28.3.20

CHAGRILLO PARA UN RÉQUIEM

Bedelgeuse, Memento mori
Cometer una injusticia es mayor mal que sufrirla.
PLATÓN
Gorgias

1

Un hombre debe hacer lo correcto no solo por respeto a los demás, sino ante todo para poder contemplar algo respetable cuando mire dentro de sí mismo. 

2

Si no eres capaz de tomar conciencia del mal que te invade es porque ya te ha poseído. 

3

No es cuestión de cambiar el mundo a mejor, eso sería esperar que lloviera hacia arriba, sino de impedir que el mundo nos maligne. La raíz inalterable, fortaleza inexecrable.

4

Que aquí haya expirado la luz en pleno día no es razón para ocultar que el sol brilla en otra parte.

5

Tanto como el abrazo de la luz, árboles y almas necesitan un abrigo de oscuridad para crecer. 

6

Al que camina deprisa, el tiempo lo rehuye. Al que camina sin risa, el menor traspiés lo derruye.

7

Todo momento es crucial si uno entiende la intersección entre verdad y mentira en sentido extramoral.

8

Acostumbrarse al miedo es el virus más grave que un ser humano puede incubar. Más feo es el espíritu doblegado que el derribado.

9

Ver a la muchedumbre unificando emociones en estos tiempos recuerda demasiado al saludo romano ante un caudillo con bombachos como para no sentir el horror de los pogromos madurar en el rumor de los aplausos.

10

El horror a los horrores, el amor al amor libre y el placer de crear placer son la secreta alianza de los que viven apartados del hedor común. 

11

Los coetáneos somos tan insignificantes en la historia de nuestra especie como la historia de la Tierra en la eternidad.

12

La mayor objeción que cabe hacer a las tesis conspiracionistas es que la inteligencia humana, bastante limitada por término medio en cualquier estrato social y cultura que se estudie, está difícilmente capacitada para conservar a lo largo del proceloso devenir el poder que eventualmente concentre alguna camarilla de aventajados. Desde cualquier ángulo que se analice su modo de operar, la inteligencia aplicada al control de grandes eventos es más eficaz aprovechando la confusión del escenario que diseñándolo.

13

El desdén hacia el papel de las conspiradores en el curso de la historia corrobora más que desmiente su victoria, pero creer que cada cambio relevante materializa la agenda de un comité invisible solo prueba la nostalgia teocrática de una corte suprema. Figurarse que el mundo está bajo control sigue siendo para muchos una idea menos temible que la metástasis social.

14

El verdadero desastre, el colapso que subyace bajo la acumulación de tanto humano dislate, es el desarraigo axiológico. El mono parlero ha dejado de acudir a la fuente perenne y hoy vaga fuera de sí por un desierto de vanidades en ruinas.

15

Si la humanidad no para de grado, será parada por fuerza. Y lo tétrico no es que vayamos a sucumbir como cucarachas, sino que sobrevivamos a su imagen y semejanza.

16

Los caracteres óptimos de una especie, como nadie ignora, dependen del medio donde se desenvuelven, luego si el medio impone condiciones pésimas de vida a la especie que lo habita, los ejemplares más aptos son aquellos que mejor concuerdan con sus deplorables exigencias. En consecuencia, cuando en este frenopático los degenerados motejan de locos a los descomunales será porque la cordura está de parte del motejado.

17

Pensar a lo grande es volver habitable lo pequeño. 

18

Los temores son tumores que se crían con rumores. Hagamos de la crispación generalizada un elixir que tonifique la infinita virtud del desapego, que como arte es más largo que la vida y más solitario que el canto de un autillo.

19

Hay quien teme por amor, hay quien ama por temor y hay, finalmente, quien confunde el apego con el amor. Sospecho que la mayoría responde al último perfil. 

20

No por aceptar lo ineludible ha de aprobarse como conveniente.

21

La apelación a lo científico es el nuevo abracadabra, pero lo único que este sortilegio abre son hornos más eficientes en las instalaciones del infierno.

22

Desde que existen, los aviones siempre han sido pájaros de mal agüero.

23

Reconocerse atrapado en la nube del no saber despeja la mente de ofuscamientos menores.

24

Al socaire del orgullo encrespado se pronuncia la vergüenza herida.

25

A nadie se conceda el gusto de hallar una fuente de orgullo si busca saciar en otro la sed del suyo.

26

Cuando alguien niegue tu orgullo, aun si lo hace desde la afirmación del suyo, agradécelo. No se trata de «poner la otra mejilla», la clave es no ofrecer ninguna.

27

¿Por qué los biólogos, antropólogos y psicólogos, entre otros auscultadores del animal humano, se resisten a destripar la evolución de nuestra especie bajo el foco de la entropía universal? Si lo hicieran, a buen seguro habrían de alcanzar conclusiones muy distintas de las expectativas acostumbradas; tendrían que admitir, como un pronóstico elemental, que ningún sistema social es inmune al caos y que cada generación está condicionada, por dinámicas inexorables, a agravar las taras de la anterior. Humus humano, léase así la historia de quienes somos.

28

Por doquier es acosada la inteligencia porque nada detestan más los multitudinarios devotos de la idiocia que tropezarse con el espejo donde se descubren tal cual son.

29

Cuando el humano se esmera en sofocar el deseo, la nada irrumpe en él como deseo absoluto.

Algis Griškevičius, A Girl with a Kite
30

Nunca he sido receloso de mis deseos hasta que empezaron a cumplirse. Apóstata de sí mismo sólo puede serlo quien antes fue apóstol de sus hipérboles. 

31

Querer más es saber menos sobre lo que necesitamos. 

32

Para causar un desastre cualquier útero sirve. En cada bebé que nace, el enemigo pace.

33

Contados con la cuenta de su cuento están los pasos de cada hombre.

34

El alma es al ser lo que el hueso a la carne. Del ser humano actual los cuestionables mecanismos de selección civilizadora han conducido a un logro inusitado: el solecismo evolutivo de obtener un primate invertebrado.

35

Se avanza hacia el centro, se cae hacia la periferia. 

36

Naturalizar lo artificioso y enajenar lo natural son los perfiles característicos de la desfachatez moderna.

37

El poder adquisitivo que valoro es de índole conservadora: no el poder de comprar, sino el de no estar obligado a poner en venta las facultades que amo.

38

Mientras que el racista defiende la pureza de sangre por abjurar de su bastardía, el mesticista postula que cualquier mezcla es potable con tal de rechazar el mal trago de la evidencia.

39

Sea cual fuere su tinte ideológico, en todo tiempo y territorio el gobierno detenta la fuerza para contener las injusticias que él mismo comete.

