28.11.18

SINONIMIAS Y RETAZOS DE UNA NOCHE EN VELA

Aykutmaykut, Under attack
El hombre, de joven, escribe porque le parece que ha hallado una verdad nueva y de gran importancia que es necesario anunciar cuanto antes a la pobre e ignorante humanidad. Luego adquiere experiencia y modestia y comienza a dudar de sus verdades, entonces escribe para ponerse a prueba. Pasan varios años, comprende que se ha equivocado redondamente y que no hace falta ponerse a prueba. Pero sigue escribiendo porque no es apto ya para ningún otro oficio, y hacerse fama de hombre inútil, «superfluo», es algo terrible.
Lev SHESTOV
Apoteosis de lo infundado

Vagina: aux input proclive a engendrar estridencias. Hijos: crueldad innecesaria. Más: madre del desmadre. Especie: lo miscible en su propia inviabilidad. Ambición: energía de insuficiencia renovable. Redes sociales: sindicato de zombis. Esperanza: pan de los necios. Fe: confianza en la creación de un sentido que reconcilie la provisionalidad con la eternidad. Sabiduría: arte de habitar el insoluble problema del ser sin agravarlo. Estabilidad: mantra contra la entropía. Ética: estética de la conciencia. Cuerpo/mente: una división forzada de la que ambos salen deturpados. Ego: acorazado de debilidades. Idea fija: obituario del pensamiento.

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¿Asistiremos en fechas próximas a la institución de un premio Nobel de vulvaridad? Para una comunidad ginecocrática como la esbozada por el activismo hembrista con su aspiración a implantar el culto a las paridoras —culto proletario donde los haya, ambicioso de coagular la soberanía en las madres—, el individuo carecería en sí mismo de entidad jurídica y su valor social sería nulo cuando, ultra de nacer varón, fuera yermo o demasiado indócil a los yugos promulgados por las marimatriarcas. De momento, no ralean las demostraciones de la castradora vocación de las sultanas de familia, a quienes debemos, entre otras malacrianzas de lactontos, que una creciente cantidad de niños provistos de lingam ya no sepan ni mear de pie.

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Aplíquense estas valiosas palabras de Viktor Frankl al natalismo y quedarán pocas objeciones en pie contra las virtudes ingenésicas: «Para que el sufrimiento confiera un sentido ha de ser un sufrimiento inevitable, absolutamente necesario. El sufrimiento evitable debe combatirse con los remedios oportunos; no hacerlo así sería síntoma de masoquismo, no de heroísmo». En el mismo ensayo del que procede esta cita, Conceptos básicos de logoterapia, el autor narra un primer, aunque malogrado intento, de propiciar la asunción lúcida de la evidencia como una triaca. Su paciente era un rabino que se dolía, tras haber perdido a su primera familia en un lager, de que la segunda esposa, con quien trataba de rehacer la humanidad, fuera infecunda. Aun valiéndose el terapeuta de la mayor delicadeza, su interlocutor estaba lejos de poder encajar la palmaria rotundidad del mensaje: «La vida no puede tener como finalidad única la procreación, porque entonces la vida en sí misma carecería de sentido, y lo que en sí mismo es insensato es imposible que se convierta en sensato por el mero hecho de su perpetuación».

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No hay malnacido que no tenga un semejante con el que dar arrimo a su villanía.

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El poder del numo es un titán que resurge hambriento de sus cenizas y transforma la insaciabilidad en un estado de apariencia respetable que no halla bocado en la legislación, de la que antes bien tiende a servirse como de una tecnología diseñada a la medida de su apetito. 

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Si la negativa a realizarlo acarrea la destrucción civil y la indigencia, el trabajo es a todas luces forzado y no puede hablarse en tal caso sino de esclavitud. 

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Cabe aún esperar que un policía albergue un rescoldo de moralidad, pero resultaría incendiario pedirle a la moralidad que se comporte como un policía.

