26.8.17

NO ME TOQUEN A DIOS

Joe Webb, String up a storm
Incluso en su silencio había faltas de ortografía.
Stanislaw Jerzy LEC
Pensamientos despeinados

Reúne la Biblia un conjunto de textos lo bastante heterogéneos en su contenido, desigual en su estilo y plural en sus fuentes como para estimular rumbos diversos al pensamiento, elocuencias a la imaginación y amenidades al tedio que no son reductibles a un solo sentido de lectura sin perjuicio de los restantes ni perjurio contra el espíritu que busca en ella elementos de comprensión sobre las creencias y costumbres del mundo judeocristiano. Algunos pasajes de la Biblia con otros se refutan, podríamos aseverar, y a nadie empequeñece su consulta. El Corán, por el contrario, es un panfleto escrito por un solo autor que tiene por misión explícita atemorizar al incrédulo y enardecer al devoto en su lucha contra el infiel desde la interpretación literal de su mensaje. No por casualidad islam significa sometimiento y no por tergiversación del dogma existe la yihad, aunque la responsabilidad última de los actos nocivos derivados de su difusión no sea atribuible al libro, que solo es literatura de garrafón, sino al vicio de las mentes que memorizan las aleyas sin cuestionarlas y estudian las suras sin el menor distanciamiento intelectual. Para las voluntades encasquilladas en el carácter unanimista de la fe, para todos los aquejados por las fiebres de una misión que compense sus flaquezas personales, siempre habrá obras cuya simplicidad las haga idóneas como aditivo ideológico miscible con los propósitos más agresivos, poco importa que sea Mahoma quien las firme, Adolf Hitler o Mao Zedong.

Aún más estomagante en sus efectos secundarios que las cartas de amor eyaculadas en mi adolescencia, que no pueden ser leídas a favor sin prorrumpir en fogonazos de hilaridad, el Corán funcionaría bien como remedio soporífero si no despertara en su escrutador un profundo sentimiento de vergüenza cuando repara en cuántos intransigentes lo siguen tomando en serio; ni mejores ni peores, hay que subrayar, que los rumíes de corazón encrespado tan proclives a crecerse a golpe de cruz latina.

Puesto que la militancia en el rencor es arma de un mismo partido por más que se manifieste con pigmentos enfrentados, no deja de producirse un error de óptica en la tendencia a acortar el discernimiento de un fenómeno violento bajo la ilusión de la guerra entre credos. Menos descaminado andaría el intelecto expuesto a las erupciones del fanatismo si amara la templanza más de lo que puede odiar a los que procuran infundirle terror, y buscase la verdad más de lo que cree conveniente habituarse a la seguridad, terrorífica en el fondo, de los interesados en obtener hegemonías al calor de las tensiones sociales. 

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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