6.5.20

NO ME SALVEN DE LAS LLAMAS

Hieronymus Bosch, Infierno
Como perro que vuelve a su vómito, el necio repite sus necedades.
Proverbios 26, 11

No espero menos de estos intersticios de lecciones heridas que el desprecio de los zampamiedos que sacuden, palmas en martinete, sus vernáculas cautividades sobre los desafectos a la actualización del exterminio. Tampoco es que espere más de los que eluden batir con esos menguados la escalada de mutilaciones sufridas, pero el no dar con sus babas pulimento al circo nuestro de cada día consuela al ánimo que comprende el silencio del presidiario por complicidad. Lo que para todos los coetáneos cuento es que ya no me cuento entre ellos. Desconozco qué sucede más allá del edículo, convertido en limbo de los justos, que me ampara entre el alfa y el omega de mis páginas deslomadas. No hay quien las sujete.

Conmigo la artillería de Gutenberg quedaría desnutrida si de editores dependiera el cálamo que vuelvo a afilar aquí. Sé de buena morgue que no veré impreso ninguno de mis viveros de ideas porque permanecer soterrada es el sino de la radicalidad, cuyo vigor irradiará en secreto de naturaleza la atención dispuesta a compartir con ella sus poco avistados fulgores.


1

Quien conoce el desierto no bebe de espejismos.

2

No añadas al nudo de ser el enredo de multiplicarte. 

3

Ninguna vida supera en gracia a la merced de no haber sido. 

4

Más triste que haber nacido es morir sin advertir qué triste ha sido vivir. 

5

Nada bueno puede nacer de lo que tiene por designio corromperse. 

6

Acaso perderlo todo sea pedir demasiado. 

7

La Muerte examina la confianza del alma en sí misma, no si ha sido buena. 

8

Cada uno pisa la tierra con la tierra que lo pisó. 

9

El padecimiento es intrínseco a la vida; la supervivencia solo se encarga de que parezca necesario. 

10

No podemos cambiar el destino, pero sí la manera de enfocar su desatino. Aun solo porque nacer es un mal, se ha de disponer uno a morir bien. 

11

No trepes a las ramas sin haber bajado a las raíces. 

12

Ser gobernado por otro es insultarse a sí mismo. 

13

A la dicha erguida pronto la vuelven desdicha doblada. 

14

Hasta tus golpes te dolerán si no tienes alma de yunque. 

15

Lo que el deseo busca está siempre en otra parte.

16

Cuanto más desea, más hace uno lo que no quiere.

17

No desearlo a menudo basta para ser feliz. 

18

Toda amargura tiene su sazón: nos avisa de que conviene desconfiar de las experiencias demasiado golosas. 

19

Ningún derecho se invoca sin que el deber lo tase. 

20

El derecho garantizado es un trampantojo: nadie ha conquistado jamás un derecho sin derramamiento sangre. 

21

La ciencia que no arranca jirones de conciencia a la experiencia añade solo capítulos a su insuficiencia. 

22

La conciencia no tiene opiniones: su razón está hecha de objeciones. 

23

Solamente su ausencia es más vil que una mala conciencia. 

24

De poco sirve afilar la inteligencia antes de templarla. 

25

Si no sabes, creerás saber. 

26

No aceptemos una verdad hasta haberle examinado las muelas con lupa. 

27

Si la ignorancia es mal sin conciencia, la sapiencia es conciencia sin remedio. 

28

Llamarán al acefalismo del pensamiento dializado verdad, y entonces la verdad estará obligada a mentir para ser cierta. 

29

Nadie está seguro donde todos defienden lo mismo. 

30

Existe un doloroso indicio del despertar en la pesadilla de que la normalidad de tantos depende de una complicidad de tontos. 

31

Peor que el mentiroso es quien niega apoyo a la verdad cuando la falsedad triunfa.

32

Atribuir a la evolución natural un propósito es un vicio tan humano como no ver magnificados en el humano los vicios de la evolución. 

33

Lo más reciente parece importante cuando andamos lejos de lo primordial. 

34

Nadie tiene peor enemigo que su corazón afligido. 

35

A un corazón diminuto lo apagan por igual la indigencia y la opulencia. 

36

Ni mucho ni poco: en el tener, la preocupación está en los extremos. 

37

No hay buen fin que excuse malos medios. 

38

Apresurarse a cazar culpables es inventar delitos. 

39

Menospreciar el peligro es invitarlo a entrar.

40

El peligro encuentra siempre a quien lo evita.

41

Quien cede su libertad a cambio de seguridad no es digno de ninguna.

42

Milagro sería que recuperase la libertad quien no la defiende contra la opresión. 

43

Por la salud se cometen agravios que ningún espíritu sano aplaudiría. 

44

Pretende salud sin libertad el enfermo de esclavitud crónica.

45

Disfrazado de protección, lo primero que asegura el miedo a la libertad es la pérdida de la dignidad. 

46

Sólo puede perder la dignidad quien nunca la tuvo.

47

Todos somos apestados a ojos del carcelero.

48

La fe no es un creer, sino un querer creer que no duda en dejarse dudar. 

49

Caer es una lección para el humilde y un destrozo para el soberbio. 

50

Cuando se sienta a la mesa, el temor aliña con cianuro las mejores viandas. 

51

En vano se ruega al cruel, se tienta a la frígida y se pide favor a la fortuna. 

52

Las dignidades inmerecidas nunca hablan bien de quien las goza.