40

Nadie me diga que el perro es bueno cuando ataca porque acata órdenes de quienes la iniquidad ha convertido en amos; nadie me excuse su rabia como si fuera un deber cuando la mayor responsabilidad de un servidor público es evitar daños, no infligirlos.

41

Hay algo más nauseabundo que la pervivencia de intenciones salvíficas en las instituciones públicas y la deriva profana de los cultos que tenían por misión preservar viva consciencia del misterio: la normalidad que celebra como un triunfo ambos extremos.

42

Entre la inutilidad del temor a lo irremediable y la necedad del miedo a lo remediable, el hombre ordinario naufraga en la barbarie.

43

La austeridad teje de nobleza los andrajos.

44

Rehusando con gracia lo inapropiado se da más de lo requerido.

45

Ningún hombre querría ser más que otro si fuera consciente de que pugna por ostentar la mayor mierda.

46

Pensar nunca tuvo menos vigencia que en el exiguo marco de una pantalla. Actualizado como usuario, el humano corea lo que no piensa.

47

A medida que el terror se globaliza, los villanos piden corral a sus líderes anhelando la avenencia de la pertenencia. La nostalgia de fronteras no solo responde a la ilusión de mantener un interior ordenado frente a un exterior abominable, también alza muros intangibles entre individuos por temor a que el discernimiento campe a su arbitrio.

48

En política, las recetas universales son un método infalible para achicharrar pueblos.

49

Concebida en su plenitud, la fe no es convicción sino asombro revivido.

50

A la vida más dilatada años le faltan de experiencia y a la más breve conciencia días le sobran de dolencia. La araña del instante planta su mordedura donde la lacra perdura.

51

La imaginación del demiurgo se objetiva en la naturaleza, la de los hombres en la historia. Toda la realidad empírica puede leerse como un palimpsesto sobre un soporte ficticio.

52

Con las mujeres la naturaleza incrementa su crueldad, sería una impostura disimularlo, pero muchas, creyendo sin ningún resquicio de duda o de pudor ser soberanas de sus cuerpos, deciden multiplicar el daño que recibieron al nacer de igual manera que un colaboracionista pone su capacidad de perjudicar a otros al servicio del opresor.

53

Dios no ha muerto, aunque bien enterrado lo traen con cada palada de prole en la fosa común del tiempo.

54

La línea recta es tan antinatural como dar vueltas a los años para llegar al mismo sitio de donde nunca debimos salir.

55

Pocos son los procreadores dispuestos a reconocer que se han equivocado al haber entregado a sus hijos como rehenes de la existencia con la muerte como única salida, luego salvo escasas irregularidades el dogmatismo es un hábito de firme arraigo en la actitud de quien usa sus órganos sexuales como un arma de colonización.

56

Nada es más contagioso que la sandez y nadie menos sanable que el estúpido atiborrado de información.

57

Mejor indicio de que uno se halla en el averno no lo hay sino en la incomprensión con que son recibidas sus sátiras.

58

Ningún arte es menor si acierta a unir centro con centro.

59

Ninguna obra debe ser juzgada en virtud del molde; su valor empieza por el modo que el contenido tiene de desmoldarse desde dentro.

John William Waterhouse, Sleep and his Half-brother Death
60

«No me pagan por pensar», protesta el ignaro, vendiéndose por nada a quien quiera pensar por él.

61

Darle al tonto la tontería que pide no parece cosa tonta, sino explosiva.

62

Hasta hoy hemos tenido una dictadura recién maquillada; a partir de mañana, una recién levantada.

63

Si todo está en su sitio, ¡pardiez!, ¿por qué nada está donde debe? El nacimiento de un ser humano secuestra para la dimensión material o demiúrgica una parte del alma universal que la dimensión divina, en los extramuros del espaciotiempo, solo recupera con su muerte.

64

Para una mente perpendicular, los progenitores son, por mucho que intenten disimularlo, los mayores proveedores de alipori. Parece coña, pero en sánscrito «el mal», en el sentido de conducta pecaminosa o rendida a la desmesura, tiene por nombre pāpa, que es el antónimo de subha o armonía de lo bueno y de lo bello, concepto este que encuentro asimilable al de kalokagathia en la cultura helénica. Elocuente serendipia filológica, porque los papis son, en efecto y por defecto, engendradores de vyasana, vocablo que se puede definir como la tribulación del ser arrojado a la mazmorra del despedazamiento temporal. 

65

Mucho se lamenta, y en verdad no podría darse una honesta disculpa, el incremento de ecosistemas moribundos, recesivos a causa de la devastación que la actividad humana causa en ellos, pero raramente se hace bandera de los organismos desprovistos de entorno que no solo fuera, sino dentro de una misma especie son empujados a la extinción por carecer de otra salida que el ostracismo biológico en un medio que perciben incorregible y hostil en contraposición a quienes, infradotados de sensibilidad o recurriendo a estrategias de disonancia cognitiva, excusan tanto sus penosas vidas como las contribuciones generativas a la calamidad general. Desde este trágico punto de vista, los retobados ingenésicos estamos en el siglo como delfines varados; somos, si se acepta otro símil, anacrónicos dientes de sable que nada, excepto una dichosa consunción, esperan de estas tierras asoladas de uno a otro horizonte por la plaga de la civilización.

66

La doctrina que prescribe honrar al padre y a la madre es una canallada: exige que la víctima de un acto terrorista bese los pies a sus verdugos. 

67

Estimar una cultura por su pericia para producir riqueza material equivale a caer en la ilusión semántica que confunde tener con saber.

68

Las opiniones y creencias más ridículas conocen como ninguna otra usanza la vanagloria de expresarse con solemnidad, lo que no es mala pista para sospechar que bajo los barnices de una compostura demasiado ceremoniosa no es infrecuente que se embocen memeces sin medida.

69

Escéptico es quien estudia la historia como un género narrativo, analiza las estadísticas como un disparate metódico y examina las noticias como un epidemiólogo curado de espanto contra los hechizos que aspiran a callar la clara voz del pensamiento.

70

A medida que la vitalidad abandona nuestro envoltorio orgánico, la naturaleza de las instrucciones que lo animan se tornan escandalosas. 

71

Nada pesa tanto como la inanidad de las ilusiones. Así lo reza el fiel de mi báscula.


72

El trauma inicial del nacimiento necesita la cura iniciática del renacimiento a fin de poder transformar la deuda existencial impuesta en la energía liberada del don.

73

Con tal de no admitir la crueldad intrínseca a la existencia, los optimistas hacen sufrir a los demás su pueril manera de alabar el mundo.