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No se ponga buena cara a lo que basa su sonrisa en partirla. 

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Las personas que protagonizan migraciones masivas, por pacíficos que sean sus propósitos y comprensibles los motivos que las incitan a cambiar de escenario su tragedia, no con rigor pueden considerarse desarmadas habida cuenta de que emplearán su fertilidad sin demasiados escrúpulos a la menor ocasión —tal como hacen, de suyo, los nativos que no han llegado a razón.

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La decisión de tener progenie no representa la cúspide, sino la cloaca de la voluntad de quienes desprecian como un clister la ponderación del poder más elemental que la naturaleza ha otorgado a sus cuerpos, cuya arbitrariedad para imponer a trancas y barrancas la existencia debería ser motivo de prevención mientras palpite en ellos un mínimo sentido de la prudencia. Si los amantes conscientes se preocuparan de observar que el uso de los órganos sexuales entraña una forma excelsa de gramática, descubrirían que la concepción funciona, por su parte, como un surtidor de solecismos. 

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Si es verdad que en cada mente tiene un rábula el Diablo, no lo es menos que el Infierno ha un fiscal en cada útero y en cada padre frustrado su reserva vocacional. 

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En vano se buscará en la historia un monarca más despótico que el «contrato social», la grey cívicamente asimilada por el Estado e imbuida de una autoridad incontestable para mayor subyugamiento de las singularidades. 

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Cuanto más elefantino es el sistema social, tanto más teme al individuo asistemático que no roe el mismo pienso que los demás. 

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No es accidental que un poder desaforado se vuelva indistinguible de una capacidad maléfica proporcional a su hipertrofia, de ahí que las imperfecciones de la representatividad no constituyan el principal endemismo que afecta a los sistemas democráticos, pues un gobierno respaldado por una mayoría abducida —como esa que se alarma ante la presencia de una piel extranjera pero acepta con indiferencia los desahucios— puede llevar a efecto, sin apenas trabas, abusos irrealizables en otras circunstancias. 

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La pobreza se rinde a la envidia, la riqueza a la codicia, la certeza a la soberbia y ninguna parece amiga de la entereza que podría mesurarlas si el pobre entendiese que nadie lo envidia, el rico que muchos codician sus bienes en la misma medida que repelen su compañía y el certero que allí por donde pasa atiza iras.

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Si examinamos las realidades emergentes contra las que el clero manifestó su más encrespada repulsa en el siglo XIX, no es baladí que sus bestias negras fueran la ciencia positiva y el socialismo, movimientos llamados a alzarse a lo largo de la siguiente centuria como las únicas religiones de carácter universalista dispuestas no solo a desplazar sino a reemplazar las precedentes. Avanzado ya casi un cuarto del siglo XXI, con el credo socialista desmantelado en beneficio de la omnivoracidad de las finanzas y un estamento tecnocientífico que ha rebasado con creces el cometido de una casta sacerdotal, hemos de observar con atención qué conjuntos de cambios los encabronan para empezar a tomarle el pulso al paradigma futuro. 

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Que Lenin, y después su acerado epígono Josefo, fuera momificado siguiendo la costumbre faraónica y recibiera de esta suerte la adoración de las masas explica que las técnicas de mando ensayadas durante el siglo termonuclear no fueron novedosas en sus motivaciones, sino que respondieron a un anhelo de poder totalitario concordante con el subyacente, mas impracticable, en los arranques de la civilización.

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¿De qué atrocidades no serán capaces con un gentil los rezanderos que nunca han hallado desdoro en igualar al Autor con un muñeco vudú? 

