14.7.15

NEOFILIA DE LA BRUTALIDAD

Armene, Package IV
«La máquina gira, gira, y debe seguir girando, siempre. Si se para, es la muerte», hace decir Huxley a uno de los personajes en Un mundo feliz. La gracia de esta observación no estriba en su literalidad, que es anodina, sino en la curiosa transposición que me suscitó cuando le asesté el cabezazo de ¡una tercera lectura!: «La máquina gira, gira, y debe seguir girando, siempre. Si es para, es la muerte».

La idolatría del Progreso, hija industriosa del racionalismo, luminaria siempre novedosa a presunción de la flamante o predadora Razón, talismán para banqueros y revolucionarios que con aptitud multiservicial ha sido, por igual, ama de cría de masivas atrocidades e inspiradora de elevados ideales, debe al concepto bárbaro de fuerza, convertido en valor supremo, tanto, si no más, que a la metafísica del logos como mediadora cartesiana de las transacciones entre los hechos y la subjetividad, pues el culto al desarrollo material identifica el avance con el sentido histórico y esto supone afirmar que nuestro mundo evoluciona, pese a las páginas fúnebres que la especie humana acumula en su reciente devenir, gracias a una vocación de prosperidad de tal suerte alabada con optimismo que en sus efectos revela seguir la nunca oxidada creencia en los vencedores, esa actitud de proficua adulación que los exalta —con un pragmatismo muy eclesial, por cierto— como plenipotenciarios de la Necesidad, razón de razones.

Así de brutote, todo un brulote, se vuelve el espíritu moderno cuando quiere abrirse rutas menos imprevisibles por las poco sedosas corrientes del destino.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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