53

Obra mal quien se alaba de obrar bien.

54

La victoria vence al vencedor que no se vence.

55

Peor que un naufragio con amigos es llegar a buen puerto sin ellos.

56

Al avaro todo le falta, incluso la vergüenza.

57

Toda riqueza es inútil si tiene por inútil el comedimiento.

58

Jamás la templanza favoreció tanto al hombre como la suerte, pero jamás hubo sabio que antes de serlo fuera afortunado. 

59

Dentro de cada uno suceden cosas que ninguna máquina podría concebir sin averiarse.

60

También agrava el atropello quien lo tolera por temor a la fuerza que lo aprueba. 

61

Nadie puede proteger a otro de sí mismo sin agredirlo cuando esa protección no es querida.

62

Cualquier fechoría cometida con patente de legalidad es doblemente culpable, y quien la cohonesta por ser legítima debe cuenta ante los damnificados de la alianza que su ineptitud ofrece a la perfidia.

63

A quien mucho teme, mucho le incita a ser temible.

64

No es tan de temer el colérico como el que te pone colérico. 

65

Cuando las hormigas se creen elefantes, el elefante sabe que no es prudente pisarlas. 

66

Lo que otorga su carácter pánico al miedo no es tanto su contenido como el poder de la mente para materializar lo temido. 

67

Lo que llamamos bien suele ser el disfraz confeccionado por quienes prosperan gracias al mal. 

68

No trates como perro al señor si sus dientes no quieres ver. 

69

No todo es malo en los malos: ni uno de ellos se librará de la muerte y algunos, alabada sea la infertilidad, morirán sin prole a su pesar.

70

De reembolsar lo acaparado nadie, ni humarrano ni gentilhombre, se ve dispensado. Cuanto la vida nos da es un préstamo que devolvemos al final con intereses. 

71

Cada vida expresa de una forma distinta el mismo misterio, pero eso no significa que todas valgan igual. 

72

Ninguna desgracia es tan breve como el mayor deleite, ni hay placer tan duradero como el menor lamento.

73

La costumbre ata con tinieblas de esperanza la luz que apagó el miedo insólito. 

74

Acostumbrarse al bien venidero es un falso presente.

75

Apenas tiene fuerza la verdad contra el optimismo. 

76

La calamidad del vecino conoce tu camino. 

77

Que el temor a una infracción no te arruine el viaje. 

78

Las únicas certezas incorruptibles son las espirituales y están al alcance de todos, pero son también los tesoros más falsificados dentro de un mundo que debe su credibilidad al éxito de quimeras colectivas.

79

De ira y de codicia no están menos llenas las calles que las cárceles. 

80

El poderoso que dice amar la libertad confiesa implícitamente que haría cualquier cosa por no dejar de serlo, mientras que el sometido que ambiciona justicia no puede ocultar que le importa más la venganza que la balanza.

81

¿A quién podrá respetar quien no se respeta a sí mismo? 

82

A la minoría no se le debe respeto por serlo, se le debe cuando además de serlo compensa con su excelencia las taras de la mayoría.

83 

Al igual que los falos, los cultos deben ser erigidos y todos terminan desplomándose.

84 

Aunque puedan ser fogonazos de la misma masturbación política, el panfleto parece poesía en comparación con el decreto. 

85

Compete al individuo esclarecido conocer la radical diferencia entre valor y precio. Donde la sensibilidad para distinguirlos perece, reina la tasación sobre la soberanía de lo que no tiene medida. 

86

El individuo conoce su valor si no se estafa a sí mismo.

87

Si las autoridades gubernamentales supieran la clase de pensamientos que les dedico, me encerrarían a perpetuidad.

88

Detestar es un gusto que requiere más talento que el encomio.

89

Pensar es amar, incluso cuando se odia lo que se está pensando. 

90

Ninguna bebida aplaca la sed como la sangre del enemigo, piensa quien no la ha catado.

91

El mito de la técnica que comenzó como una emulación del poder divino hoy busca su culminación compitiendo con el poder diabólico.

92

Acercarse a la tecnología es alejarse de la divinidad.

93

Morir ante la televisión: un genocidio que deja los cuerpos intactos, mas exánimes; útiles para la producción de docilidad y el consumo de mentecateces.

94

El bagaje que uno adquiere en la juventud no deja espacio en el hombre ordinario a los descubrimientos que la edad adulta le proporciona.

95

Sé natural: a ningún barniz favorece la pátina del tiempo. 

96

Toda vida longeva atraviesa tres grandes etapas: la edad de la inocencia, la edad de la experiencia y la edad de la paciencia. Y por las tres somos atravesados fugazmente a diario desde que abrimos los ojos hasta que ponemos un pie en el suelo.

97

Hay defectos que solo desaparecen con la edad; con la edad de morir, naturalmente. 

98

De todos es consejero el tiempo que aporta perspectiva a medida que nos deporta fuera del mundo.

99

Ya quisiera el mañana valer lo que hoy vale el ayer. 

100

La familiaridad con el ego extraña el alma. 

101

Cuando todo se desmorona, ninguna urgencia es tan necesaria como reconstruir dentro de sí un templo donde dar asilo a la lucidez.

102

Es engañoso pensar bien de quien no sabe pensar mal.

103

Ser ordenado, diligente y meticuloso no me ha hecho más liviano el camino, pero sí menos polvoriento.

104

No hay arma despreciable para el temeroso de su sombra. La arbitrariedad mutiladora de lo ajeno es una de sus predilectas. 