74

Cuando, como es habitual, los procreadores se quejan de la ingratitud de sus hijos, refuerzo el pensamiento de que sus herederos están confeccionados con el molde de sus bajezas con este lúcido refrán: «Quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga no se enoje».

75

La respuesta del barro está en el cielo.

76

Para el grueso de humanos cuya conducta explicita el «estado agéntico» de conformismo funcional, no hay verdad superior al cumplimiento del mandato, sea este directo o abstracto, real o ideal. Así pues, los mandatos representan el principal obstáculo para la inteligencia que a riesgo y ventura, sin postrarse ante nada ni nadie, busca hasta la muerte la verdad que salpica de vísceras el firmamento.

77

No conozco por entero la verdad (con algunos añicos me entiendo), pero sé que estoy en lo cierto cuando a cambio de franqueza recibo mentiras.

78

Solo creemos estar en lo cierto mientras ignoramos lo que es falso. La duda comienza abriendo caminos en la mente que concluyen, antes que con la muerte, con el asalto de una certeza.

79

Entre los recurrentes motivos que explican la popularidad del miedo a la muerte, la mayoría obvios y otros no tanto, destaca la obligación de entregar al término de la vida lo que no es de nadie, ese don que ni uno mismo tiene derecho a retener y que más le valdría haber ensayado a dar cuando aún podía aprender: el alma.

80

Cosecharás tu valía cuando sientas sin pesar: «Lista está esta mies para la siega». Quien renuncia a sobrevivir a cualquier precio, todas sus deudas salda con este mundo de sombras.

25.3.20

INVERNÁCULO DE PRIMAVERA

Taller del Bosco, La coronación de espinas
No existe mal alguno en la vida para aquel que ha comprendido que no es un mal la pérdida de la vida. 
Michel de MONTAIGNE
Ensayos

Los estados de alarma prolongados en el tiempo y extremados en la excepcionalidad de las restricciones que, con probada causa o sin ella, introducen en las vidas de los afectados, devienen enriquecido caldo de cultivo para la paulatina reducción de la existencia individual al mínimo denominador común, que sin entrar en ponderaciones cacogenéticas ni traer a colación otros factores determinantes de la condición humana en la última fase de la civilización industrial, arroja como resultado el perfil psicológico que mejor se aviene a estar confinado en una drástica y deficitaria dimensionalidad, o dicho a la brava, el tipo de simio que acata, con nula o escasa resistencia interior, el peor escenario posible de una convivencia que seres más desarrollados no vacilarían en denominar campo de concentración. 

Nos recorren oleadas de alienación unanimista en loor del condicionamiento victorioso y de alineación amarillista con el dictamen que la propaganda mediática, no en balde tildada por algunos de infodemia, se ocupa de programar sin interrupción, todos los días del año, según las directrices que interesan a los grupos que regentan el negocio de la ingeniería social. Quien siembra primicias, cosecha ecos. ¿Qué habría de ocurrir para que los sugestionados por una sobredosis de noticias despertaran de su contagioso sonambulismo? ¿Acaso juzgarían abusivo que, de la noche a la mañana, apagar el móvil o no sintonizar el canal gubernamental durante la ración televisada de añagazas fueran acciones tipificadas como delitos de sedición, o que posar los ojos sobre otra persona sin llevar embozada la mirada con gafas oscuras se persiguiera como un atentado terrorista, so pretexto de que la proximidad de las pupilas constituye un vector infeccioso? En cuanto a los reclusos padres de familia que no advierten el nexo entre ovacionar a otros cautivos obligados a bregar al filo del abismo, y consentir desafueros que ofenden al menos común de los sentidos, el realismo, ¿descubrirían qué clase de predadores son capaces de decretar medidas, que ayer parecían propias de satrapías asiáticas, si sus hijos fueran disuadidos a fuerza de disparos cuando algún velador de higienes públicas los viera asomados por las ventanas, luciendo sus caras al sol cuya luz ha sido prohibida allende el sarcófago domiciliario? Uno ya no sabe qué actitud tomar hacia aquellos que ora están dispuestos a aplaudir mientras los atormentan, ora delatan al que trata de aliviar las cuitas de una suerte semejante a la suya. Quien no defiende su libertad, ¿es digno de merecerla? La miseria del que a otros concede el poder de ultrajarlo no es otra que envilecerse, encanallarse por haber preferido vivir cobardemente a cuestionar los golpes recibidos. Así de contundente es la fractura civil que en cada barrio, y aun en cada casa, blinda a los cofrades del modelo «agéntico» de obediencia maquinal a la autoridad, estudiado a fondo por Stanley Milgram, contra los conatos de autonomía y disparidad que puedan detectar en su entorno. El insignificante saca al perro de presa que lleva dentro, al kapo, cuando se siente respaldado por el orden vigente de manera análoga al guardián que, enfundado en su hábito de Übermensch uniformado, es instado de oficio a olvidar, con un celo raras veces necesario, el significado de ser humano antes que marioneta ejecutiva. Tampoco la «enfermedad psicogénica de masas», como la epidemia de la risa de Tanganica acaecida en 1962 y caracterizada por los episodios de risa y llanto compulsivos, gritos, desmayos y problemas respiratorios que experimentaron miles de sujetos, debe ser descartada como cofactor en la manifestación de los comportamientos histéricos e hipocondrías que azotan el orbe por estas fechas.

La persona que se sienta insegura frente a un peligro objetivo contra su integridad tiene todo el derecho a ser protegida, pero no es derecho sino tropelía que su seguridad dependa de exigir un arresto preventivo a los demás como si fueran agresores, transformándolos de facto, sin necesidad de víctima, en precriminales desollados del menor vestigio de presunción de inocencia. Se insiste poco en que formidar es una estrategia que ni a título singular ni colectivo vale la pena como proyecto: o asumimos el riesgo de relacionarnos con naturalidad, o acabaremos naturalizando la perversión de malvivir atrincherados en un secuestro prorrogado indefinidamente por el canguelo a este o esotro miasma, excusa perfecta para cometer desmanes que, como el presente enchironamiento «por nuestra seguridad», ninguna dictadura conocida logró jamás dilatar fuera de las estrechas circunstancias de un estado de sitio. 

