20.2.13

HOMBRES, MUJERES Y VICECUERPOS

Hay pocas mujeres honestas que no estén hartas de su oficio.
François de LA ROCHEFOUCAULD
Máximas

Me atenúo de juzgar a las personas por su físico, salvo que físicamente quiera algo de ellas, como es natural. Demasiadas mujeres se ofenden por ser apetecidas o rechazadas según su aspecto exterior, aunque raro es hallar a una sola a quien no le agrade sentirse bella ante ojos propios para mostrarse en confianza al cumplido ajeno; si esto les sucede a las más, debido a mi condición masculina encuentro absurdos los motivos por los que debería obviar los atributos que desean para sí mismas, a no ser que hacerles la contra sea lo que muchas pretenden a falta de mejores atractivos. 

Anticipándome a una poco improbable acusación de misoginia —¿yo, que adoro al otro sexo en mis sueños y vigilias aun después de gozarlo hasta el hastío?—, ni siquiera a modo de fallo generalizado tengo inconveniente en aceptar que me reprochen haberme convertido en lo que todo hombre es, un falo fisgón con momentos de cerebración, porque fue precisamente en un lance de fulgor cuando discerní que la facilidad con que se arguye este tipo de recriminación pone al descubierto una constante sintomática: no por asimilar los cambios más desbordantes las hembras dejan de ser iguales que siempre.

Raupture de Hannes vs Jana.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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