12.2.13

PROFILAXIS

Cuando las imágenes del poder ensombrecen la realidad, los que no lo tienen se descubren peleando con fantasmas.
Christopher LASCH
La cultura del narcisismo

Cuando me cruzo con la palabra virgen, lo primero que hace vibrar mi hipotálamo es la impoluta verticalidad de una página retroiluminada a la espera de transformarse en mi sementera haciendo uso de un arado sencillo pero galante, como Sabon Baskerville. Casi de seguido, como no puedo probar mi veracidad sin demostrar previamente la falsedad de los adversos que me la niegan, recuerdo que «por la boca muere el pez», y ya que me expongo a ser pescado fresco en bocas ajenas, mejor dejar la raspa ingénita atravesada desde el saludo que ser escabeche póstumo distribuido en diferentes formatos de hojalata. A partir de ese instante, ni yo mismo en horas necias me podré borrar la certeza de que no «toda la desdicha de los humanos proviene de una sola causa: no saben permanecer en reposo, en un cuarto» —¿y por qué no en un féretro, señor Pascal?—, sino de empeñarse en exhibir lo que difícilmente es decoroso queriendo prolongar por otros medios lo que por naturaleza es fugaz y, menos que memorable, de un ínfimo inconsistente... como este provisorio alarido.

Stranded Whale, en este caso un cachalote, de Esias van de Velde.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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