23.11.17

CORRIENTE Y MOLIENTE

Los hombres llegan a ser civilizados no en función de su disposición para creer sino de su viveza para dudar. Cuanto más estúpido sea un hombre, mayor será su inventario de diamantinas certezas, mayor su carga de fe.
Henry Louis MENCKEN
Lo que creo

No te preguntes por la catadura moral de las autoridades que, a sabiendas de la falacia o pudiendo iniciar las pesquisas para despejarla, prefieren mantener a los ciudadanos dentro de una lucrativa niebla de insidias donde lo corriente y moliente es creer, entre otros atentados contra la sensatez, que beber el agua pura causa envenenamiento, que los lácteos son la base de una dieta saludable, que el sufragio constituye la expresión menos imperfecta de la soberanía personal o que el impuesto sobre el valor añadido no es un robo institucionalizado, sino una contribución social que cubre de infamia al defraudador que la elude; no inquieras las pruebas que incriminan a esas autoridades sin haber corroborado antes qué parte de la evidencia te compromete más que el licor del grifo, cargadito de biocidas y trihalometanos, a quienes te lo brindan mientras aleccionan sobre las maldades del colesterol.

Pecaría de soberbia si acusara a los promotores de falsedades de habernos tomado por algo distinto de aquello en que seguramente nos hemos convertido, unos memos, sobre todo gracias a los hábitos adquiridos a partir del Neolítico. El animal humano domesticó los cereales y estos lo domesticaron a él; desde entonces, la escalada de despropósitos ha ido mutando hasta alcanzar una exacerbación que la fase consumista del apostolado industrial nos ha embutido como pauta de vida. ¿Me harán lamentar los futuros damnificados por la militancia en el disparate que el tiempo confirme mis fundamentos cuando la obesidad, la diabetes, el asma y la hipertensión sean síntomas pandémicos de la perversión que hoy caracteriza sus costumbres? Quiero hacer virulentos mis postulados no por abrir franquicias en cuerpo ajeno, un propósito que solo me agiganta la ignavia, sino porque a través de otros mis experiencias se atajen libres de particularismos y me hagan sentir menos prevaricador de sus claroscuros.

La revolución empieza por el plato; todo lo demás es guarnición.

La pirámide alimentaria sugerida es el resultado de mis estudios empíricos, pues he padecido durante años trastornos de la microbiota que a la postre he sabido enmendar sin caer en las garras de la burocracia médica y su afán por cronificar dolencias curables, pero no la considero en modo alguno definitiva ni la pretendo, por supuesto, blindada contra un concienzudo ejercicio de discrepancia. Y si bien como alternativa será reprobable a juicio de alguien sensibilizado con el sufrimiento de los animales que masacramos, desde un punto de vista estrictamente nutricional la disciplina vegana ha sido una práctica inasumible para mi metabolismo.

19.11.17

SE BUSCA EDITOR

Zdzislaw Beksinski
Es improbable que muchas personas tomen en serio la conclusión de que venir a la existencia sea siempre un mal, y más aún que dejen de procrear. Más que probable es, por contra, que mis ideas se vean ignoradas, cuando no rechazadas. Y puesto que tal reacción será responsable de una enorme cantidad de sufrimiento desde ahora y hasta la desaparición de la humanidad, no podrá con justicia ser considerada filantrópica. De su motivación tampoco puede decirse que revista maldad hacia los humanos, pero sí que es el resultado de una culpable y falaz displicencia frente al mal de venir a la vida.
David BENATAR
Mejor nunca haber sido

Juan Montero es un señor de raigambre amable que a su apariencia juvenil, propia de un sabio macerado en los arcanos del Extremo Oriente o de alguien bendecido por la sinergia entre fenotipo y ociosidad, une los modales exquisitos de quien conoce la manera de conjugar espacio y presencia sin alterar ni ser alterado más de lo humanamente remontable. Observador y reflexivo, habituado y predispuesto a concertar el equilibrio frágil que media entre el microcosmos de la contemplación y el océano de actividades donde está predestinado a extraviarse el pensamiento, sabe desgranar en los momentos justos la evidencia de habitar un chirumen a prueba de dobleces que despeja su sonrisa con la heráldica franqueza de quien ha incorporado al bagaje de esperpentos colectivos la tragedia del alma vertida en la mazmorra de cada ser. 

