10.3.14

DE TRIPAS EL CORAZÓN, y II

Ocurrió cerca de mi madriguera
El pensamiento es tarea de vagos y maleantes. Hay que saber perderse para trazar un mapa: vagar por los márgenes y por el desierto, fuera de las fortalezas en las que están encerrados la verdad, el bien y la belleza. Sólo los nómadas descubren otros mundos.
Jesús IBÁÑEZ
A contracorriente

En los próximos días se cumplirá un lustro de la publicación en el blog de una sarta de aforismos seleccionados de la primera parte del librito De tripas el corazón, que terminé de escribir en los albores de 2007. Hoy deseo completar el círculo sacando a la luz lo mejor del repertorio de la segunda y tercera parte que entonces quise ahorrar al lector, no recuerdo si inhibido por el pudor de hartarlo, por el recelo de guardarme un as en el ombligo o por vaya a saberse qué endemoniados sanedrines. Al abordar este capítulo de continuación y cierre, he cambiado de criterio en cuanto al orden que adopté al presentar las máximas; si allí me pareció correcto hacerlas coincidir con su numeración original, aquí van de forma sucesiva tal como las he escogido:

1.
Hay una complejidad innegable en malearse y existe el arte profano de echarse a perder siendo don sin don ninguno. Madurar es pasar de ser víctima a ser culpable.

2.
DONAIRES DE EMPREÑADOR. Ser en acción consecuente con las ideas revela una disciplina menor que no pasa de conformista si se compara con la gracia de ser un causante de ideas con los actos.

3.
Las cosas buenas no hace falta entenderlas, se explican solas… tal vez por eso el mundo requiere y agota tantas razones.

4.
No muchos tienen el gusto de saberse condimentar la sesera, pero si algo puede asegurarse de quienes no se comen la cabeza es que ya la tienen comida.

5.
Las grandes obras de arte no son universales, sino impersonales, pergeñadas para todos y para nadie en particular. La causa que hace posible que esto sea así reside en que el autor, cuando realmente está inspirado, se libera de sí mismo en lo que crea aunque para ello utilice el recurso paradójico de multiplicarse en la tarea que trae en mientes.

6.
¿Cómo distinguir a un verdadero amigo entre la tribu de allegados y conocidos? Un buen amigo contribuye, incluso sin proponérselo y hasta el antagonismo, a que uno sea mejor en lo que hace, en lo que piensa y en lo que dice.

7.
Rebozados teológicos aparte, Dios es la creencia que garantiza la continuidad camaleónica de la ignorancia.

8.
El nihilismo es la transición indispensable de la civilización de lo reprimido a la sociedad de lo manifestado; el opus nigrum que va de la noche del espíritu al mediodía de las conciencias.

9.
Cada día es un microcosmos centrífugo en devenir que debe al sueño el espacio virgen de lo escondido y reserva su lugar a la revelación de lo que incuba la noche.

10.
Puede que lo más exitoso nada tenga que ver con el éxito; puede que el mismo éxito sea sólo el alarde concedido a ciertas imposturas; puede, y por ello la victoria más gozosa pasa por el juego de no tomarse en serio ningún juego.

11.
Siendo tiempo precisamente lo que me falta, tiempo sin embargo es lo que no me importa. Y así con todo lo demás.

12.
La inteligencia humana en su aspecto social no radica tanto en saberse mostrar como en el más soterrado arte de saberse ocultar.

13.
PEQUEÑA TEORÍA DEL DIOS FINAL. Cada instante es un punto y cada punto una extensión. Al recorrer las diferentes sucesiones de instantes en el tiempo, la experiencia se va conformando en un continuo discurrir de capas. Desde un instante podemos observar los anteriores porque las capas precedentes están englobadas por este; a veces también, bajo el influjo excepcional de ciertos estados, puede ocurrir lo contrario: que seamos englobados por el futuro y nos sintamos al borde de un abismo ya visto, ya vivido. Extrapolando la lógica crucial de este concepto, el observador hipotético situado en la última capa podría asistir a todos los fenómenos acaecidos en el tiempo. Este observador absoluto cuya metáfora mística podría asociarse a la divinidad está, por tanto, en las postrimerías de la serie u horizonte de sucesos, lo cual es como decir en el seno de cada instante si consideramos la geometría fractal donde se inserta cualquier ubicación. Dios, teorizado así, ya no sería un Creador ni, por supuesto, un Tutor universal; Dios sería únicamente el Observador por antonomasia: el Ojo (ya no virtuoso sino virtual) que permanece conectado a cada momento y lugar a través de las percepciones como en un mosaico donde puede asomarse a la totalidad cautivado por el espectáculo de verse reflejado con infinidad de caras en la sincronía extática de las miradas; divino compendio que se inaugura desde el fin de la eternidad.

