22.12.13

VAGUADA DE UN FIGURANTE

Para que el pensamiento dé una vuelta en el cerebro de un inconsciente, es necesario que le ocurran muchas cosas y muy crueles.
Louis-Ferdinand CÉLINE
Viaje al fin de la noche

Despreciar cuanto se ignora, sea objeto de conocimiento o sujeto por conocer —algo asaz común entre mis compatriotas, al margen de su nivel académico, posición social y desahogo sexual—, es hacerse digno de recibir el reflejo de una repulsa semejante. Debido a la ralea de mi profesión —no esta de palabrear requeteflexiones, que apenas pasa de ser vicio inmaculado en el sentido mercantil—, a diario recojo el ninguneo en el desaire que revisto de diana, soy menos que un chucho para esos que me asperjan el entrecomillado de su arrogancia desde el hábito de pagar para que otro se ensucie las manos por ellos, mas no me obtura la estima ser mirado así, como la vomitona que alguien olvidó en la triste acera: ¿qué importancia voy a conceder al veredicto de aquellos que de forma impúdica manifiestan su bajeza moral al atribuirse una clase de la que carecen haciendo uso de la educación que nunca han tenido?

Entre los chamanes vinculados a la cultura del jaguar, reciben el nombre de tinguna las emanaciones electromagnéticas irradiadas en estado de trance que son susceptibles de adoptar cualquier forma procedente del reino animal o vegetal, cuando no partícipe de la naturaleza de ambos. Stephen Judges, responsable de la energía plástica de hoy, gusta de retorcer estos primores visionarios en un mejunje de seres simbólicos y arquitecturas delirantes que parecen evitar cristalizarse bajo la atención, indudablemente, ganada.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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