11.9.09

VINDICACIÓN DE LA VIRILIDAD

¡Cuánto tarda en disiparse la esperanza en la cabeza de quien se aferra a bagatelas y, escarbando con mano ávida en busca de tesoros, se da por satisfecho si encuentra lombrices!
GOETHE
Fausto

Antes de que el paradigma de la autoflagelación estética, anímica y metabólica, quintaesenciado en las revistas de papel cuché y los anuncios televisados —armas predilectas de la dictadura publicitaria—, destrozaran el seso de un amplio sector femenino con el señuelo de su liberación incorporado comercialmente al modelado ornamental de sus envases-cuerpos; antes de que los hombres también se unieran a esa gama de complejos resumidos en el precepto metrosexual —término que desbancó al mediáticamente incorrecto galletero, de gay más hetero, demasiado anfibológico para entrar en las modas—, existían formas de entender la masculinidad no sólo sin ser lechuguino de doble acera ni alfaneque enjaulado en un espejito mágico, sino con mucha clase y nada que envidiar a nadie por montura...


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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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