24.11.13

REY DE LOS FILIBUSTEROS

Al amigo que insulta

En la barba del necio, todos aprenden a rapar.
Refranero

Acuciado por las incontinencias del infierno cotidiano al que su visita frecuente había logrado reducir los paraísos artificiales de diván y cenicero, volvió a solicitar de mí socorro para un alivio que hube de negarle, por primera vez, en atención al cautiverio febril al que me habían conducido los énfasis impostergables de una gripe. De los ruegos pronto pasó a la impertinencia, y cuando el efecto deseado abortó en el desdén que la reiteración de sus desmanes instiló, toda arbitrariedad le pareció escasa para empuñar una vehemencia sorprendente en alguien que dice estar maltrecho. Previsto el destino de sus derivas por las precedentes, cerré los puertos donde podía atracar su esquife y comprendí, tras el frustrado abordaje, que el enojo de quien se ofende por el favor que no obtiene demuestra dos cosas: la inmensa coacción que hay en sus súplicas y lo poco que merece recibir ayuda.

Oros y plomos de este mundo semejan amancebarse en el Paisaje de invierno de Julius Sergius von Klever.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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