El objetivo de los acorralamientos masivos no parece que sea resguardar a los más vulnerables, a cada instante expuestos más que el anterior a los ataques menos inevitables que la existencia estabulada comporta, sino debilitar a los más robustos. Los discursos sanitaristas como método de intimidación popular tienen, por desgracia, unos abominables precedentes históricos que demasiados intelectuales, haciendo mutis por el foro que antes enardecían, han borrado de su memoria bibliográfica (volverán con sus monsergas editadas cuando haya pasado el eclipse). Sería difícil ocultar a alguien exento de hipotecas ideológicas que el alarmismo generado por el Estado, y por otros actores no tan identificables metidos en prendas a diezmo y rescate, necesita una cuota sostenida de realimentación para justificar como adecuadas decisiones la cadena de desatinos que atan a los semovientes súbditos del reino a sus celdas domésticas. Por eso la actitud que adopten hoy los espíritus críticos es crucial a fin de que la sensatez no se corrompa dando lugar a una demencia consuetudinaria contra la que no consta otra vacunación que el exilio o la muerte de los justos. 

De sobra es sabido que el espanto, feliz aliado de las tiranías, es una plaga más virulenta y nociva que cualquier agente patógeno, y quienes orquestan este pandemonio, esta distopía donde la prudencia ha sido preterida y la desmesura normalizada ¡en nombre de la contención!, han instrumentalizado adrede la capacidad de averiar las defensas inmunitarias de la población por medio de estresores como la inmovilidad, la incesante centrifugación de consignas (el miedo, no el medio, es el mensaje) y el prodigioso garlito de las redes sociales. Estas, aun con su potencial para crear sucedáneos de proximidad dentro de un atolladero severamente compartimentado, en condiciones de clausura y confusión generalizadas sirven de amplificador a una tensión nerviosa sin solución de continuidad. Espero que la cuarentena impuesta a los animales humanos sacuda al menos las conciencias aletargadas con un amago de lo que supone para otras especies ser prisioneras a perpetuidad de nuestras veleidades.

Recordando que «la cara es el espejo del alma», ahora me explico que haya tantos desalmados cubriendo cómodamente su vacío con una mascarilla. Y para colmo de despropósitos cobra evidencia que la mayoría no necesita barbijos, sino pañales. Ya hay comisarios espontáneos «del esfuerzo colectivo» en cada bloque de vecinos y, lo sé, un somatén de bots tras cada renglón publicado a la caza de quien encuentre irreconciliable expresarse con responsabilidad y poner bozales al pensamiento. «Pensar en positivo», esa ventosidad de estreñidos sensoriales, es una traición, la forma contentadiza de ocluir el discernimiento.

Que el demiurgo, o su inconsistencia coronada, perdone a políticos, periodistas y esbirros, porque yo no puedo. Para que algunas farsas redunden lucrativas han de ser criminales, y esta del presidio global como nudo de un dudoso y de momento inexequible desenlace lo es en grado superlativo desde su prescripción intensiva de pestes a las insidias de su neolengua. Admito que en ocasiones fantaseo, movido por un cabreo que me sabe a resaca juvenil, con rituales protagonizados por milicias silenciosas de disidentes que, reunidas en las plazas, arrojan al compás sus tapabocas al suelo y se dan acto seguido religiosamente la paz: vanidades hay para todos los humores en respuesta a los hedores de la catástrofe, y al ingenio tampoco le faltarán viandas de humor si no le causa grima curiosear en la alacena del colapso. Vaya un destripe por delante: el futuro desprende fragancias caníbales que llegan hasta nosotros. Agotados de fantasear con la extinción voluntaria de la humanidad, hora es ya de comprobar las propiedades reconstituyentes de la antropofagia. Pero más acá de estos canglores y parrillas, yendo a lo sobrenatural de la inmediatez desvelada, percibir la truculencia de la realidad no vuelve a nadie pesimista, de lo que a menudo me acusan, sino trágico; lo pésimo es no enterarse de la calamidad que ronda alrededor de cada uno y claudicar con pleitesía, pero sin claridad; con urgencia, pero sin caridad, como carne de microbio en purgas al servicio de los mayores vicios. «Nuestro enemigo no es otro que la ausencia universal de sensibilidad en la cabeza y en el corazón, la falta de vitalidad en el hombre, que es la consecuencia de nuestro vicio; y de aquí surgen todos los tipos de miedo, superstición, fanatismo, persecución y esclavitud», escribió Thoreau.

Mientras los apocalípticos temen ver frustradas sus pesadillas húmedas de presenciar el acabose y los conformistas, por no temer, incrementan el dopaje de docilidad que mantener la mínima esperanza requiere, intentaré conciliar la gravedad de ser con la gracia de aceptar el destino. Las viejas vías de intimidad con el planeta, de complicidad con las estrellas y de confianza en la muerte —verdadera y única diosa— siempre han estado abiertas a quien respira infinitud.

El amor a la sabiduría enseña desapego a la inteligencia marcada por la paranoia de haber sido arrojada a una cuenca poseída por demonios. Ninguna debacle vale la tranquilidad acuñada por el alma que se ha liberado de la necesidad de salvar su carga de contingencias.

23.3.20

EN OCASIONES VEO VIVOS

El tirano jamás cree tener bien asegurado su poder sino cuando ha llegado al punto de no tener bajo su dominio hombre alguno que valga. 
Etienne de la BOËTIE
Discurso de la servidumbre voluntaria

Mansas parecían las aguas que el horizonte cubrían desde la orilla donde el fondo presentaba sin turbidez densos mechones de algas sobre un rebozado de pliegues. Como si temiera alterar el sueño precámbrico de un monstruo de proporciones extenuantes para quien tuviera el vértigo de imaginarlo, opté por deslizarme sobre la superficie en vez de saltar a ella desde el contrafuerte de hormigón que penetraba en el embalse.

La profundidad, animada por alguna suerte de inteligencia decididamente empeñada en demostrar la musculatura de su soberbia, en forma y contenido me succionó hasta donde el sol carecía de imperio. Al límite de la apnea, entendí que no debía ofrecer resistencia a una fuerza contra la que no había combate viable. Pude entonces emerger la cabeza mientras lo Invisible tiraba de mí en dirección a la otra orilla, oculta por malezas de arbustos espinosos que negaban el menor atisbo de claridad a los sentidos...

Pinche en la luciérnaga quien saber quiera lo que vi en la oscuridad

1.3.20

MIRANDA DE ALLENDE YO

Bruno Schulz, Autorretrato
El ser humano, por su naturaleza, está condenado a lo sobrenatural. 
Frithjof SCHUON
Las perlas del peregrino

1

Quien usa reloj, pierde el tiempo.

2

Depositar la razón de una causa en su éxito es malograr su fin como principio.

3

Que la máquina social no se detenga ante las peores expectativas que le augura su marcha proporciona la mejor prueba de que ha dejado de funcionar.

4

Tan bien nos sienta la muerte que cuesta creer lo que vivir denuesta.

