4.12.17

REVERSO DE UNA MÁSCARA

Nick Sheehy, The Portrait
Hoy día ya no le queda al hombre más que esta tarea: arrancar todas las pieles muertas, escrutarse hasta encontrarse a sí mismo en la hora de la total desnudez.
Arthur ADAMOV
Yo... Ellos

1

La beatitud de las cuencas vacías, subrayada por la pureza de una sonrisa despellejada, es el molde donde se vierten los rasgos palpables de la ausencia entre las hebras del ser.

2

Ojos delicados pueden descubrir la belleza sepultada bajo los toscos materiales que componen el rostro, y ojos zafios mancillar de un vistazo el más noble gesto que puede adoptar la faz modelada por un donaire biológico.

3

El silencio bruñe lo que la actividad ensucia.

4

Dejan las bagatelas de serlo desde el momento en que una música sublime las envuelve y, encendiéndolas, juega a disiparnos con ellas.

5

Solo la sátira protege de la influencia de los postulados demasiado graves cuando la lógica esgrimida es más fuerte que la razón para resistirlos.

6

Si uno se pensara libre de aferramientos, no hallaría excepcional que su temperamento deba más a lo que da por perdido que a lo que cree suyo.

7

Cuántas veces no será ganar sino la cobardía del que huye de reconocer su identidad en una doble pérdida, la de ser un perdedor perdido.

8

Con humor desapegado las derrotas asumidas dejan un regusto más amable que los resabios de una victoriosa celebridad.

9

Qué infausta bribonada emitir cromosomas, al calor de un amorcillo, siempre en aras de multiplicarse como un virus.

10

Pocas cosas son más seguras que la decepción de quien busca la dicha en vida.

11

Abundancia de infelices cosecha el andar a la husma de la felicidad, casi tantos como anormales la afición a la normalidad. Bajo el presuntuoso antifaz de la realización personal, arrebatan los ánimos en nuestra centuria la inseguridad ante la lúgubre marcha del mundo y una desesperada tendencia a la estabilidad que ceñirse como armadura contra la indiferencia de las estrellas.

12

Amar de verdad es amar en libertad. Sin el fecundo gatuperio entre sentimientos amorosos y sentido de la pertenencia, útil como espasmo mental para adecuar la pasión a un contexto determinado de crianza, las familias patriarcales no hubieran pasado de ser un mero ensayo evolutivo.

13

No es el alcohol lo que saca de ordinario la peor cara de las personas, sino los intríngulis domésticos de la institución matrimonial. Conozco casos en los que ha puesto de manifiesto a la arpía redomada que ocultaba la mosquita muerta y al mandilón apoquinado que nunca hubiera imaginado ser el gamberro procaz. La violencia que estalla en el seno de un simulacro de hogar no es asunto asimilable a una guerra de sexos, sino al tipo de beligerancia que aguijonean las relaciones conyugales. Pluralizar esta belicosidad como «violencia de género» parece lo apropiado, en cambio, cuando el titular va dirigido a un tercer estamento común a hombres y mujeres: el género idiota.

14

El sexo puede hacerse porque su encanto es recreativo, pero lo propio del amor es deshacerse porque su poder de atracción es destructivo.

15

Cuando en el amor no hay víctimas ni verdugos, hablamos de un amor que no es de este mundo.

16

Sobre cada criatura pesa el permanente acoso de la desgracia con el agravante de que las posibilidades de malograrse  aumentan por segundos por el simple hecho de vivir.

17

El tiempo es un espejo donde la imagen de uno mismo se refleja de una suerte que lo rompe por momentos.

18

Cada día nos centrifuga hacia delante a la vez que nos abisma en lo que hemos sido. No hay meditación ni conjuro que deshaga, demore o impida el nudo corredizo que el tiempo va estrechando alrededor de cada existencia.

19

Acendrar la actitud que no espera ni desespera no vuelve la autoconciencia menos fungible, pero la libera de la claustrofobia de saberse cautiva del tiempo.

20

A la persona de calidad los años le ayudan a reinventar hábitos, calibrar deseos, volver el ánimo miscible en los rigores de las vicisitudes y aceptar verdades profundas por largo tiempo omitidas. Otrosí, hay que estar muy ciego de juventud o de orgullo desfasado para no percibir inequívocos signos de belleza en el alma que se adentra en sus otoños.

21

Todas las sincronicidades bajo el manto de cenizas que cubre los entendimientos, todos los síntomas elocuentes y secretas analogías que el tiempo no puede desleír, inciden en la misma evidencia: vamos hacia una etapa jeroglífica de la historia donde la palabra se devaluará hasta encresparse en la manigua del ruido ambiental y el símbolo cobrará un poder de significación que imantará las vísceras como nunca se vio entre pueblos desprovistos de fe.

