2.1.16

RETRATO DEL DISIDENTE

Moebius
Grito que no creo en nada y que todo es absurdo, pero no puedo dudar de mi grito y necesito, al menos, creer en mi protesta.
Albert CAMUS
El hombre rebelde

No hay rebeldes sin causa porque la causa genuina del rebelde, la que lo distingue del doctrinario en pie de guerra y lo eleva sobre cualquier pistolero adscrito a una u otra capilla, es la propia rebeldía. Por estridente que devenga el antagonismo radical de su sino a juicio de los entibiados que lo pregonan como enemigo de la civilización, el pro de todo rebelde es rebotar en todo a pesar de todo, también contra sí mismo: sabe que la razón concentrada de los moldes exige trascenderlos y así concierta con ella el silogismo rompiente de una singularidad.

Aunque pueda darse un rebelde sin conciencia, la conciencia no podría darse sin rebelión. El rebelde es el más solo de los hombres entre los hombres y el más hombre entre los solitarios.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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