31.10.15

FIN DE MES

Lorenzo Lotto, Giovane malato
No le está permitida la elusión del infierno a quien pretende explorar la vida humana.
María ZAMBRANO
El hombre y lo divino

A no ser que se trate de arte de vanguardia, indistinguible de la basura salvo que uno esté familiarizado con su impedimenta excrementicia, el estado cultural de un colectivo puede evaluarse por la calidad de los residuos que produce. Gracias al estudio habitual de sus rastros actuales, conozco en pringosa profusión el temple de las generaciones de reemplazo, pues entre mis sudores tributarios he de limpiar cada día las jaulas de un zoológico donde, según parece, también se imparte enseñanza. Los domadores que allí se emplean son sujetos indefectiblemente más tensos, tarados y atareados que quien suscribe esta noticia, si bien el último aspecto referido a manotazo de comparación me suscita alguna reserva, ya que la redacción de informes periódicos para la organización clandestina que soy yo mismo ha dado formato de oficio a un tipo de actividad que, no me cabe duda, exige de mí una trabazón significativa entre la periferia del mundo y su núcleo espiritual.

Las palabras presentan tantas caras como secretos guarda quien se sirve de ellas; una sola frase puede convertirse en un cubo de Rubik de colores mutantes. Otros serán, como está cantado, quienes determinen si el prontuario de ausencias que voy reuniendo atesora combinaciones necesarias o si es custodia necia de cuñas accesorias; poco se confundirán, sin embargo, los fisgones que metidos en el trance de mi desmadre juzguen que no me seduce aislar por frivolidad los detalles revueltos del conjunto, sino conjuntar, a la ventura, los pormenores dispersos en el centro al que accedo con la llave maestra del abismo.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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