22

Por mucho que uno se aleje de la teleinvidencia, sus emisiones crean reverberaciones en los cráneos que acaban golpeándonos a todos.

23

¿Cómo no padecer una atención deficitaria, cómo no sentirse extraviado de apariencia en apariencia y barajado como un submúltiplo de falso esplendor, si a cada acto subyace una mecanización sin precedentes tras la mudanza de denominadores humanos y el auge de la uniformidad que escoltaron la defunción del siglo XX? Todo aquello que parecía suplementario se ha vuelto obligatorio y cuanto creíamos necesario ha pasado a ser suntuario.

24

Qué indulgencia cabe tener con una sociedad que predica el altruismo pero debe su éxito al más cerrado egoísmo; que exige ciudadanos responsables mientras premia al avasallador y reduce farmacológicamente al divergente; que aparenta respetar la autonomía intelectual al mismo tiempo que respalda el encarralimiento mental; que exalta el ocio como un valor a condición de que la vida se malgaste en trabajos desprovistos del menor interés para quienes están forzados a cumplirlos.

25

Quizá por inedia conceptual o por la interesada malicia de confundir conceptos adrede, con asaz inconsecuencia se acusa de individualismo a la movilización de una avidez de éxito que desdeña todo lo que no contribuye a su ambición. Más tino habría en llamarla triunfalismo, aunque menos inexacto sería recurrir a un nombre que hiciera justicia a la baja pasión que la enardece, como avidezismo.

26

No hay diferencia de grado, sino de naturaleza, entre el ideal y lo real; es la diferencia que separa la devoción de la demolición.

27

Lo más preocupante de las utopías no es que sean irrealizables, sino la pasmosa facilidad con que el ser humano se adapta a lo imposible.

28

Por mucho que se aborrezca el haber venido al mundo, nunca podrá igualarse la aspereza que la vida dedica al que por ella respira desde la batalla que lo parió hasta el armisticio del columbario.

29

Aun la más somera introspección ofrece un panorama desolador debido a las nefastas consecuencias que tiene para el individuo pensar por sí mismo en una sociedad reclusa de la contaminación mental que genera la necesidad colectiva de perdurar.

30

Que lo extraordinario se adapte a lo pésimo y que lo pésimo engendre lo peor, siempre bajo la ubicua congratulación de la parca, es la única «ley de vida» o tautología que nuestra especie conoce, y una de las más penosas realidades que debe enfrentar la conciencia de aquel que al llegar despierta ondas concéntricas en la superficie del tiempo, como en el río la caída de una piedra, sabiendo que sus resonancias más pronunciadas se mezclarán con los rizos temblorosos de otros despeñados y que ninguno dejará remanente de su agitación neurálgica.

31

No lo dudes jamás, he ahí tu sino como pasajero de los eones: por nimio que sea el motivo, siempre habrá oportunidad para un percance que arrastre hacia la sordidez tus aspiraciones.

32

Las clases no han desaparecido de la sociedad contemporánea, lo que ha desaparecido es la clase intemporal de todas las clases de sociedad.

33

Este mundo podrá enredarme en sus implicaciones mas no implicarme en sus enredos; para que tal desvarío sucediera, tendría que hacerme un hijo.

34

Desdeñan nuestros prolíficos optimistas el sentido inapelable del pecado ancestral para seguir replicándolo con impunidad.

35

Modernidad significa producir varios problemas de envergadura por cada solución de menor importancia; postmodernidad, generar una secuela de espectáculos a partir de cada problema donado por la modernidad.

36

No se recibe absolución sin un solapado sentimiento de aprobación, ni se obtiene aprobación sin el larvado convencimiento de que todos debemos nuestra solvencia a un fraude.

37

¿Es posible amar la libertad dentro de la fatalidad? Armarse pueden interrogantes sobre el terreno difuso de la incógnita porque lo imposible es dejar de componer espejismos allí donde refulge la ilusión. Con sus faros erráticos en el espacio dilatado por la eclosión de crisoles cuánticos que ahogará la noche eterna, el mayor desierto es el firmamento. Por muy cachorros que seamos del resplandor, tal es la travesía de nuestra libertad y nuestra atravesada sentencia de polvo.

38

Nuestras moléculas están alineadas con una maestría que revela las excrecencias de los astros alienados que somos.

39

Tengo por veraz la prodigiosa intuición de Valle-Inclán según la cual «el conocimiento de un grano de trigo, con todas sus evocaciones, nos daría el conocimiento pleno del Universo». Y aún diría más: ni siquiera es menester el soporte material de un elemento externo. Una sola idea iluminada por el éxtasis en la caverna de la conciencia contiene el patrón de todas las estructuras concebibles.