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A los obreros no se los apacigua con revoluciones sociales, se los amansa con las recompensas que sus artífices denominan «bienestar social». En contraste con los sistemas antiguos de poder basados en castigos y severidades sin tasa, el sistema contemporáneo aprovecha con mayor eficiencia la utilidad potencial de los servomecanismos humanos, a los que amén de hacerles concesiones en materia de comodidades materiales, reparaciones sanitarias y seguridad ciudadana, les permite la posibilidad, a menudo interpretada como libertad, que cada uno tiene de explotarse por su cuenta y riesgo, dentro de los circuitos previstos, a cambio de ventajas económicas y prestigio. De este modo, a despecho del caos inherente que genera su trabazón planetaria, el sistema tecnosocial puede realizar operaciones colosales de las que no son menos sorprendentes la monitorización instantánea, el control remoto y la velocidad de recambio de las partes dañadas. Ahora bien, ¿qué sería de esta megamaquinaria sin engranajes prestos a darlo todo de sí mismos, a «salir de su zona de confort», cual si esa fuera la excelencia de su ser? Esta y no otra es la razón de que cuando alguien dotado de un talento extraordinario desdeña exprimirse de acuerdo con el canon imperante de éxito, provoque un colapso a pequeña escala, una renuncia disruptiva, una mácula. Quizá todos los que nos esforzamos en dar hechura de concepto a la experiencia de vivir a contrapelo y difundimos, sin ningún ánimo de lucro ni de popularidad, los sentidos alcanzados con nuestros discretos recursos bajo el seudonimato, entramos en esa categoría que englobaría también a los que por obra, y en especial por actitud hacia su obra, se convierten en fueras de serie no tanto a pesar como gracias a lo que no son. 

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Más relevantes para la conducta que la omnipresente propaganda, los códigos en ristre y la programación moral, factores de sujeción sin lugar a dudas importantes, son la inercia de los hábitos, lo que antaño recibía el nombre de consueto, y el lazo vivo de la influencia interpersonal, un tejido conectivo que si pudiera visibilizarse se nos antojaría tan alucinante como el exocerebro que en esencia es.

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Si los días fueran más largos, ¿quién los resistiría? Y si durasen menos, ¿quién sacaría tiempo de vivir a deshora?

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Desestimas, amiga mía, la devoción que te profeso como si fuera la más corriente cosa del universo ver a un impío besando los pies de un monumento mortal.

17.11.18

A REZAGO EN LAS HONDURAS

Naoto Hattori, Peek 178
¡Cuántas hermosuras se han visto y veen cada día en esta máquina o ejemplo del mundo rendidas a mil desdichas y calamidades, por faltarles el gobierno y cordura! Que aunque la hermosura, el tiempo que dura es querida y estimada, en marchitándose no le queda otra prenda sino las que granjeó, y el crédito y amistades a fuerza de buen término conquistó cuando estaba en su fuerza y vigor. Y es el mundo de tan baja condición, que a nadie acaricia por lo que tuvo, sino por lo que tiene.
Vicente ESPINEL
Vida del escudero Marcos de Obregón

1

Ni siquiera las informaciones que parecen darnos la razón son tan fáciles de creer como las ideas que nos liberan de la responsabilidad de tener que pensar por nosotros mismos.

2

La humanidad es desmemoriada, he aquí una de sus no menores taras adaptativas, de lo contrario no se entiende cómo consigue volver a levantar su propia carga un día tras otro.

3

Para el gobernado, la única diferencia entre la política de izquierdas y la de derechas es de dónde le viene el golpe que lo derriba.

4

Como quiera que uno la experimente, la viabilidad de la conciencia sin fronteras está en relación inversa con el número de personas que tiene alrededor.

5

¿Qué mejor observación puede hacerse a propósito de la felicidad sino que es justo lo que a uno no le ha tocado vivir?

6

Nadie debería juzgar a los demás por el deterioro que la humanidad ha escogido, nadie, salvo quien tenga la inequívoca certeza de no haber engendrado más vida doliente.

7

Ninguna vida invita a ser vivida porque hasta la más satisfecha de encarnar su destino apenas es más que un juguete de arbitrariedades sacudido por adversidades resistentes a su tentativa de conferirles sentido.

