10.4.13

A CONTRALUZ

El sentido común nos enseña que la tierra está fija, que el sol gira alrededor de ella y que los hombres que viven en las antípodas andan boca abajo.
Anatole FRANCE

«Actualizar el blog sin actualizarme a mí mismo es una mezquindad de la que he aprendido a sentirme orgulloso», comenta un poeta cuyo planteamiento troca exactamente los términos de la relación agnada que mantengo con mi cibercriatura. En estos monólogos feroces que aborto regularmente, el nihilismo de amante desamorado que hay en mí se da la lengua en carne viva con la mitogenia difusa de mi temperamento subuniversal. Soñador de acción o criminal de butaca según me case o me divorcie de las vicisitudes que me inventan, he llegado a convertir mi cerebro en un cactus lógico al que tanto he dejado medrar a su manjar, que no sé ya si son sus púas las que atraviesan mis embriones del pensar o los adianos cuernos que conmigo me pongo creciendo retorcidos por dentro... Salvedad de pormenores aparte, que me confabulan, en el dolor desglosado de estas perforaciones se hace patente que nada hay más artificioso que lo natural; prueba abductiva de ello, que al ser probado compruebo que antes se duda de mi cabeza que de mi palabra, siendo la segunda un divisor ocasional y no el cociente justo de la primera.

Puesto que nos han educado para usar la enfermedad mental como una reserva de sentido que permite descalificar aquello que no entendemos rehuyendo así de los riesgos que desafían a esclarecerlo, he aprendido a leer en la mirada del otro lo que averigua cuando atina a leer en la mía, que también en el espejo se me insinúa cual lascivo pozo de contraluces y eso que a mí, bicéfalo y reparanoico, ni yo ni nadie me la cuela de rositas: todo lo cruel que puedan hacerme los foráneos cazadispares me lo he hecho bien solito con la venia de un sublime recato.

Lo peor de cada uno se concentra en los momentos fronterizos sobre los que pivota la transición entre dos mundos, el detestado del que se procede y el sospechado hacia el que se va, que rara vez es mejor que el presente y ni de tumba sirve donde enterrar los errores que quisieran verse florecer.

Abatido por su obra, El alquimista muerto de Elihu Vedder.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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