8.11.14

TODO EL GOBIERNO EN UN DEDO

A los amigos que ahora pastan dentro del círculo

La locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio.
Miguel de UNAMUNO
Vida de don Quijote y Sancho

Con la consigna que abre título a estas suspicacias acerca del próximo estilo del mundo presumible en señales por doquier, me pregunto qué casta cabe esperar como descendencia de los esponsales celebrados entre una madre absorbente y un padre castrador, es decir, entre una sociedad obnubilada por las prestaciones que obtiene dejándose exprimir en tiempo, energía y facultades por las nuevas tecnologías, y un Estado dispuesto a reformularse mediante la interactividad de sus funciones a fin de humanizar el aumento de su presencia allí donde antes se filtraba sin consentimiento o irrumpía groseramente. Gómez Dávila, el pensador que se veía a sí mismo como «un campesino medieval indignado», precisaba que «en la sociedad medieval la sociedad es el estado; en la sociedad burguesa estado y sociedad se enfrentan; en la sociedad comunista el estado es la sociedad». Si atendemos al potencial condicionante de los desafueros más dinámicos que definen nuestra jodienda o coyuntura histórica, podría añadirse otra derivada en la cual la movilización constante de las masas y la popularización estatal se conectarán dando origen a un patrón de sociabilidad que mantendrá intacto en sus fundamentos el régimen de concentración de capitales responsable de encerrar las expectativas individuales en las cárceles, más que bolsas, de una pobreza que urge a sus afectados a reclamar no sólo medidas drásticas de resarcimiento, sino un cambio de guión que estrene mayores instrumentos de consenso. Dicen que el miedo manda más que el hambre, y cuando un modelo se tambalea cada foco de resistencia también le proporciona un punto de apoyo que le ayuda a pasar al siguiente escenario, cual puede ser nuestro caso.

Si abro el campo escurridizo de la conjetura al mínimo verosímil, percibo una Babilonia venidera de invasivas ocupaciones, indiscernibles de servidumbres, atrapadas dentro de la retícula participativa que monopolizará como foro permanente los asuntos públicos y particulares, de los que se perderá paulatinamente la antigua distinción que separaba con nitidez sus respectivos intereses y cometidos. Meta que hermana a todas las ideologías colectivistas en la sangre, llanto y sudor que hacen derramar —entre las que incluyo, por supuesto, la arrolladora fe en el crecimiento del corsariato anónimo global—, la identificación absoluta entre el orden político y el pensamiento social, magnificada por el acoplamiento existencial a ciberfetiches y la cronificación de la miseria a todos los niveles humanos, será la matriz de la que nacerá un denominador cívico común construido sobre la aparente necesidad de someter un conjunto cada vez más amplio de decisiones a la concordancia ética de una supervisión grupal tan opresiva en su traslación a la realidad que, a buen seguro, asustaría a muchos de los que hoy abanderan en las plazas ideas afines si tuvieran más capacidad para la pesadilla que no ven traslucirse en las pantallas, o menos afición a las utopías que creen hacer crecer a fuerza de clics sin haber extraído las consecuencias finales del maléfico Me gusta.

No toda la tecnología es neutral. Al hacer uso de ciertas plataformas, somos usados como el Rubix cube de Grigor Eftimov y aun peor demasiadas veces.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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