8

La zambullida en la guerra por la subsistencia nos acerca a lo más indigno que tiene la vida, y cuando la supervivencia se da como asunto resuelto, la conquista de la felicidad se ocupa de sumirnos en lo más estólido que la existencia adonece.

9

No hay cómo que detenga a quien detenta un para.

10

Recordar con presteza el ejemplo de aquellos que supieron encarar los desgarradores desafíos de su sino es lo más útil que podemos hacer por nosotros mismos cuando la fatalidad nos pone en lances que humillan nuestra presencia de ánimo.

11

El debilitamiento del asidero moral que la mente bien estructurada halla en sí misma abre la puerta a las influencias más degradantes del contexto social. Guardémonos lejos de los demás siempre que sintamos que nuestra permeabilidad emocional es mayor.

12

Cuando ya nada espera uno del mundo, un minuto dura más que una vida. De esta guisa funciona el tiempo para el que se ha dado —irrefutablemente— por vencido.

13

Para la sociedad es menos útil tener la bondad de ser estéril y haragán que militar en las huestes de aquellos que prolongan con sus faenas y esperanzas el horror de todos los días.

14

Si percibiéramos en la evolución de nuestra especie —que algún descabezado festejará como progreso— el automatismo mental imprimido por un conjunto de inercias colectivas, la deserción ingenésica cobraría de repente el valor de antídoto que los preñados de seguidismo biológico y colaboracionismo institucional no saben o se niegan a reconocer.

15

¿Qué bien puede esperarse de una sociedad cuyos acólitos acuden al gimnasio en coche, corren hasta perder el resuello sin que ningún depredador los persiga y llenan el buche cinco o más veces al día?

16

Obra como si hubieras renacido después de haber cometido todos los errores de un principiante.

17

No seguir ni ser seguido, primera lucha. No tomar ni ser tomado, primera paz.

18

A solo tres ramas básicas pertenecen las formas que adopta la actividad social: productiva, reproductiva, escénica. Y por triste que parezca, con toda la sofisticación lograda, en ninguna de ellas mejora el balido de una oveja.

19

El infierno no es el lugar donde Dios está abolido, sino el reducto donde Dios se consiente todo.

20

¿Qué hacen los secuaces de una religión cuando no confían como es debido en su dios? Llévanlo clavado como más duela, donde pete más pena para que a fuerza de rebites no se les zafe.

21

Nadie dedica más efusiones de desdén a un memo que otro memo.

22

No es más verdadera una convicción por ser mayoritaria, ni menos rotunda la verdad por ser solitaria.

23

En la comitiva que el drama histórico compone y descompone sin cesar, la tragedia de sus protagonistas precedió a la parodia como esta anuncia ya la sordidez que viene.

24

Que la búsqueda de cualidades más puras sea una rareza tanto en el arte como en la conducta solo denota que la sociedad ha perdido hasta el sentido de la náusea que su fealdad debería provocarle.

25

Tan accesible es la audacia verbal a cualquiera cuanto impensable el coraje de combatir al ejército que forman los prolíficos.

26

Crean los procreadores a su paso una suerte de cuenca de intereses en virtud vicio de la cual todo lo acaparan en su beneficio sin importar las consecuencias. Han llegado así, por reiteración de insolencias, a ser titulares de derechos que hubieran causado livores de envidia a no pocos sátrapas del pasado.

27

Si por abnegación fuera, pocos padres habría malos entre los incontables que lo son. Ni la vocación, ni la dedicación, ni el sacrificio más esforzado pueden hacer menos peligrosos a los que han tomado ya la decisión de crecer de mala manera.

28

El mejor de los reproductores no merece el llanto de un recién parido.

29

Así como no hay alegría en la tierra que compense la ignominia de habernos hecho nacer, no hay mal en el mundo que impida al optimista seguir sacrificando al hecho de estar vivo todo lo demás. Los diablos están orgullosos de su emplazamiento en el averno.

