11.7.12

LA ALMUNIA INTERIOR

Y si ellos están locos, es forzoso que yo esté loco. Porque yo podía jugar a mi juego porque lo estaba haciendo en soledad; pero si ellos, otros, me acompañan, el juego es lo serio, se transforma en lo real. Aceptarlo así –yo, que lo jugaba porque era juego–, es aceptar la locura.
Juan Carlos ONETTI
El astillero

No siempre por la intercesión del hastío que pone vínculo de conciencia a la delicadeza, hay momentos en los que el mundo exterior juega a presentarnos el aspecto semiautomático de una fantasía que se demora en los matices, igualmente volátiles, de las tripas de su funcionamiento simbólico; son momentos de centrípeta confusión en los que uno se pregunta por la razón de molestarse en divulgar la propia vanidad, mediante actos de obra y de palabra, cuando la imaginación puede suplir la necesidad de actuar con experiencias cuyo valor mental nada tiene que envidiar a la realidad que tiende a colonizar con prejuicios de conveniencia inconvenida la exclusividad de la vida.

Vuelvo a evocar a los resabios malditos de Luis Ricardo Falero con el portento de Un hada bajo cielo estrellado.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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