
Thomas SZASZ
La fabricación de la locura
Produzco más sentido del que consumo —¿oigo risas a mi vera?—, pero se trata de un esfuerzo de traducción que acometo a expensas de los significados previos añadidos por otros a la realidad, de lo que se sigue una labor enriquecedora sólo cuando uno entiende con clarividencia cioranesca que «toda conquista objetiva supone un retroceso interior» y puede adoptarse como un ejercicio de impecable estupro la concepción de formas menos crédulas o más impertérritas de destruir la importancia de la existencia asaltando, en un primer antiacto de desasimiento, su comitiva concéntrica de aberraciones, como la fascinación compulsiva por los miedos del yo, la tétrica búsqueda del provecho material o la preservación ostentosa de la menudencia individual mediante la propagación del prestigio que reemplaza, en la huera putrefacción de las creencias, al ordeño metafísico fallido al que antes se abandonaba la salvación exclusiva del ánima con un plomizo más que elevado alarde de penuria.
Esta virulencia que barrena repeluznos es la plegaria irreverente conocida como la Extracción de la piedra de la locura y nos espera en la colección de inigualables que El Bosco tiene en el Museo del Prado.
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