13.2.18

LOS GUISOS DE DOÑA CUARESMA

Laurie Lipton, Love Bite
No tomes veneno confiando en el antídoto.
Yosef ben SABARRA
El libro de los entretenimientos

He visto a huestes de blatodeos ocupar territorios bárbaros bajo el disfraz de arcángeles proveedores de maná; las he visto mientras amamantaban pústulas con preces y sus palpos hurgones de carroña repartían bendiciones frailunas a los menesterosos. No se trata del inicio de un mal cuento de terror a lo kafkiano, pero casi podría serlo si la actitud paródica no insinuara una realidad quizá más truculenta, la de las organizaciones que basan la razón de su éxito en asegurar el abastecimiento de pobres muy ciertos al imaginario occidental, entre otras inopinadas formas de darse maña para capitalizar la desgracia. Por garante intermental exhiben al dios de los suplicios evangélicos, que sin ser el único en presidir la explotación de la penitencia, sobre contritos y atribulados rinde en campaña como el mejor publicista junto a la icónica negra de glándulas exhaustas a las que mal se adhiere un bebé horneado por la imprudencia, siempre con la guarnición legañosa de un llanto detenido justo al borde de la deshidratación, o vencido por un agotamiento que la puérpera arrulla no se sabe si pensando en un peluche o deseando que su proteína de zanja haya exhalado el último suspiro. 

A la luz de un examen desapasionado del impulso religioso que asume como prerrogativa la acción de materializar ayudas digeribles contra la penuria, a la par que adoctrina a los desfavorecidos en la mansedumbre, cuesta creer que no exista un deliberado interés natalista por parte de las misiones dedicadas a consolidar la injerencia cristiana, enemiga acérrima de cualquier método de autocontrol reproductivo, en las zonas vulnerables a la desnutrición. Llego a esta sospecha porque es un hecho verificado por doquier que la hambruna trabaja como un eficaz anticonceptivo natural, y porque de combatirla han hecho su prelación declarada los devotos que acuden, no necesariamente de mala fe, al útero del infortunio. 

Entre los mamíferos sometidos a condiciones de escasez alimentaria la estrategia del organismo es reducir la tasa reproductiva; en la hembra humana, el descenso de grasa corporal por debajo del diez por ciento de su peso inhibe la producción de hormonas gonadotrofinas, provoca amenorrea y la consiguiente situación de esterilidad, como bien saben las anoréxicas que se descarnan en el corral opulento del orbe. Puesto que en términos energéticos tener prole es una función altamente costosa para la madre, los mecanismos biológicos favorecen la supervivencia inmediata del individuo sobre la perpetuación de la especie, que según se deduce no parece importar tanto a los genes como a los fundamentalistas empeñados en convertir el mundo en un campo de hacinamiento donde todos, apiñados por una caridad de ogro, seamos refugiados contra todos.

Por si fuera poco el trasiego de los errados que se quieren herrados de progenie, en opinión recogida por Macrobio que las evidencias no me autorizan a impugnar, solo las bestias se preñan. El sufrimiento que no crea, procrea.

9.2.18

MÁS VALE DESÁNIMO DE DUDA QUE PASIÓN DE CREDO

Denis SarazhinDo bugs feel fear?
El Dolor y la Muerte están al acecho detrás de cada salida marcada con los símbolos de la felicidad. Afortunado quien penetre bien equipado en esos espacios.
Ernst JÜNGER
La movilización total

Seguir una u otra linde moral es actitud que concierne al manto de improntas y sugestiones, códigos y vigilancias, anhelos y temores que la influencia ha compactado en la vida privada, pero de ningún modo su carácter personal autoriza el error de creerla propiedad exclusiva de quien la practica. Se empieza por sentir que la moral es patrimonio de una identidad y se acaba, en progresión delirógena, por despojar de dignidad al discrepante que sostiene una visión impura a ojos del ortodoxo de turno.

A este fenómeno integrista, movible por cualquier postulado que pueda ser compartido como credo por el ser de oquedades solitarias que es el humano, vengo llamándolo unanimismo, y en la actualidad sus frentes querulantes más altivos son el sexismo (donde antes los machistas golpeaban duro ahora las hembristas controlan un aparato de censura neoinquisitorial), el ecologismo (logia con más eco que -logía), el deportismo (con su explosiva mezcolanza de orgullo de establo, rivalidad a ultranza y atlético sabotaje de la inteligencia), el monoteísmo (el cristianismo y el hebraísmo no son menos peligrosos que el mahometismo, solo han sutilizado parte de su vigor original en provecho de su establecimiento), el nacionalismo (la religión de los ineptos para extender el pensamiento más allá de las fronteras endogámicas de su herencia tribal) y en aparente retroceso, aunque ruidoso como una nube de moscardas, el puritanismo (la militancia generada entre los acomplejados que, sea cual fuere la pancarta blandida, desean convertir su sentimiento de inferioridad en una apisonadora). 