5

Los hijos son una clase especial de residuo para la que solo cabe el rechazo preventivo.

6

Sólo el amor a la belleza del conocimiento alivia el nocimiento que lo acompaña durante su peregrinaje por el continente adverso de la carne.

7

Ya que nos ha tocado ser anfitriones de un alma que anhela el desenlace de la materia, hagamos bella su estadía mientras seamos incapaces de extinguir las barreras que la sujetan.

8

Atiende a la interioridad y la exterioridad proveerá.

9

Los hechos exteriores están ahí para ilustrar los acontecimientos del alma.

10

No importa llegar, importa que el camino a cada paso nos llegue.

11

Asegúrate de elegir una ruta enrevesada si no quieres ir directo al abismo.

12

Los normales llaman locos a los raros en los albures donde envidian su singularidad.

13

La arrogancia del culpable pretende que con el perdón se olviden sus crímenes, la de la víctima exige que con la inocencia se le debe, por defecto, la razón.

14

Sólo un error supera al hábito de suponer que la mente humana es un atributo acabado en vez de un sistema abierto y modelado por vicisitudes evolutivas: el error de pensar que todos los integrantes de nuestra especie hemos evolucionado a la par.

15

La historia humana es una superposición de réplicas a partir del seísmo original.

16

De la matriz de los pecados nadie salvo el estéril sale impune.

17

Quien acepta el sufrimiento como un denominador inexorable de la existencia resulta menos vulnerable a sus estragos, pero solo quien lo acepta como un mal indeseable detiene motu proprio su reproducción.

18

Una pregunta formulada en términos erróneos siempre obtendrá respuesta.

19

Inmejorable pista de que los interrogantes no son desatinados es la sincera hostilidad que reserva para ellos la sociedad.

20

De la presencia de individuos lúcidos dentro de una sociedad sería oscitancia inferir que sus coetáneos también lo son.

21

Cumplir años no es un problema en sí mismo, el problema es que la sociedad, posesa de actualización, los cumple por sistema contra sus mayores.

22

La voluntad adultera lo que ama.

23

Ni amor obliga, ni preña barriga.

24

Deseo no es derecho, pero derechamente se tuerce quien le niega a su condición lo que ha menester por natura.

25

Cada porción de lo existente, por el aparente hecho de ser, abre una ventana a la gracia de una realidad transfigurada por su significación intemporal.

26

La realidad cambia su comportamiento en función del conocimiento que se tiene de ella, al igual que lo incognoscible se altera al compás de esos cambios como el esbatimento del cuerpo que intercepta un haz de luz.

27

Acuidad es divisar el tizne en la blancura; no atisbar fulgor en la negrura, ceguedad.

28

Aun contra todos, uno ha de ser fiel a su percepción más lúcida so pena de empezar perdiéndole el respeto a sus sentidos hasta acabar perdiéndole el sentido al respeto.

29

Que las necesidades gregarias disminuyan a medida que se desarrollan las capacidades cognitivas puede ser una afirmación abierta a controversia, pero negar en rotundo que lo contrario sea cierto es inequívoco síntoma de imbecilidad.

30

Nadie es menos reacio a la dicha que quien encuentra modos de iluminar a los demás sin eclipsarse a sí mismo. Quien bien recibe, bien da.

31

Los amigos que lejos de estimular nuestras facultades las desbaratan por hacer prevalecer sus intereses, demuestran hasta qué grado se ocupan del trabajo que ya quisieran hacer nuestros enemigos.

32

No somos libres de ser lo que somos; lo somos de ser lo que no somos.

33

Todo lo que existe es verdad, maguer no todo lo que es verdad entraña que sea verdadero.

34

Nada como recibir primicias sobre pandemias para percatarse de que la infección más peligrosa son las noticias. Las alarmas sobre virus actualizan del sistema.

35

«¿Qué utilidad cabe darle al conocimiento si al sabio no hace más feliz que al ignaro?», se pregunta el aprendiz de filósofo, como si hacer habitable lo ignoto donde la conciencia ha de cocinar su desamparo fuera un arte menor.

36

En atención a lo visto en estos días de enredos y malsinerías globales, no sería falso colegir que la formación académica es parte indispensable de la dote que los recién llegados a la edad adulta deben aportar a su compromiso con la sandez de ser personas «de provecho».

37

Pocas cosas estropean más una actitud gentil que entregarse a una carrera multitudinaria.

38

Si un poder ha evidenciado a mansalva su triunfo, es el que la sociedad superpoblada tiene para volver pultáceos a ricos y pobres por igual.

39

La libertad de opinión no favorece tanto la expresión libre de temores como el eco libre de pudores.

40

A la malevolencia lo inteligente no es encasillarla en el numerador singular, sino ubicarla en el denominador social que le corresponde. Hecha esta operación, sus posibilidades de propagación a expensas de complicidades inconscientes disminuyen.

41

Que una atrocidad pueda ser defendida apelando a leyes o principios universales representa un grado de depravación mayor respecto a la misma yactura cometida sin pretexto, pues en este caso al menos su artífice no se arroga el derecho de actuar en aras de una moral superior.

42

«Educadas falsedades» de nuestro siglo, como acierta a denominarlas Gai Eaton, son las complacientes arrogancias de los países que se dicen democráticos y, para convencerse de sus libertades civiles, se afanan en hostigar las culturas divergentes como enfermas de usos y creencias que es prioritario sanar.

43

Lo que tienen en común los sistemas sociales, amén de la autopreservación que obran de suyo, es la repulsa de la emancipación intelectual que rompe el molde único de su orden interno.

44

A tenor de los desmanes que su papel como profesional le exige de ordinario, la diferencia entre un buen policía y una buena persona tiende a infinito.

45

No dejes que el cortisol piense por ti. Tan temerario como no afrontar los problemas es aferrarse a la búsqueda de soluciones imposibles.

46

El hombre civilizado se engaña creyendo que las sociedades pueden funcionar sin barbarie, pero el cínico no se engaña menos creyendo que la dosis de cultura es irrelevante para la calidad de ese funcionamiento.

47

La guerra ha cambiado de armamento y escenarios, pero no se ha vuelto menos destructiva por ello. Sus víctimas ahora son eminentemente civiles cuyos organismos se averían y apagan a consecuencia de agresiones sistemáticas que tienen lugar dentro del ordenado marco de la normalidad. En cuanto a los campos de batalla, sin considerar que carreteras, centros de trabajo, geriátricos, prisiones y frenopáticos son asimismo líneas de fuego extendidas por doquier, solo los países de mayor musculatura económica pueden exportarlos fuera de sus fronteras.

