28.3.20

CHAGRILLO PARA UN RÉQUIEM

Bedelgeuse, Memento mori
Cometer una injusticia es mayor mal que sufrirla.
PLATÓN
Gorgias

1

Un hombre debe hacer lo correcto no solo por respeto a los demás, sino ante todo para poder contemplar algo respetable cuando mire dentro de sí mismo. 

2

Si no eres capaz de tomar conciencia del mal que te invade es porque ya te ha poseído. 

3

No es cuestión de cambiar el mundo a mejor, eso sería esperar que lloviera hacia arriba, sino de impedir que el mundo nos maligne. La raíz inalterable, fortaleza inexecrable.

4

Que aquí haya expirado la luz en pleno día no es razón para ocultar que el sol brilla en otra parte.

5

Tanto como el abrazo de la luz, árboles y almas necesitan un abrigo de oscuridad para crecer. 

6

Al que camina deprisa, el tiempo lo rehuye. Al que camina sin risa, el menor traspiés lo derruye.

7

Todo momento es crucial si uno entiende la intersección entre verdad y mentira en sentido extramoral.

8

Acostumbrarse al miedo es el virus más grave que un ser humano puede incubar. Más feo es el espíritu doblegado que el derribado.

9

Ver a la muchedumbre unificando emociones en estos tiempos recuerda demasiado al saludo romano ante un caudillo con bombachos como para no sentir el horror de los pogromos madurar en el rumor de los aplausos.

10

El horror a los horrores, el amor al amor libre y el placer de crear placer son la secreta alianza de los que viven apartados del hedor común. 

11

Los coetáneos somos tan insignificantes en la historia de nuestra especie como la historia de la Tierra en la eternidad.

12

La mayor objeción que cabe hacer a las tesis conspiracionistas es que la inteligencia humana, bastante limitada por término medio en cualquier estrato social y cultura que se estudie, está difícilmente capacitada para conservar a lo largo del proceloso devenir el poder que eventualmente concentre alguna camarilla de aventajados. Desde cualquier ángulo que se analice su modo de operar, la inteligencia aplicada al control de grandes eventos es más eficaz aprovechando la confusión del escenario que diseñándolo.

13

El desdén hacia el papel de las conspiradores en el curso de la historia corrobora más que desmiente su victoria, pero creer que cada cambio relevante materializa la agenda de un comité invisible solo prueba la nostalgia teocrática de una corte suprema. Figurarse que el mundo está bajo control sigue siendo para muchos una idea menos temible que la metástasis social.

14

El verdadero desastre, el colapso que subyace bajo la acumulación de tanto humano dislate, es el desarraigo axiológico. El mono parlero ha dejado de acudir a la fuente perenne y hoy vaga fuera de sí por un desierto de vanidades en ruinas.

15

Si la humanidad no para de grado, será parada por fuerza. Y lo tétrico no es que vayamos a sucumbir como cucarachas, sino que sobrevivamos a imagen y semejanza de ellas.

16

Los caracteres óptimos de una especie, como nadie ignora, dependen del medio donde se desenvuelven, luego si el medio impone condiciones pésimas de vida a la especie que lo habita, los ejemplares más aptos son aquellos que mejor concuerdan con sus deplorables exigencias. En consecuencia, cuando en este frenopático los degenerados motejan de locos a los descomunales será porque la cordura está de parte del motejado.

17

Pensar a lo grande es volver habitable lo pequeño. 

18

Los temores son tumores que se crían con rumores. Hagamos de la crispación generalizada un elixir que tonifique la infinita virtud del desapego, que como arte es más largo que la vida y más solitario que el canto de un autillo.

19

Hay quien teme por amor, hay quien ama por temor y hay, finalmente, quien confunde el apego con el amor. Sospecho que la mayoría responde al último perfil. 

20

No por aceptar lo ineludible ha de aprobarse como conveniente.

21

La apelación a lo científico es el nuevo abracadabra, pero lo único que este sortilegio abre son hornos más eficientes en las instalaciones del infierno.

22

Desde que existen, los aviones siempre han sido pájaros de mal agüero.

23

Reconocerse atrapado en la nube del no saber despeja la mente de ofuscamientos menores.

24

Al socaire del orgullo encrespado se pronuncia la vergüenza herida.

25

A nadie se conceda el gusto de hallar una fuente de orgullo si busca saciar en otro la sed del suyo.

