19.12.15

LOS OMITIDOS, y III

Nikolai Kalmakov, Mujer y diablo
Concluyo, ahora sí, mi parte en el intercambio de impresiones con mi receptora, a quien por fin he podido ver en efigie como presente adjunto a su decisión:

Retiro la vista de la pantalla, hundo las pupilas en la chimenea que acabo de encender y vuelvo a tu correo: ¡Dios mío!

Puedes estar orgullosa de haber logrado que tu belleza me convierta en la bestia de la historia.

Te cederé el voto porque era lo acordado y me yergo más noble cumpliendo mi palabra que faltando a ella; te serviría incluso en bandeja de manos alguna gema de la corona de mi alma si a estas alturas no la llevara deslustrada entre los jirones que de ella se ciñen a mí.

De las opciones disponibles tu elección es la que menos me pesará respaldar. Estratégicamente, es la fuerza más certera para contener a los partidarios de la política de tierra quemada que profesan quienes han vendido sus escaños a la banca, diagnóstico que ambos compartimos. Seré, sin aspavientos, tu portaestandarte en esta misión. ¿Necesitas que grabe el momento o confías en mi distante y recién adquirida lealtad?

Gracias por acoger mis letras con tan sonriente hospitalidad a pesar de los numerosos quehaceres que te exprimen. Y gracias, asimismo, por disentir de las ideas expresadas con tales remaches. Es odioso sentir que a uno le dan la razón sin razones o se la quitan sin corazón. 

Aunque solo dure lo que dura el acto de votar, aunque bajo mi punto de vista esta guerra sea una causa perdida y mañana me desarme, celebro el hecho de salir de mi atrincheramiento en la castidad antipolitiquera, a la que quizá he conferido una importancia desmedida.

2 comentarios:

  1. Con la matización de que en el juego de la confusión y el disimulo de estas elecciones burguesas que poco o nada tienen que ver con una democracia medianamente seria resulta imposible decir de antemano quienes son los peores pues todos en alguna medida, por comisión u omisión podrían ser peores que los demás, me atrevo a adjuntar un artículo que acabo de escribir en el que sí identifico a los más antisistema, a los que menos respeto han mostrado por la Constitución y por los principios generales del derecho como el de seguridad jurídica, a los más soeces y burdos en la defensa de los oligopolios y en el ataque a los más débiles e indefensos.
    Lo más coherente es, coincido contigo, no votar pero permitámonos como diría don Juan Matús, una "locura controlada" ya que la esperanza es lo último que se pierde.

    http://disienta.blogspot.com.es/2015_12_01_archive.html#595195318198058280

    AgAiNsTeR

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  2. Muy oportuna la mención de la «locura controlada» de Castaneda como concepto de contraste para pensar el control enloquecedor de un orden basado en la concentración de poder.

    Te felicito por el artículo enlazado, es un buen pasquín, dicho sea desde la confidencia de quien se sabe timonel de un cerebro panfletario. No sé si estarás de acuerdo conmigo en admitir que para quienes llevamos el libelo en el alma la causa ventilada es un motivo secundario de interés; tanto es así, que en cuanto a mí respecta a veces creo que mi aptitud literaria más arraigada es la maldición... tras el ornato.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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