14.
Puede que nos hallemos en un universo ya hecho a pesar de todo el bullir de historias posibles y puede, por tanto, que la eternidad sea sólo un asunto de perspectiva, pero no veo por qué el papel del sujeto dentro de una estructura de estas características ha de ser incompatible con el ejercicio de la voluntad personal; de hecho, no es que no sea incompatible, sino que resulta inevitable como portavoz simbólico del cambio. Si por un lado el destino supone un porvenir revestido de un carácter irrevocable y, en consecuencia, sólo asimilable desde la tragedia, lo importante es que para el individuo aún no está exento de la imprevisibilidad donde cada instante siempre parece nuevo y reluciente de incertidumbres. Para comprender este espejismo basta evocar un símil donde la realidad funciona como el contenido de un libro: el hecho de que sus lectores lleguen al texto después de haber sido escrito no impide experimentarlo en toda su plenitud argumental, pues con cada lectura se actualiza y de alguna manera adquiere substancia sin que ello suponga modificar el impreso.

15.
Fíate de la inteligencia instintiva de una mujer, pero extrema la cautela hacia las conclusiones a las que pueda llegar impulsada por su fe en esta ventaja natural. Las mujeres suelen aspirar a dominar a los hombres; suelen —vaya ironía— porque no soportan la convivencia con un vencido.

16.
La libertad auténtica es un estado de seguridad que se alcanza cuando uno aprende a vivir con nada que perder. Libertad en y más allá del ánimo que se obtiene una vez se ha comprendido que en realidad nada es lo que se tiene y nada se pierde del todo.

17.
MELARCHÍAS DE MEGO. La vida es demasiado breve para malgastarla entre gentes que no merecen estima. Para vivir bien no hacerlo con urgencia, que es diligencia mal entendida, sino con vigencia, que salsa es de excelencia cuando acompaña al que buena compaña se da.

18.
Aunque el dinero no sirva para expresar el valor irreal de las cosas reales, es de común opinión que no hay nada mejor para comprarlo todo o casi. Pocos se preguntan, no obstante, por el precio que se debe pagar a cambio del valor dinero; un precio que no se harta de cobrar la valía que ningún dinero puede comprar.

19.
El secreto de la carne, su obscenidad visceral pocas veces confesada, se debe a su identidad con el espíritu. ¿Hay algo más carnal y, al mismo tiempo, tan metafísico como el orgasmo?

20.
La precariedad del hombre abandonado a la naturaleza ha engendrado la fórmula de vida en sociedad, pero los inconvenientes de la vida civilizada han incrementado los espantos y calamidades de la vida salvaje; a lo que hay que añadir que los gobiernos, con el afán de mantener el sistema cerrado a la inestabilidad, no han hecho más que empeorar la situación.

21.
Cuando más engañan las apariencias es cuando no engañan en absoluto.

22.
Ponderando el sabio su flaqueza le presta nuevos bríos a su fuerza.

23.
ÉSTE: «Piensa lo mejor», recomendaba Séneca a Lucilio.
ÉSE: ¿Cómo?
AQUÉL: Piénsalo mejor.

24.
DE ILOTA A FODOLÍ. Catastrofista del triunfo de un mundo ajeno al precio de orbes propios clausurados, no puedo sino lamentarme por todo lo que va mal y no termina de caer; por todo lo que yendo a peor no revienta en su espanto.

25.
Humano es que ante la derrota para encajar en el orden natural inventemos órdenes artificiales de los que, humanamente, hemos de huir sin descanso.