26

Cuando alguien niegue tu orgullo, aun si lo hace desde la afirmación del suyo, agradécelo. No se trata de «poner la otra mejilla», la clave es no ofrecer ninguna.

27

¿Por qué los biólogos, antropólogos y psicólogos, entre otros auscultadores del animal humano, se resisten a destripar la evolución de nuestra especie bajo el foco de la entropía universal? Si lo hicieran, a buen seguro habrían de alcanzar conclusiones muy distintas de las expectativas acostumbradas; tendrían que admitir, como un pronóstico elemental, que ningún sistema social es inmune al caos y que cada generación está condicionada, por dinámicas inexorables, a agravar las taras de la anterior. Humus humano, léase así la historia de quienes somos.

28

Por doquier es acosada la inteligencia porque nada detestan más los multitudinarios devotos de la idiocia que tropezarse con el espejo donde se descubren tal cual son.

29

Cuando el humano se esmera en sofocar el deseo, la nada irrumpe en él como deseo absoluto.

Algis Griškevičius, A Girl with a Kite
30

Nunca he sido receloso de mis deseos hasta que empezaron a cumplirse. Apóstata de sí mismo sólo puede serlo quien antes fue apóstol de sus hipérboles. 

31

Querer más es saber menos sobre lo que necesitamos. 

32

Para causar un desastre cualquier útero sirve. En cada bebé que nace, el enemigo pace.

33

Contados con la cuenta de su cuento están los pasos de cada hombre.

34

El alma es al ser lo que el hueso a la carne. Del ser humano actual los cuestionables mecanismos de selección civilizadora han conducido a un logro inusitado: el solecismo evolutivo de obtener un primate invertebrado.

35

Se avanza hacia el centro, se cae hacia la periferia. 

36

Naturalizar lo artificioso y enajenar lo natural son los perfiles característicos de la desfachatez moderna.

37

El poder adquisitivo que valoro es de índole conservadora: no el poder de comprar, sino el de no estar obligado a poner en venta las facultades que amo.

38

Mientras que el racista defiende la pureza de sangre por abjurar de su bastardía, el mesticista postula que cualquier mezcla es potable con tal de rechazar el mal trago de la evidencia.

39

Sea cual fuere su tinte ideológico, en todo tiempo y territorio el gobierno detenta la fuerza para contener las injusticias que él mismo comete.

40

Nadie me diga que el perro es bueno cuando ataca porque acata órdenes de quienes la iniquidad ha convertido en amos; nadie me excuse su rabia como si fuera un deber cuando la mayor responsabilidad de un servidor público es evitar daños, no infligirlos.

41

Hay algo más nauseabundo que la pervivencia de intenciones salvíficas en las instituciones públicas y la deriva profana de los cultos que tenían por misión preservar viva consciencia del misterio: la normalidad que celebra como un triunfo ambos extremos.

42

Entre la inutilidad del temor a lo irremediable y la necedad del miedo a lo remediable, el hombre ordinario naufraga en la barbarie.

43

La austeridad teje de nobleza los andrajos.

44

Rehusando con gracia lo inapropiado se da más de lo requerido.

45

Ningún hombre querría ser más que otro si fuera consciente de que pugna por ostentar la mayor mierda.

46

Pensar nunca tuvo menos vigencia que en el exiguo marco de una pantalla. Actualizado como usuario, el humano corea lo que no piensa.

47

A medida que el terror se globaliza, los villanos piden corral a sus líderes anhelando la avenencia de la pertenencia. La nostalgia de fronteras no solo responde a la ilusión de mantener un interior ordenado frente a un exterior abominable, también alza muros intangibles entre individuos por temor a que el discernimiento campe a su arbitrio.

48

En política, las recetas universales son un método infalible para achicharrar pueblos.

49

Concebida en su plenitud, la fe no es convicción sino asombro revivido.

50

A la vida más dilatada años le faltan de experiencia y a la más breve conciencia días le sobran de dolencia. La araña del instante planta su mordedura donde la lacra perdura.

51

La imaginación del demiurgo se objetiva en la naturaleza, la de los hombres en la historia. Toda la realidad empírica puede leerse como un palimpsesto sobre un soporte ficticio.

52

Con las mujeres la naturaleza incrementa su crueldad, sería una impostura disimularlo, pero muchas, creyendo sin ningún resquicio de duda o de pudor ser soberanas de sus cuerpos, deciden multiplicar el daño que recibieron al nacer de igual manera que un colaboracionista pone su capacidad de perjudicar a otros al servicio del opresor.