105

Que haya quien consienta ser mangoneado nunca fue razón para exigir que los demás tengan el mismo trato, pero ninguna ideología igualitaria tendría audiencia sin esa inquina.

106

Antes veremos a los muertos resucitar que al vulgo desdeñar sus ilusiones. 

107

Acomodarse a que todo marche sobre ruedas es el principio del desvalimiento.

108

Guardémonos de dar mal ejemplo, porque es lo único que podemos enseñar. 

109

Escudriñar debajo de las piedras que nos hacen tropezar, tal es nuestra única maestría como peregrinos. 

110

Ni siquiera el mayor infortunio deja de proporcionar ocasión a la virtud.

111

Son fetos morales las virtudes que no nacen como expresión libre.

112

Si tienes vocación de salvar vidas, no las engendres. Hasta quienes más lo desean lamentan en algún momento ser padres.

113

La clarividencia carece de autoridad sobre los imbéciles.

114

Largo es el camino de quien odia su destino.

115

La alegría de aprender dura solo hasta que aprende lo duro de ser.

116

El entendimiento que no cuenta con lo irracional entre sus fuentes no es ni medio entendimiento. 

117

Abandona tus posesiones si te transmiten nuevas aprensiones.

118

Quien no sea herrero de sí, con suerte llegará a ser herradura.

119

No hay admiración inocente donde no se reserva al modelo el prestigio de lo inimitable.

120

El placer proporcionado por un escrito crece con la erudición del lector, pero la escritura bien concebida no necesita soportes auxiliares al bulbo simbólico del lenguaje. 

121

Pocas cosas ponen más triste al autor sincero que nadie quiera plagiar sus obras, pero su tristeza es llevadera si siente que nadie podría escribir como él aunque quisiera. 

122

El arte sin dedicación es un barco sin mar. 

123

Ni en el arte ni en la naturaleza existe la perfección. Que lo insuperable lo parezca es un desperfecto de nuestras estimaciones.

124

La excelsitud tiene al menos como aval el disgusto de los envidiosos.

125

Un venero puede secarse y un pozo rebosar. No confundamos la obra que manó con la que ha de ser bombeada. 

126

Desvergonzada, como siempre ha sido, la pobreza de espíritu fija su cotización en divisas de aprobación social. 

127

El afán de deslumbrar a los demás eclipsa como ningún otro el fanal de la interioridad. 

128

La mente en forma se siente parte de una entraña mayor. 

129

Ser bueno por temor es no atreverse a ser malo, luego además de mentiroso ese bueno es un cobarde. 

130

Obrar bien por miedo al castigo es falsificar el mal.

131

La malevolencia es materia autodidacta; para ser ducho en ella basta seguir el deseo y el temor sin cuestionar sus medios ni sus efectos. 

132

La frónesis, armonía entre mesura y perspicacia, entona la ortodoxia que temen todas las sectas.

133

En democracia, los defectos mayoritarios hacen leyes.

134

La avaricia del demócrata rompe la urna. 

135

Votar es creer en la ordalía de meterse con un escorpión en la cama.

136

Es mejor equivocarse solo que acertar en mala compañía. 

137

Una buena causa no pide compasión; pide solo su justa parte de razón.

138

La capacidad de tomar no implica de ningún modo la propiedad de lo tomado.

139

No nos pertenece lo que no sabemos soltar. 

140

Congraciado está con lo necesario quien se contenta con lo justo. 

141

Es un bien no tener bien que mantener. 

142

Los bienes más valiosos no son raros, sino secretos, y cuestan justo lo que vale aprender a reconocerlos, máxime cuando uno duda a veces más de lo que sabe que de lo que ignora. 

143

Rehusa el imperativo en el modo de dirigirte a ti mismo si no quieres acomodar el oído a órdenes foráneas. 

144

La individualidad es un don sagrado no porque el hombre así lo llegue a creer cuando le asigna derechos inalienables, sino porque con independencia de las leyes humanas los dioses tienen repartido en cada uno su nemeton. 

145

Alégrate por el hijo que no has parido, pues escrito está que no lamentarás su dolor. 

146

Purguemos el pecado de nuestros padres con la clemencia de no tener hijos. 

147

Mucho se confía quien no se previene contra la corporación, no por pueril menos nociva, de aquellos que no temen multiplicarse. 

148

No existe la muerte prematura: todos los nacimientos son secuelas de un retraso de la sensatez.

149

Más benévolo es no engendrar a un malnacido que convencerlo de que su vida vale la pena. 

150

Dios está pixelado en la carnalidad, donde hiberna a la espera de que el alma rompa sus cadenas atómicas. 

151

Dios retoña en el camposanto y se marchita en el paritorio. Otra forma de decirlo es que concede una chispa al que nace que la muerte reintegra a su firmamento.

152

El mentiroso es inmune a la verdad; o en otras palabras, útil como engranaje evolutivo porque no sufre el freno de la conciencia. 

153

Limitar la sexualidad a la reproducción es la norma en los seres que prefieren los vicios de procreación, con su relevo generacional de tribulaciones, a las virtudes de la voluptuosidad. 

154

Si la reproducción no es todavía un fósil conductual, de los ejemplares más aptos para la equidad depende que al fin lo sea.

155

Pocas vidas son más lóbregas que la de quien hace por inercia lo contrario de lo que siente.

