22.5.13

LA TENIDA

No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no vale la pena vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía.
Albert CAMUS
El mito de Sísifo

Somera luna creciente en el subsuelo adjunto al subcielo; bajo las persianas y sale jarreando la Templanza: tiempo blanco de afinar retiros que emplearé en darle otra vuelta al ombligo y desembrarlo de astillas. La ausencia fluye de mi cuenta. Acepto la invitación...

Negro es el continente recóndito de todas las cosas, y cuando no lo veo, me derramo cafre a su través. No vengo a este estuche de incontenibles por venir a más ni a tanto menos lo devengo, pues más que mi nacimiento —tragedia neta, un fiasco remiso a la expiación— celebro mis renacimientos. Tampoco me desvivo por estar cansado de vivir ni me doy descanso por bullir en soflama viva, sino que revivo de matarme cerviz a cerviz las esperanzas que no fecundo a la existencia en la que incluyo, del coxis a la crisma, los enconos del mundo más alguna otra solapa entusiasta de sentido que, absurdamente, en un místico convite del roto por el roto, me desbarro intransigente a comprender.

La suerte no me cambia porque la muerte ya no me arredra con sus hilaridades de quitaipón. Ella y yo, casi somos uno o dos medios casi. Recipiendario, con distinciones zumbonas de nada que para nupcias de entero sirven, sé ronchar sin embozo de confalón la mano que me priva de comer, así como besar el sexo que me infunde en privado calorías de relatividad para mover montañas.

¡Estoy tan desaprovechado, tan suavemente estrellado en la defección de cada alborada!

The Great Day of His Wrath, de John Martin, obra que acicaló el desazonador álbum Heresy de Lustmord.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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