Caitlin Hackett, The Neman Lion

40

En los versículos del aristocrático Gómez Dávila recuerdo haber leído que «Dios inventó las herramientas, el diablo las máquinas». Sería una hermosa observación si nos ahorrásemos discernir a través de ella que el diablo ha sido la herramienta predilecta de ese demiurgo en igual medida que el hombre ha llegado a funcionar, gracias sobre todo a su fertilidad, como la máquina por antonomasia del infierno.

41

Como un hongo en el cultivo de una placa de Petri, en todos los templos se puede incubar un dios, excepto en aquellos donde basta una coalición de impotentes de espíritu para crucificarlo, por más que finjan ingerirlo durante sus ceremonias.

42

Muchas veces se come y solo una es de provecho: la que sirve de alimento a la tumba.

43

El hombre moderno, remilgado en su trono de hastío y pasto en él de todas las nuevas inopias que lo cortejan, no soporta lo más mínimo verse rodeado de las escenas acusadoras que delatan a la criatura de sangre, sudor y lágrimas que siempre ha sido.

44

Arroja lo accesorio, accede a lo elemental.

45

—La suerte te sonríe, todo te sale bien.
—¿Todo? Vivito y coleando me tienes ante ti, así que algo ha fallado.

46

La honda verdad sobre cualquier asunto de importancia contiene complicidades terribles, luego el conato de visión que las aproxima encaece sombrío por coherencia, lo cual no significa que no haya nada que celebrar. Saber con dolor vale más que pacer sin saber.

47

De la misma forma que todo lo que uno piensa está íntimamente relacionado con todo lo que se ha pensado, todo lo que uno siente lleva el estigma despiadado de una existencia ni dada ni pedida.

48

Una obra es clásica cuando capta valores inmortales; un valor es inmortal cuando acierta a transmitir el estremecimiento de la criatura atrapada en el drama universal.

49

Ninguna idea tiene correspondencia vital si no traduce al coloquio de la materia el orden simbólico por donde fluye, imperecedera, la imaginación.

50

De conformidad con su deseo de que le fuera extirpado tras la muerte, el corazón de Chopin, quien sufría un miedo atroz a ser víctima de un entierro prematuro, esponja su genialidad sumergido en coñac a buen recaudo —quiero creer— de la iglesia de la Santa Cruz de Varsovia. Con sumo deleite brindaría yo una copa de tan exquisito aguardiente a la salud de mi calavera.

51

En el humano el sentido religioso no está insertado para trascender la realidad, sino para escarbar hasta las raíces enmarañadas del sueño que la nutre.

52

Todo lo soñado existe porque todo lo existente sueña.

53

Queremos muchas cosas que no sabríamos querer y más de las que sabemos las querríamos perder.

54

Solo podemos querer lo que nos está destinado y nada podemos odiar más que nuestro destino.

55

La conciencia me impone una humilde condición de desnudez, la inteligencia me quiere insurrecto ante cada noción y el corazón me ruega ser consciente con inteligencia de la situación.

56

La agudeza del infortunio no devolverá la razón a quien la mutiló de sí ni oficiará el milagro de insuflar alma a los zombis, pero nadie ha tomado conciencia jamás fuera de la desdicha.

57

Hasta que no sientas en el mal concreto que te aflige la presencia espantosa del accidente primigenio, tu coraza permanecerá cerrada a la comprensión del dolor que empapa la vida de toda criatura ramificada en las extremidades de su capacidad de sentir.

58

Nada entumece el alma tan de postín como los retorcimientos que exigen los compromisos con una postura ideológica.

59

Sólo quien se ha sacudido con sus propias fuerzas el oprobio de la sumisión puede abarcar la discreta grandeza de la libertad. Por precaria que sea su conquista y escueta se yerga en los márgenes que perfilan su disciplina, conlleva una gratificación superior incluso al temor de ser castigado con la muerte.

60

No habría amo querido sin reclamo creído, ni mando prolongado sin manso agradecido. Detectar la jaula dentro de sí es dar comienzo a la liberación, una idea que Bellegarrigue verbalizó con mayor espontaneidad: «Hasta ahora habéis creído que existen tiranos. Y bien, os habéis engañado, no hay sino esclavos: allí donde nadie obedece, nadie manda».

61

Hay tanta vanidad herida en el esclavo sublevado como en el amo encolerizado —monos somos todos—, pero el primero tiene al menos la venia de actuar por reacción a un atropello.

62

Yo, aunque de yo a yo no haya sino diferencias, sigue siendo la voz que menos turba los adentros del que me habla cuando callo.

63

Quien se resigna se reasigna a la parte de nada que tomó del mundo mientras se creía todo.

64

Existen innumerables formas de suicidarse, mas ninguna tan extendida como llenar el buche de porquerías y perder el tiempo trabajando para otros.

