiere detenimiento es porque el yacimiento de la mirada requiere esparcimiento, y quien conoce este remedio contra el aturdimiento provocado por el sonambulismo de la acción ilumina no pocos puntos ciegos del fitness cibernético al que hemos llegado de la mano de los últimos trebejos, nuestros perfeccionados electrodomesticadores.

188

La sociedad de la transparencia excluye, por excrecencia inflacionaria de lo idéntico, la misma posibilidad del pensamiento, pues este necesita la alteridad interior como un espacio, inaccesible a la profanación del cálculo, donde albergar su propia experiencia. Desde el punto de vista de la accesibilidad total dicho espacio es una magnitud insondable y, por esta razón, una dimensión aberrante: el imperio de la visibilidad global prefiere entidades robóticas programables a la escurridiza nebulosa de las subjetividades.

189

Paciencia es la gracia de flotar en el curso de los actos en vez de correr tras ellos. 

190

No hay mejor modo de aprender que viviéndolo hacer. 

191

Aceptarlo todo, sí, pero no sin distinguir en cada parte el lugar que ocupan las demás.

192

El pensamiento que no contiene contradicciones es más embustero que un cuerpo sin achaques.

193

Si en los deseos más vivos se revela la debilidad del pensamiento frente a la naturaleza, en los pensamientos más fuertes se manifiesta la debilidad de la vida para escrutar la melancolía sin fronteras que lleva consigo.

194

El vertedero se supera cadaldía en su forma de pregonarse. Los informativos son productos que harían vomitar a una cucaracha.

195

La diferencia entre sensibilidad y brutalidad no es geográfica ni étnica, sino de clase. De clase moral. 

196

Mientras la contaminación radioeléctrica nos fríe los nervios, los atrofiados de espíritu, que son legión en estos días de compactación global, se sienten exultantes por las prestaciones de las conexiones postizas. No deja de ser curioso verificar cómo la función de la primera red social creada, el alcantarillado, se ha extendido mediante las actuales telecomunicaciones, cuyo éxito sería impensable sin la eficiente celeridad aplicada a la canalización de excrementos psíquicos. 

197

La naturaleza de la conciencia describe un bucle de interacciones que remite a la conciencia de la naturaleza en un albur semejante al que une mente y materia sin acotar ninguna. De ahí que los problemas primordiales del ser se extiendan por tres esferas: las complicadas relaciones entre lo latente y lo manifestado; las controvertidas relaciones entre individualidad y sociedad; las convictas relaciones entre uno mismo y sus mutaciones.

198

Como virtud deben la fe aquellos que no confían en el sostén del pensamiento. Nada se gana devolviéndole a la realidad su carácter delusorio, pero nada se pierde cuando se apuesta todo contra la credulidad.

199

Enfoquemos las verdades con desapego si no queremos verlas convertidas en arrogantes errores.

200

Husmear diferencias es tan propio de la inteligencia como el esclarecimiento de conexiones ocultas lo es de la genialidad.

201

Desconfía por igual de las ideas demasiado pulidas o demasiado harapientas: la verdad suele presentarse escandalosamente desnuda.

202

La admiración y la aversión son modos de acreditarse moralmente de acuerdo con las preferencias de un grupo social, no con las verdaderas prioridades que el individuo siente en su soledad. 

203

La sociedad se luce usando como ejemplo de perversión a aquellos que la deslucen. Desde guetos de lumpenescacharrados a células de kamikazes, el prestigio de una forma social necesita afirmarse simbólicamente por medio del contraste con los subgrupos que invierten sus directrices.

204

Si las estudiásemos por su nivel de ocio en vez de hacerlo en atención a sus medios de producción, no hablaríamos (con todas las subdivisiones que se quiera) de sociedades cazadoras-recolectoras, agrarias o industriales, sino de poblaciones en las que el ocio está generalizado, concentrado en una casta de privilegiados o extinguido bajo la hipertrofia del trabajo como fin en sí mismo.

205

Paliza son las calles para el visionario por muy distinta razón que lo son para el loco. El visionario sufre de los otros porque no puede esconder la luz allí donde reinan las sombras; esa luz que llena de llagas los ojos a quien no la ama con la debida locura. 

206

No niego que el humano tenga en su ser aptitudes para lo maravilloso, niego que su voluntad de permanencia en el tiempo y de dominio del espacio sea una de ellas.

207

Sé —es decir, imagino que sé— que podemos ser ambiciosos hasta el punto de no conformarnos sino con la humildad de prescindir de todo y de todos.

208

La triste madurez, saciada de desengaños, descubre al cabo que durante la mayor parte del tiempo que uno se sintió desgraciado fue feliz sin saberlo.

209

Abrigan las palabras al solitario como las hojas, vencidas por el otoño, que entregan la beatitud subrepticia de su putrefacción al suelo que las acoge.

210

Si de ordinario el estado de ánimo no pasa de un estar siendo, la meditación brilla como un extraordinario conato de ser estando.

211

Es necesario elevarse peligrosamente sobre la línea del horizonte acaparado por el lodazal de la técnica para divisar una senda por donde caminar con los pies desnudos del alma.

212

Ya quisieran los profanos que han hecho de la ciencia su basílica disponer de un laboratorio como el que tienen los religiosos en la mística.

213

No me asusta ser irrelevante; lo que me asusta es que alguna vez me asuste esa irrelevancia.

Cromolitografía basada en la escultura End of the Trail de James Earle Fraser.

 
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