26.
PATER NOSTER. Juguemos con las apariencias y su realismo de saldo; finjamos engañarnos practicando el simulacro del libre arbitrio con sus responsabilidades adquiridas; encapsulemos el presente en la fosa de las historias cumplidas por los proyectos venideros; seamos, una vez más, consecuentes con el delirio de ser personas.

27.
Pensarlo es interpretarlo e interpretar el mundo es transformarlo. No se trata de luchar por un cambio relevante, sino de conservar la fortaleza necesaria para seguir pensando contra el ascenso de lo irrelevante.

28.
Gruñir y gemir, reír y llorar, brincar y revolcarse son otras tantas formas válidas en la gesta para expresarse sin elaboración inhibitoria mediante ni concesiones a la rentabilidad del acto. Retomar, revivir o incluso reinventar el carácter prístino de la propia escena sin temor a los códigos que prevalecen en el intercambio societario debería ser un primer paso hacia la claridad de la percepción; después, habría que arrebatarles a los gerontes la capacidad de entender el mundo a pesar de que despejarlo de incógnitas constituya una aventura inconcebible o lo sea sólo con grandes dosis de torsión civil. El mundo, digan lo que digan los detractores del sentido autodidáctico, es humanamente comprensible sin intermediarios y la realidad, sea quien sea esta doliente señora, puede experimentarse en cada una de sus facetas sin delegación. Pero ello requiere no sólo la contundencia de las acciones; también hace falta la fiereza de las interjecciones.

29.
En un mundo cuya progresiva aceleración genera más errores y carencias de las que repara o pretende enmendar, la acción imprevista de un solo individuo en el momento y lugar precisos puede tener efectos devastadores.  Para paliar esta injerencia imprevisible el sistema cuenta, entre otros dispositivos, con todo un cuerpo de funcionarios encargados de retrasar la velocidad potencialmente desestabilizadora que irradian los particulares cuando se entregan al caudal de sus pensamientos más prolíficos. Y si la catástrofe está servida y deviene evento por necesidad, la entropía hegemónica dispone de un remedio oficial: nada mejor que superponer un desastre al anterior y seguir movilizando a las masas por un motivo que desenfoque el núcleo del conflicto. Estamos, por tanto, en un mundo al que le han sustraído la fatalidad, pues todo suceso que en principio podría amenazar la integridad del orden imperante termina por ser una prueba que legitima su intervención.

30.
Cuando te encuentras no eres; eres cuando te huyes.

31.
La realidad es aporética, pero esto ya es una anfibología y, por ende, una puerta abierta a la irrealidad. Lo que no os había dicho —ahora lo hago— es que lo irreal pertenece a los dominios de lo real.

32.
A menudo se confunde la forma de gobierno con el grado de control social. Las democracias capitalistas, que pasan por sistemas liberales, demuestran en su funcionamiento una devoción por la concentración de poder que ya quisieran materializar las dictaduras de los países menos desarrollados a nivel institucional. Entre sociólogos y estudiosos de la política es moneda corriente afirmar que las  modernas democracias dependen de un consenso apático para garantizar su credibilidad y reducir al mínimo los cambios imprevisibles de opinión. La desafección política, siempre que no sobrepase el umbral crítico, es una constante sin la cual el sistema parlamentario podría entrar en grave pérdida. Y el desinterés generalizado, aun siendo la opción más racional que imaginarse pueda el ciudadano medio, es por encima de todo un cepo psicológico al servicio de las modernas oligarquías financieras, pues la sociedad de masas es incompatible con una verdadera democracia participativa a no ser que los votantes estén domesticados hasta el estrago y la democracia sea poco más, o poco menos, que un escaparate ocasional de actores aspirantes a representar una y otra vez la misma obra.

33.
Esperando su oportunidad para matar, el asesino perdió las ganas.

34.
¿De verdad os preguntáis por la verdad? La verdad existe para emborronar los hechos.

35.
Curiosa expresión esta de «en tiempo real», como si la forma usual de fluir en el tiempo fuera irreal.

36.
Cuando el fin justifica los medios no es por falta de escrúpulos: es que los medios no tienen fin.

37.
ESTRATEGIAS ADMINISTRATIVAS. La burocracia está configurada para que la maquinaria del Estado se mueva velozmente de arriba abajo y de manera perezosa de abajo arriba, pues de lo que se trata es de asegurar los movimientos concéntricos del poder en relación directa con el bloqueo táctico del ciudadano.