156

«No impongas a nadie la carga que tú mismo no puedas llevar», tiene escrito Publio Siro. Ojalá quienes desean traer más desgraciados a este mundo aprendieran a sopesar su condición en vez de ocultar su conciencia entre la multitud de quienes siguen la corriente de lo acostumbrado. 

157

Nadie es más que nadie por reproducirse, pero uno por otro los gametos siguen haciendo de las suyas en detrimento del criterio más justo. 

158

Los aciertos de tu hijo no te pertenecen, pero sus faltan son también las tuyas. 

159

Conozco a individuos tan desgraciados que nunca se sintieron fuera de sitio.

160

Fuiste concebido por una ruleta rusa, estás atrapado como un proyectil en el tiempo y ¿aún niegas la emboscada que el fuego cruzado de genes y circunstancias te tendió?

161

Para aprender a nadar en un mundo estancado en la cornucopia de su idiotez, lo primero es aprender a flotar, sentir conciencia de que la razón es un cuerpo que ningún cataclismo puede hundir. 

162

A la pasión nunca le faltan razones para convencer.

163

El único fruto que no ha sido agraz antes de su madurez es el vano.

164

Mucho se endurece el espíritu si no florece.

165

Ser menos malo que el peor dista mucho de ser bueno. 

166

Que el superior jerárquico no sea peso añadido, sino soporte complementario, depende más de la calidad espiritual que de la ideología. 

167

Los poderes plenos que el gobierno se concede en un estado de excepción los asume la plebe como normal condición. 

168

La tentación autoritaria sobrepuja a la obligación de ser respetuoso con los demás no solo cuando se ostenta una elevada posición, sino siempre que se deja colgada la conciencia en el perchero del que se toma el uniforme reglamentario.

169

Si meditar concentra la atención en el vacío inmutable de las profundidades, lo contrario, dispersarla en una incesante concatenación de irrelevancias, es vivir en consonancia con la vacuidad mutante de nuestra época.

170

La barbarie se enorgullece de ignorar las fronteras del basta.

171

Compete al que no se detiene tropezar a cada paso. 

172

En sus aciertos y en sus yerros, la intuición maneja sólo perfecciones.

173

Una misma mano nos urde y nos desata; un mismo arcano nos alumbra y nos apaga.

174

A menos que uno se haya entregado al zombismo de Androilandia, no es moral ni socialmente admisible que los pusilánimes mortifiquen a los demás con sus temores para sentirse menos inseguros.

175

Uno empieza a ser solitario de verdad cuando descubre que el precio de la adaptación social es el envilecimiento.

176

Maldito sea el amor que caza cuando abraza, y dos veces maldito si vuela cortando alas.

177

Quien reconoce su locura conoce de primera savia la cordura.

178

Bienvenida sea la muerte que libera de futuras pesadumbres y nunca sea menospreciada la que anticipándose evita ir en su busca.

179

No optimista, sino animoso. No esperanzado, sino esclarecido. No culpable, sino congruente.

180

Signo de pestíferos tiempos es que los cielos anden tan revueltos como los suelos. 

181

Todo diablo necesita un párroco. 

182

No es difícil buscar un mal lomo donde refrendar un buen látigo, lo difícil es no agotarse ante tal plétora de candidatos al flagelo. 

183

El movimiento es para los que huyen, el detenimiento para los que hallan, pero el inmovilismo solo se impone donde existe una esclerosis previa.

184

No hay nexo como el sexo si se comprende el amplexo.

185

Hay que tener ojos sensibles a lo invisible si se quiere apreciar lo visible. «Vale más la pena ver una cosa siempre por primera vez que conocerla», recita Pessoa.

186

No destruyes lo que desconoces sin destruir algo de ti mismo. 

187

La conciencia es una espina en el pecho que recuerda que nuestro hogar no está en la existencia. 

188

Vivir es un trance de regreso a la nada de la que fuimos sustraídos por la fuerza y durante el proceso, que puede presentar semejanzas con el síndrome de Estocolmo, hay quien llega a creer que su lugar está aquí: a los rehenes sumisos no les duele tanto el cautiverio como perder el protagonismo.

189

Al villano le basta ver una rama torcida para talar el árbol.

190

Pronto encuentra quien lo arranque quien arraiga en la disidencia. 

191

Si a todos sirve en parte el que sabe mandar, no hay saber más profanado por el que manda.

192

Más noble timón no hay que el gobierno de sí. 

193

Quien vive para la fama muere para sí.

194

Por menos que nada se malgasta quien busca el agrado del mayor número. 

195

Solo por ser natural lo bello es sobrenatural.

196

El descanso de aceptar lo inexorable supera al apuro de intentar cambiarlo en balde.

197

Un corazón amable engastado en un don nadie es incomparablemente más valioso que una corona regia sobre un cabeza hueca. 

198

En la naturaleza no hay malos ni buenos, sino ramificaciones del alma en un caleidoscopio de posibilidades, lo que de ningún modo nos exime de corroborar que las colonias humanas están atestadas de malos y peores injertos en un tronco degenerado.

199

La virtud se recompensa por el vicio que se invalida a sí mismo. 

200

Midiendo el tiempo nos expatriamos de la presencia sin presente que los relojes han pautado merced a muy puntuales mentiras.

201

Sin un retorno a la centralidad de la experiencia subjetiva, no hay realidad viable para el discernimiento. La mente solo hallará refugio fuera del consenso.

202

A la libertad espiritual se accede por la misma puerta que se sale de la sociedad. 

