2.1.14

DEL HORRENDO CRUCE ENTRE FERTILIDAD Y ESTUPIDEZ

¡Dichosos los muertos! ¡Y tres veces desdichados aquellos que, llenos de locura, engendran! ¡Dichosos los castos! ¡Dichosos los estériles! ¡Dichosos incluso aquellos que prefieren la lujuria a la fecundidad! Pues ahora los Onanistas y Sodomitas son menos culpables que los padres y las madres de familia, porque los primeros se destruirán a sí mismos y los segundos destruirán el mundo, a fuerza de multiplicar las bocas inútiles.
Albert CARACO
Breviario del caos

No hubiera sido necesario recurrir a estudios como el de Gerald Crabtree para hacer patente el retroceso cognitivo que se obtiene con cada generación; la decadencia de aptitudes intelectuales puede verse contrastando la mutación del valor cultural que se concede a la individualidad en los pueblos que históricamente han habitado un mismo territorio. Con todos sus defectos y esclavitudes, en la antigua Roma de la que Hispania llegó a ser parte esencial nunca fue delito abortar, pero en la actualidad debería serlo, y muy grave, obligar a los órganos sexuales a producir seres, máxime cuando sea previsible el parentesco, aun lejano, con tipos degenerados como el instigador de la Ley Orgánica de protección de la vida del concebido y derechos de la mujer embarazada, cuyas intenciones chocan frontalmente con la madurez deseable para alcanzar la neutralidad institucional en materia de fe, criminaliza a las mujeres tras equipararlas a perras interrumpiendo la capacidad de gestar una decisión soberana sobre sus cuerpos y, en síntesis, sirve para dar pábulo a los más tontos de entre los tontos que reproducen sus taras en las cunas y en las urnas, pues siempre ha sido capirote de orgullo entre gentes de mala raza fundar sagas con la esperanza de que sus engendros los rediman de su propia necedad.

Besos secretos al calorcillo de la putrefacción en Amore e morte de Calcedonio Reina.

2 comentarios:

  1. Marquitos6/2/14 23:13

    El sexo destinado a la reproducción es culpable y quien no se da cuenta de ello, doblemente culpable.

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  2. Bienvenido, Marquitos.

    Con su celo represor los antiabortistas demuestran tener un grave problema para delimitar las competencias entre lo propio y lo ajeno, tara que según su criterio los capacita moralmente para adjudicarle penurias a otros. Lo más desesperante, sin embargo, es que gracias a la connivencia de muchos úteros y testículos esta prochusma puede cambiar las leyes a su prejuicio.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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