65

A despecho de que también él pueda ser objeto de latrocinio por parte de instancias más altas, cualquier empresario que exija a sus empleados tener el trabajo por prioridad vital es un ladrón y debería sentirse avergonzado por cada céntimo logrado gracias a la creencia, tan tristemente difundida, de que tener una ocupación remunerada es crucial para mantener la salud mental y la respetabilidad social.

66

En ocasiones la inminencia de perder el juicio es tan fuerte que su asedio solo puede despejar la locura de quien ha vivido en la creencia de estar en posesión de la razón.

67

Larga es la mañana cuando uno madruga y corta la vida por mucho que uno alargue la noche.

68

Presiente el presente; presencia la esencia.

69

Capas, anillos, órbitas y ovillos: nuestra existencia crece alrededor de una esencia que tan de uno es como de nadie.

70

Las preguntas más triviales son las más terribles: «¿Qué tal?», «¿cómo estás?», «¿a qué te dedicas?», «¿qué te pasa?»... Ninguna puede ser respondida honestamente sin desmontarse o sin traicionarse de la cabeza a los pies cuando se adopta como propio el convencionalismo que por civismo les corresponde.

71

—Soy como cualquiera.
—Y yo como tú, todo un cualquiese.

72

El pensamiento que no se pierde entre los polos cambiantes de la interioridad es de rigor que se encuentre con lo fatídico antes de que lo fatídico encuentre la salida.

73

Las puertas de la percepción no se abren para desembocar a la consciencia, sino para que entre en ella el misterio terrible de un mundo donde otrora el alma se cotejaba opaca.

74

La divinidad necesita sangre a mansalva para latir en el hombre. Privada de este fluido, deviene palabra exangüe y oclusión del nombre donde aún se lo podía indagar como el fósil de un concepto.

75

La presencia benefactora que a veces sentimos auxiliar nuestras acciones y algunos identifican con el «ángel custodio» podría ser la de alguien que nos sueña mientras obramos. Digo esto porque yo mismo he experimentado esa forma de relación desde ambos registros: o bien amparado por una fuerza etérea en los apuros de la vida ordinaria, o bien como ente invisible vinculado al protagonista de una secuencia de sucesos de los que he acabado despertando.

76

De forma intuitiva sentimos que en lo prohibido se esconde lo interesante, pero al sagaz no se le escapará que prohibir algo anodino significa encarecerlo con la mandorla de lo raro y peligroso. Cuando un tabú cae sobre un deseo no responde tanto a una medida de control como al ardid de excitarlo al máximo.

77

El diseño tradicional de las basílicas donde los cristianos celebran la liturgia fue concebido a imitación de los genitales femeninos en lo que ha sido una flamante ostentatio genitalium impensable para las cofradías de mojigatos que heredaron el monopolio de las catedrales. Ninguno de mis profesores de arte tuvo la franqueza de enseñarme que sobre un supuesto trazado en forma de cruz latina la portada reproduce en puridad una vulva que abre sus labios arquitectónicos a la nave central, correlato a su vez de la vagina como el crucero lo es de los ovarios mientras que el altar donde el milagro es acogido remeda un útero. Quien entra en una iglesia no debe ignorar que introduce su cuerpo en el coño pétreo de Dios.

78

Al igual que el cristianismo durante los siglos que ocupó su expansión, el capitalismo ha sido una religión cruel con sus oponentes cuando no le ha sido posible adueñarse de sus ídolos para engrandecer sus propios fines, algo que en la fase consumista de su dominio ha ocurrido menos de lo que se piensa a tenor de la pingüe inversión que ha resultado ser la contracultura.

79

El nihilismo que se afinca dentro de uno traiciona el carácter iniciático que podría conferirle temple a la multiplicidad individual y degenera en un artefacto ideológico que los apocados no vacilarán en arrojar sobre los demás creyéndose más poderosos que ellos. Excitado por el rencor de cabezas borradoras, el nihilismo se convierte en la coartada perfecta para que el alma estancada se haga vórtice y los pusilánimes puedan embriagarse de acción.

Dragan Bibin, Holy Spirit

80

Comoquiera que cada parte del país tiene su propia idea de lo que nuestra nación es, ¿de qué parte sino de la más demencial hay que ser para querer que una sola valga por todas?

81

Más accidental que los pigmentos del iris es la patria donde a uno lo han hecho nacer, pero compartir ese lugar común no es óbice para la chusma deseosa de sacarle los ojos a los que han sido teñidos por el color de otra bandera.

82

En vez de atacar a las remesas de inmigrantes ilegales, más astuta política sería impulsar el levantamiento contra los dirigentes que maltratan a sus pueblos hasta empujarlos a empezar como intrusos en tierras donde los espera la hostilidad de los indígenas.