48

El uso de la fuerza adquiere para los animales racionales un encanto irresistible cuando parece servir a metas elevadas. Y si la ira de los mansos es temible, la de los nobles ideales no tiene parangón.

49

Viéndola declinar generación tras generación en su porfía por acaparar descubrimientos técnicos, excedentes materiales y vidas que inmolar en el altar de su inflación, nada parece menos inapropiado que aducir que la humanidad perdura para ilustrar, en cada neonato, el recuento de sus holocaustos.

50

Por el acto de la creación el ser humano se libera, siquiera de manera momentánea, del calvario de sus pesadumbres; por el acto de la procreación se convierte, por el contrario, en promotor de nuevas patentes de la Caída.

51

El enfermo pide salud a su estrella fugaz, el sano buena suerte, el afortunado sabiduría, el sabio no pide nada y el necio cualquier cosa que pronto le hará enfermar, agotar su suerte y minar sus posibilidades de esclarecimiento.

52

Las teorías conspirativas seguirán ganando simpatizantes porque halagan de una manera congruente nuestra propensión a la racionalidad. Ante la incertidumbre que rodea la elucidación de los acontecimientos, parece más asumible creer en las acciones de un orden encubierto que dirige la historia, por descabellados que puedan resultar sus planes ocultos para el ciudadano medio, que aceptar la entropía por donde discurren de forma irremediable las vidas de los hombres, grandes y pequeños.

53

Marionetas orgánicas sin hilos, inalámbricas, tales engendros podemos con rigor considerarnos los humanos. Si existe una conspiración de gran calado atribuible a nuestra especie, es la que cada uno elabora consigo en la resonante intimidad de su bóveda craneal con el ánimo de entender por qué actúa como actúa. Complácenos imaginar como verdad que somos de lance en lance autores de nuestros actos, y la mayoría vive convencida de que en efecto es así, pero bajo la máscara que aparta al contemplarse en el espejo de sus reflexiones nadie, a menos que sea un orate o un memo, puede sustraerse a la autenticidad de descubrir que sólo es un lector crónico, reminiscente de sus propios días.

54

¿Qué buen lector limitaría el amor de su entendimiento a las páginas de un único libro? ¿O qué buen amante restringiría sus caricias al capítulo de un solo cuerpo? En la lectura, como en la vida, abrazar la monogamia es condenarse a la inanición.

55

La ciencia solo es un método de investigación, una forma de conocimiento entre otras muchas posibles, y esperar de ella una visión completa del mundo es pedirle que se encargue de una función que corresponde a la filosofía, la religión o, en última instancia, al gusto estético personal.

56

A los listontos de la ciencia materialista la conexión mística, y aun el mismo concepto de anima mundi, les parece una idea que peca de ser demasiado «subjetiva», como si lo que procede de los adentros careciera de valor, o como si el origen de su metodología no fuera un antojo de escuadra y cartabón.

57

Solo conocemos al demiurgo por la estela que dejan sus obras y estas no hablan bien de él. La ciencia moderna lo sabe desde sus albores y es así como se explica que haya llegado a convertirse en una forma de gnosticismo que, en lugar de remontar las esclavitudes de la materia, ha hipotecado sus empeños explotándola con el poder creciente de la técnica. Otra forma de decirlo es que los catequistas de esa ciencia, bajo la advocación de Fausto, se han especializado en sabotear las antiguas disciplinas de la gnosis a fin de que su teurgia sea el evangelio definitivo.

58

La fe puede ser una hermosa aliada de la inteligencia, y no la tea del discernimiento que algunos gaznápiros exaltan, cuando en vez de cerrarse a la duda la acepta como cicerone en los infiernos.

59

Todo accidente que predisponga a comprender nuestra insalvable transitoriedad contribuye a irradiar de perennidad el ser que somos. Si la sacralidad tiene sentido como aptitud, es porque confiere al orden de las cosas perecederas una textura luminiscente donde se revela la inmanente contextura que sutura, al transverso de la eternidad, predicados absolutos en la relatividad del sujeto.

60

La voluntad de transformar en dogma la experiencia mística es un sacrilegio contra la ciencia visionaria del espíritu.

61

Cada vez que tropiezo con un testimonio dedicado a enaltecer el amor a Dios, sé que me hallo ante una eclosión tan arbitraria de antropocentrismo como el rechazo habido en las imprecaciones que tienen por objeto profesarle aborrecimiento. De hecho, en razón de la sinrazón que las coordenadas sentimentales, demasiado edáficas, deben al anhelo de acotamiento de lo inaprehensible, si hay algo que los estados de gracia trascienden son los limitados y limitantes juicios emitidos por las pasiones.

62

Sabemos que mientras soñamos somos dioses que ensayan cosmogonías con los elementos del imaginario; sabemos asimismo que en ausencia de esta ración diaria de divinidad perderíamos la cordura; lo que le falta a lo poco que sabemos es que los propios dioses, sumidos en el trance de despertar de la vida, no son sino sueños pasajeros de un Dios dormido.

63

En los sueños trabamos memoria de otros sueños que apenas hallan remembranza en estado de vigilia, un indicio fidedigno de que en paralelo a nuestra parábola por el reino de lo factible prosigue la biografía de nuestros avatares oníricos.

64

Es un acto de vanidad, y no parvo, reprocharse lo que ninguna mampesada incrimina.

65

Dos posibilidades antagónicas pero igualmente verosímiles para explicar un hecho obligan a suspender el juicio, luego tan arbitrario es afirmar que la vida es un sueño como que no lo es.

66

Tomar la llave por la cerradura es un sesgo representativo del espíritu que adolece de apegos doctrinarios; igualar el ojo de la cerradura con el horizonte que aguarda al otro lado de la puerta de la individualidad es, antes que un error, la fatua consolación del yo que aún se aferra a su estrechez.

67

Se goza del beneficio de la duda cuando se comprende que nada en verdad se tiene porque nada se detiene y que esta verdad basta para detenerse ante todo el esplendor que el ser contiene.

68

Si pensar es extraviarse en pos de un encuentro furtivo con la certeza, creer es encerrarse en un búnker diseñado contra cualquier irrupción intempestiva de lo real.

69

No se entienda cada brete donde el sino contraría a sus cautivos como una instigación de la Providencia a poner a prueba la humana valía; mejor entiéndase como un hito donde ecualizar el temple sobre las miserias que urden a cada tramo la existencia.

70

A mayor penalidad, la mayor merced aviva el desasimiento.

71

Si sabio es comprender sin necesidad de creer, humano es creer sin necesidad de comprender.

72

Obra en vano quien de su obra espera que obre en otros su encarecimiento.