30

Más fértiles son las huellas de un sandio que visibles los encajes de la inteligencia entre el acoso de las vicisitudes y el equilibrio de la potencia interior. Esotérica misión asume el perspicaz en medio del huracán del devenir al ir rellenando de coherencia los errores que el obtuso agranda.

31

El sexo no solo está justificado por ser un don natural, está incluso santificado en la medida que expresa la más gozosa celebración del otro siempre y cuando no traicione su esplendor lúdico por la chifladura de hacer proliferar la propia especie.

32

Los avances tecnológicos que venían a aliviar nuestro tránsito por la existencia se han transformado, siguiendo la lógica implícita en el mito de la máquina, en el instrumento principal de nuestro malogramiento.

33

Nadie es responsable ante la sociedad ni ante el Estado, como tampoco lo es ante la posteridad ni ante los ancestros. Uno siempre es responsable ante su propia conciencia y ningún dios que la humana creatura haya concebido puede arrebatarle el obligado canon de rendir cuentas ante sí mismo. No hay otro juicio, solo la verdad que se impone por sí sola al alma que acata y contempla, en su sobrecogedora desnudez, la apertura del pecho a lo inescrutable.

34

Antes mendigo por necesidad que vendido a la perversidad.

35

El infeliz que aprende a reírse de sí mismo sin concederse autoescarnios masoquistas está más próximo a la divinidad que el dichoso incapaz de poner en cuestión los motivos de su euforia.

36

Una vida cuyo sentido último dependa de las contingencias del azar, de las posesiones materiales, del éxito profesional, del prestigio social o de cualquier otro factor extrínseco a la propia entereza para aceptar los inapelables desvaríos infligidos por la realidad, es sin lugar a dudas una vida que no se ha ganado el absurdo de ser bendecida. En vez de expectativas por frustrar a fuerza de desengaños, más vale el descargo cumplido de una experiencia sin aranceles de futuro que la hipotequen.

37

Así como el pensamiento es padre de la idea, no de la creencia, la costumbre es madre del suceso, no de la reflexión.

38

Lo que muchas parejas no terminan de entender, y aquí sería irrelevante introducir una «perspectiva de género», es que ser objeto de atenciones amorosas es altamente incompatible con ser objeto de intenciones familiares.

39

Aún es algo el humano además de un conglomerado de condicionamientos. Contra toda predicción estadística y más allá de las pretensiones conductistas, el humano lleva en sí su propio determinante, sus elecciones persisten como materia de su condición. Si la humanidad solo fuera un elenco de marionetas, estaría perfectamente excusado su desmantelamiento, por eso los mayores tiranos han tenido por dogma el determinismo pasivo de las masas que encarece el liderazgo como una destreza imprescindible a pesar de que su ejercicio conlleve máxima arbitrariedad y mínima responsabilidad.

40

La búsqueda de un sentido para asimilar el propio dolor seguirá siendo legítima mientras no exija de los demás el disparate de sufrir a expensas de su integridad personal. A rezago en las honduras, el «sentido de la vida» no es ni con mucho la última palabra de la conciencia, ni esta es palabra que pueda ser pronunciada sin forzar las apariencias hasta hacerlas segregar la red de una razón como alternativa desesperada frente al vértigo de caer bajo el impenetrable señorío de las condiciones reales. El sentido que uno puede descubrir en la particular e intransferible visión de su destino es tan solo un modo de contar la historia del ser, solo una faceta inextricable de la inmensidad, y sin restar un ápice al valor resiliente que tiene este recurso mental como estrategia defensiva, malavez contiene la parábola de su intención otra verdad que el embeleco de la tautología que parte de la necesidad de dotar de consuelo a la existencia para acabar reconociendo que ningún consuelo es equiparable al hallazgo de un sentido en la mera existencia de la necesidad.

41

El infundado temor a lo desconocido aumenta el aún más infundado apego a lo existente.

42

«Los occidentales viven demasiado bien para comprender lo mal que viven», me susurró una pulga que saltando de cuerpo en cuerpo había arribado al mío desde el Magreb.