83

Amén de reforzar los lazos de dependencia de las comunidades más desfavorecidas y de contribuir a ensalzar la apariencia de moralidad usada como razón de prestigio por la red de sucursales paraeclesiásticas, la ayuda que se les proporciona a los países pobres funciona como una recompensa por procrear, luego lo que se alimenta con ella no es el hambre, sino el mal que corroe al hombre. Ninguna labor humanitaria es comparable en eficacia a los perjuicios aminorados por la negativa a inseminar el relevo generacional; no se encontrará un acto de misericordia que iguale al egoísmo que uno destrona cuando decide no reproducirse, ni publicidad menos lesiva que los argumentos pensados para animar a la ingenesia.

84

Nuevas idolatrías surgen allí donde las viejas se tambalean bajo el peso de sus falacias. Frente al cebo de las tentaciones de trascendencia remozadas sin descanso, el alejamiento espiritual proporciona una clave inmortal de equilibrio.

85

Cinismo es tomarle gusto por principio a los malos medios cuando el fin es lo de menos.

86

Las industrias y los gobiernos que dicen velar por nuestra salud están de acuerdo en algo: nos quieren hasta la muerte, enfermos y endeudados de por vida. Por dentro y por fuera, el cuerpo se infla hoy como un negocio suculento.

87

Lleno va el mundo de tipos tan satisfechos de la endeblez para asumir las consecuencias de la verdad que, aun después de haber visto en el nacimiento de sí mismos un evento insignificante, no cejan en su empeño de creerse indispensables para el funcionamiento del universo.

88

Entre tomaduras de tiento y galanteos, solo hay una actitud más degradante que la de un hombre corriendo como un perro en celo tras la expectativa de un coito gratuito: la de una mujer tejiendo alrededor de su presa masculina el nido para el churumbel.

89

Para Cioran, ver pasar las horas huecas valía más que llenarlas. Arte de vaciarse ante el cual Antonio Porchia, otro aforista irresistible, confiesa su ineptitud: «No hago nada y no sé cómo, pues cuando quiero no hacer nada, no sé cómo hacer».

90

La malevolencia guarda relación con el sesgo dañino del juicio que solo piensa lo que mal piensa de otro. La maledicencia tiene que ver con el uso perverso de la palabra; no es que el maledicente se complazca en hablar mal, es que se afila en el mal decir. En cuanto a la malignidad, hace que el carácter se quiera alinear con su arsenal de aviesas intenciones, ninguna de ellas portadora de una amenaza equiparable a la maleficencia, que es la eficacia maléfica de los que siguen de obra su inclinación a fastidiar tanto como pueden. No me pidan que los señale.

91

Por más que uno huya de considerarse mejor que otros y tenga por hábito destacar las virtudes ajenas sobre los copiosos defectos que lo acompañan, siempre será difícil no verse rodeado de gente dedicada en cuerpo y alma a demostrarnos lo contrario.

92

Forma sutil de fastidiarle el cumpleaños a un ofensor: «Felicidades y lo que sigue».

93

Se hace inviable separar obra y autor cuando la nota dominante en el mundo de la creación es el artista convencido de que se le debe dinero por ventosear.

94

Todo lo que gusta y bien está, disgusta y está de más según quite lo que da. La vida no tiene cosas buenas, lo bueno es conocer la medida justa en que cada cosa todavía puede vivirse.

95

Existen expresiones cotidianas que deben su persistencia a través de las lenguas y los mortales que las hablan porque atesoran, acaso, connotaciones que de ninguna manera podía haber augurado su motivación original. «Poner a parir» es una de las más poderosas: toda la malaventura está concentrada en estas tres palabras. Y otras, contra todo pronóstico, suenan acongojantes cuando son insertadas a propósito fuera de su contexto fundacional, como «masa madre».

96

La humillación, que se dirige hacia lo bajo, y la adoración, que mira siempre hacia lo alto, están destinadas a mezclarse en virtud de la enantiodromía y a manifestarse durante ese proceso con formas paulatinamente menos capaces no ya de la pureza ígnea de la rebelión, que es propia de otras entrañas, sino de la resignación que absorbe en sus profundidades cuanto sea lanzado contra ella.

97

La única gracia que un varón indómito puede recibir arrodillándose es la bendición en plena jeta de una dama lista para derramarse.

98

Que nadie asalte mi conciencia impetrando penas y limosnas para criaderos de niños menesterosos. Mi mayor obra de caridad es no haber traído más reemplazos a este pudridero, y hasta donde alcanzan mis horizontes, quienes trabajan con más ahínco para cebarlo son los que blanden la solidaridad con los indigentes.