73

Por amor al engreimiento la virtud acarona recompensas fuera de sí misma.

74

El ego pide a cada momento compensación; el alma, empero, busca solo contemplación.

75

La elevación sin compasión deviene soberbia, pero la compasión sin elevación se atora de gazmoñería.

76

De otro nadie puede ser juez porque en todo uno sólo es parte.

77

Quien a sí mismo se conoce es humilde por consecuencia, y quien a los demás conoce desde esa humildad ganada, señero se vuelve por necesidad.

78

Si solo fuera violenta, no sería la bestia humana tan fea como la pinta su historial.

79

Su arrollador éxito en el progresivo encanallamiento de las especies sería la mayor tragedia del animal humano si por pintipararlo con una hazaña evolutiva no hubiera hecho algo más vil que abanderar su proceso de henchimiento indefinido: abrazar la adaptabilidad a todo celo como ultima ratio de ser.

80

Porque la vida es el requisito previo para dar bastimento al mal, porque el mal es intrínseco al ciclo de perpetua transformación de la materia y porque ningún deleite es ínsito a la aciaga condición humana, el Bien Supremo —con justas mayúsculas— solo puede ser fuera de las perversidades de haber nacido.

81

¿Qué puede ser más lógico para una criatura disminuida que abogar por el crecimiento teratógeno de la sociedad? Antes que disculpas por haber incrementado el hacinamiento que afecta a los moradores de este penadero, los autoproclamados costaleros de la indolente cofradía de los progenitores se deben a sí mismos una toma de conciencia por haber reproducido el mal creyendo, ¡aúpa inopia!, hacer un bien. So capa de impunidad, el olvido del pecado original dispara la multiplicación de negligencias genéticas e iniquidades ontológicas. Mejor exida tendrían los humanos de su industriosa pero catastrófica empresa de adaptación a la carne si cundiera la sensibilidad necesaria para extraer de la catarsis individual, cuya didáctica es profiláctica, una fuerza mayor que el empuje proporcionado por el seguidismo que glorifica la violencia procreadora. Negarse a ofrecer sacrificios humanos a Cronos o perpetuarlos con las vidas de los propios descendientes, a eso se reduce el rito sanguinario de pertenencia donde la feracidad y la ferocidad se unen hasta que Tánatos las desanuda.

82

No hay humano concebido sin el primordial pecado de mímesis. Incluso la más bondadosa de las tribus humanas está condenada a practicar la violencia por el mero hecho de perpetuarse, ya que dar la vida a quien no puede pedirla ni rehusarla es un tipo de agresión que solo puede compararse con el acto de arrancarle el vafo por la fuerza a quien no desea morir.

83

«Lo opuesto al juego no es el trabajo, sino la depresión», escribe Marcos Vázquez. Lo espinoso es que en las encorvadas sociedades del rendimiento donde subsistimos los trabajos tienden a ser demasiado deprimentes y las depresiones demasiado laboriosas para no ver en ambas realidades la cara y la cruz de un mismo oficio, el de pobre diablo.

84

No movamos a nadie a engaño sobre la abundancia efectiva que puede suministrar el capitalismo. El problema es a costa de qué sutiles riquezas obtiene su opulencia material.

85

Desprovisto de mentalidades jibarizadas, el gigantismo industrial no habría pasado de ser un delirio anecdótico, exento de repercusiones reseñables. Para nuestra desgracia, no ha sido así. John Gray lo explica de forma sin par al hilo de las mixtificaciones que han configurado la modernidad: «En lugar de dejar que sus días transcurran en una aburrida desdicha sin sentido, los que practican la persecución pueden verse como participantes en una lucha entre el bien y el mal».
La perturbación moral de nuestra época no tiene su origen en la hipotética muerte de Dios ni en el calamitoso efecto de los parches absolutistas que las masas han buscado en las ideologías para suplir la orfandad en que quedaban frente al tiempo, sino en la monomanía que los adoradores de Mammón con sus deficitarias almas mantienen al estricote hasta que el excidio nos alcance.

86

Herederos somos de lejanos ancestros que sabían lo bastante de sí mismos para contenerse imaginando las monstruosidades del crecimiento. Recuperar esa aptitud arcaica para espantarse ante el titánico despliegue de pretensiones socapa de civilización representa nuestro más ilustre legado.

87

La idiotez de una sociedad es proporcional a su densidad demográfica.

88

Atrapados como estamos en la escafandra mediática de un régimen de vigilancia permanente, la verdadera y bien heroica hazaña sería trocar los manidos quince minutos de fama por otros tantos de anonimato.

89

Si anómalo es que en todo lo descubierto haya poblaciones que respeten el voto de ingenesia, la hormesis reductora de necesidades, el uso manumiso del tiempo y la imperturbabilidad anímica que, como prendas de interioridad, caracterizan el buen retiro, bienaventurado sea el disidente epistémico a quien le es posible acogerse a su ascesis de alejamiento cuando arrecian los dictados sociales.

90

Adular al vulgo es el modo que el demócrata tiene de masturbar a las no menos vulgares élites.

91

Pocas osadías son hoy más peligrosas que cuestionar la cesta de la compra de quien se jacta de no tener creencias.

92

La censura es superflua donde la tiranía es subrepticia.

93

En el supuesto de que la libertad signifique poder escoger, la cantidad de sujetos que escogerían no ser libres sería abrumadora. Al fin y al cabo, tener que elegir no demuestra que seamos libres, sino cuán imperfectos somos por definición.

94

Bueno es contrato donde huelga trato.

95

Las revoluciones siegan algunas cabezas superfluas y demasiadas cuyas floraciones valen más que la nueva siembra social.

96

A la máxima majestad que ha llegado un monarca moderno es a poner en práctica su irresponsable versión del gamberrismo ilustrado.

97

Donde manda grey, mala ley.

98

Lo más odioso de las democracias de masas no son los puntuales abusos que las mayorías parlamentarias comenten contra la sociedad, sino el eco que las élites partidistas producen en la mentalidad común.

99

De izquierda o de derecha, para la mentalidad tarada por la producción solo son plausibles las políticas que impulsan la metástasis a partir de los focos tumorales de seres y enseres.

100

Para la moral burguesa, que hoy es transversal a todas las clases sociales, no codiciar los bienes de la modernización equivale a una herejía.

101

No solo se basan las religiones salvíficas en doctrinas tan inverificables como fantasiosas, sino que su penetración social es en extremo peligrosa porque depende de que sus prosélitos crean que sus dogmas de fe son universalmente válidos y, por consiguiente, que todos los que no viven de acuerdo con ellos están equivocados y merecen ser purgados.