43

Comparadas con la embriaguez sexual, las intensidades obtenidas por otros medios resultan menudas provisiones de olvidanza y tóxicos entretenimientos pese a que las beatitudes de la lubricidad no están exentas de invocar por la tangente el mayor de los peligros: la multiplicación indeliberada de otros seres.

44

Habida cuenta de que vivir satisfecho es peor que no haber nacido, la lujuria solo es pecado en la función de cebo que la naturaleza exhibe ante el viviente para que perpetre la perpetuación que ha hecho del malhadado «creced y multiplicaos» el alfa y el omega de este cocedero de penalidades.

45

No solo ha de poner la razón medios cabales para satisfacer los placeres que mantienen el nivel de existencia por encima de su carácter mórbido, antes que nada ha de ordenar la viveza de las inclinaciones para impedirle a la inteligencia caer presa de sus presas. Si es cierto que la vida es más amable cuando cerebro y corazón no conforman dimensiones excluyentes sino complementarias, no lo es menos que la prudencia en el gobierno de los apetitos se aquilata con el dinamismo que le procuran pequeñas dosis de transgresión.

46

Pasarse de frenada tampoco es moderación; conviene a la templanza saber soltarse de cuando en cuando.

47

Desde el punto de vista de la atracción erótica, existen básicamente dos tipos de personas: las que se engañan a sí mismas y las fieles a Venus.

48

Lo interesante para alguien inmune a la propaganda puritana, que cunde por doquier disfrazada de corrección política, no es que haya más vida, vida a raudales, sino poder llevar una buena vida a falta de la buena nada que la precedió.

49

Nunca es pronto si el apresuramiento obstruye lo que el letargo instruye.

50

Quien no escarmienta en desdicha ajena, de fuerza es que haga escarmiento en la suya.

51

¿Cuánto he de insistir en ello? ¿Una o dos mil veces más? Las opiniones no son dignas de respeto, lo son sin embargo quienes las expresan y para ello han de poder emitirlas en libertad, sin temor a represalias. Asumir como un axioma que toda opinión es por sí misma respetable no es hacerle un favor al libre uso de la inteligencia, sino dinamitarla en nombre de una opinión que confunde el miedo a la franqueza con un principio moral.

52

La sociedad moldeada por la ideología capitalista es ciclotímica, alterna fases maníacas y depresivas, pero allí donde los doctores revolucionarios han pretendido corregir su trastorno no han hecho más que agravarlo de la misma forma que empeoraría el estado de alguien tísico conminado a deslomarse en una mina de hulla.

53

La explosión ciberdemográfica, aun estando en vías de consumación, no puede evaluarse solo en función de las nociones tecnocientíficas de quienes la fomentan. Se trata de un acontecimiento que excede las proporciones conceptuales del cálculo matemático y de la predicción histórica para entrar de lleno en la realidad vestigial, pero harto elocuente, de las visiones apocalípticas. No habrá tumbas para tanto zombi.

54

¿Hay quien por simple extrapolación de años vividos no acierte a ser profeta de los lances de fortuna que han de ocurrirle a cualquier otro congénere solo por haber venido a ser?

55

Hombras y mujeros del mañana, tened presente la delicadeza de Viktor Frankl, quien estando prisionero en Auschwitz se contuvo en el último instante de despertar de un sueño angustioso a otro recluso por haber llegado a la conclusión de que permanecer dentro de una pesadilla era preferible, en aquellas circunstancias, a despeñarse en la vigilia.

14.11.18

POR NO PERDER LA MANO

David Lebow, Out of the Soup
La soledad me pesa. La sociedad también.
Eugène IONESCO
Rinoceronte

No menos que demasiado me raciono las noticias, aunque de sólito las hay tan agoreras por el acatamiento simplista que reciben por parte de valedores y detractores, que ni amparándome en el rodel de la infofobia doy abasto para eludir el rancho de salir escaldado en otros tantos sentidos como los que intento llevar limpios de malparanza.