99

Me sorprende, y no en beneficio de los causantes de mi asombro, que individuos de amplio recorrido espiritual dispensen una respetabilidad improcedente a la Iglesia Católica sin otra base que el apego residual, vestigio de un marchamo pueril, hacia una jerarquía de usurpadores cuya labor se ve impugnada por los mismos hechos que llevan su firma. Los actos, al contrario que las ideas, tienen intereses con nombres y apellidos, y tan interesada ha estado la Grandísima Fulana desde sus albores en amasar el medio humano a su medida; tanto ha envilecido lo más sagrado que habita en el alma con el propósito de explotarla, que invertido está por defecto el sentido de cualquier obra benéfica que aún pudieran realizar los sindicados a las siete capitalidades de sus acciones. Bajo las babas de propaganda por la piedad que mantiene a modo de lavado exculpatorio por su injerencia nociva en la sociedad, esta organización se distingue gracias al sistema de ignominias que le ha permitido ostentar durante siglos una posición privilegiada ante la cual demasiados gobiernos prosiguen, indignos hasta lo irritante, abriendo de par en par el esfínter presupuestario que sufraga su sostén con los doblones de nuestro esfuerzo.

100

¿Cómo va a ser una contradicción organizar bancos de alimentos y posicionarse activamente en contra del uso de métodos contraceptivos? La antinomia sería estar a favor de los crímenes irremisibles del natalismo y del cese de la pobreza.

101

Nadie sale ileso del mundo, pero el adepto al dogma de la reproducción recibe más golpes, por eso también los asesta con menos reparos.

102

Más vale escalio paternalista que barbecho de orfelinato, y más que ambos el erial cencido.

103

Cada ser llamado al réquiem de la existencia reclama para sí el reino absoluto sobre sus progenitores como después lo hará sobre su prole, pero algunos hemos nacido para gobernar en solitario, ajenos a parentelas y fértiles en exclusiva para el mundo del espíritu que tiene necesidad de voces incompatibles con el campo de prisioneros de la carne.

104

No bien descubre un punto débil en su arquitectura mental, el creyente retrocede despavorido hacia su madriguera doctrinal. Ante el mismo desafío, un filósofo extraerá hipótesis alternativas que aquilaten su percepción, aunque se derrumbe con toda su sombra en el intento.

105

Puesto que el humano es parte del ecosistema, las modificaciones atribuibles al ingenio que esa especie se adjudica siguen estando dentro del orden natural, y los dioses, como los transgénicos, no son una excepción.

106

No metamorfoseamos lo que somos, le añadimos capas como los años a un tronco. Hecho el paralelismo con la parte más dura, también en lo exterior semejamos ser hojas, cada una con un haz y un envés singulares, distintas pero idénticas en sus repeticiones, en su conexión al ciclo. Tenemos más parentesco con la idea expresada en el ser vegetativo de un árbol que con otras especies del reino animal.

107

¿Qué razón más disuasoria para hacer algo que el sospechado goce de arrepentirse durante toda la vida de no haberlo hecho?

108

Así como la envidia no arraiga en el ánimo que sabe admirar al prójimo, la admiración no sigue modelos cuando medra de buena fe.

109

Ganar más dinero tiene un precio que nos vende barato.

110

Las revoluciones colectivistas han hecho más por favorecer el albur de los condenados de la tierra que cualquier otra doctrina: en vez de liberarlos de la miseria, se han preocupado de cercenar las posibilidades de prosperar para que no quedaran afortunados con quienes poder compararse.

111

¡Ay de aquellos que se creen sabios por haberse arrogado el poder de explotar los tiempos y se sienten dueños de roturar cuanto ocupa las mentes y agota los cuerpos! La insuficiencia de sus excesos actuará contra ellos sin que ninguna ley, kármica o humana, lo determine así. Solo es cuestión de desproporciones: han invertido demasiado en criar una quimera y ese monstruo, ansioso, los devorará.

112

A juzgar por la prevalencia del gregarismo, es normal que el altruista se alarme cuando provoca resquemor y el misántropo cuando gana simpatías.

113

Los achacosos coleccionan fármacos como leyes las sociedades en decadencia.

114

Lejos de querer denostar la relación fraternal con la literatura ni el libro como medio de adquisición de conocimientos, debo admitir que la cultura bibliófila responde no menos a la necesidad que muchos tenemos de justificar el tiempo invertido en ese oratorio.

115

La ambigüedad del discurso es bienvenida como asidero por los atrofiados que huyen de las verdades directas y denota ternura en el intelecto robusto, habituado a la atmósfera enrarecida de los abismos, que decide dosificarla en sus reflexiones.

116

Desconfiemos de aquel que no lea ni escriba sonriendo. Solo puede tratarse de un censor.

