2.2.19

DE LA UBICUA GARATUSA

Stanislaw Szukalski, Orangutang with a chain
En tiempos aristocráticos lo que tiene valor no tiene precio; en tiempos democráticos lo que no tiene precio no tiene valor.
Nicolás GÓMEZ DÁVILA
Escolios a un texto implícito

Ante la emergencia de los hechos que eluden ser descifrados, el ojo público desenfoca con la misma facilidad que la lengua corporativa miente al servicio de las trampas de siempre, sofisticadas hoy como lucrativas versiones de enredo pronominal en el complejo de producción, reproducción y postproducción de la piña humana. El individuo ha devenido empresa renovable por antonomasia de su propia obsolescencia y la peligrosidad de cualquier proyecto cargado de repercusiones sociales crece, por consiguiente, en proporción directa a su vinculación a los centros de mando, las industrias extractivas y los laboratorios de investigación supeditados a los cuarteles generales. La rapacidad del siglo engloba hasta las supuestas divergencias que lo resisten, y no temer confluir en un bullaje sin retorno de meneadores de datos no es aval de sentido, sino inequívoco síntoma de haber sido disuelto en el disvalor de la más grosera rentabilidad.

Mediatizada por la tecnología, la comunicación ha pasado de ser un intento de entendimiento mutuo a un proceso de permanente vivisección e imperativa opsonización cuya finalidad intuible excede las lecturas de signo agorero que derivarse pueden a partir de las trepanaciones etéreas que impiden mirarse los párpados como a uno le gustaría. En vez de cultivar desde las aptitudes verbales, anímicas y gestuales un clima de empatía que críe y rescate confianzas, igual o más que otras nobles disciplinas como la expansión erótica o la expresión musical, con ritmos dilatados de asimilación mutua, intervalos de silencio reflexivo y juegos de perspectivas combinadas que se abran paso a través del bosque de significados alternando acercamientos y distanciamientos, hoy más que nunca se pone en evidencia que lo promocionado como bueno tiende a ser, por necesidad, tan feo e inflacionario cuanto falso y enfermizo.

El emblema de una experiencia acorde con la marcha de los tiempos es la devaluación sistemática de la belleza, de la verdad, de la inteligencia y de la atención en todas sus formas conocidas, especialmente si ofrece pruebas benignas de vida equilibrada y despierta. Es este un quilombo donde rige un canon invertido que ha convertido en bien supremo la extrema malevolencia de una barbarie personalizada, así como los apremios carentes de discernimiento en un culto monolítico a la visión más nublada y contagiosa de las cosas.

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