203

La tribu comienza a transformarse sobre los huesos de los individuos que se transformaron a sí mismos pese a la comunidad. 

204

En soledad se cohabita con la inocencia que la multitud corrompe. 

205

Lo más lesivo que la soledad tiene es la repulsa que inspiran los solitarios a los gregarios.

206

Cada uno se interna en sí mismo hasta el nivel de autenticidad que es capaz de soportar. 

207

Entre hermanos de Caída el asesinato está en el núcleo de la tradición familiar. 

208

A quien la plaga no mata, la sanidad lo remata.

209

Sordos son los oídos del hombre pedestre, pero solo a las verdades que le atañen.

210

No faltará nunca quien execre al que se atreve a dejar pasar lo que es mejor dejar ir.

211

El abúlico es tratado como si fuera culpable de su marasmo cuando su estado no es sino el reflejo concentrado, como el haz de sol requerido por la lupa, de la necrosis de su entorno. 

212

El poder curativo de una sustancia no depende solo de su química; su composición, antes bien, es la emanación molecular de ese poder. 

213

No prestar a los dolores la atención que reclaman es animarlos a porfiar hasta que su fuerza nos detenga. 

214

Ninguna bala se pierde si acertamos a no dispararla. 

215

Con el orgullo perdido se quiebra la necesidad de hacer daño a los demás porque desaparece la causa principal para lastimarse a sí mismo. 

216

La casualidad cede posiciones a la sincronicidad en igual medida que la vida interior gana dimensiones espirituales.

217

Ni te avergüences de tus deliquios ni los creas; acéptalos como efervescencias del magma que compartimos en lo que tenemos de tierra amasada, escrútalos hasta donde alcance a entender la luz de tu agudeza y anótalos si quieres conservar la pista cuando sean exhumados con otras credenciales.

218

Un aliento ilimitado alimenta el limitado alcance de nuestras revelaciones.

219

Los intentos de entrar en conversación con especies alógenas, criadas fuera de la espesura geobióntica del planeta Tierra, son un rasgo definitorio de la urgente, desesperada necesidad de asignarle un sentido fraternal a la orfandad de la única criatura conocida que va perdiendo su alma según se arrastra por la historia.

220

Los más convencidos de no ser títeres en este espectáculo son los atados con hilos más fuertes.

221

Para unos la sociedad es una granja, para otros un laboratorio y, para los menos, un teatro de vanidades que no merece sangre, ni sudor, ni genes. 

222

Cuando la vida juegue con uno, juegue uno con la vida como un objeto de observación dentro de una escena consumada ante la cual no cabe otra acción que el reconocimiento.

223

¿Cómo vamos a entender el argumento de nuestra historia si la pugna por el relato empezó mucho antes de que naciéramos? 

224

¡Qué espantosas actuaciones realiza el ser humano para los dioses que erradicó de su universo! Se nota que aún siente el impulso histriónico de salvar el show a despecho de que sea contemplado con la frialdad de las viejas cordilleras, por siempre indiferentes a las tentativas simiescas de hollar sus cumbres.

225

Raramente habrá calma donde la tempestad se recrea, y quien defiende lo contrario invoca al rayo sin saber que caerá sobre su tejado.

226

La música y el sexo son nuestro esperanto. Sin los juegos de su sintaxis, todo es Babel.

227

No siempre es un beneficio ver desnuda a la odalisca antes de que nuestros dedos la liberen de sus vestiduras. 

228

Nuestra conciencia no brota en la cuna, sino en la cripta.

229

En los regímenes totalitarios la inteligencia que no se atrofia se esconde: tan arriesgado resulta su uso al sometido como prescindible al déspota. Ironía y tiranía se excluyen.

230

Una isla selvática rodeada por un mar muerto, así es la individualidad para el Estado. 

231

«En cada calle un dron, en cada casa un lebrón y en cada cartera un cabrón», comentó fuera de micro el primer portavoz de las vidas que no debieron ser. 

232

Donde la bondad dulcifica, la maldad domestica, luego la vida reblandecida por la civilización no admite sin felonía ser calificada de bondadosa, ni la jaula de su pane lucrando ser ligada al mundo preternatural del om mani padme hum, la joya de la flor de loto.

233

El poder nos quiere lerdos y acobardados, carne de chip y de vacuna, lo que explica la obsesión de tantos Estados por castigar la didáctica de algunas moléculas psicoactivas: expandir los sentidos significa reforzar en igual medida su capacidad inmunitaria frente a las doctrinas que al poder le interesa contagiar. 

234

Solo un tonto de remate o un malsín nos haría explicarle por qué donde imperan los uniformes la seguridad es lo primero que se pierde y la razón lo último que se recupera. 

235

Las ovejas temen al lobo porque así se lo ha enseñado el pastor, que es el responsable de mantenerlas en el redil, de herrarlas, de intoxicarlas, de ordeñarlas y, finalmente, de sacrificarlas para la venta. ¿Es baladí cualquier parecido con la realidad humana? 

236

Quien cultiva dudas no amamanta deudas.

237

Lamiendo se llega más lejos, pero sediento de respeto. 

238

No hay elixir que merezca ser libado en el cáliz de la emulación como la sonrisa de quien aparta, desde lo alto de su cruz, el miedo que se ha adueñado de los mansos. Aun clavado a un artilugio de castigo, la columna de su desapego ilustra el único ascenso digno de tal nombre entre cielo y tierra, la única victoria respecto de la cual todas las demás son cascarones hueros.