117

Aunque le sea dado en suerte vivir en un vergel de plácidas serenidades, es deber del pensador verse compenetrado hasta el desvelo en el cuadro de desesperaciones que definen su época. Para ser hombre entre los hombres, debe pensar antes que nada con la pujanza de un animal herido.

118

Promiscuidad, movimiento y anonimato son el santo y seña de las megalópolis, además de la situación a partir de la cual el humano inmerso en el panal urbano debe dar comienzo a su comprobación de lo que subsiste de cada uno después de haber operado el desenmascaramiento de la cohorte de adherencias que allí reina.

119

Fuera de la técnica reduccionista que divide a la población en bloques de acuerdo con un código binario de conducta (violentos frente a pacíficos, gandules frente a laboriosos, marginados frente a normales…), otros métodos de adoctrinamiento social no cuentan con tanto predicamento ni son tan ampliamente contagiados a los aludidos pese a que las dicotomías introducidas sean un vil producto de la moral convencional destinado a proveer de chivos expiatorios a un colectivo a costa de demonizar a otro, e idóneo para eludir un análisis riguroso de las causas estructurales que podrían explicar por qué unos encajan tan bien y otros tan mal en un sistema plagado de taras, trampas y falimientos, más eficaz como fuente de problemas que de remedios.

120

De las miles de millones de formas de sobrevivir a la perfusión del alma en el mundo que asigna entidad a la oscilante gama de caracteres humanos, algunas nos parecerán envidiables en ciertos tramos, otras inaceptables en la mayor parte de su extensión, muchas despreciables dentro de su tortuosa lealtad a factores como los condicionamientos culturales o la compulsiva falta de imaginación que denota la dependencia de una actividad laboral, y ninguna más ilusa de sí misma, sin ser por ello menos didáctica, que la convencida a fuerza de vislumbres de la posibilidad de elevarse sobre su condición de creatura.

121

Pienso igual que si fuera otro porque lo primero que hago cuando pienso es no pensar en mí.

23.11.17

CORRIENTE Y MOLIENTE

Los hombres llegan a ser civilizados no en función de su disposición para creer sino de su viveza para dudar. Cuanto más estúpido sea un hombre, mayor será su inventario de diamantinas certezas, mayor su carga de fe.
Henry Louis MENCKEN
Lo que creo

No te preguntes por la catadura moral de las autoridades que, a sabiendas de la falacia o pudiendo iniciar las pesquisas para despejarla, prefieren mantener a los ciudadanos dentro de una lucrativa niebla de insidias donde lo corriente y moliente es creer, entre otros atentados contra la sensatez, que beber el agua pura causa envenenamiento, que los lácteos son la base de una dieta saludable, que el sufragio constituye la expresión menos imperfecta de la soberanía personal o que el impuesto sobre el valor añadido no es un robo institucionalizado, sino una contribución social que cubre de infamia al defraudador que la elude; no inquieras las pruebas que incriminan a esas autoridades sin haber corroborado antes qué parte de la evidencia te compromete más que el licor del grifo, cargadito de biocidas y trihalometanos, a quienes te lo brindan mientras aleccionan sobre las maldades del colesterol.

Pecaría de soberbia si acusara a los promotores de felonías de habernos tomado por algo distinto de aquello en que seguramente nos hemos convertido, unos memos, sobre todo gracias a los hábitos adquiridos a partir del Neolítico. El animal humano domesticó los cereales y estos lo domesticaron a él; desde entonces, la escalada de despropósitos ha ido mutando hasta alcanzar una exacerbación que la fase consumista del apostolado industrial nos ha embutido como pauta de vida. ¿Me harán lamentar los futuros damnificados por la militancia en el disparate que el tiempo confirme mis fundamentos cuando la obesidad, la diabetes, el asma y la hipertensión sean síntomas pandémicos de la perversión que hoy caracteriza sus costumbres? Quiero hacer virulentos mis postulados no por abrir franquicias en cuerpo ajeno, una perspectiva que solo me agiganta la ignavia, sino porque a través de otros mis experiencias se atajen libres de particularismos y me hagan sentir menos prevaricador de sus claroscuros.

La revolución empieza por el plato; todo lo demás es guarnición.

La pirámide alimentaria sugerida es el resultado de mis estudios empíricos, pues he padecido durante años trastornos de la microbiota que a la postre he sabido enmendar sin caer en las garras colegiadas de las sotanas blancas y su afán por cronificar dolencias curables, pero no la considero en modo alguno definitiva ni la pretendo, por supuesto, blindada contra un concienzudo ejercicio de discrepancia. Fuera de ella han quedado el veneno silencioso de los lácteos, las legumbres y los cereales ricos en gluten como el trigo (no tan mudas las legumbres, ahora que caigo, debido a la acción de sus saponinas). Y si bien como alternativa será reprobable a juicio de alguien sensibilizado con el sufrimiento de los animales que masacramos, desde un punto de vista estrictamente nutricional la disciplina vegana ha sido una práctica inasumible para mi metabolismo, a cuya intrahistoria debo como a la filosofía el superviviente que aún soy con alguna pieza menos. Respecto al primer ingrediente de la lista inferior, la Base de Datos Española de Composición de Alimentos no aporta ningún dato.

