28.9.09

DONDE HAY TERNURA, HAY CORROSIÓN


¿Puede crearse belleza en un mundo cuyos principales ingredientes son el sufrimiento, la hostilidad y el asco? Entre intentarlo y dedicarse a embellecer lo dado, el amor lucha en su para sí y a todo trance hallará nefando resultado, porque la belleza sin mácula sentida y compartida como tal no pertenece a este mundo, donde ha de quedar sepultada en un quebrantar impío de sus leyes y costumbres. Tal vez por ello o quizá sin tal vez, el amor verdadero debe morir... de verdadero amor.

Norbert Bisky, paisano de Richard Wagner, da fe en Sündenbock del nutritivo desayuno de un campeón en actitud tan pop como una nana de ácido sulfúrico.

4 comentarios:

  1. El verdadero amor, como si tal cosa fuera posible (lo digo con una media sonrisa). Un abrazo mi querido autógeno.

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  2. Bueno, en el amor intenso, arrollador y querido de pleno; en el amor que se sabe imperioso y autosuficiente antes que proyectivo; en el amor creciente que no teme ser menguante ni los acosos del ardor, sean estos propios o ajenos, siempre hay una pizca de odio y alguna fisura por donde pretende escaparse, pero esta irregularidad, su heterogénea rotundidad, es también prueba de su "verdad"... sin menoscabo de que la verdad pueda concebirse como una mentira que se resiste a ser descubierta.

    Gracias por tu sal y tu pimienta. Viandante.

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  3. Carcajada7/10/09 01:09

    Aunque cuento mis acercamientos a él por derrotas nunca he dejado ni creo que deje de buscarlo, y creo que se debe a que es lo que más nos define como animal, lo he visto en perros y gatos....

    JAJAJAJAJA

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  4. Siempre a la orden Autógeno.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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