38.
El desengaño respecto a la naturaleza humana minimiza el riesgo de tomar decisiones inspiradas por alguna forma mediocre de desesperación (o de idealismo silvestre) que sirvan de estímulo a las conductas fanáticas. Adoptar el tono frío y desencantado del escéptico es la única vacuna eficaz contra las plagas de la necedad ideológica; un ejercicio de descontaminación imprescindible para contrarrestar la movilización del miedo y la polarización de la angustia sobre la que prosperan todas las barbaries. Pero algunos, en línea con Hobbes, aprovecharán este enfoque para echar flores al carro del vencedor argumentando que la perversidad natural del animal humano sólo puede ser atenuada por la institución de un poder absoluto. Olvidan, sin embargo, que el Estado no es un dispositivo anónimo y programable, sino una organización viva en tanto se compone de sujetos que usarán el privilegio del mando en beneficio de sus propios instintos predadores. Siguiendo un razonamiento opuesto al de estos absolutistas y sin dejar por ello de apreciar la fórmula ilustrada de «todo por el pueblo pero sin el pueblo», animo a desconfiar de los gobiernos —de todos los gobiernos— porque, sencillamente, no veo la manera de conciliar el apoyo a un determinado equipo político una vez se ha reconocido la superchería de confiar en la buena voluntad de los hombres.

39.
IRONÍA DE LAS DEMOCRACIAS. Cada uno se cree en posesión de hacer lo que quiere y con escaso margen de error todos acaban haciendo lo mismo.

40.
IRONÍA DE LA COMPETITIVIDAD. Aun pareciéndolo, la sociedad no está diseñada para la fomentar la prosperidad de los más capaces, de los más inteligentes o, tal vez, de los más fuertes anímicamente hablando, que son siempre una excepción. Más bien está mal pensada para que triunfen a su costa los aprovechados, quienes antes o después han de doblegarse bajo el peso de parásitos mayores.

41.
Ante las consecuencias de un error irreparable cabe preguntarse juiciosamente dos cosas: ¿qué he hecho mal? o ¿qué quieren que haga mal? Insistir en la primera una vez se han comprendido las causas puede ser un buen comienzo para perderse en las grutas de la culpa. Por el contrario, la segunda cuestión tiene la virtud de plantear las relaciones humanas en campos fuerza dando por hecho lo que hecho es: que en la mayor parte de los casos los demás prefieren que te equivoques para no ser ellos quienes tengan que cargar con el precio. El problema asociado a esta manera de inquirir estriba en que nos obliga a adentrarnos en terrenos sombríos muy próximos a la paranoia, mas no por ello invisibles en el trato cotidiano. De modo que mejor paranoico con razón que hombre zarandeado sin ella... ¿o preferís pensar que me estoy equivocando?

42.
MOMENTOS DE RAPTO. Hacer lo mínimo con los mayores medios, eso es lo mío. Soy la inflación de mis enredos, el producto inmaculado de mis colapsos. Y ni siquiera sé si esto sólo es una alfombra extendida sobre el vacío que me quema y me contempla.

43.
EL CALIBRE. A las personas hay que medirlas por lo que no tiene medida: por lo que no saben ser de sí.

44.
Hay rostros que se clavan en la memoria guardando para siempre el secreto de su origen y la pureza de su significado; a través de todos ellos nos ha mirado la muerte.

45.
LEGITIMIDAD DEL HACHAZO. Revitalizar lo que está pidiendo sepulcro no sólo es una burla contra las nociones fundamentales que rigen en la naturaleza, sino una crueldad doble por inútil, doble por insensible.

46.
Muchas personas se cruzarán en nuestro camino creyendo entendernos sin haberse atrevido siquiera a bucear en la savia de nuestros ojos; peores aquellas que habiéndonos conocido querrán hacernos creer que nunca se han cruzado en nuestro camino. Contra el vicio de las primeras no está de más andar prevenido; a las segundas mejor olvidarlas cual cadáveres secándose al sol.

47.
IMPRESIONANTE. Según Sartre, la conciencia es un agujero abierto en el ser. Algo así como un coño metafísico o un volcán violado, precisaría yo.