102

Moral blasfema por antonomasia es la que se vale de un dios asesinado para convertir a la ecúmene en objeto de su venganza.

103

Todos los que maldicen desde la parcialidad de su credo los sacramentos ajenos son culpables de haberse procurado a una forma de mancillar la fe sin perturbar ni un electrón su conciencia.

104

La comunión del hipócrita representa, en un solo acto, el somo y la trinidad del vituperio: menosprecia el rito de participación en el modelo divino, engaña a los fieles fingiendo ser uno de ellos e insulta a su corazón haciendo lo contrario de lo que siente. Y no obstante, ¿qué futuro tendría la eucaristía si los fementidos dejaran de comulgar toda vez que la hostia, por muy consagrada que la encarezcan sus embaucadores, solo es un sucedáneo en el que ni trazas quedan de efectos teogénicos?

105

En el apostolado bulle más vanidad que primor, pero hay primores que nunca serían sin el vanidoso acicate de difundir los propios estigmas.

106

El agnóstico está en razón al reconocer que no es posible conocer a Dios, pero el gnóstico se pone en sazón cuando precisa que no es posible porque Dios se reconoce a sí mismo en cada ser.

107

Los templos erigidos por la inspiración humana a sus dioses son arcas de Noé concebidas para proteger su tesoro de epifanías en el agitado curso de la historia.

108

La función suprema de los valores no es otra que enseñar cuáles no lo son.

109

El precio de la excelencia es la especialización y esta, como es de ordinario conocimiento, conlleva importantes limitaciones a causa del tiempo, de la atención y del esmero que resta a otras actividades. En consecuencia, más valioso es saber un poco de todo que casi todo de un poco.

110

Ascender o descender es secundario siempre y cuando la mente vaya enhebrada al centro.

111

El pensamiento cuya salud crítica socava la jactancia de nuestra especie ha de asumir, como noche que sigue al día, que será difamado, perseguido y, finalmente, extirpado.

112

No busquemos refugio en la derrota hasta haber vencido, una por una, las ganas de luchar contra  ficciones.

113

Si el espíritu no arborece venerable, como rodrigón de fuste quede al menos su cacumen.

114

Ser consciente de la naturaleza de las cosas no nos hace virtuosos, pero desprende de nuestro ánimo los vicios que impiden percibir la imantación espiritual en cada brizna de lo creado.

115

Para el clarividente, cada estímulo sensorial hunde sus raíces en la infinitud.

116

La lectura simbólica es inherente al despliegue fenoménico. El núcleo de las partículas no está en los átomos, sino en la universalidad poética del alma.

117

Creo, sí, mientras lo recreo. La existencia está preñada de sentidos para quien encuentra el modo de alumbrarlos.

118

«Tradición primordial», «sabiduría arcaica» o «filosofía perenne» son algunos de los mejores títulos propuestos para el reconocimiento consecuente de que todas las perspectivas, por distantes que parezcan en la superficie, se hallan conectadas en profundidad cual rayos de un mismo sol.

119

El individuo transmutado colma de sí la ausencia de Dios porque no teme, al contrario que el grosero, las caras retadoras que adopta la beatitud frente al orgullo.

120

Como cualquier mito veraz, Dios es poliédrico, polisémico y proteico; no solo no tiene un significado único, sino que se reelabora con efectos retroactivos en unión con el observador.

121

Antes que un sistema cerrado la creación cósmica es el garito devastado de un coime que juega a los dados con las vidas dadas.

122

Que Dios no juegue a los dados como el demiurgo nunca ha sido impedimento para que los expósitos de la creación apuesten por Él en cada partida. A nivel coloquial lo llamamos orar.

123

Hipóstasis demiúrgica es la materia que nos tortura con la misma facilidad que encandila, pero incluso atrapados en su molde de prolíficas mutaciones puede el espíritu crear sus propias dimensiones a partir de la incertidumbre que lo envuelve, de suerte que respecto a nuestra condición original de títeres animados todos somos heresiarcas en potencia. La herejía frente al insensato poder de ese demiurgo es un prodigio de ortodoxia para la sensibilidad que lo sufre en el papel temporal que le ha sido asignado.

124

Pese a todas las estrafalarias andróminas que le aportan las religiones gregarias, que exista la noción de divinidad delata su presencia entre bastidores, mas de engaño nos colmaríamos si infiriésemos de ahí que los caminos de Dios a través del sistema natural están abiertos a nuestro conocimiento. Lo que Dios deja en vida ver de sí malavez son prodromos de plenitud; la visión de Dios fulmina porque es Uno con la Muerte.

125

Como una diástole la vida es la extensión del demiurgo que al alma tiene secuestrada y como una sístole acaece el rescate de Dios que en la muerte la libera. En esa megamaquia de prodigios a diástole y sístole, andan enzarzados ambos a fuerza de antinomias desde que el caos devino diorama.

126

En maya la unidad del alma esencial o ātman se escinde no solo en sujeto y objeto, o entre lo inmutable y lo contingente, sino también entre sujetos, de modo que cuanto más se multiplique su manifestación en las criaturas conscientes, más fragmentada estará en el mundo fenoménico y, por ende, más debilitada para replegarse hacia el conocimiento de sí.

127

Experimentar la continuidad interior en los juegos de figuras exteriores, sintonizar la esencia permanente bajo el tapiz mudable de las apariencias, puede que no sea más que otra ilusión cognitiva, la espuria proyección de una añoranza de amplitud metafísica que extiende un florido velo sobre la veleidad primigenia o un falso despertar dentro del trampantojo de un sueño compuesto por infinidad de capas, pero sea como fuere proporciona un simulacro de armonía a la textura empírica de la realidad que, en vez amplificar sus disonancias, aporta el equilibrio que de verdad importa cuando solo una cuerda floja sostiene nuestros sentidos sobre el abismo.

128

Los que miramos hacia Poniente con todo el Naciente pisándonos la sombra estamos en condiciones de apreciar el universo desplegable en la nada del instante donde flota el ser entero.

129

En el amable desengaño vivencial de Cervantes, tan bien provisto de graves razones cuanto de amenas peripecias, nunca menudean las ocasiones de avenirse con el transcurso del mundo pese al mundo. Salvando las distancias con los lustres de su ingenio, desde el ecuador de mis expectativas biológicas estoy en condiciones de aseverar que este quilombo planetario me ha permitido conocer experiencias maravillosas, la mayoría de ellas irreales.

130

Sin ser primero en mis letras, segundo no tengo en ellas. El destino se mofa de los mediocres dotándolos de vocación.

 
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