Todo evento de afirmación grupal entronca con la amenaza de una masacre; lo más chocante es que también desde posturas ideológicas que admiten, en teoría, la coexistencia pacífica de una pluralidad de interpretaciones de la realidad, los que convergen en la orgía incestuosa de una misma versión propenderán, exaltados por la mutua connivencia, a rebosar con un exceso de hostilidad normalizadora apenas dispongan de un coro para alzar la voz y emitir salvoconductos. A todos ellos, armado de largueza, les dedico este corte de mangas que habrán de repartirse como groseramente puedan: «El mundo sería más respirable sin vuestro celo y el celo menos contagioso sin vuestros mundillos». Parafraseando por la adversa a Montaigne, cada hombre encierra la forma entera de la perdición humana. Y en cuanto varios la juntan, esa forma pierde su control.

Corta largueza la mía, que tan mal la estiro aquí frente a todos los padecimientos que los fanáticos engrosan, después de haber recordado la no muy conocida esplendidez de Jesús camino del Gólgota, si damos crédito a Lucas, cuando en medio del respiro que le procuró Simón de Cirene tuvo aún temple para dirigir esta ráfaga a las mujeres que por él se lamentaban: «Llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque días vendrán en que se dirá: dichosas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no amamantaron». A la pasión iba, contra la pasión advirtió y en balde se buscará en el Evangelio mejor prenda de amor por la humanidad.

3.2.18

AL SON DEL SIN DON

Evaristo Baschenis, Instrumentos musicales sobre una mesa
Los antiguos dictadores cayeron porque nunca pudieron proporcionar a sus gobernados bastante pan, bastante circo, suficientes milagros y misterios.
Aldous HUXLEY
Nueva visita a un mundo feliz

los tipos y tipazos, o más bien tipejos y tiparracos, que cohonestaron el poder político y la intriga religiosa en Europa durante la onda expansionista que va del Renacimiento a los prolegómenos de la Conmoción Industrial, la historia debe el surtido de algunas tropelías que el olvido no ha dejado de engullir desde entonces —¿aprendió alguien en las aulas qué despeño seguían los galeotes de tierra en la Crujía o qué fue la Gran Redada?—, pero en cuanto a la elección de la música que los vivos podían obsequiarles como heraldo de sus cortes, salones y capillas, demostraron un gusto portentoso que ha resistido las mudanzas del tiempo y del que son garantes de primera línea Josquin des Prés, Francisco Guerrero, Tomás Luis de Victoria, Dowland, Barbara Strozzi, Scarlatti, Biber, Händel, el panteífico Bach y otros que me excuso por no mentar a fin de restar vicio de envergadura al inventario. Evocar un elenco de tal nivel, siquiera someramente, sobrecoge de obligada elevación en la multiplicidad de mundos que abren su cerradura por el oído.

Detengámonos, para nuestro pavor, en los gobernantes de la hipoteca socializada que por un momento de inepcia llamaré presente. Vemos que sus señorías no están por deponer la costumbre de cometer desafueros cuyo rastro, a mala verdad, se molestan en destrozar, ni tampoco sabrían amenizar la arbitrariedad con la magnificencia melómana de antaño si entre los déspotas en funciones los hubiera proclives a emular las veleidades de un mecenas. A su historial detentador de saqueos, cabildeos y maleficios —aún coleaba el «cheque bebé» cuando decidieron rubricar otro en blanco como premio para un gremio que se había chupado todo, menos el dedo—, lo acompaña hoy una banda sonora de cacofonías donde lo mismo berrea la sosera de una radiofórmula pop, que alardes de oligofrenia insuflan hormonas a las transmisiones deportivas en amancebamiento aturdidor con la publicidad sobre el tozudo, casi perenne soniquete de mordida que, a guisa de telón parlamentario —remedo ibérico del wall of sound de Phil Spector—, producen las trituradoras de documentos trabajando a pleno rendimiento. Tanto por sus dolos y prevaricaciones como por su chabacanería de altos desfalcos, merecerían estos dirigentes no ya que los inhabilitasen de por vida para el ejercicio de un cargo público, que sería lo mínimo en la inmediatez, sino que les borrasen las huellas dactilares y los librasen a su suerte, completamente desnudos, en un ruedo de favelas enervadas al calor de una noche de luna llena.

Deseemos, en el ínterin, que la inteligencia de nuestros mandatarios tenga éxito en su compromiso por gestionar los asuntos oficiales del mejor modo posible: significaría, con toda seguridad, la dimisión de sus puestos; y si además de inteligentes fueran justos, el suicidio en circunstancias honorables.
 
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