12.1.15

ÚLTIMA PERSONA DEL SINGULAR

No sufrir, no escribir, no pagar cuentas, 

y vivir como un noble arruinado 
entre las ruinas de mi inteligencia.
Jaime GIL DE BIEDMA
De vita beata

Literariamente estoy entre dos espejos: el de mi fe, saber que no sé escribir, y el de mi ley, saber que no sé tener fe; me cuento literalmente escindido entre la virginidad anticuada de creer que tengo algo que contar, y el autoengaño de contarlo para integrar las identidades amotinadas en la construcción demoledora de mi propio reflejo, de cuya palabra no me fío porque la conozco en toda su esquelética desnudez.

Detalle de El rapto de Proserpina de Bernini en cuyo realismo brujo son conjugadas carne y piedra a mayor excelsitud de ambas. Después de confabularme conmigo, necesito el apoyo estatuario de un clásico que me sujete el artesonado. Me ponga como me ponga de adventicio, por las dobleces y tripleces sintácticas de cada despertar me ronda el Kranog.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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