53

Dios no ha muerto, aunque bien enterrado lo traen con cada palada de prole en la fosa común del tiempo.

54

La línea recta es tan antinatural como dar vueltas a los años para llegar al mismo sitio de donde nunca debimos salir.

55

Pocos son los procreadores dispuestos a reconocer que se han equivocado al haber entregado a sus hijos como rehenes de la existencia con la muerte como única salida, luego salvo escasas irregularidades el dogmatismo es un hábito de firme arraigo en la actitud de quien usa sus órganos sexuales como un arma de colonización.

56

Nada es más contagioso que la sandez y nadie menos sanable que el estúpido atiborrado de información.

57

Mejor indicio de que uno se halla en el averno no lo hay sino en la incomprensión con que son recibidas sus sátiras.

58

Ningún arte es menor si acierta a unir centro con centro.

59

Ninguna obra debe ser juzgada en virtud del molde; su valor empieza por el modo que el contenido tiene de desmoldarse desde dentro.

John William Waterhouse, Sleep and his Half-brother Death
60

«No me pagan por pensar», protesta el ignaro, vendiéndose por nada a quien quiera pensar por él.

61

Darle al tonto la tontería que pide no parece cosa tonta, sino explosiva.

62

Hasta hoy hemos tenido una dictadura recién maquillada; a partir de mañana, una recién levantada.

63

Si todo está en su sitio, ¡pardiez!, ¿por qué nada está donde debe? El nacimiento de un ser humano secuestra para la dimensión material o demiúrgica una parte del alma universal que la dimensión divina, en los extramuros del espaciotiempo, solo recupera con su muerte. «Sabemos que pertenecemos a Dios, mientras el mundo entero está bajo el poder del Maligno» (1 Juan 5,19).

64

Para una mente perpendicular, los progenitores son, por mucho que intenten disimularlo, los mayores proveedores de alipori. Parece coña, pero en sánscrito «el mal», en el sentido de conducta pecaminosa o rendida a la desmesura, tiene por nombre pāpa, que es el antónimo de subha o armonía de lo bueno y de lo bello, concepto este que encuentro asimilable al de kalokagathia en la cultura helénica. Elocuente serendipia filológica, porque los papis son, en efecto y por defecto, engendradores de vyasana, vocablo que se puede definir como la tribulación del ser arrojado a la mazmorra del despedazamiento temporal. 

65

Mucho se lamenta, y en verdad no podría darse una honesta disculpa, el incremento de ecosistemas moribundos, recesivos a causa de la devastación que la actividad humana causa en ellos, pero raramente se hace bandera de los organismos desprovistos de entorno que no solo fuera, sino dentro de una misma especie son empujados a la extinción por carecer de otra salida que el ostracismo biológico en un medio que perciben incorregible y hostil en contraposición a quienes, infradotados de sensibilidad o recurriendo a estrategias de disonancia cognitiva, excusan tanto sus penosas vidas como las contribuciones generativas a la calamidad general. Desde este trágico punto de vista, los retobados ingenésicos estamos en el siglo como delfines varados; somos, si se acepta otro símil, anacrónicos dientes de sable que nada, excepto una dichosa consunción, esperan de estas tierras asoladas de uno a otro horizonte por la plaga de la civilización.

66

La doctrina que prescribe honrar al padre y a la madre es una canallada: exige que la víctima de un acto terrorista bese los pies a sus verdugos. 

67

Estimar una cultura por su pericia para producir riqueza material equivale a caer en la ilusión semántica que confunde tener con saber.

68

Las opiniones y creencias más ridículas conocen como ninguna otra usanza la vanagloria de expresarse con solemnidad, lo que no es mala pista para sospechar que bajo los barnices de una compostura demasiado ceremoniosa no es infrecuente que se embocen memeces sin medida.

69

Escéptico es quien estudia la historia como un género narrativo, analiza las estadísticas como un disparate metódico y examina las noticias como un epidemiólogo curado de espanto contra los hechizos que aspiran a callar la clara voz del pensamiento.

70

A medida que la vitalidad abandona nuestro envoltorio orgánico, la naturaleza de las instrucciones que lo animan se tornan escandalosas. 

71

Nada pesa tanto como la inanidad de las ilusiones. Así lo reza el fiel de mi báscula.