239

Si alguien reza por nosotros, no perdamos la elegancia reprochándole que lo hace al dios equivocado. 

240

Allí donde vamos es mejor entrar enteros si queremos ser enteramente acogidos. 

241

Sin los sueños de la noche el día no tendría substrato al que remitir la insignificancia de los hechos. 

242

De la misma seda con que se tejen los sueños está hecha la percepción extrasensorial, automántica, que guía al espíritu por encima del mundo automático de los reflejos. Los sentidos extienden al soñar sus antenas hacia dimensiones que a la vez están en uno y fuera del tiempo. 

243

De noche somos más listos, más salvajes, más nuestros. Quienes cronometran nuestros actos desde arriba saben que un individuo espabilado durante las horas negras es más audaz que cuando está sobre los carriles del día. Que el reposo acontezca cuando la oscuridad despeja las ideas no es una ley universal, sino un presupuesto de orden para quienes no podrían dormir tranquilos en la cima sin una base amodorrada.

244

Lo mágico y lo real se dan la mano cuando lo racional no da la espalda a lo ignoto, cuyo reino jamás retrocede por mucho que crezca lo conocido. Lo que sabemos siempre será una gota en el océano de lo que ignoramos.

245

El mayor enemigo de la magia no es la realidad, que de puro mágica ni lo aparenta, sino el cálculo cosificador canonizado por el poder, ese dataísmo que reduce la existencia al descarnado esqueleto de una economía estadística de donde los comités de expertos, dignificados como augures, extraen el fantasma sociométrico de la norma. Su fascinación por volver predecible lo impredecible olvida, y he aquí su talón de Aquiles, que el aleteo de una mariposa siempre fue más poderoso que la red esgrimida contra sus efectos.

246

Que parezca plagiar a la ficción es normal: la realidad es literatura continuada por otros medios.

247

La imaginación crea ideas, las ideas inventan realidades y a las realidades el deseo las complica con sus fantasías. 

248

El núcleo de la imaginación es tan real que apenas podemos imaginarlo. 

249

Dando profundidad a los pensamientos los sentidos le dan sentido al pensamiento. 

250

Ninguna especie es fea hasta que, a imagen y malparanza de la humana, crece profusamente. El parentesco con otros seres vivos nos ennoblece en la misma proporción que su semejanza con nosotros los rebaja.

251

Algo hacen las sociedades a su darwiniano pesar cuando la ingenesia encuentra sucesores por medios alternativos a los biológicos.

252

La vis medicatrix naturae, la virtud sanadora de la naturaleza, se malingra cuando el poder animal de gestar es confundido con un quimérico derecho a propagarse.

253

¿Qué quiere la Bestia del hombre, víctima y verdugo de los caprichos de quien lo ha creado? Quiere lo que todos los dioses menores desean: beber una sangre que nadie haya probado jamás. Nuestra fertilidad es su bodega.

254

Aunque el amor por el fruto de su vientre sea intachable, no está en su condición evitar el maleficio: la primera persona que nos pone a parir es nuestra madre.

255

¿Qué importa negras o blancas si ambas cumplen un papel asignado? El ganador indiscutible de todas las partidas es el artificiero que nos detonó en el tablero. 

256

Si hay molinos de grano, ¿por qué no de galaxias? 

257

Para un pensador enemistado con su tiempo una de las más fastidiosas ironías del destino es que su obra le críe discípulos. Lo quiera o no perderá su independencia, que estará sujeta a la obligación de ser tomado en serio aun cuando predique lo contrario.

258

La relación preferente del visionario con alteridades y fuentes de conocimiento que tienen su santuario fuera de la sociedad, no empece su poder para diagnosticar las dolencias colectivas de una época, pues se trata de un poder transversal a seres y contextos, capaz de penetrar en el sueño compartido que une a las criaturas, humanas y no humanas, en la red fabulosa de lo viviente.

259

Los átomos son imputrescibles, lo que traducido a otras amplitudes excomulgadas por la física equivale a postular que en los ínferos de la materia late el espíritu.

260

Aunque disponga de nutrientes inagotables, ningún árbol crece hasta el Sol. Sin duda mucho tiene que aprender el animal humano, troglobio de la avidez, de sus hermanos forestales.

261

Sobrevivir a un azote infeccioso con un colapso por apocamiento de las libertades no es vencerlo, sino cambiar un vector fatídico de carácter transitorio por una septicemia de conformismo que tiene visos de paradigma irreversible.

262

Paz a los ojos cansados de contemplar la verbena sonámbula de los puerilizados por el blanqueo de conciencias. Paz a los ahítos de limpiarse la populosidad de los que marcan por doquier la pringue de sus ansias. Paz a los que velan su espíritu en santa hostilidad contra el proxenetismo institucional y perecen con el alba en la tierra quemada de los omitidos.

263

Nuestra derrota puede ser letal, pero nunca moral. Nadie puede despojarnos de la sede ontológica de la autarquía, de la intersección con el oráculo de la presencia extendida al campo unificado de la conciencia, de la solvencia del distanciamiento intelectual ante la adversidad y, lo más relevante, del alma accidentada que se resuelve abortiva dentro de la común matriz de insanias. Tantas veces hemos muerto que olvidamos con frecuencia dónde radica nuestro panteón. A él remito mi conflagración. No me salven de las llamas donde arde la verdad.

