12.2.19

TIEMPO DE CHIRIBITAS

Página 186 del Thesaurus anatomicus de Frederik Ruysch
Estar integrado era ridículo; volver a ser aceptado era inimaginable; pertenecer, el infierno sobre la tierra.
Peter HANDKE
El momento de la sensación verdadera

«Muero, luego existo», proclamó a modo de enmienda cartesiana a la mismidad el tanatólogo Hermann Burger no mucho antes de autosurtirse de muerte en la foresta de las determinaciones. En fiera consonancia, y me asombra que no se glose más, los condenados a fingirse contentos mientras dan coba a la actualización del maleamiento de la especie, esos que tanto insisten en aumentar el volumen de desperdicios vivientes con las secuelas genéticas de los que acaso fueran en tiempos primates de respeto, arrojan al tuntún su excedente de lechigados como si las implicaciones del axioma «me reproduzco, luego mato» no fuera con ellos. 

Con todo, y sin perjuicio de lo expuesto, aún más vergonzosa que los regueros de ojiva y compañón paridos por tales gorrinazos de dos zancas, y no menos remarcable en su acción detrítica que la redundancia ovulolefosa de sus coyundas, cae a plomo la indecente escasez de imaginación que evidencian al fabricar bebés por bobalicona distracción, como si creerse adanes y evas del último desdén fuese un juego jarifo, loable en afectos y en efectos, o los belenes de alfeñiques a que dan traspié sus maripepeces no hicieran bulto de guerra en el apretado vagón donde, a máquina dopada, somos acelerados derechitos al abismo.

Hagan sus puñeteros experimentos de estilo sobre papel —o en píxeles si sufren de remilgos hacia el tacto de la celulosa—, no con carnes destinadas a secuestrar almas.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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