10.5.13

DE LA INASIBLE COMBATIVIDAD

Todo nuestro razonamiento se reduce a ceder al sentimiento.
Blaise PASCAL
Pensamientos

Vivir con miedo es pecar contra uno mismo, ir de uñas contra ese casi nadie a quien debemos soportar la enmienda de su pegadiza transmigración entre otros insoportables pasajeros de la existencia que nos merodean como agujeros y nos tragan solo un poquito a condición de servirles de público. Loco de verdad o verdaderamente cuerdo, hay que ganarse el alguien haciendo lo que más se teme.

Si no me valgo para amar, me gustaría saberme armar el nervio de ser peor de campo a campo que mi enemigo; para él me gustaría ser temible sin interrupción, pero las guerras me salen santas a mi pensar porque tiendo a ver lo bueno en la maldad ajena por lo propio malo que se cría en mi bondad. Como cruzado, soy radicalmente desintegrista y amador discrepante me revuelvo todo por mi sola presencia, impenitencia de corazón sin dueño que desdeñado nunca ha detestado sin querer a la vez y de sus filias ha de salir balduendo con el hábito de lucha que me ha vuelto sencillo en la victoria, valiente en la derrota y diabólicamente cortés en todas las batallas.

Púgnase en vislumbre de trifulca quien persigue a su oponente hasta cercarlo en el puro deseo de acabarlo, que en el momento de la centella reptiliana da un vuelco de discernimiento al saltar sobre ambos, se anonada en para sí por esa fisura que honra a su presa incluso cuando la devora y desprende a su victoria un veredicto trabucado de vacío donde no más dentro ni más fuera se raspan los extremos y siempre se pierde el tiempo por quererlo ganar, con cualquier pretexto, también en el combate.

Comentan por las paredes que «si luchas puedes perder, pero si no luchas estás perdido». A mí hasta eso me parece una mentira para poder dar cauce al odio que nos inspiramos unos a otros, y conste que no estoy en contra del odio ni de las mentiras... cuando van por separado. Unamuno desconfiaba del que no lucha, pues veía «un mayor enemigo en el que se me somete que en el que me resiste». Habrá que deshacer las sábanas...

El ahogado, de Vasily Perov, responsable del popular retrato de Dostoyevski.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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