9.1.14

TIROS DE GRACIA

Si las personas definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias.
Teorema de Thomas formulado por William Isaac THOMAS

Quien trata de minimizar el mal que brama en las células de cada hijo de Maya, creyendo hacerle justicia a la condición humana la fecunda, de revés, con la misma vileza que no advierte.

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Los destrozos causados por el azote de una pasión largamente reprimida son superados por los flagelos de la inteligencia, más interesada en sistematizar con un método instrumental la explotación del suplicio que en considerarla un perjuicio. La experiencia del crimen puede que comience por el instinto, pero culmina sólo con la razón.

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Lo importante no es que la flecha llegue al blanco, sino que su sentido lo traspase.

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Transebriedades. No me yuxtapongo a mis estados, conmigo los conmino y entre sí los combino hasta con vino.

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¿Neoliberalismo o postmafia? Asqueados e indefensos, asistimos al implante social de una política de concentración de capitales que se beneficia de la farsa de un contexto moral de dispersión de responsabilidades, dos características demasiado rotundas para dejar de comprender que el fenómeno no es nuevo históricamente, aunque los medios se hayan sofisticado, ni respeta una pauta liberal en lo económico, por mucho que el dinero simule circular a su antojo.

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El combate no justifica la decisión, mas ¿puede llamarse determinación a la voluntad que no implica lucha?

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El ocio cura lo que el trabajo lastima, y cuando la ocupación escasea, cae la holganza en el oficio sin descanso de la molicie, que remunera tiempo con necesidad, recompensa deuda con culpa y señala la sumisión asalariada como el único antídoto contra el pecado de haber intentado sobrevivir sin peculio en un mundo que desprecia la viabilidad de la honra.

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Rendir trancas y barrancas. Deponed las avenencias con los fines que necrosan el cerebro en las premuras de una actividad interminable y lo demás se os dará por sustracción.

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La construcción más ordenada debe mucho a las casualidades de la destrucción que la precedió.

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El paralelo es a ultranza: en el ámbito material, la civilización tecnocapitalista superproduce trastos inservibles que acaban formando un estrato sepulcral omnímodo, pues así lo encarece el modelo catastrófico de obsolescencia programada, obsecuencia renovada para los vivos; en lo social, avalancha de microsujetos condenados, asimismo, a volverse pronto inservibles, pero demasiado duraderos para que no se los ayude a perecer por otros medios...

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El vulgo suele creer que los sueños agoreros pierden su poder maléfico al ser contados, convirtiéndose por el acto de hacerlos públicos en profecías autofrustradas. Es curioso que este comportamiento en relación a las tinieblas de la vida onírica obedezca a la idea de su propia eficiencia disruptiva, no tan supersticiosa como parece a simple vista, salvo que lo supersticioso se interprete como germen factoide de lo real, con lo cual el vaticinio truncado remite, a su vez, a la profecía autocumplida que comporta toda fe en la influencia de un mecanismo psíquico para determinar el despliegue o la inhibición de un suceso. Ahora bien, si la sutil interacción detectada entre el inconsciente y los eventos reales puede resultar válida para las pesadillas, ¿qué cabe sospechar acerca de las latencias de la vigilia, que además de ser la mayor y más funesta ensoñación conocida se macera en el vaivén continuo de rumores, ideas y pasiones de los sujetos que, quiéranlo o no, participan en ella?

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Circo Desolación. No estoy seguro de si la historia es un laboratorio que tiende a presentar sus descomunales ensayos como un espectáculo circense, o de si las grotescas variedades del espectáculo humano se suceden de una forma sólo presentable como historia. En ambos casos, los gigantes del mundo son enanos que se alzan amputando a quienes amenazan sobresalir por encima de ellos, una devastación preceptiva que no es incompatible con la posibilidad de conservar a una parte considerable de los grandes enjaulados en su soledad para manejarlos, contra su propia naturaleza, como fieras domadas.

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Ritos de profazo. Los sentimientos no sostienen la estructura mental que completan, o así te lo explicaste antes de abandonar tus tesoros más queridos, aún vivos y gozosos, en el alfoz forrado de mugre, a expensas de cualquier desaprensivo o de alguien, quizá, peor que tú mismo en tus momentos más bajos. Después, mientras ponías trecho de talones a la condenación cuyo desamparo tan a menudo habrás de visitar con el pensamiento, se hizo el silencio en el cerco sin clemencia de tu corazón como un hueco rebosante de horror que aceptaste dirigir —te crees ímprobo pero valiente— contra las luces aliviadoras de tu presente, del inmediato y de los que con el ahora se irán: tu abominación merece la reserva negra de ese honor por ser más grande que todo lo grande que en tu vida puedas ser.


Iván el Terrible y su hijo, óleo de Iliá Repin que muestra el arrepentimiento del padre tras haber asesinado a su predilecto en un acceso de ira. 

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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