24.11.14

DEL DEBERSE NO DEBER

La vida que los hombres elogian y consideran lograda no es sino una de las posibles. ¿Por qué exagerar su importancia en detrimento de otras?
Henry David THOREAU
Walden

Cuida que tus alforjas de peregrino no sean mayores que tus fuerzas, pues cuanto más fondo posean más tardarás en saciarlas y menos en cansarte del trayecto; cuida que tú mismo seas tu mayor alforja y que el mejor presente guardado en ella consista en no volverte imprescindible a nadie.

Porque nadie sino tú sabe que la frontera del hombre es el hombre propio, a nadie has ocultado que eres demasiado insomne para pertenecer a religión alguna, demasiado laborioso para perder el centro con tareas productivas, demasiado subterráneo para seguir el ritmo evanescente de una corriente de opinión y, por qué negarlo, demasiado salvaje para cambiar la caricia de tus pasos solitarios por los mimos que nacen y mueren prisioneros del amor. «Dejadme ir yendo a lo vuestro —parece irradiar tu silencio—, no es otra la prerrogativa natural de los independientes, cada uno lleva en sí el arte para labrarse los vientos a su aire, lo demás es penitencia».

Allí donde los cuerpos y las almas han trocado la servidumbre de trabajar como bestias por el destino de rielar como máquinas, tu divisa exacta, la que te hace justicia frente al rasero falaz, empieza con el austero No para mí...

¡Permite que sean otros quienes carguen el peso frío de los eslabones si no se aguantan sin cadenas! Y refresca para tus adentros, con el vaivén del aliento cuyo nudo podrías desasir ahora y siempre ligero, aquello que ilustrabas a los más próximos cuando querían remedarte: «Superarme es lo único que os consiento».

De rostro y vulva sonrientes, esta Sheela na Gig localizada en la iglesia románica de St Mary and St David en Kilpeck, Inglaterra, incita a hospedarnos en una nebulosa de muerte y renacimiento.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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