72

El trauma inicial del nacimiento necesita la cura iniciática del renacimiento a fin de poder transformar la deuda existencial impuesta en la energía liberada del don.

73

Con tal de no admitir la crueldad intrínseca a la existencia, los optimistas hacen sufrir a los demás su pueril manera de alabar el mundo.

74

Cuando, como es habitual, los procreadores se quejan de la ingratitud de sus hijos, refuerzo el pensamiento de que sus herederos están confeccionados con el molde de sus bajezas con este lúcido refrán: «Quien bien tiene y mal escoge, por mal que le venga no se enoje».

75

La respuesta del barro está en el cielo.

76

Para el grueso de humanos cuya conducta explicita el «estado agéntico» de conformismo funcional, no hay verdad superior al cumplimiento del mandato, sea este directo o abstracto, real o ideal. Así pues, los mandatos representan el principal obstáculo para la inteligencia que a riesgo y ventura, sin postrarse ante nada ni nadie, busca hasta la muerte la verdad que salpica de vísceras el firmamento.

77

No conozco por entero la verdad (con algunos añicos me entiendo), pero sé que estoy en lo cierto cuando a cambio de franqueza recibo mentiras.

78

Solo creemos estar en lo cierto mientras ignoramos lo que es falso. La duda comienza abriendo caminos en la mente que concluyen, antes que con la muerte, con el asalto de una certeza.

79

Entre los recurrentes motivos que explican la popularidad del miedo a la muerte, la mayoría obvios y otros no tanto, destaca la obligación de entregar al término de la vida lo que no es de nadie, ese don que ni uno mismo tiene derecho a retener y que más le valdría haber ensayado a dar cuando aún podía aprender: el alma.

80

Cosecharás tu valía cuando sientas sin pesar: «Lista está esta mies para la siega». Quien renuncia a sobrevivir a cualquier precio, todas sus deudas salda con este mundo de sombras.

25.3.20

INVERNÁCULO DE PRIMAVERA

Taller del Bosco, La coronación de espinas
No existe mal alguno en la vida para aquel que ha comprendido que no es un mal la pérdida de la vida. 
Michel de MONTAIGNE
Ensayos

Los estados de alarma prolongados en el tiempo y extremados en la excepcionalidad de las restricciones que, con probada causa o sin ella, introducen en las vidas de los afectados, devienen enriquecido caldo de cultivo para la paulatina reducción de la existencia individual al mínimo denominador común, que sin entrar en ponderaciones cacogenéticas ni traer a colación otros factores determinantes de la condición humana en la última fase de la civilización industrial, arroja como resultado el perfil psicológico que mejor se aviene a estar confinado en una drástica y deficitaria dimensionalidad, o dicho a la brava, el tipo de simio que acata, con nula o escasa resistencia interior, el peor escenario posible de una convivencia que seres más desarrollados no vacilarían en denominar campo de concentración. 

Nos recorren oleadas de alienación unanimista en loor del condicionamiento victorioso y de alineación amarillista con el dictamen que la propaganda mediática, no en balde tildada por algunos de infodemia, se ocupa de programar sin interrupción, todos los días del año, según las directrices que interesan a los grupos que regentan el negocio de la ingeniería social. Quien siembra primicias, cosecha ecos. ¿Qué habría de ocurrir para que los sugestionados por una sobredosis de noticias despertaran de su contagioso sonambulismo? ¿Acaso juzgarían abusivo que, de la noche a la mañana, apagar el móvil o no sintonizar el canal gubernamental durante la ración televisada de añagazas fueran acciones tipificadas como delitos de sedición, o que posar los ojos sobre otra persona sin llevar embozada la mirada con gafas oscuras se persiguiera como un atentado terrorista, so pretexto de que la proximidad de las pupilas constituye un vector infeccioso? En cuanto a los reclusos padres de familia que no advierten el nexo entre ovacionar a otros cautivos obligados a bregar al filo del abismo, y consentir desafueros que ofenden al menos común de los sentidos, el realismo, ¿descubrirían qué clase de predadores son capaces de decretar medidas, que ayer parecían propias de satrapías asiáticas, si sus hijos fueran disuadidos a fuerza de disparos cuando algún velador de higienes públicas los viera asomados por las ventanas, luciendo sus caras al sol cuya luz ha sido prohibida allende el sarcófago domiciliario? Uno ya no sabe qué actitud tomar hacia aquellos que ora están dispuestos a aplaudir mientras los atormentan, ora delatan al que trata de aliviar las cuitas de una suerte semejante a la suya. Quien no defiende su libertad, ¿es digno de merecerla? La miseria del que a otros concede el poder de ultrajarlo no es otra que envilecerse, encanallarse por haber preferido vivir cobardemente a cuestionar los golpes recibidos. Así de contundente es la fractura civil que en cada barrio, y aun en cada casa, blinda a los cofrades del modelo «agéntico» de obediencia maquinal a la autoridad, estudiado a fondo por Stanley Milgram, contra los conatos de autonomía y disparidad que puedan detectar en su entorno. El insignificante saca al perro de presa que lleva dentro, al kapo, cuando se siente respaldado por el orden vigente de manera análoga al guardián que, enfundado en su hábito de Übermensch uniformado, es instado de oficio a olvidar, con un celo raras veces necesario, el significado de ser humano antes que marioneta ejecutiva. Tampoco la «enfermedad psicogénica de masas», como la epidemia de la risa de Tanganica acaecida en 1962 y caracterizada por los episodios de risa y llanto compulsivos, gritos, desmayos y problemas respiratorios que experimentaron miles de sujetos, debe ser descartada como cofactor en la manifestación de los comportamientos histéricos e hipocondrías que azotan el orbe por estas fechas.

