13.6.12

ALCACHOFA, NO BIOMBO


La tragedia del mundo tiene por causa la abundancia de cosas que han perdido todo su sentido y que sin embargo creen aún poseerlo.
Alberto SAVINIO
Maupassant y el otro

Mi verdadera y única responsabilidad en esta vida, que como dijo el dramaturgo es demasiado importante para ser tomada en serio, ha sido unir conocimientos tomados de cualquier parte para devolvérselos al mundo transformados en una prenda de amor urdida en secreta y flagrante fantasmagoría con un hilo conductor que es, a la vez, símbolo y testimonio del parto inaudito de una criatura a la que cedo monstruosamente la palabra cuando la situación requiere un preámbulo delincuente como este, o un epitafio maravilloso, como el siguiente: todo ser puede pensarse a condición de no creer nada, ni siquiera en la posibilidad de que nada pueda creerse cuando piensa todo ser. Recursos alquímicos, quizá, siempre que la fórmula no arruine el compuesto original. También para mí pensar es el modo más elegante de conservar la ignorancia elemental y, con ella, el vago recuerdo de una dicha que acaso ni fue mientras lanzaba su última mirada a la ilusión.

El arte del implacable Olivier de Sagazan duele porque momifica a quien lo contempla. Es como si a través de una maniobra vudú diera a entender que si uno está hundido hasta las fauces en el cieno, incluso las estrellas parecen mofarse de la sensibilidad con que añora perderse intacto al cobijo de su luz.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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