1.5.20

PANEGÍRICO DE LO INSÓLITO

John D. Batten, Androcles and the Lion (ilustración recogida en Europa's Fairy Tales)
Desde que me cansé de buscar,
he aprendido a encontrar.
Desde que un viento me tuvo prisionero,
con todos los vientos navego.
Friedrich NIETZSCHE
Mi suerte

—Maestro, una duda me espanta el sueño cuando la oscuridad cubre nuestras cabezas. He esperado, como vusted me recomendó, al marchitamiento de la rosa más lustrosa del bancal de Hermeros antes de poner mi cuita en su conocimiento.
—La duda es como una llave que no encuentra su cerradura y la que traes contigo parece pesar demasiado. Has de saber, hermano Fontal, que la desazón que afrontas no solo roe a las criaturas humanas, he conocido a ángeles desolados porque sus esfuerzos no dieron el resultado buscado. Cuéntame sin rodeos qué te aflige.
—Confiamos a la corbona de cebada con rodomiel la salutación diaria a los dioses, pero hasta ahora no he visto más que hormigas llevándose el alimento que preparamos con el mayor esmero.
—Cierto es lo que tus ojos han visto, tan cierto como lo que aún no has aprendido a mirar.
—Le aseguro, maestro, que no se me escapa detalle. Desperdiciamos el libamen.
—Vuelve mañana al lectisternio, observa con atención y dame cuenta después de lo que allí percibas.

A la luz vespertina acordada, el discípulo regresó con idéntica decepción trabada en el semblante:

—Maestro, las hormigas siguen robando nuestro sacrificio. Deberíamos proporcionarle a los dioses un manjar votivo que engolfara menos a esos voraces insectos.
—Las hormigas no roban nada, querido Fontal, de hecho dan más de lo que toman. Y del grano mulso ni siquiera se puede afirmar que sea nuestro. A ti, por el contrario, se me antoja que te han arrancado un sentido cuando testimonias en posesivo... ¿Estás seguro de que ningún demonio te lo ha birlado mientras mirabas cómo desaparecía la oblación?
—No se burle de mí.
—Tu boca ensarta palabras más propias de alguien amodorrado que de una mente despejada. Has tenido la respuesta delante y la has dejado marchar por donde vino.
—¿Es otro de sus acertijos? No veo el enigma por ningún lado, el suceso no tiene doblez.
—No necesitas anteponer lo inteligible a lo maravilloso.
—Si tengo un problema de percepción, me ignora tanto como yo a él.
—Necesitas entender que no hay nada que entender. Te engañarías si creyeras que puedes hallar virtudes en la realidad que no hayas atesorado en ti.
—Entonces no sé a qué atenerme.
—Has estado atento con los ojos. La naturaleza, sin embargo, te ha dotado de otros modos de contemplar sus prodigios.
—De ser así, maestro, ¿qué vería vusted si estuviera en mi lugar?
—Vería a un novicio preguntando sin haber meditado su pregunta.
—¡No hay quien escape de sus sutilezas! Formularé mejor la cuestión: ¿qué vería un alma despierta si estuviera en mi lugar cada vez que descubro a las hormigas regalándose con la cebada de los dioses?
—Vería que un dios acude con incontables patas a celebrar nuestra humilde ofrenda.

27.4.20

QUIEN CONOCE EL DESIERTO NO BEBE DE ESPEJISMOS

Stanislav SzukalskiSubmerged Town
Puede ser que el día nos alucine, que su orden nos canse, que la propia energía del día se agote, que los velos del día se rasguen. Entonces, quien ha vivido en la superficie, puede sentir la nostalgia de su unión con las fuentes, con las raíces del ser.
Nikolai BERDIAEV
Una nueva Edad Media

Antaño presencias demoníacas, hogaño microorganismos: la explicación difiere, pero el efecto es idéntico. Ante una epidemia, real o sobredimensionada desde su complexión arquetípica, el temperamento se define, y donde demasiados se achican como microbios, los menos ganan autodominio. ¿En qué temperie me configura el contraste con el palíndromo de una plaga que debe su índice de audiencia a la tasa de miedo y su tasa de miedo al índice de audiencia? En un estado cuántico de pacotilla, de ser y no ser en la circunstancia, pues la fragmentación anímica que padecemos conlleva una lidia constante y según la hora del día oscilo entre varias condiciones, ninguna de ellas tan espléndida como los dientes de león que me saludan desde este pedacito de Gea. Vean La invasión de los ladrones de cuerpos, de Don Siegel, y comprenderán. Sea como fuere, nunca he percibido con mayor obscenidad la línea divisoria entre la andanada de abusos con que el orden demagógico vulnera el orden espiritual. Si a partir de ahora pasear, reunirse o respirar son actividades condenadas a un minucioso chequeo y deben amoldarse a las medidas draconianas dictadas por la cofradía de las sotanas blancas, lo mejor que uno puede hacer es quemar el carnet que lo identifica como hijo de una patria que se ha desmadrado hasta el colmo de exigir a sus hijos que acepten vivir de arresto en arresto como eunucos de sí mismos, muñecos de ventrílocuo, zombis teledirigidos.

Las naciones, a semejanza de predadores, poseen territorios; los pueblos, en paridad con los bosques, raíces. Las naciones hacen correr la sangre, por los pueblos corre la savia de la cultura. ¿Qué cultura corre por la sangre de mis compatriotas? Prefiero seguir entero a responder.