48.
DE BRUJO A INQUISIDOR. Destapando el genio travieso de la marihuana asistimos como protagonistas súbitos a la equívoca proliferación de sentidos que puede adoptar la realidad, pero también a la imperiosa urgencia de doctrina que exige el pacto con lo irreal.

49.
La vida tiene mucho de profecía autocumplida porque mucho tiene también de sueño y los sueños, como se sabe, son en gran medida la eclosión de deseos insatisfechos además de la ocasión propicia para temores solapados.

50.
ENTRENAMIENTO. Empieza por pensar a fondo lo que haces y pronto te verás desfondando lo que piensas hacer.

51.
Hay quienes sostienen contra toda evidencia que para ser más humanos lo prioritario es negarse a emular a Dios. Sin embargo, la característica primordial que mejor nos define como humanos es el afán (no siempre desmesurado, pero afán en cualquier caso) de ser como dioses. Si hubiera que construir el imaginario básico de la especie, la primera pieza simbólica sería la ambición de poder, un sentimiento bien reflejado en el patrimonio de las principales mitologías así como en los anales de la historia: tal es la artificiosa mas no por ello incierta esencia de lo humano, porque a falta de grandeza todos, hasta el más mediocre, somos combustible para el delirio.

52.
RESORTES PASCALIANOS. La verdad es para quienes han elegido conformarse sólo con mentiras.

53.
En la nueva era publicitaria el diseño de productos ha sido reemplazado por el diseño de consumidores mediante técnicas de venta centradas en poner ininterrumpidamente en circulación un exceso de producción donde el papel reservado al consumo parece un factor determinante en la gestión económica, cuando lo cierto es que la producción determina sin oposición el perfil de gustos y necesidades del consumidor como el de cualquier otro objeto mercantil. No estamos, por tanto, en una sociedad de consumo, sino en una sociedad productora de consumidores con una economía consumidora de productores.

54.
TIRANÍA DE LAS TRES EFES. Nuestra vida está marcada por la Fugacidad, la Fragilidad y la Futilidad; cualquier acto que logre elevarnos por encima de estas pautas terribles merece mi aprobación.

55.
EL VIAJERO Y SU DEUDA. Cuántos casos conocemos en los que el aliciente del viaje es poner tierra de por medio a fin de eludir la responsabilidad de mover la mente de sus límites habituales o de enfrentarla al cerco de los compromisos. Cuán a menudo se cambia de paisaje social sólo para evitar penetrar demasiado en la geografía íntima de la propia conciencia. Pero una vida rápida y en continuo trasplante es una vida superficial. Por mucho espacio que uno recorra no puede adelantarse el presente; por mucho que uno se mueva siempre estará dentro de sí. Tal es la deuda que el nómada tiene consigo.

56.
ANTIFACES. Mira, tal vez no sea muy listo, pero he aprendido a reconocer a los necios a través de cualquier disfraz. Y si algo puedo asegurar sin temor a equivocarme, es que los hombres más inteligentes nunca están al frente.

57.
PASAJEROS DE BALDE. Cada vez que veo a una embarazada no puedo dejar de sermonearme con palabras similares a las siguientes:

«He aquí al verdadero enemigo del bienestar humano; estas son las ejecutoras de una maldición ancestral y las nuevas portadoras de la miseria. Gracias a ellas, se completa otra vuelta de tuerca al ya de por sí forzado estado de cosas mundial.

»Mientras no seamos capaces de alcanzar un balance estable entre población y producción, nadie, ni a título particular ni mucho menos corporativo o estatal, debería atribuirse el derecho a tener hijos, pues al hacerlo se abroga otro de naturaleza más elemental: el derecho que tienen los vivos a no ser condicionados por la presión de los recién nacidos.

»A esta muchedumbre perdida en la bisagra de dos milenios, a estos compañeros de época que presumen de nihilismo y de haber enterrado a Dios, les reprocho la cobardía de no haber querido, pudiendo, tomar la determinación de ser la última generación y romper el eslabón de la especie. Ahora sé por quién no doblan las campanas».