La persona que se sienta insegura frente a un peligro objetivo contra su integridad tiene todo el derecho a ser protegida, pero no es derecho sino tropelía que su seguridad dependa de exigir un arresto preventivo a los demás como si fueran agresores, transformándolos de facto, sin necesidad de víctima, en precriminales desollados del menor vestigio de presunción de inocencia. Se insiste poco en que formidar es una estrategia que ni a título singular ni colectivo vale la pena como proyecto: o asumimos el riesgo de relacionarnos con naturalidad, o acabaremos naturalizando la perversión de malvivir atrincherados en un secuestro prorrogado indefinidamente por el canguelo a este o esotro miasma, excusa perfecta para cometer desmanes que, como el presente enchironamiento «por nuestra seguridad», ninguna dictadura conocida logró jamás llevar a efecto fuera de las estrechas circunstancias de un estado de sitio. 

El objetivo de los acorralamientos masivos no parece que sea resguardar a los más vulnerables, a cada instante expuestos más que el anterior a los ataques menos inevitables que la existencia estabulada comporta, sino debilitar a los más robustos. Los discursos sanitaristas como método de intimidación popular tienen, por desgracia, unos abominables precedentes históricos que demasiados intelectuales, haciendo mutis por el foro que antes enardecían, han borrado de su memoria bibliográfica (volverán con sus monsergas editadas cuando haya pasado el eclipse). Sería difícil ocultar a alguien exento de hipotecas ideológicas que el alarmismo generado por el Estado, y por otros actores no tan identificables metidos en prendas a diezmo y rescate, necesita una cuota sostenida de realimentación para justificar como adecuadas decisiones la cadena de desatinos que atan a los semovientes súbditos del reino a sus celdas domésticas. Por eso la actitud que adopten hoy los espíritus críticos es crucial a fin de que la sensatez no se corrompa dando lugar a una demencia consuetudinaria contra la que no consta otra vacunación que el exilio o la muerte de los justos. 

De sobra es sabido que el espanto, feliz aliado de las tiranías, es una plaga más virulenta y nociva que cualquier agente patógeno, y quienes orquestan este pandemonio, esta distopía donde la prudencia ha sido preterida y la desmesura normalizada ¡en nombre de la contención!, han instrumentalizado adrede la capacidad de averiar las defensas inmunitarias de la población por medio de estresores como la inmovilidad, la incesante centrifugación de consignas (el miedo, no el medio, es el mensaje) y el prodigioso garlito de las redes sociales. Estas, aun con su potencial para crear sucedáneos de proximidad dentro de un atolladero severamente compartimentado, en condiciones de clausura y confusión generalizadas sirven de amplificador a una tensión nerviosa sin solución de continuidad. Espero que la cuarentena impuesta a los animales humanos sacuda al menos las conciencias aletargadas con un amago de lo que supone para otras especies ser prisioneras a perpetuidad de nuestras veleidades.

