30.12.12

SONAMBULEIA

En cierta ocasión, soñé que era una mariposa que volaba y me solazaba por el cielo. No tenía idea de que fuera Chuang Tzu. De golpe, desperté y era Chuang Tzu de nuevo, pero no puedo decir ahora si he sido Chuang Tzu soñando que era una mariposa, o si soy una mariposa soñando que es Chuang Tzu.
CHUANG TZU
El libro de Chuang Tzu

Desde el ser, el sueño es un no ser; desde el sueño, el no ser es un ser. Los confines entre mundo exterior y mundo interior son tan elásticos, permeables e inconstantes como la distancia que separa el consciente del inconsciente, la unidad de la multiplicidad, el orden del caos, la simultaneidad del movimiento y lo abstracto de lo manifestado, de modo que la calidad de las intuiciones determina para todo y para nada, agotando bien y mal, la aptitud de la ciencia que los perfila. Compenetrados por el anverso y el reverso que coinciden en la cota inalcanzable de un absoluto cercano, los sueños se hacen realidad en realidades que se hacen sueño dentro de una fuga de misterios adyacente a la totalidad de los términos implicados en lo que se presume un acertijo de espejos enfrentados sobre el que nadie sabe si la muerte cierra el círculo o lo reinicia, acaso dos pústulas nominativas formadas al exaltar el mismo fenómeno sin agotar la provisión de sus efectos comunicantes.

Con la persuasiva construcción de los actos obrados en el tiempo, la amplitud del universo físico se diluye en una instancia aparente que contiene los parajes por donde discurre la vida subjetiva que sale al encuentro de su eternidad. No puedo asegurar que la esencia del ánima fluya al aviar un sistema para alquitarar equilibrios complementarios entre la cohesión y dispersión de las fuerzas que compiten por afirmarse a cada lado del prodigio; lo que avalo, como cualquiera que haya resucitado por su propio ombligo, es que cuando uno de ellos logra obnubilar al otro, el sufrimiento roe morosamente la materia y bajo su inexorable comparecencia mediadora la experiencia palpitará enmarañada en una bronca de cíclopes contra las convulsiones temerarias del deseo y la inhibición temerosa de la voluntad.

Cuando las piedras se consagran a la ensoñación, les crecen arquitectos como Viollet-le-Duc, responsable de hacernos visible la célebre gárgola Le Stryge que medita encaramada a Notre Dame de París.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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