Entre sus talentos, además de ser uno de mis mejores amigos —vínculo difícil donde los valga, en todo el espectro del adjetivo—, y corriendo el riesgo de que el panegírico ensamblado por un adicto a la diatriba redunde en la suspicacia de quienes no desconocen las intenciones que cobistas y quitamotas suelen acoger en la manga, podría mencionar por ventura que compone poemas sinfónicos, pilota ultraligeros, inventa utensilios abreviados para obtener belleza de las rutinas, se ha liberado de amar con deglución a los animales y amerita ser el pionero de la traducción al castellano del que hasta la fecha es, desde su publicación en 2006, el tratado antinatalista por excelencia: Mejor nunca haber sido: el mal de venir a la existencia [Better Never to Have Been: The Harm of Coming into Existence], del profesor David Benatar. Para esta última labor, no exenta del centrifugado introducido por algunas perspectivas semánticas que apuntan hacia lo irresoluble, además del apoyo explícito e incondicional del autor de la obra, ha contado con mi estrecha colaboración en la función de corrector ortotipográfico y agitador de estilo.

No introduciré en esta avanzadilla una reseña del libro pese a que en la red aún sean escasas las referencias en nuestra lengua a un contenido que adelanto demoledor en el plano de la argumentación axiológica y la filosofía moral; tampoco me detendré en la figura de Benatar, cuyo rostro en vano escudriñarán los cazarrecompensas después de que el autor haya sido blanco de amenazas por parte de aquellos que no aceptan la libre circulación de sus ideas en un planeta hiperpoblado de oscuros transcriptores del pecado original. Para hablar más claro que Benatar sobre el lado incurable del vivir, hubiera sido necesario callar como un sepulcro profanado siendo conscientes de que toda cuna lo es; para epitomar el sentido de la inteligencia comprometida con el análisis del drama que la humanidad festeja en la desmedida irresponsabilidad de los estragos reproducidos, a las páginas que esperan verse publicadas o excomulgadas en castellano le hubieran venido al pelo las indicaciones de Adamov, otro inconsolable «al encuentro del antiguo tabú, que enmascara la crueldad del sentido genésico», cuando se hizo decir en sus confesiones: «Creo haber denunciado el mal a una profundidad suficiente como para que se imponga al juicio de algunos hombres la conclusión que implica». Comoquiera que uno lo enfoque, ¿se puede permanecer ajeno al hecho de que existir, hasta en el reflejo de su etimología, concentre el abandono en que se halla quien sólo sucumbiendo puede salir del gueto de órganos avasallados donde ha sido deportado? 

La razón de que haya abierto en mi mano esta inflorescencia otoñal la confío a los editores capaces de tomar la iniciativa de mercado, quienes pueden ponerse en contacto con nosotros a través de este formulario.

13.11.17

COMO UN SUDARIO PARA UNA ISLA

Hallie Packard, Above the City
El hecho más terrorífico del universo no es que pueda ser hostil sino que sea indiferente; pero si podemos conciliarnos con esa indiferencia y aceptar los desafíos de la vida dentro de los límites de la muerte —por flexibles que el hombre pueda hacerlos— nuestra existencia como especie podría tener un genuino sentido y plenitud. Por muy vasta que sea la oscuridad, debemos proveer nuestra propia luz.
Stanley KUBRICK
Entrevista concedida a la revista Playboy en 1968

Buceo pensando más en permanecer unido a la costa por la distancia audible de un grito que calculando las profundidades nunca temidas por mí siempre y cuando se atajen visibles a unos ojos cansados. Pese a la intransigencia de tormenta que masculla el cielo, la mar está sumida en una receptiva calma de mujer experta y puedo disfrutar de la explosión sensorial que anémonas, medusas y otros caprichos irisados de la evolución aportan a la memoria de quien nació lejos del exotismo, a menudo brutal, donde confiesan su impronta estas latitudes. Con solaz disolvería mis civismos mientras hago infusión de magruras en estas aguas encendidas si al mamífero que flota en lo irrespirable no lo alterase la obligación de acudir a la gala organizada para una delegación extranjera por el apéndice correspondiente del gobierno insular, fiel a la fealdad de todos los estamentos que deben su razón de ser, y el método de que otros sean menos, a los achares de una burocracia.

Durante la fiesta, muy opulenta en el gasto pero centrada en salvar las apariencias de lo contrario, me permito emitir algunas lágrimas que nadie aprecia, pues nadie que se sienta rodeado de ejemplares frescos de su especie mira con agrado el aspecto tétrico que la repetición de los días, semanas y meses confiere a los almanaques apresados en la piel de un viejo. No soy el que más años ha sumado del bazar de las apariencias entre los aquí convocados, sólo me mantengo lo bastante decrépito para saber mezclar en un mismo llanto la elegía por la buena vida que no me reprocho haber eludido y el alivio por el siglo cuyos extremos ya no tendré tiempo de padecer...

Brian MashburnRequiem
A golpe de gravedad me seco los restos de ensoñación, y envuelto en el escozor del reconocimiento, de puro chasco apuro una oración al vértigo que supuro. Caigo, ¡me caigo en Dios!, ¿qué otra cosa podría suceder en el sudario de la penitencia que extenderá su asedio desde el tribunal del presente hasta su remoto estertor de senectud? 
 
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