7.7.13

KIAI

Hay un género de soledad que comienza por ser no un aislamiento, sino un haberse desposeído de toda propiedad. Un quedarse a solas, más que por no tener compañía, por haberse extinguido ese sentir de lo propio, por haberse abolido la ley de la apropiación. Y con ella la colonización que obliga a salirse de sí mismo continuamente, a cuidar de lo otro sabiéndolo «otro», o en otro, para que le pertenezca.
María ZAMBRANO
Claros del bosque

Qué injusta con el alma se muestra la naturaleza modelada por el tiempo, pues deforma ostensiblemente la ciencia adquirida en experiencia con los rasgos indeseables de la vejez, y favorece con los encantos de la juventud los nada hermosos atributos del desconocimiento con su séquito estereotipado de pasiones, insensateces y jactancias para que todos, en definitiva, jóvenes y viejos por igual, sigamos alimentando el circuito de la promiscuidad cadavérica —sangre al polvo, polvo a la sangre— donde la vida se recicla... ¿Cuántas legiones de muertos son necesarias para animar la materia de un organismo humano? Prolongar de servil grado este devaneo o desobedecerlo hasta el cisma, he ahí un puntal que distingue al guerrero del feligrés por su modo de participar en la picadora biológica.

Ave de altura frente a pájaro de nido, bien vuela y mejor descansa el disidente evolutivo que se niega a contagiar sus genes.

Guerrero con su escudero de Paolo Morando, más conocido por el apelativo de Il Cavazzola.

2 comentarios:

  1. Bellísima entrada enhorabuena, es un canto a la vida. besos.

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  2. Meconopsis, prometí a alguien, a quien suelo llamar yo mismo por abreviar, no interrumpir los comentarios de los náufragos ocasionales con las lianas de mi gerencia insular, pero soy hombre despalabrado cuando se trata de clausurar los empeños de la hospitalidad y hoy, por cima de estancamientos, me pillas con el comodín de ingravidez que saco contra el estado de tormenta que agravan las horas larguísimas de madrugación impuesta. Lo menos que puedo hacer es agitar educadamente mi polen sobre el encrespado sueño de tu jardín, si aceptas la bendición de un hereje.

    Un beso.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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