4.7.15

LA URGENCIA DE DEMORARSE

Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.
Carl HONORÉ
Elogio de la lentitud 

Desde más ángulos de los que pueden ser rebatidos, somos presionados para tener ganas de actuar y temer la desgana como una patología que ha de resolver de forma oficial nuestros capítulos de inacción y excusarlos, mediante un tratamiento pertinaz, de igual modo que antaño la penitencia acatada tras confiarse al confesionario reintegraba las faltas cometidas contra la moral. Si esta fiebre del acto por el acto, común a ocios y labores, no supone haber reducido la polifonía vital a un régimen malsano de cargas y apremios, a un cáncer que es cárcel de compromisos y objetivos indeclinables, entonces lo menos impedido a lo fortuito es que seamos una caterva de imbéciles recíprocamente abreviados, como podrás comprobar estrés donde estés.

El gigante Ixión cumple la condena de girar eternamente en una rueda de fuego por haber ofendido a Zeus, quien hubo de fulminarlo con el rayo para enviarlo al Tártaro al ser esta la única manera que tenían de morir los que habían compartido el privilegio de probar la ambrosía. En el lienzo, la sutileza de José de Ribera, el Spagnoletto, se hace patente al centrar la crueldad en el gesto revuelto del verdugo más que en los detalles del castigo.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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