29.9.12

SANTO, BARDO Y CARNICERO

Situarse frente al vacío, a la nada, a lo demoníaco, a lo inhumano, a la tentación de regresar al mundo animal; todas estas experiencias extremas y dramáticas son la fuente de las grandes creaciones del espíritu.
Mircea ELIADE
La prueba del laberinto

Una buena guerra es como un buen amor: merece la tragedia. Ahora bien, y la tragedia, ¿merece la existencia a la que confiere la fe del sentido robándole la vida? En un mundo competido con los semejantes en miasmas de naturaleza compartida, hay que ir a la guerra aunque por amor no se quiera, hay que combatir contra purulencias invisibles y permanecer en guardia para no ser avasallado por el desenfreno de otros. Fuera de esta pugna continua a sueño o muerte por conservar el caduceo de la individualidad, ¿dónde está la diferencia esencial entre darse por vencido o vencer? Las victorias sólo existen para quien cree en ellas, pero la realidad última de la lucha se concentra alrededor de un punto clave situado en el amasijo interno de lo inevitable: uno tiene que aprender a destruirse incluso a través de la voluntad ajena.

Con Hermes presidiendo el cortejo, The Souls of Acheron en un óleo de Adolf Hirémy-Hirschl.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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