26.8.12

EL ATRAPANADAS

Y lo entrevisto puede encontrar su figura, y lo fragmentario quedarse así como nota de un orden remoto que nos tiende una órbita. Una órbita que menos aún que ser recorrida puede ser vista. Una órbita que solamente se manifiesta a los que fían en la pasividad del entendimiento aceptando la irremediable discontinuidad a cambio de la inmediatez del conocimiento pasivo con su consiguiente y continuo padecer.
María ZAMBRANO
Claros del bosque

Como cualquier sujeto que cree más en lo que crea por sí mismo que en lo que encuentra acabado, no soy todo lo que digo ser ni me agoto en decir todo lo que soy: casi nunca la verdad revelada basta para entenderse, ni los hechos vividos encajan para darse a entender. Cuenta dentro del cuento de la existencia la libertad como ciencia impagable que no consiste sólo en poder hacer lo que uno quiere empezando por poder negarse a lo que otros quieren hacer de uno y continuando con la responsabilidad de querer lo que uno hace posible; por encima de ese primer grado de autonomía, tan crucial como los siguientes donde se pierde en beneficio de una mayor comprensión —en rigor, libres son los ausentes, muertos y nonatos—, está la capacidad de ampliarse siendo ese otro dormido que despierta al único que somos por mediación de la multitud que no somos. Al ser actor de lo diverso se es también embajador entre lo conocido y lo desconocido, entre la luz invisible y la abrasadora oscuridad, el intermediario vinculante que como símbolo atesorado de la reunión entre ambos mundos se construye hacia el exterior a medida que cava interiormente animado por su búsqueda de la identidad. Para encontrarla, uno debe perderse en el palacio que ha alzado con las piedras preciosas extraídas de su centro amniótico, centro disuelto y dispuesto a dejarle abiertas las puertas al otro que será y ya es, al perfecto olvidado y siempre presente al que ha sido fiel sin saberlo, fiel y vigilante. Vigilante, porque es más importante hacer una cosa notable que muchas aceptables; fiel, porque la más importante es decidir cuál si ninguna es necesaria y, la que menos, que haya que hacer cosa alguna.

Detalle de la Annunciazione di San Martino de Botticelli.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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