Como en una disolución química cuya toxicidad aumenta con la concentración del principio activo, el acorralamiento físico bajo galleo uniformado vuelve potencialmente ponzoñoso no solo a quien lo sufre. Acorralados, sometidos a presiones superfluas a instancias de la ideocracia victoriosa y sin vías expeditas de recreo sensorial que compensen la implosión económica, los países se convierten en crisoles carcelarios de pasiones. No por casualidad las infraestructuras acondicionadoras del espacio creadas por la técnica, desde nuestras celdillas calefactadas al enredado aparejo de las telecomunicaciones, son modos de robotizar y comprimir, de encajonar a los seres en el evangelio axénico de las máquinas.


Por encima de cualquier otro prurito maquiavélico, un rasgo que caracteriza al despotismo es su diligencia a la hora de inventar delitos que confirmen la norma excretada; además de ser una pieza en la ingeniería del encruelecimiento institucional, forma parte de sus prerrogativas cortijeras en momentos críticos. Dentro de tales cotos conviene al individuo avisado transformar su fuero interno en una especie de celosía desde la que pueda mirar sin ser mirado, porque una vez instalada una trampa jurisdiccional revertirla no depende tanto del cabal uso de la razón contra la arbitrariedad, o de la elocuencia con que se denuncie su falta de fundamentación, como de un sentido tan básico como el respeto a la inviolabilidad de ciertos tesoros personales, hoy propiedades recesivas incluso entre quienes intentamos paliar el progreso del sedentarismo mental alternando puntos de vista y enriqueciéndolos con experiencias directas.

A propósito de bulos oficiales y de perspectivas estigmatizadas, con la escalada de memes que realizan los arribistas podría perderse la noción de que el poder es ambidextro, ya que usa con indistinta soltura la izquierda y la derecha para aferrar a sus presas, que somos todas las criaturas censadas en sus registros de insumos. Las ideologías son prendas que el poder escoge según quiera dar realce o disimulo a sus verdaderas proporciones. Denota una ingenuidad poco disculpable esperar que el antídoto contra un perjuicio colectivo proceda de los estamentos que lo causan, lo fiscalizan o lo agravan con su gestión. Digámoslo en negrita y con brinco de línea mediante:

El envenenador se anuncia siempre con remedios. Quien se entrega al mal, si es realmente perverso, no se sitúa al margen sino dentro de la ley. 

Lo que no entienden los borregos, excepto los descarriados, es que la grey corre más peligro con la tutela del pastor que con el lobo. El auge de los mayorales que nos calumnian agrava el declive de las dotes de observación encargadas de enristrar el análisis crítico. Por ilustrarlo con una anécdota, descubro que hombres de probada solvencia antigregaria, como mi fraternal amigo M., vacilan en la defensa de unos primordios inalienables de soberanía frente a los excesos del Estado y sus adláteres. Entre las copiosas conversaciones que nos brindamos, la última corriente dialéctica derivó hasta el conflicto entre libertad individual y «salud pública». Protesté contra este tótem alegando que nace sesgado por la manipulación sectaria y que en la práctica, al igual que sucede con sus homólogos el «interés general» o la «voluntad popular», sirve de excusa a la instrumentalización de los cuerpos como extensiones ejecutivas de los gobiernos, fea y dura biopolítica, a lo que mi buen interlocutor replicó esgrimiendo una idea preñada de horrores: que la atención sanitaria debería priorizar a los ciudadanos que se comportan responsablemente porque no es justo que reciban el mismo trato los que descuidan protegerse de un contagio que los fieles a la ortodoxia profiláctica. Aparte de que estratificar a los pacientes en función de criterios distintos de la gravedad de sus dolencias es una aberración contraria al espíritu hipocrático, su visión de las cosas, tan coincidente con la programada por la Nueva Normalidad, plantea otra cuestión más nauseabunda si cabe: ¿cómo puede saber un galeno quién merece o no su cura? Si se pretende implantar un filtro moral de los ciudadanos que soliciten cuidados médicos o algún otro servicio costeado con sus impuestos, el requisito previo es un nanométrico control de la población, un totalitarismo perfeccionado por la técnica que no deje holgura ni resquicio de hesitación a la maltrecha inteligencia, situación que a mi juicio presenta bastantes similitudes con el objetivo del actual viacrucis.

Así como la dominación política no puede ser desvinculada del sustrato biótico, la inminencia de la Segadora pone de relieve las ramificaciones políticas intrínsecas a todas las relaciones humanas; muestra, entre otras desavenencias, que nuestro vecino, de ordinario tan obsequioso, es muy capaz de cometer las vilezas que sospechamos cuando lo sorprendemos ojo avizor tras el visillo. ¿Ha de temerse que dispare sobre nosotros el esputo de la difamación? En una sociedad que exhorta a sus miembros a destripar su vida íntima para que hurguen a ludibrio los ministerios interesados, ser difamado puede ser una garantía de privacidad. Quizá la única.

Durante un rato es posible engañar a un mirlo imitando lo que su canto expresa, mas a una andorina nadie puede prohibirle el vuelo sin engañarse acerca del alcance coercitivo de la legalidad. Algunos tipos, confundidos por un gorjeo habilidoso, acuden raudos a la artimaña que otros, en cambio, sobrevuelan con garbo acrobático. ¡Ay de quien olvide que las alas se apoyan en el aire como el pensamiento en la libertad!

Entretanto, fuera del asfalto, estalla la floración. Benditas sean las cunetas, cuna y sepultura de naturalezas indómitas.
 
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