19.4.13

ARDER COMO EL AGUA

El misterio no es un tope en las posibilidades de nuestra mente. Tampoco algo que alguna vez nos será revelado, que por fin comprenderemos. Por el contrario, la cualidad del misterio radica en su indescifrabilidad, en que es algo en sí, inherente a la naturaleza misma del hombre y de las cosas.
Federico GONZÁLEZ FRÍAS
Diccionario de símbolos

Planto vidriera al destino dándole la espalda y, siempre que me dejan, vuelo con las musas lejos del ego, que es una capilla demasiado estrecha para dar cabida al templo transfugado de mi inspiración. Advertido estoy por un coro inmanente de lamias tumultuosas de que cuanto atrapo al toparme de entusiasmos resulta vacuo comparado con todo lo que escapa de mis saturnales, pero hoy mi piel huele a sol rebozado en sudor de jarales tras un masaje de tormenta y no haré caso de esa manera tan adherente de quererme que es luchar contra mí, así que pintaré el mundo de color vulva sin preocuparme por la perfección moral de los sentimientos, presunta perfección publicitada por las tapaderas de la fagocitosis sensitiva con un prestigio de inteligencia emocional que, al igual que ha ocurrido con otras técnicas que ostentaron el fragante brillo de los mitos proyectados por la potencia de la voluntad, habrá de humillarse ante el último capricho utópico de la identidad, santo y señuelo de otra voluntad que no es la misma ni por tal hay que entenderla. 

De todo lo que existe en la naturaleza lo menos inexacto que puede decirse es que prolonga una celada donde perderse en beneficio de códigos crípticos como el genético, dogal del que pende hereditaria la depravación biótica al completo. Los fenómenos que antaño recibían una explicación plástica de índole mágica o religiosa, hogaño se malversan dentro de las leyes termodinámicas de la física. No es más bizarro y con desdoro mediante hágase el quizá porque ni el viejo sentido de la fabulación se ha olvidado por ello de influir en las transformación de los procesos empíricos, ni la ciencia está exenta de supersticiones insensibles para captar la secreta ligazón de las cosas. 

Por autocomplacencia, inercia mimética u otros dopajes de cortedad, contraer un punto de vista implica univocarse al confinamiento de un significado, mientras que desvelarse por expresar el caudal de las ópticas simultáneas disponibles pone la lucidez a expensas de la paranoia, que es un germen de verdad amplificado hasta fecundar con un delirio comprensible la realidad, que lo es muy nunca.

Pícaro candoroso de buena fe suspicaz, a mis lanas vengo trasquilado del dislate de haberme ido sin llegar aún. Puesto que ningún propósito experimental —empezando por el propósito en sí— me ha reconciliado con esta vida a la que ladro o aúllo según me ronche o me acaricie el colodrillo, ¿qué motivo habría de tener para apaciguármelas con mi tierra natal, que es un lugar empotrado en la cautividad de un máximo de gentes mínimas donde hasta el planeta parece empachado de girar?

Malrollista, ya, no me lo repitas... ¡Vuelvo a temer tener razón!

Lacrime di Eros de Roberto Ferri, pintor nacido en 1978 cuyo talento está emparentado estilísticamente con los artistas barrocos. En su obra se percibe una atmósfera que recuerda a Caravaggio y contribuye, con rigor equiparable, a plasmar las eminentes dobleces y distorsiones de la condición humana.

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