58.
Mientras daba un repaso a los primeros filósofos griegos he descubierto que la etimología de fenómeno deriva de phainomai (manifestarse), lo que me hecho caer en la cuenta de que ellos ya sabían que el mundo físico del cual se ocupan las ciencias no es la causa, sino la manifestación de un mundo psíquico del cual han querido ocuparse siempre unos pocos y del que apenas puede decirse nada, salvo el susurro de que algo tiembla.

59.
EL METÓDICO. Las investigaciones imparciales, los argumentos coherentes, los análisis más rigurosos, son otros tantos fetiches cuya función nos preserva de la necrosis del mundo real. Aun así, no hay por qué alarmarse: como muertos que somos de la ilusión, nada puede extinguirnos ya.

60.
El dinero mueve el mundo, pero al dinero lo mueven las ideas. Y así, el capitalismo, que empezó siendo una idea, ha llegado a perfeccionarse como una fórmula magistral para lograr que el dinero cambie constantemente de manos sin cambiar de dueños.

61.
Que el derecho es la continuación de la ley de la jungla por otros medios puede dar lugar a dudas y sonar a disparate en la oreja del manso, pero que el poder más básico es el ejercicio de la violencia nadie puede discutirlo. Entonces, si tal como enseña la retórica legal una de las funciones más importantes del derecho es impedir que nadie use la violencia, ¿qué clase de poder crees tener cuando invocas tus derechos?

62.
NECEDAD Y NECESIDAD POLÍTICA DEL TERROR. Si el terrorismo no existiera, el sistema lo inventaría; tanto es así, que si el sistema sucumbiera el terrorismo residual se convertiría en una premisa para poder resucitarlo. Gracias al impacto social del terror, cuya expresión suprema es el sacrificio público y violento de inocentes, el sistema adquiere la densidad simbólica que el uso ordinario del poder diluye en los habituales cauces de agobio e incredulidad. La muerte, especialmente la muerte espectacular del atentado terrorista difundido en directo, es una fuente productora de realidad a condición, claro está, de que pase por los filtros que el sistema distribuye como un cortafuegos en torno a los hechos que desafían las ficciones de su orden impuesto, coto de caza superpuesto. Por eso el poder, por impreciso y discontinuo que sea, necesita que el acto terrorista tenga un sentido, o lo que es lo mismo, que tenga fin, pues la única amenaza que socava sus cimientos es la irrupción furtiva de lo absurdo que agota por obra de lo inexplicable las alternativas con las que el poder podría establecer una barrera aun por extrema que pueda parecer en un principio, ya que las alternativas, sin importar el grado de conmoción que desaten, retroalimentan el circuito de representaciones del sistema: la terrorífica necesidad de la política que promueve la necesidad política del terror.

63.
Las experiencias son un campo fértil para las ideas y cada idea alberga una experiencia secreta que dilucidar cuya textura resbaladiza la hace difícil de atrapar a manos del entendimiento. Por eso el nihilismo, que pasa por ser la actitud más beligerante contra los ídolos, el orden racional y el mundo de las ideas, responde en última instancia al deseo impotente de hacer borrón y cuenta nueva con todo aquello que no comprende o no sabe percibir: se corresponde a una visión desértica de la realidad.

64.
Lo sagrado puede explicar lo profano asimilándolo a un simbolismo de nivel o a la parte cíclica de los estados del ser, mientras que lo profano se agota cuando quiere explicar lo sagrado: su competencia se limita al mundo fenoménico tangible (donde nadie discute su maestría), pero nada puede donde los hechos vuelven a ser meras interpretaciones que encarnan la potencia de lo manifestado. Sin embargo, la toma de conciencia mística no implica una renuncia al conocimiento científico, sino que añade un valor ancestral a los objetos, acciones y circunstancias que envuelven al sujeto, al que dota de una dimensión más abierta o mejor conectada con la realidad sin menoscabo del uso pragmático de las exigencias inmediatas. Según Eliade, «la abertura hacia el mundo hace al hombre religioso capaz de conocerse al conocer el mundo», lo cual, dicho con palabras de Bruce Lee, queda sintetizado en la fórmula «cualquier tipo de conocimiento implica autoconocimiento». Por ello, tanto el hombre científico como el moderno intelectual laico que se creen cargados de poderosas razones no hacen otra cosa que eludir el camino más enriquecedor del cosmos si los comparamos con el auténtico espíritu religioso que fluye más allá de cultos, dogmas y liturgias, lo que nos sitúa frente a otra duda fundamental: ¿se puede ser religioso y ateo? Desde luego no sólo se puede, sino que beneficia a efectos de expansión mental, ya que la experiencia religiosa plenamente entendida conforma un espacio anímico donde Dios apenas tiene cabida más que en el juego simbólico de las apariencias. El hombre religioso, cuando es cabal, está al margen de toda creencia instituida porque no requiere el amparo de la divinidad para sentir la fuerza mágica que desprende la realidad; no necesita invocar a ningún dios porque él mismo se ha hecho dios.