19.11.17

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Zdzislaw Beksinski
Es improbable que muchas personas tomen en serio la conclusión de que venir a la existencia sea siempre un mal, y más aún que dejen de procrear. Más que probable es, por contra, que mis ideas se vean ignoradas, cuando no rechazadas. Y puesto que tal reacción será responsable de una enorme cantidad de sufrimiento desde ahora y hasta la desaparición de la humanidad, no podrá con justicia ser considerada filantrópica. De su motivación tampoco puede decirse que revista maldad hacia los humanos, pero sí que es el resultado de una culpable y falaz displicencia frente al mal de venir a la vida.
David BENATAR
Mejor nunca haber sido

Juan Montero es un señor de raigambre amable que a su apariencia juvenil, propia de un sabio macerado en los arcanos del Extremo Oriente o de alguien bendecido por la sinergia entre fenotipo y ociosidad, une los modales exquisitos de quien conoce la manera de conjugar espacio y presencia sin alterar ni ser alterado más de lo humanamente remontable. Observador y reflexivo, habituado y predispuesto a concertar el equilibrio frágil que media entre el microcosmos de la contemplación y el océano de actividades donde está predestinado a extraviarse el pensamiento, sabe desgranar en los momentos justos la evidencia de habitar un chirumen a prueba de dobleces que despeja su sonrisa con la heráldica franqueza de quien ha incorporado al bagaje de esperpentos colectivos la tragedia del alma vertida en la mazmorra de cada ser. 

Entre sus talentos, además de ser uno de mis mejores amigos —vínculo difícil donde los valga, en todo el espectro del adjetivo—, y corriendo el riesgo de que el panegírico ensamblado por un adicto a la diatriba redunde en la suspicacia de quienes no desconocen las intenciones que cobistas y quitamotas suelen acoger en la manga, podría mencionar por ventura que compone poemas sinfónicos, pilota ultraligeros, inventa utensilios abreviados para obtener belleza de las rutinas, se ha liberado de amar con deglución a los animales y amerita ser el pionero de la traducción al castellano del que hasta la fecha es, desde su publicación en 2006, el tratado antinatalista por excelencia: Mejor nunca haber sido: el mal de venir a la existencia [Better Never to Have Been: The Harm of Coming into Existence], del profesor David Benatar. Para esta última labor, no exenta del centrifugado introducido por algunas perspectivas semánticas que apuntan hacia lo irresoluble, además del apoyo explícito e incondicional del autor de la obra, ha contado con mi estrecha colaboración en la función de corrector ortotipográfico y agitador de estilo.

No introduciré en esta avanzadilla una reseña del libro pese a que en la red aún sean escasas las referencias en nuestra lengua a un contenido que adelanto demoledor en el plano de la argumentación axiológica y la filosofía moral; tampoco me detendré en la figura de Benatar, cuyo rostro en vano escudriñarán los cazarrecompensas después de que el autor haya sido blanco de amenazas por parte de aquellos que no aceptan la libre circulación de sus ideas en un planeta hiperpoblado de oscuros transcriptores del pecado original. Para hablar más claro que Benatar sobre el lado incurable del vivir, hubiera sido necesario callar como un sepulcro profanado siendo conscientes de que toda cuna lo es; para epitomar el sentido de la inteligencia comprometida con el análisis del drama que la humanidad festeja en la desmedida irresponsabilidad de los estragos reproducidos, a las páginas que esperan verse publicadas o excomulgadas en castellano le hubieran venido al pelo las indicaciones de Adamov, otro inconsolable «al encuentro del antiguo tabú, que enmascara la crueldad del sentido genésico», cuando se hizo decir en sus confesiones: «Creo haber denunciado el mal a una profundidad suficiente como para que se imponga al juicio de algunos hombres la conclusión que implica». Comoquiera que uno lo enfoque, ¿se puede permanecer ajeno al hecho de que existir, hasta en el reflejo de su etimología, concentre el abandono en que se halla quien sólo sucumbiendo puede salir del gueto de órganos avasallados donde ha sido deportado? 

La razón de que haya abierto en mi mano esta inflorescencia otoñal la confío a los editores capaces de tomar la iniciativa de mercado, quienes pueden ponerse en contacto con nosotros a través de este formulario.
 
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