13.3.13

SIMONÍAS

Calaveras y calveros del ser, si vuesas mercedes consienten siéntome librado de omitirles lo que no creo pueda crear por esta gracia que aún me duerme; de intentarlo, a lo menos sería más de lo más y baldón de incordio con la repetición de mis retablos de ausencia, pues entre creer y crear no hay tanto saber como el gazapo de un dulcísimo sopor de figuraciones intermediarias por hacer. Los pensamientos, que son fuerzas motrices de la nada galopando hacia el desvividero del inquirir, me cuentan cuentos que no contentos de contarse en cuanto escribo he de descontar, por consecuente, cada vez que los cuento. Han aprendido a mirarse a través de mis ojos y a mí me place reperderme en la mismidad emprendida a través de los suyos, esos orificios de oscuridad sobresaliente en la que grato engaño es suspenderse y uno, bien que mejor, se indispone de girar la nuca al frente so pena de convertirse en un retornelo de piedra.

Sabido es por presunción de ignotos que el lugar que no ocupa el saber lo llena la ignorancia, y además que lo bonito es descubrirse sin ser descubierto, pero en mi seso licuefacto todo está próximo a relacionarse muy floridamente entre sí, o a cabecear parejamente un mustio olvido entre otros derroteros baldíos. Desde este mi agonístico desdén del yoquesear que empiezo intuirles pisón, traigo a cerrojazo de punto y aparte los retruécanos de mi preclara Juana Inés, a quien los sodomitas curópteros, acaparadores hoy del titular por las fumatas de simonías, encerraron en la sintaxis de la Cruz por el obtuso hábito de Sor. Para alivio de simpatizantes, menos mal que también, cabe latinos y latines, celebraba tertulias y amenas visitas en su celda de clausura, que según consta tenía dos pisos que sumar a la altura de su genio:

          ¿En perseguirme, mundo, qué interesas? 
          ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento 
          poner bellezas en mi entendimiento 
          y no mi entendimiento en las bellezas?

          Yo no estimo tesoros ni riquezas;
          y así, siempre me causa más contento 
          poner riquezas en mi entendimiento
          que no mi entendimiento en las riquezas.

          Y no estimo hermosura que, vencida,
          es despojo civil de las edades,

          ni riqueza me agrada fementida,

          teniendo por mejor, en mis verdades,
          consumir vanidades de la vida
          que consumir la vida en vanidades.

Sueño enclaustrado de Clovis Trouille. Jipiando desde la abertura inferior de la arquería, otra hermana humedece su jardín.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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