26.11.15

POTESTAS CLAVIUM

¿Qué otra cosa sino la lágrima puede servir de espejo a quien perdió el paraíso?
Emil CIORAN
El libro de las quimeras

No soy contrario al uso reservado que pueda hacerse de las religiones porque me declaro abiertamente defensor de morder la manzana de las drogas, mas triste favor se habilita quien olvida el tipo de digestiones que producen los excesos a nuestra naturaleza larvaria. De escuálidos a rollizos según se torne la voz genérica del ansia en sus posibilidades particulares, somos gusanos de pomar podrido y, por ello, el ahínco consagrado a disociar el culmen devastador de la embriaguez teísta tiene ganada ya, como razón verídica, la impostura de querer ocultar todo lo que presentan de terrorífico los ideales cuando reciben el bautismo de la acción.

Cuanto menos se comprenden las máscaras de Dios, más caras hemos de penar las campañas de los encaramados a ellas.

Con esa vena confiada que a veces nace para regresar a sí misma en los espíritus bronceados por trombas de vísceras y obuses, Jünger recalcaba que «para el sabio, para el iniciado que la toma en su mano, la serpiente de la muerte se transforma en cayado, en cetro». Menos halagüeñas, aunque igualmente reveladoras, lucían en el morro algunas navajas españolas sus persuasivos oficios de ofidio: «Si esta víbora te pica no hay remedio en la botica». En la imagen, Vipera aspis, título y especie coinciden como un ejemplo perfecto de la armonía entre el protagonismo absoluto de los seres y la veneración visual que Guido Mocafico transmite a su obra.

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Aunque uno sea por defecto dueño de lo que calla y prisionero de lo que dice, por aquí gustan las cabezas que no marchan al pie de la letra.

 
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