15.8.13

ERROR 404

Por su misma naturaleza los actos humanos son inestables y están sin cesar sometidos al cambio. Hay que respetar esta continua variabilidad de lo real y no pretender abarcar todas las acciones humanas dentro de una sola y misma ley universal, lo real no debe acomodarse a la regla, sino la regla a lo real.
Alberto MAGNO
Politicorum

Para el tema del momento sólo cuenta la audiencia; para el momento final, la clarividencia. Mira hacia atrás, reconstruye tu vida: ¿no sientes que todo ha ocurrido, punto por punto, como debía ocurrir? ¿Por qué habría de suceder de modo distinto en el futuro? Es natural pensar así, lo que hoy es oscura incertidumbre mañana resultará de una diáfana evidencia y, sin embargo, aun al coste de perder naturalidad, más literal sería cerciorarse de que tanto incertidumbres como evidencias son excusas para atribuir a los hechos la objetividad de la que carecen y redimirlos con la ilusión que los presenta estructurando una congruencia o significación especial.

Vuelve a mirar hacia atrás, destripa tu vida: puede que aún no lo sepas, pero cuando los mayores acontecimientos a los que estés llamado a participar sean los funerales de tus amigos, la rememoración en borrosa fidelidad de los coitos pasados y el desenlace de las próximas citas médicas, ¿qué duda o seguridad adquirida podrá ayudarte a obviar la demostración inequívoca de estar fuera de plazo? Irónicamente, si en las tramas novelescas las partes más aburridas son invariablemente las felices en las que cada elemento parece montado a la medida, la vida particular empieza a volverse literariamente interesante a partir de su declive, cuando la naturaleza y la sociedad parecen colaborar con todas sus fuerzas para humillarla. Otro magnífico pretexto para eternizar el objeto del sujeto...

Antes de administrarme mi viático, espero vivir lo necesario para que se cuenten de mí cosas terribles o se me calle para siempre.

La ilustración pertenece a Emiliano Ponzi y apareció publicada en Los Angeles Times el pasado 19 de mayo.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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