16.3.13

CAMBALACHE

Las tristes lágrimas mías
en piedras hacen señal
y en vos nunca, por mi mal.
Letrilla anónima

En la estrecha comunión del ancho vivir el momento daba fuelle de solaz una pareja a sus lumbres de somier. Viendo la dama que el gentilhombre tardaba en cumplirse más de lo que el ímpetu natural provee a la satisfacción del instinto, y como pimpán, dale que dale, porfiaba éste impenitente en su prosecución, hubo de decirle la aventajada: «Carrera inútil la vuestra, pues la presa se os escapa». «¿Escaparse? —respondió— Tiempo sobrado ha que la traigo prisionera en estas parrillas, ¿o acaso no os envuelve el perfume embriagador de la carne somarrada?»

Carta décima, correspondiente al arcano de El Mago, que me salió al barajar por segundas los nuevos trabajos de Julián de Narváez.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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