65.
Incluso cuando se establece de manera consensuada, la necesidad de asumir una ética que regule las relaciones sociales no prueba la verdad de sus planteamientos morales, sino el testimonio desesperado de la naturaleza humana para comprender y aceptar lo real sin derrumbarse en la amargura o perderse en la confusión, demostrando su ineluctable propensión a buscar auxilio en lo ilusorio y la pasmosa facilidad con que los más débiles incurren en el vicio de contagiar los falsos remedios de una creencia a quienes no han pedido someterse a un paradigma.

66.
MOMENTOS DE FLAQUEZA. Cuando nos encontramos enfermos, convalecientes o abatidos sentimos la menor alteración de nuestro reposo como una amenaza y nuestro juicio, agotado y susceptible, tiende a hacernos creer que estamos en deuda con el mundo por no haber valorado hasta entonces debidamente nuestra salud, comodidad y bienestar. Ahora bien, convendría no olvidar que esta toma de conciencia desde la negatividad, por más que pueda ser útil como método crítico de autoexploración, también forma parte de los síntomas que padecemos.

67.
Invirtiendo el sentido de unas palabras de Duchamp, quien aseguraba en tono vacilón que si no había soluciones es porque no había problemas, a mi juicio sucede justamente lo contrario y si todo, hasta lo más insignificante, puede convertirse en un problema, entonces todo, hasta lo más peregrino, puede contener una solución.

68.
GENERACIÓN H. Hijos siempre huérfanos de historia, somos héroes de magín sin grandes guerras que contar, sin éxitos ni renuncias que asimilar. Piratas de nuestras propias vidas, estamos aquí para no estar, para no hacer, para no cambiar: el talante se da, pero vencido. Nuestros sueños se proyectan como puros fuegos de artificio sobre la anestesia presente del porvenir, y nuestras esperanzas, que nacieron muertas con nuestras ganas, siguen corrompiéndose ante nuestros ojos para recordarnos todo lo que no hemos sido, todo lo que no somos y todo, ya casi nada, lo que no seremos.

69.
Cuando al individuo sólo le queda el dudoso orgullo o la difusa engañifa de llegar a ser él mismo, nada es digno de proporcionar consuelo contra el hecho capital de que todo está perdido; de que el mundo, con cada uno de nosotros como perfectos protagonistas de una frustración repleta de perfecciones, ha sido clausurado contra toda tentativa de sentido.

70.
La primera lección de inteligencia es congraciarse con la propia cosecha de estupidez. La segunda... ¿cómo?

71.
No estoy seguro de lo que quiero, pero sí lo estoy de lo que detesto. El odio define mejor la personalidad que cualquier otro baremo de acotación psicológica. Lo que tiene más peso, por tanto, no es lo que un sujeto hace con su vida, sino lo que deshace y quiere deshacer con ella; no los hechos, sino los desechos.

72.
Dar por hecho que no hay nada tras la muerte también es un acto de fe que responde a la necesidad de consolar nuestra irremediable ignorancia frente a los contenidos claves de la existencia. Nada demuestra, en efecto, que algún fragmento de conciencia sobreviva a la muerte biológica, pero desde la misma exigencia de imparcialidad tampoco faltan motivos para sospechar que la indeleble angustia de que pueda haber algo peor que la desaparición ha condicionado la idea de estirar la pata sin solución de continuidad. Deseo y realidad se confunden en las maneras de pensar la muerte y ni siquiera la postura que pasa por ser la más escéptica se libra de querer imponer como certeza lo que no se sabe, en vez de admitir la impotencia esencial para comprender lo que nos espera al cruzar la última frontera.

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