10.7.12

ENROQUE

Lo que puede arreglar la mano que no lo estropee el corazón.
Sentencia cazada por la nuca en la terraza de un bar  

A la menor provocación de amajadar, miente la lengua emborronando el sentido de las palabras que la disfrazan y huyen tornadizos los ojos al refugio inmediato de la ambigüedad, pero las manos permanecen incardinadas como rayos que dan fe de la nubosidad ionizada del cerebro, sus movimientos son declaraciones difíciles de esconder con el cálculo o la contención. Las mías son prolongadas, nudosas, tranquilas, minuciosas, justas en el reparto de una sinfonía de dedos fríos proclives a calentarse con la aventura de la herida que los rasga; las contemplo y entiendo, como antes lo entendieron otros, lo que anuncian sin doblez: que en su más acá del más allá del bien y del mal capaces son de hacer grandes cosas; que con ellas ninguna actividad sobre los objetos merece las atenciones que pueden obsequiarles a los sujetos... ¿Cuándo me decidiré a amar y matar con todo el primor de maestría que hasta yo espero de mí?

Nikita 3 extraída de la mina de Andrew Lucas.

4 comentarios:

  1. Amar y Matar son actos absolutos para estar en paz con Dios y con el Diablo.

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  2. Hola, Silvia

    Me gusta que hayas advertido esa especie de simetría funcional. Algunos lectores pensarán que mi actitud se reduce a adoptar una pose para epatar con una afectación prestada, y la verdad, no van muy errados, aunque sospecho que en un sentido distinto: todos los ritos importantes, por inmutables, reiterativos o anodinos que parezcan en la escena, desde la transgresión de atracar una sucursal bancaria a la investidura oficial de una autoridad pública, exigen la intervención de un disfraz. Uno se disfraza para acometer una iniciativa que no podría emprender sin agotar sus roles ordinarios. No me refiero a las cuestiones protocolarias ni a la utilidad de buscar determinado impacto estético, sino a un movimiento que se realiza rompiendo los condicionamientos para introducir alteraciones en el orden aparente donde las coaliciones y choques de símbolos tienen mucho que decir. Tanto amar como matar son operaciones mágicas de relevancia trágica porque hacen estallar las costuras del tejido social. De los horrores de la fascinación a las fascinaciones del horror, a través de misteriosas concomitancias los actos del amante y del asesino conectan con los del hierofante.

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  3. Echo de menos opinar en los sitios que me gustan sin tener que esconder mi nombre. Trabajo en un medio muy conocido y mi público es más necio de lo que yo quisiera.
    No veo disparatado tu elogio (¿lo es?) de las artes de amar y de matar. Todos sabemos que hay amores que matan ("porque amores que matan nunca mueren"), pero no todos reconocemos a las claras, como tú lo haces, que las respuestas destructivas a veces son necesarias para abrirle nuevos espacios a la vida. No es reprobable un hombre para demostrar que no ha perdido la humanidad tenga que revolverse como un perro contra el dueño que lo maltrata, y cada vez somos más los maltratados en esta época convulsa.
    Pienso que el escenario de catástrofes que nuestros líderes están organizando (hablo de los políticos y las multinacionales que los contratan) cambiará drásticamente la forma de vivir que damos por supuesta. Las condiciones en un futuro próximo serán las de una economía de subsistencia para la mayoría. No hace falta ser adivino ni leer a Zizek para anticiparlo, por algo lo llaman Nuevo Orden Mundial. Cuando la posesión de una patata pocha valga el riesgo de ser acuchilllado por el vecino, saber amar y saber matar, ser capaz de ambas cosas, será un conocimiento esencial. Así es como lo veo. Amar y matar un poco como en la mafia, crear una red de confianza basada en lazos amistosos que sepan hacerse respetar en las circunstancias más violentas.

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  4. Enérgica observación, J.M.A.... ¿De qué me suenan tus iniciales? ¡Marrullero albur si tras ellas rozara la ocasión de conversar con el único e inimitable José María Aznar, añorado paladín de las Españas!

    Por mi parte, cierro el círculo de tanta incitación a la lujuria criminal con una frase de Ortega: «Todo concepto, el más vulgar como el más técnico, va montado en la ironía de sí mismo». Amén.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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