9.12.13

EL GUERRERO SE DESPOJA DE SU ARMADURA

Ante la cantidad de pruebas en su favor, no hay hipótesis más verosímil que la de la realidad; pero, ante la cantidad de pruebas en su contra, no nos queda más solución, querido señor mío, que la ilusión. 
Luca MARENZIO a su amigo John Dowland. Observación que a través de una escalada de asociaciones, he combinado en mi jurisdicción interna con la Ley de Linus: «Dado un número suficientemente elevado de ojos, todos los errores se convierten en obvios».

Me empalago del contacto que desempeño con cualquiera que el azar me ponga al lado como una forma de castigo autoinfligido por no haber seguido la vocación original de acabar con la estirpe de no abortados a la que pertenezco. Otra prueba de que cada vez soy más esquivo, en cualquier orden, a las tarascadas del deseo, de las que puedo zafarme por entrever las cosas con un desenmascaramiento mayor, más socavadas en los arbotantes de sus apariencias, menos tentadoras y atractivas, aunque no hasta la certeza de haberlas comprendido en su plenitud, revelación que me impediría no sólo el acto de retratar sus calumnias, sino el intervalo de comparecer entre lo inerte y lo sublime.

La reproduction interdite, un lienzo cuya popularidad ha ido en aumento con su trasfondo desde que Magritte lo pintara en 1937, fortuna que estoy lejos de emplear como una objeción contra su talento. ¿Cuándo ha sido impedimento para mí el éxito o el fracaso de una obra?

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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