1.9.12

EL EXORCISTA

El caníbal ingiere a su víctima para adquirir virtud; nosotros expulsamos a las nuestras para adquirir inocencia. Nuestro crimen no es solo el más sofisticado, sino también el más grave. Y se trata del crimen cuya ejecución, todos nosotros, en cuanto que sociedad, exigimos a menudo unos de otros. Negarse a perseguir a la víctima propiciatoria establecida por la sociedad se interpreta como un ataque directo contra ésta.
Thomas SZASZ
La fabricación de la locura

Produzco más sentido del que consumo —¿oigo risas a mi vera?—, pero se trata de un esfuerzo de traducción que acometo a expensas de los significados previos añadidos por otros a la realidad, de lo que se sigue una labor enriquecedora sólo cuando uno entiende con clarividencia cioranesca que «toda conquista objetiva supone un retroceso interior» y puede adoptarse como un ejercicio de impecable estupro la concepción de formas menos crédulas o más impertérritas de destruir la importancia de la existencia asaltando, en un primer antiacto de desasimiento, su comitiva concéntrica de aberraciones, como la fascinación compulsiva por los miedos del yo, la tétrica búsqueda del provecho material o la preservación ostentosa de la menudencia individual mediante la propagación del prestigio que reemplaza, en la huera putrefacción de las creencias, al ordeño metafísico fallido al que antes se abandonaba la salvación exclusiva del ánima con un plomizo más que elevado alarde de penuria.

Esta virulencia que barrena repeluznos es la plegaria irreverente conocida como la Extracción de la piedra de la locura y nos espera en la colección de inigualables que El Bosco tiene en el Museo del Prado.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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