22.11.14

POLIORCÉTICA

Una sonrisa es una boca triste vuelta del revés.
Paul POPE
Heavy liquid

«El arte de la guerra se basa en el engaño», admitía el general Sun Tzu veinticinco siglos antes que Orwell, quien también sabía lo suyo de grescas sucias y no vacilaba en afirmar que «las mentiras pasarán a la historia» debido a que «en nuestra época no existe la posibilidad de mantenerse fuera de la política»,  ámbito donde «el lenguaje político —y con variaciones esto es válido para todos los partidos políticos, desde los conservadores a los anarquistas— es empleado para que las mentiras parezcan verdaderas y el crimen respetable, y para dar apariencia de solidez a lo que es puro humo». Invirtiendo la sentencia del mayor Clausewitz, célebre por su tratado De la guerra, Foucault señaló en Genealogía del racismo que «la política es la guerra continuada por otros medios», y puesto que la política se hace hoy más que nunca desde las trincheras de las apariencias, cuando escuches aquello de «está pasando, lo estás viendo» prepárate para recibir un asalto...

Conocer al enemigo es crucial para preparar una táctica defensiva contra su avance, cuyo éxito como agresor depende en importante medida del camuflaje que impide identificarlo como tal. Valerse de señuelos es una técnica en continuo desarrollo y muy solicitada a todos los niveles; la vemos funcionar sin ambages en los supuestos amigos que se saben dueños de nuestra confianza y, como hienas al festín de las vísceras calientes, esperan que bajemos la guardia para abalanzarse sobre nuestras debilidades. Uno puede tener por entrenamiento la sospecha de estar siendo objeto de maniobras llevadas a efecto por múltiples impostores encubiertos y con frecuencia cercanos, pero si no logra probar los indicios que motivan su estado de alerta no sólo perderá capacidad de reacción frente al ataque, sino que habrá de sufrir el descrédito de la paranoia incluso ante sí mismo.

Con varia pero no incorrecta razón mucho se ha escrito en contra de esos arácnidos humanos que hinchan el abdomen a costa de perpetuar los males ajenos en las enredaderas del miedo, de la insolvencia y del trajín permanente, y tampoco sorprende a sus cautivos la habilidad que han demostrado para organizarse como una fuerza económica dominante desde que existen asentamientos sociales estables. Peores, sin embargo, y quizá menos advertidos dada su insignificancia, son los resentidos que andan a nervio servil y toman por denigrante misión la de expandir su malestar así que nadie en derredor los supere en suertes, ánimos y cualidades. Suelen ser activos predicadores de la justicia colectiva para practicar mejor la inquina generalizada, y si bien se mueven al transverso de ideologías, religiones, linajes e inteligencias, resalta en ellos un rasgo que los delata a poco se les arrime una pituitaria despierta: confunden los derechos con las heces que acumulan y así, cuanto comparten, se convierte en señorío de su mierda.

Bellas y bestias garbean triunfales. En la parte superior, Auromira dreaming de Michael Parkes; más abajo, el paralelo mexica de la Anfisbena o serpiente bicéfala en una talla cubierta de turquesas que no desentonaría en la Sagrada Familia de Gaudí. 

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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