20.7.16

UNA ESCAMA DE LA SERPIENTE

8sun, Implosion
Resistir a Dioniso es reprimir lo elemental en la propia naturaleza; el castigo es el colapso completo de los diques internos cuando lo elemental se abre paso por la fuerza y la civilización se desvanece.
Eric Robertson DODDS
Los griegos y lo irracional

Ya casi nadie entiende lo que significa pensar en libertad, sin deudas de especie ni ataduras de yo, sin veneno de miedos mundanos o figurados reptando en vena. Algunos opinan que se trata de una tarea imposible, treta de un apolillado ensueño filosófico que los románticos hicieron penosamente suyo y que hoy, más que nada, sirve para pagar las nóminas a un plantel de docentes especializados en algún área del evanescente museo del discurrir. Otros consideran que hay en ello una obsesión malsana, la rosca de un absurdo sin solución de continuidad, causa principal de no pocos malentendidos y de una no menos interminable colección de ridiculeces. Más de lo que desearíamos se hacen constar quienes creen que piensan, cuando lo exacto sería decir que siguen paso por paso, aunque a menudo a troche y moche, las sendas abiertas por craneadores precedentes, quienes quizá hicieron lo mismo dejando al paisanaje por paisaje las cadaunadas encadenadas de su cadaunez.

Por mal pensado que sea lo que se piense del pensar, sigue siendo el mejor homenaje al órgano más complejo del hombre, la mujer. Es broma. En realidad, pensar sigue siendo el mejor homenaje al órgano más complejo de la animalidad conocida, el cerebro, y dado que solo merecen ovación los pensamientos que van directos a la testa y entre ceja y ceja descerrajada la hienden, seguidamente confieso que llevo más de veinte años queriendo perfilar una visión básica que me invadió entre las geometrías flotantes de un trance. A medida que esa visión componía, en mí como en derredor, tapices de alto contenido simbólico donde plasmadas se irradiaban, por medio de escenas reticuladas, las estructuras profundas del funcionamiento sináptico, me cercioraba de una idea sobre la hechura íntima del cosmos. Aún en la presente remembranza no he conseguido sintetizar el concepto con palabras apropiadas, y mientras otra percepción más precisa no la releve con su elocuencia en un futurible, podría esbozarla así:

«En el universo no hay tiempo, todos los sucesos que contiene coexisten simultáneamente, pero desde nuestra perspectiva, la de meros puntos que atraviesan con sentido cronológico un espacio tridimensional de momentos diferentes, se precisa el bucle de la eternidad para poder vislumbrar la imprecisión de nuestros límites».

Hechizo naciente en el poniente y sinécdoque de lo extinto por lo extinguir, tras haber levantado esta escama del ofidio universal a fuerza de ir tumbado en el diván de mis sinergias (privilegio del pensamiento es ganarse un horizonte en la horizontal), plancharé entre almohadas montuosas la caja de mi truenos, pues ya en lo que va de estío la traigo estibada de más. 

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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