Cualquier tiempo futuro no nos hará mejores, entre otras razones porque nadie puede ir a mejor en el rehén del ahora indefinido que uno puede reconocer en sí mismo; a peor seguro, en cambio, en esta España sotanista de los que pierden el alma por no perder la mano, como demuestra este idus sobrepasado que añade peso a mis botas, y eso que no las llevo puestas desde que nos han hecho saber que, con la finalidad de preservar incólume el corsariato, nuestros dirigentes políticos han vuelto a meterle un tajo considerable al devastado Fondo de Reserva sin que ningún histrión adscrito al ten con ten periodístico que presume de raspar con ojo crítico la actualidad, ni en su defecto algún verborreico mayoral de movilizaciones populares, hoy rabiosas de acnésicos (alumnos con necesidades especiales y con granos), encalletrados de calle quizá para pedir más litros de Actimel per cápita o más gigas de almacenamiento gratuito en sus confesionarios digitalenses, sin que ningún sumidero focal, como decía, haya tenido a cabalidad la pertinencia de preciar, más que nada por el respiro de imaginarlos finiquitados, los carísimos privilegios que a las arcas públicas le cuesta mantener la disfunción de esas empresas con ánimo de soberbia y con soberbia de lucro cuyos dechados, ay, son la Mafilia Real y la Iglesia Católica.

Incluso en la fase más dura de la planificada depresión económica que ha venido a enquistarse, la ingeniería financiera de la última organización citada le permitía succionar, a través de múltiples partidas presupuestarias, alrededor de once mil millones de euros de ración y quitación a la sangre, sudor y lágrimas de un país colapsado, y sí, los enjuagues de Cáritas suman porque asimismo agigantan roña y cruz con merma de ajeno bolsillo. Por si este entramado de regalías fuera parvo para el clero, gracias a la bancarrota moral de los contribuyentes cunde entre los plebeyos la idea de que los religiosos de la rama catolicista cumplen una función asistencial que el Estado desdeña asumir. Ya quisieran. A quienes así hacen medrar el desfalco por otras vías, no parece importarles un céntimo que la mayor labor social que la Iglesia podría hacer a partir de este mismo instante es renunciar a la integridad de sus prebendas, algo que en plena ola de submundismo y sonambulismo no estaría en las antípodas de una misión en verdad benéfica. Más le valdría a la tropa papista acogerse a sagrado y purgar entre motetes sus fechorías que seguir cebando negras con el afán de que no cejen jamás en el empeño de parir clientelas condenadas de antemano, de suerte que todo cuanto haga mientras no se produzca la efectiva separación entre el poder civil y el eclesiástico; todo lo que no comience por la renuncia a su expansionismo envenenador de conciencias a la par que adicto a usurpar recursos inmerecidos, se hallará tan lejos de paliar lo que su parasitismo debe a la población como lo estoy yo aquí, en mi vórtice de La Mancha, del que ronea en la Gran Mancha Roja jupiterina.

Respecto al prestigio «de base» que también entre los descapillados disfrutan los conmutadores parroquiales, o «curas buenos», a pesar de tener en encomienda el lavado por caridad de los asaltos cometidos por la legión de los no tan buenos, de prístina fe alzo la voz con un espanto que no logro sacudirme y retorno al punto a callar, pues luzco más lindo, no sin referir, para ir terminando, el infeccioso «orgullo de ser español» que los sucesores del Exigit sincerae devotionis affectus y otros abreviados de espíritu atocinan por el menor motivo, como si asomar el rabo por encima de su caldera de pecadores o ser desiguales en los giros de su misma lengua fuera marca indeleble de traición. Dado que no de balde detrás de un gran censor se oculta siempre un gran impostor, ¿cómo no desenmascarar a un gran idiota detrás de los bocinazos de un gran patriota? Y si no, que venga el Bérenger de Ionesco y lo vea.
 
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