28.1.13

NI TODO NI NADA, SINO DISTINTO

Si Cromwell dijo que un hombre nunca escala tan alto como cuando ignora su destino, con más razón se puede afirmar lo mismo de comunidades que admiten las mayores revoluciones sin tener vocación alguna para el cambio.
Adam FERGUSON
Ensayo sobe la historia de la sociedad civil

Entra dentro del convencimiento de muchos estudiosos de las formas de liderazgo y de la filosofía del derecho la defensa de un Estado duro que se crece arraigado en el pesimismo antropológico —Maquiavelo, Hobbes, Schmitt—. Advierten que la condición humana se rige por innegables apetitos sépticos vistos como un mal natural que puede y debe ser compensado, dirigido y minimizado por medios arbitrarios, como si la virtud, o lo que ellos conciben por tal, pudiera introducirse en las conciencias por decreto. A mi más que dudoso juicio, que desde luego no trata de emular y aún menos de atribuirse la experiencia política ni la capacidad de discernimiento de los autores mencionados, este planteamiento supone una traición a la inteligencia por cobardía ante las consecuencias reales de asumir dicho pesimismo —la apuesta irrecusable por el descontrol subalterno o el autogobierno—, cuando no una maniobra urdida desde el principio para abrillantar las operaciones más innobles del poder en nombre de una finalidad superior en apariencia, como pueda ser el mantenimiento del progreso asegurado en la normalidad o la consecución de una homogénea paz social. Creer que los integrantes de un gobierno superarán en calidades la índole de sus tributarios no es una cuestión de eficiencia probada, sino de fe; si mezquino es el hombre de a pie, ¿cuánto peor no será quien goza de mando para magnificar sus excesos y defectos? Es más, si seguimos los surcos más reconocibles de la historia, probablemente suceda lo contrario de lo buscado, y la autoridad que pretenda corregir bajo coacciones los desarreglos acusados por la población general comprometiéndose con alguna empresa de elevación moral provocará efectos más indeseables que los propios de una sociedad relajada frente al desenvolvimiento de las fuerzas de diversa valía y valentía que compiten —o se comparten— por manifestarse. El humano es lo que es, un depredador nato capaz de regalarse momentos admirables, y de la satisfacción de sus necesidades dependerá en alta proporción la benevolencia de su conducta, influenciable al mismo tiempo por los sistemas de refuerzos que se le apliquen, aunque sólo hasta cierto punto. Para mi ahora invencible comedimiento, el orden que se basa en contenciones drásticas del egoísmo individual encaminadas a favorecer una distribución ficticia de la soberanía sólo es voluntad despótica, miedo institucionalizado, guerra suciamente encubierta por el monopolio de la violencia. Si además del suicidio colectivo hay un orden potable —peligrosa congregación de conceptos, paso palabra— para los incorregibles vividores murientes que aquí estamos, desoyendo las aclamaciones por echar un freno de tiranía a la anarquía debería madurarse la síntesis que saldrá de exponer las esferas comunitarias de la acción a una disciplina de combate en la cual, como fase de reajuste, se procederá a la apertura de todos los candados...

Creación de las aves de Remedios Varo, cuya maquinaria podéis imaginar en funcionamiento con esta versión galvanizada del Minute Waltz de Chopin.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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