8.9.12

MANJAR DE MUGRES

Lo fantástico es que para tranquilizar a la gente basta con negar la evidencia.
Robert BRESSON, cineasta

La realidad del poder sobrepasa en truculencia lo que uno suspicazmente imagina. Sumergida en secretos ominosos, no es posible mirar de cerca la cara oscura de las élites sin padecer el puyazo del asco ni arriesgarse a pagar con algo más caro que la vida el atrevimiento de rehusar sus complicidades, cuando se tropieza con ellas, o de querer iluminar sus coluvies desde los disimulados imbornales cuando al fin se descubren; son secretos que, en última instancia, se tapan con una verdad fabricada gracias a la prodigiosa intervención del aparato mediático y judicial, las cabezas preponderantes de una hidra victoriosa especializada en engullir oficialmente todas las miserias que exceden lo asimilable por una sociedad para, llegado el caso, ofrecer un manjar de mugres tragable por la masa, que al haber sido polarizada aceptará la comunión impersonal con el espectáculo creado a tal efecto. ¿He de recordar que cuanto más repetida es una noticia, menos importancia tiene y mejor distrae de los auténticos problemas?

La faz reservada de los poderosos encubre más aconteceres dudosos que su rostro visible, del que también se sabe bastante poco, apenas lo necesario para atisbar, sin pruebas concluyentes y difícilmente expurgables del rumor, que existe ese otro lado innombrable que bajo ningún concepto debe ser expuesto a indagaciones minuciosas. Pero cuando la corrupción se encuentra instalada a sus anchas al más alto nivel, ya no puede llamarse así, no se trata de una excepción censurable a la norma, sino de otra dimensión objetiva del mundo degenerado cuyo esclarecimiento obligaría a utilizar de forma provisional la expresión terrorismo de Estado mientras se encuentran calificativos más exactos, es decir, la definición en grado sumo de lo execrable.

Quien ante la visión del desafuero no quiera representarse a sí mismo como el San Jorge de Vitale da Bologna, debería preguntarse en qué se diferencia de los excrementos del dragón...

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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