22.11.13

ALODIAL

La invención del barco fue también la invención del hundimiento.
Paul VIRILIO
Dromología: la lógica de la carrera

Inmune al discurso que lo imita, vivaz en el recurso que improvisa, el poder de la palabra desvanece la palabra del poder que, abismado, se envanece desde un fondo al que sería una pérdida de significado buscarle veneros más allá de la confusión de pensares, sentires y procederes que pretende su oropel. El poder de la palabra no se irradia por lo que activamente expresa ni por aquello que callan los tasadores del saber y a casi nadie place escuchar; el poder y la palabra convergen en la diferencia efectiva que se da entre ambos como un campo alodial por donde fluye el discernimiento hacia fines no definidos por nadie, ni siquiera por su autor, con funciones desenfundadas a través de su interlocutor, a quien tampoco pertenece. El poder de la palabra es una fístula que invita a meterle el dedo al poder y a la palabra para sacarlo inmaculado.

Una de las muchas cucas del grimorio lésbico de Ozabu.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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