Recordando que «la cara es el espejo del alma», ahora me explico que haya tantos desalmados cubriendo cómodamente su vacío con una mascarilla. Y para colmo de despropósitos cobra evidencia que la mayoría no necesita barbijos, sino pañales. Ya hay comisarios espontáneos «del esfuerzo colectivo» en cada bloque de vecinos y, lo sé, un somatén de bots tras cada renglón publicado a la caza de quien encuentre irreconciliable expresarse con responsabilidad y poner bozales al pensamiento. «Pensar en positivo», esa ventosidad de estreñidos sensoriales, es una traición, la forma contentadiza de ocluir el discernimiento.

Que el demiurgo, o su inconsistencia coronada, perdone a políticos, periodistas y esbirros, porque yo no puedo. Para que algunas farsas redunden lucrativas han de ser criminales, y esta del presidio global como nudo de un dudoso y de momento inexequible desenlace lo es en grado superlativo desde su prescripción intensiva de pestes a las insidias de su neolengua. Admito que en ocasiones fantaseo, movido por un cabreo que me sabe a resaca juvenil, con rituales protagonizados por milicias silenciosas de disidentes que, reunidas en las plazas, arrojan al compás sus tapabocas al suelo y se dan acto seguido religiosamente la paz: vanidades hay para todos los humores en respuesta a los hedores de la catástrofe, y al ingenio tampoco le faltarán viandas de humor si no le causa grima curiosear en la alacena del colapso. Vaya un destripe por delante: el futuro desprende fragancias caníbales que llegan hasta nosotros. Agotados de fantasear con la extinción voluntaria de la humanidad, hora es ya de comprobar las propiedades reconstituyentes de la antropofagia. Pero más acá de estos canglores y parrillas, yendo a lo sobrenatural de la inmediatez desvelada, percibir la truculencia de la realidad no vuelve a nadie pesimista, de lo que a menudo me acusan, sino trágico; lo pésimo es no enterarse de la calamidad que ronda alrededor de cada uno y claudicar con pleitesía, pero sin claridad; con urgencia, pero sin caridad, como carne de microbio en purgas al servicio de los mayores vicios. «Nuestro enemigo no es otro que la ausencia universal de sensibilidad en la cabeza y en el corazón, la falta de vitalidad en el hombre, que es la consecuencia de nuestro vicio; y de aquí surgen todos los tipos de miedo, superstición, fanatismo, persecución y esclavitud», escribió Thoreau.

Mientras los apocalípticos temen ver frustradas sus pesadillas húmedas de presenciar el acabose y los conformistas, por no temer, incrementan el dopaje de docilidad que mantener la mínima esperanza requiere, intentaré conciliar la gravedad de ser con la gracia de aceptar el destino. Las viejas vías de intimidad con el planeta, de complicidad con las estrellas y de confianza en la muerte —verdadera y única diosa— siempre han estado abiertas a quien respira infinitud.

El amor a la sabiduría enseña desapego a la inteligencia marcada por la paranoia de haber sido arrojada a una cuenca poseída por demonios. Ninguna debacle vale la tranquilidad acuñada por el alma que se ha liberado de la necesidad de salvar su carga de contingencias.

23.3.20

EN OCASIONES VEO VIVOS

El tirano jamás cree tener bien asegurado su poder sino cuando ha llegado al punto de no tener bajo su dominio hombre alguno que valga. 
Etienne de la BOËTIE
Discurso de la servidumbre voluntaria

Mansas parecían las aguas que el horizonte cubrían desde la orilla donde el fondo presentaba sin turbidez densos mechones de algas sobre un rebozado de pliegues. Como si temiera alterar el sueño precámbrico de un monstruo de proporciones extenuantes para quien tuviera el vértigo de imaginarlo, opté por deslizarme sobre la superficie en vez de saltar a ella desde el contrafuerte de hormigón que penetraba en el embalse.

La profundidad, animada por alguna suerte de inteligencia decididamente empeñada en demostrar la musculatura de su soberbia, en forma y contenido me succionó hasta donde el sol carecía de imperio. Al límite de la apnea, entendí que no debía ofrecer resistencia a una fuerza contra la que no había combate viable. Pude entonces emerger la cabeza mientras lo Invisible tiraba de mí en dirección a la otra orilla, oculta por malezas de arbustos espinosos que negaban el menor atisbo de claridad a los sentidos...

Pinche en la luciérnaga quien saber quiera lo que vi en la oscuridad
 
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