3.6.13

ROMANZA DE UN REPTANTE

El hombre sensato se cura de la ambición por la ambición misma.
Jean de LA BRUYÈRE
Los caracteres o las costumbres de este siglo

Me quisiera grande en la prosperidad y aún mayor cuando la suerte me sea hostil; gustaría de aderezar el talento de emprender acciones valerosas y poder bruñir con orgullo las infames que he decidido no hacer, mas nadie hay tan excelso a sus semejantes que merezca la salvación, ni ninguno deja de proporcionar motivos para que otros bailen jubilosos sobre su tumba.

Con méritos que no son de víctima ni de culpable, hermosea en sus atributos la maja de El pecado de Franz von Stuck no menos que el bienaventurado ejemplar de culebra de escalera con el que he tenido la fortuna de coquetear esta mañana.



2 comentarios:

  1. No sé de que vas, no entiendo una palabra, ya te he perdido la pista, estoy pensando en volver a escribir en Crónicas del desafuero. Pasaré a leerte cuando tenga tiempo (que nunca tengo, pero lo sacaré).

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  2. Querida Bea, ¿qué puedo decir para completar las zonas cerradas a tu intuición sin cometer un acto de impúdica transparencia? No creo que hayamos cambiado tanto para provocar esa extrañeza.

    Antes, mis ideas eran más incisivas (periodo de creatividad que cubre la mayor parte de mi obra no publicada); ahora, mastico mejor. Síntoma indiscutible de una decadencia solo dulce en la distancia que la contempla y amarga siempre que nos aborda, me sorprendo compensando con refinamientos de estilo las pérdidas del vigor mental. De carnívoro a rumiante, la única seña de identidad que parece seguir conmigo es el canibalismo autógeno de mi particular forma de entender el mundo.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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