4.7.16

HÁGASE EL FANDANGO

Alessandro Magnasco, Entierro de un soldado
Nuestro pensamiento cultiva aún la tierra de un modo tan agresivo que no deja ni una pizca de espacio para la mala hierba de la fortuna.
Ernst JÜNGER
El corazón aventurero

Sin que pretenda elevar un sesgo a método de conocimiento (el sesgo puede suponer un conocimiento o funcionar como un método, pero no ambas cosas), y sin que su enfoque arbitrario deje por ello de efectuar un reclamo con merma de la heterogeneidad existente (en la comuna descomunal de la realidad cada ser tiene formas distintas de acoplarse al horizonte general), propongo aplicar a la colmena de nuestra especie un corte transversal donde puedan apreciarse los dos tipos básicos de alveolos humanos: quienes se miden a sí mismos tal como el mundo ha querido en contraste con quienes miden el mundo tal como ellos quieren. Surge el problema entonces de los primeros, muy proclives a creer que actúan con la autonomía de los segundos mientras estos, raramente, logran disipar la incertidumbre de no actuar bajo los infinitos condicionamientos que los primeros nunca llegan a desprogramar. Ante la duda sobre la pertenencia a uno u otro registro, se revela decisiva la aptitud con actitud de aquellos que han hecho de la autocrítica un visado intelectual, un fandango para moverse por la escena sin necesidad de refugiarse en los sistemas de valores que parten del yo para atracar en el yo, ese átomo mental henchido de órbitas superfluas a cuya vibración es tan fácil engancharse que se pierde la vida en la inanidad de ensalzarlo, cuando no de protegerlo del sustrato al que uno mismo pertenece.

Podrían diferenciarse todavía otros modos de desenvolver el carácter tras la apertura del estuche de los días, como el de quienes aspiran a cambiar el mundo y no plantean más que exigencias a los demás, y el propio de quienes saben que el meollo permanece inconsolable y centran, consecuentemente, las principales exigencias en sí mismos.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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